Los jacobinos negros y el caso de C.L.R. James

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

En estos días en que los Estados Unidos instrumentaliza sin vergüenza el concepto de “ayuda humanitaria” a Venezuela, algo que le ha negado de manera sistemática a Haiti, el país que perpetró el “precado original” de hacer una revolución para liquidar la esclavitud, he vuelto a acordarme de C.L.R. James, (4 de enero 1901-19 mayo de 1989) fue un ensayista y escritor personaje influyente en el Reino Unido y los Estados Unidos en los partidos socialistas y el pensamiento marxista, así como las ideas principales sobre el fin del colonialismo. Entre nosotros es conocido como autor, entre otras obras, de The Black Jacobins [Los jacobinos negros], subtitulada Toussaint L Ouverture y la revolución de Haití y de la olvidada e innecontrable World Revolution [La revolución mundial].

He buscado por diversos diccionarios, y no he encontrado pistas suyas. Servidor le recordaba de un fragmento de esta entrevista que aquí reproducimos en toda su extensión, aparecido en la edición que Pierre Broué efectuó en Minuit (París, 1967; Ruedo Ibérico anunció una traducción que nunca llegó a editar) de los escritos de Trotsky en Le Mouvement Communiste en France (1919-1939), del que la entrevista de James es el último capítulo. La nota de Broué aparece ampliada en la edición de Les Congrès de la Quatrieme internationale (La Brèche, París, 1978, I tomo), y en la que se puede leer: “James, C.R.L, llamado Johnson. Originario de la Trinidad, militó durante años en el movimiento trotskista británico. Miembro del SWP en los Estados Unidos en 1939, deja el partido en abril de 1940 para ingresar en el Worker Party. Regresa al SWP en 1947, para abandonarlo de nuevo en 1949, tomando parte en diversos congresos de la Cuarta Internacional, para distanciarse después”.

En su imprescindible ensayo Cultura e imperialismo, el palestino Edward W. Said que cita a James con entusiasmo en su obra, lo describe como un «dialéctico antiestalinista», que es una manera de evitar de llamarle por el denominador más correcto de trotskista, quizás porque, a mi juicio,  Said trata de aguar las aportaciones marxistas al pensamiento anticolonialista, y desdibuja en no poca medida la vinculación de autores como James con  lo que Said llama «el marxismo más contestatario». He recuperado este texto para mi trabajo sobre el trotskismo por dos motivos, primero porque es una de las mejores entrevistas (más a corazón abierto) que jamás se le hicieran a Trotsky, y además sobre una cuestión tan difícil y controvertida como ha sido el combate por la Cuarta Internacional, pero también tratando de recuperar el papel de James en un legado con el que hasta ahora muy raramente se le ha relacionado, al menos por estos lares, aunque supongo que en otros como el martiniqués o el brasileño, la cuestión es diferente.

Entre las diversas escuelas de resistencia nacionalista que fueron siempre críticas respecto a sí mismas, y en la que incluye nombres  como Neruda, el mismo Tagore, Fanon, Amilcar Cabral y otros, Said afirma: «James es el ejemplo perfecto. Desde siempre campeón del nacionalismo negro, continuamente atempera sus proclamas con afirmaciones y exhortaciones a recordar la insuficiencia de la particularidad étnica, del mismo modo que es insufi­ciente la solidaridad sin crítica. Podemos abrigar esperanzas serias en torno a esto, aunque sólo sea porque, en lugar de es­tar al final de la historia, estamos en disposición de hacer algo acerca de nuestra historia presente y futura, vivamos dentro o fuera del mundo metropolitano»,

