Los mayores no se arrugan

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Por Pepe Mejía

Las movilizaciones se reactivan.

Las de abajo empiezan a expresar su rechazo y hartazgo por la grave situación política, económica y social. En el horizonte, elecciones dentro de un año. Catalunya sigue en efervescencia y Euskal Herria está a la vista.

Nadie se lo esperaba. Todo se inició con una carta que envió la Ministra del ramo a los y las pensionistas en las que se comunicaba –en tono de satisfacción- el aumento en un 0,25% las pensiones. Esto es, una subida de menos de dos euros al mes. Las pensionistas recibieron como una bofetada semejante insulto y no titubearon en decidir salir a la calle y exigir al Gobierno el aumento de las pensiones en base a los índices de Precio al Consumo (IPC).

El pasado jueves 22 de febrero, decenas y decenas de miles de jubiladas y jubilados salieron a las calles en más de 80 ciudades. En Madrid, un nube de cabezas blancas, enfundados en abrigos y bufandas, armados de bastones y arrastrando mochilas con bombonas de oxígeno –porque muchxs de ellas son enfermos crónicos- se dirigieron al Congreso de los Diputados y Diputadas, lo rodearon y se situaron a menos de veinte metros de la puerta principal en donde sientan sus reales posaderas los representantes de la voluntad popular. A pesar de las fuertes medidas de seguridad, un grupo de jubiladxs rompieron la valla de seguridad y se dirigieron al Congreso. La policía se vió desbordada y no sé atrevió a reprimir quizás pensando que podría producirse una tragedia o muertes en cadena por paros cardíacos.

La consigna más coreada fue: “Gobierno, ladrón, nos roba la pensión” y otras han sido “No hay pan para tanto chorizo” o “Ni un paso atrás”.

Las movilizaciones de jubilados y jubiladas se inician cuando un grupo reducido de no más de diez se reúnen en la Puerta del Sol, con lluvia, viento y frío para recoger firmas y exigir al Gobierno el mantenimiento de las pensiones. Hoy es un amplio y muy bien organizado movimiento que está arrinconando al poderoso Gobierno de la derecha, el Gobierno que defiende los intereses de las empresas y la gran banca, el Gobierno de los poderosos.

Muchos de sus dirigentes se han curtido en la lucha contra la dictadura franquista cuando tenían entre 30 y 35 años. Hoy llegan a la jubilación con un sentimiento de engaño. Ya no creen en promesas. A lo largo de sus años han visto cómo ha ido bajando su poder adquisitivo. Ven como cada día se hace más difícil vivir y sobrevivir. “Si las pensiones fallan este país se va al garete», ha declarado Julio Díaz, secretario comarcal de la Unión de Jubilados y Pensionistas de CCOO.

Mientras el actual ministro de economía, Luis De Guindos, va a cobrar un sueldo mínimo al día, muchos de las jubiladas y jubilados con un sueldo mínimo al mes mantienen hasta tres familias. Las de sus hijos que están en desempleo, muchos de ellos sin haber trabajado nunca, y las familias de sus nietos y nietas. Estiran como pueden sus paupérrimas pensiones que en la mayoría de los casos no llega a 600 euros. Ellas y ellos son los verdaderos “ministros/as de economía” porque son los que están tirando del carro y están haciendo de colchón social para evitar el estallido. Pero han dicho que basta. Han dicho que ya está bien y han decidido a salir a la calle e ir a por todas. No tienen nada que perder.

En un afán por neutralizar las protestas de los mayores, el Gobierno ha propuesto impulsar el “cheque para mayores” -100 euros a cada jubilado/a- pero con la condición de que tengan más de 80 años y una perspectiva de vida de no más de dos años. Una aberración que ha hecho redoblar las movilizaciones.

El pasado 1 de marzo en más de cuarenta ciudades hubo movilizaciones de jubiladas y jubilados.

Los mayores saben que son promesas que el propio Gobierno no va a poder cumplir y que en realidad son parches. Ellos y ellas exigen soluciones estructurales para garantizar las pensiones. Para tener unas pensiones dignas es necesario tener trabajos dignos. Trabajos que coticen a la seguridad social y no trabajos precarios. Y allí reside la madre de todas las guerras. Las pensionistas se han situado en la vanguardia de las movilizaciones y detrás se han sumado los y las jóvenes que exigen un trabajo digno y no precario. Pero para que haya un trabajo digno y no precario es necesario que las condiciones laborales de millones de mujeres cambien, así como la política de cuidados. Otra importante palanca para cambiar el mundo de base: las mujeres. Así, tenemos un escenario muy explosivo: mayores, jóvenes y mujeres en las calles exigiendo un cambio drástico de las políticas que generan más pobreza y desequilibrios.

El Gobierno está preocupado por un asunto que afecta de lleno a su principal bolsa de votos: los pensionistas. Según todas las encuestas, la última el propio ‘barómetro’ del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el PP, con un 30% de estimación de voto, es la primera fuerza entre los mayores de 65 años; de ahí para abajo, los populares son la cuarta en todas las franjas de edad, detrás de Ciudadanos, Podemos y PSOE.

Las movilizaciones de los y las mayores han conseguido que el Presidente del Gobierno vaya al Congreso a dar explicaciones. La oposición en bloque se ha sumado al carro de las exigencias de la calle. Incluso el partido hermano del PP -y valedor de las grandes empresas y el poder financiero nacional y transnacional- Ciudadanos ha reculado y evita expresar su apoyo a Rajoy.

En España hay más de nueve millones de pensionistas. La subida de las pensiones en un 0,25%, que impulsa el Gobierno, no llega para afrontar la subida del recibo de la luz que es de un 80% y del 120% en el copago de medicamentos. La propuesta del Gobierno se enmarca en la perspectiva del recorte de las pensiones de hasta un 30% en los próximos años. Muchas de las que están en la calle movilizándose llevan 42 años cotizando y cobran 600 euros al mes. Y muchas de las que están en la calle no entienden por qué se recortan las pensiones cuando el mismo Gobierno dice que el PIB ha crecido un 3%.

“Cómo es que este Gobierno y los otros han rescatado a la banca, a las empresas de autopistas y no rescatan a sus mayores que somos la columna vertebral del sistema de bienestar social” señala un jubilado blandiendo una pancarta en contra del Gobierno.

Hay que tener presente que el Sistema Público de Pensiones ha tenido ya dos reformas durante los últimos cinco años y, en lugar de darle la estabilidad buscada teóricamente, no han hecho más que rebajar el poder adquisitivo de las pensiones y llevarlas, dentro de unos quince años, a una situación que en lugar de permitir vivir servirían únicamente para sobrevivir con penurias.

 

Detrás de las movilizaciones están los sindicatos tradicionales pero también muchos colectivos independientes y autónomos. La fuerza no sólo se hace sentir en la capital del reino, Madrid, sino en todas las grandes ciudades.

Las jubiladas y jubilados exigen la revalorización de la pensión para vincularla a la inflación y de que el sistema siga siendo «viable» dentro de 30 años.

El movimiento de pensionistas ha expresado su apoyo y participación en la huelga feminista y posterior manifestación del próximo 8 de marzo y han convocado a una jornada de lucha estatal para el próximo 17 de marzo, fecha en la que también se tiene previsto una amplia movilización contra la Ley mordaza, contra la represión y por la libertad de expresión. La calle vuelve a agitarse.

A todo esto en este mes se cumple cinco meses del encarcelamiento de “los jordis”, activistas catalanes que por defender el derecho a decidir y organizar una consulta popular fueron enviados a la cárcel.

Artículo publicado en Lucha Indígena Nº 139

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