Los mensajes moderados permiten a la Iglesia católica influir en la agenda política

Por Jesús Bastante

Congregaciones como los Camilos, San Juan de Dios o los jesuitas logran incorporar sus reivindicaciones a las leyes de Cuidados Paliativos y de Protección a la Infancia.

Los obispos anuncian que la Iglesia no saldrá a manifestarse contra futuras legislaciones sobre aborto, eutanasia o leyes LGTBI.

Los sectores ultracatólicos quedan reducidos al ámbito de HazteOir o Abogados Cristianos, en la órbita de Vox.

La Iglesia española es una de las más reaccionarias de Europa, junto a la italiana, la polaca o la irlandesa. Así lo atestiguan distintos informes, que muestran cómo la secularización está afectando especialmente a las tradicionalmente consideradas ‘patrias católicas’. La sociedad ha dado la espalda a una institución que, pese a la buena prensa del papa Francisco, arrastra el peso de una férrea moral sexual y lastrada por escándalos como la pederastia, de una magnitud imposible de predecir.

En el otro lado, instituciones como Cáritas, Manos Unidas o los misioneros son la ‘cara amable’ de la Iglesia, junto con congregaciones moderadas cuyos postulados logran e influir en la agenda política española.

Frente a la estrategia del ruido a base de manifestaciones o declaraciones agresivas como las que ha podido protagonizar el obispo de Alcalá Juan Antonio Reig Pla, los mensajes más moderados y la influencia sin tanto foco han resultado ser más efectivos a la hora de filtrar postulados o posturas católicas en la agenda política.

Para muestra, dos botones bien recientes: la ya aprobada ley de Cuidados Paliativos, y el anteproyecto de Ley de Protección a la Infancia anunciado en el Consejo de Ministros del pasado viernes.

En el primer caso, la influencia de los religiosos camilos y los hermanos de San Juan de Dios, ha resultado fundamental para incorporar términos como el ‘testamento vital’ o la humanización de los cuidados paliativos, sin encarnizamiento terapéutico; en el segundo, los jesuitas, a través de la Universidad Pontificia Comillas, han trabajado junto a Save The Children en el esqueleto de la futura normativa.

Humanizar el morir

“Es una ley para humanizar el morir”. Así define el religioso camilo José Carlos Bermejo, director general del Centro San Camilo, la ley de Cuidados Paliativos aprobada el pasado 20 de diciembre, con un amplio consenso de las fuerzas políticas. La iniciativa, planteada por Ciudadanos, fue apoyada por PP, PSOE, Podemos y parte del Grupo Mixto.moroso gueto

Una norma que, según algunos, abre la puerta al debate sobre la Eutanasia, que regulará el testamento vital y la ‘sedación terminal’, y que se suma a la decena de leyes autonómicas ya aprobadas en distintas CCAA de distinto signo político. Y es que, subraya Bermejo, “en este aspecto, lo que más hay es acuerdo sobre las cuestiones éticas de fondo”.

¿Qué supone la nueva ley? Para el experto, uno de los más reputados en nuestro país en la Humanización de la Salud, supone “un paso más en la promoción de los cuidados paliativos, tan necesarios para morir bien cuando están indicados”. Porque, frente a lo que opinan los sectores más rigoristas de la Iglesia católica, de lo que se trata es de “contribuir a una sociedad donde la dignidad sea respetada, que es la base de todos los derechos. Y vivir dignamente hasta el final, implica también arbitrar un modo de cuidar a las personas al final en el que ‘no se haga todo lo que se puede’, sino lo que se debe”.

En lo tocante al anteproyecto de Ley Orgánica de Protección Integral de la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia, impulsado por los ministerios de Sanidad, Consumo y Bienestar Social; Interior y Justicia, y que aumenta el plazo de prescripción de los abusos sexuales, además de cambiar el concepto de violencia infantil, el armazón de la norma ha sido elaborado por la organización Save The Children y la Cátedra Santander de Derecho y Menores de la Universidad Pontificia Comillas, institución perteneciente a la Compañía de Jesús.

“Hemos trabajado el esqueleto de la ley”, aseguraba en una  entrevista a Religión Digital la directora de la cátedra, Clara Martínez, que viene trabajando en la norma desde 2015, sobre la base de la Ley contra la Violencia de Género. Entre las novedades, la experta subraya la creación de “toda una estructura de prevención, penal y procesal bastante novedosa” para luchar de manera integral contra toda violencia contra los menores.


Los ejes de la ley se basan en “la prevención; pequeñas modificaciones en la parte penal; y la parte procesal-judicial, que es bastante novedosa”, con la creación de juzgados para violencia contra la infancia, y la presencia de un fiscal especializado en estos temas. En cuanto a los abusos sexuales en la Iglesia, la profesora de Comillas considera que “en el caso de la Iglesia, hay que diferenciar cómo ha respondido la institución frente a los casos del pasado, y cómo afronta los casos que se den ahora y de cara al futuro. Lo que corresponde es dar una respuesta en ambos casos, siempre pensando en la víctima”.

“La Iglesia tiene que aprender a trabajar la reconciliación, pero siempre desde la victima. Hay que abordar el encuentro con la víctima. La Iglesia es una de las instituciones más afectadas por estos problemas, y hay que hacer algo”, apunta Clara Martínez.

 Los obispos no saldrán a la calle

Una postura que, en cierto modo, va calando en la propia Conferencia Episcopal, cuyo nuevo portavoz, Luis Argüello, manifestaba hace unas semanas que los obispos no volverán a abanderar manifestaciones en la calle, como ya lo hicieran hace una década contra las reformas del Gobierno Zapatero sobre matrimonio igualitario o Educación para la Ciudadanía.

Así, Argüello aseguró que los obispos no van a salir a la calle para manifestarse contra leyes como la de eutanasia o sobre la transexualidad sino que invitan a los católicos a “discernir los medios” para “defender aspectos valiosos” que se ven puestos “en juego” con este tipo de legislaciones que, a su parecer, se plantean ante “situaciones de sufrimiento” pero que terminan “generando otro sufrimiento”.

El último domingo de cada año, durante casi una década, los obispos se concentraban en torno a la plaza de Colón, jaleados por los ‘kikos’, el Opus Dei y otras organizaciones pro-vida (entre ellas, HazteOir) para protestar contra el anterior Gobierno socialista. Ahora, con Pedro Sánchez, la jerarquía parece haber aprendido la lección, y ya no saca a las huestes católicas a la calle. Así las cosas, los ultracatólicos apenas encuentran eco en las convocatorias de HazteOir, las asonadas judiciales de los Abogados Cristianos… y el eco que algunas de sus propuestas más ultramontanas encuentran en las propuestas de Vox.

Partido que, según algunos eclesiásticos, defiende los “principios irrenunciables” de la moral católica tradicional. La defensa de la vida (no al aborto y no a la eutanasia), la familia tradicional (hombre, mujer e hijos) y la lucha contra lo que denominan “ideología de género”.

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