Said escribe que The Black Jacobins,  «presenta el alzamiento de los esclavos en Santo Domingo como proceso que se desarrolla dentro del mismo esquema histórico que la Revolución Fran­cesa; y Napoleón y Toussaint son las dos grandes figuras que dominan esos años turbulentos. Los sucesos en Francia y en Haití se entrelazan y hacen referencia unos a otros como voces en una fuga musical. La narración de James se fragmenta en una historia dispersa en la geografía, en las fuentes de archivo, y con el acento puesto tanto en los negros como en los france­ses. Por otra parte, James retrata a Toussaint como alguien de­dicado a la lucha por la libertad humana –una lucha que también se extiende a esa metrópolis, a la cual, en lo cultural, debe su lengua y muchos de sus compromisos morales- con una decisión rara de observar entre los sometidos; y más difícil aún entre los esclavos. Adopta los principios de la Revolución no como hombre negro sino como ser humano, y lo hace con la concienzuda certeza histórica de que, al descubrir el lenguaje de Diderot, Rousseau, y Robespierre, sigue a sus precursores de un modo creador, utilizando las mismas palabras y empleando las mismas inflexiones que transformaron la retó­rica en realidad.

La vida de Toussaint acabó de modo horrible, prisionero de Napoleón y confinado en Francia. Sin embargo, en propiedad, el tema del libro de James no se circunscribe a la biografía de Toussaint, en la misma medida en que una historia de la Revolución Francesa podría considerarse insuficiente si se omitiera el episodio de la insurrección haitiana. El proceso continúa hasta el presente -de ahí el apéndice de 1962,  De Toussaint a Castro- y la situación de conflicto sigue existiendo. ¿Cómo puede escribirse una historia postimperialita, o exenta de tin­tes imperialistas, que no sea ingenuamente utópica o, al revés, cargada de total pesimismo, frente a la persistencia de la realidad, confusa y embrollada, de la dominación sobre el Tercer Mundo? Estamos frente a una aporía metodológica y metahis­tórica, y la certera resolución que James ofrece es imaginativa y brillante» (Cf. Cultura e imperialismo, p.432). El lector encontrará una evocación del libro de Said publicada hace unas semanas  en mi “buzón” de Kaos.

Para Said: «la descolonización es una compleja batalla sobre el derrotero de diferentes objetivos políticos, historias y geo­grafías, y está llena de obras de imaginación, de investigación y de contrainvestigación. La lucha adopta diversas formas: huel­gas, marchas, ataques violentos, retribuciones y contrarretri­buciones. Su caudal está también alimentado por novelistas y funcionarios colonialistas que escriben acerca, por ejemplo, de la mentalidad india, o de los modelos de renta rural en Ben­gala, o de la estructura de la sociedad india. En respuesta, sur­gen las novelas escritas por indios en las que se reclama más participación en el gobierno, e intelectuales y oradores que lla­man a las masas a un compromiso más profundo ya la movili­zación por la independencia» (p.341).

En su magna obra, James exalta los amplios movimientos de masas insurrectas encabezadas por hombres excepcionales, James no olvida que Toussaint L’Ouverture «no podría haber razonado de la manera que lo hizo si no hu­biese sido por la influencia del abate Raynal, de otros enciclo­pedistas, y de la Revolución Francesa», y así lo precisa cuando escribe:  «…en situaciones comprometidas, Toussaint, a pesar de no disponer de una buena instrucción, supo encontrar el len­guaje y el acento de Diderot, Rousseau y Raynal, de Mira­beau, Robespierre y Danton, y en un aspecto superó a to­dos, ya que incluso estos maestros de la oratoria y la literatura, debido a las complicaciones que se daban entre las clases de su sociedad, a menudo tenían que detenerse, reconsiderar sus exposiciones, o hacer modificaciones en ellas Toussaint pudo defender la libertad de los negros sin ningún tipo de reservas, y este factor imprimió a sus decla­raciones una fuerza y una firmeza difíciles de encontrar en los mejores tratados de la época. Los burgueses franceses fueron incapaces de comprenderlo, y tuvo que correr la sangre antes de que entendiesen que, aun a pesar de su tono un tanto altivo, Toussaint no había caído en rimbom­bante retórica sino que había escrito la pura y simple verdad».

Edward ve en «esta maravillosa descripción», la visión de un hombre «que había incorporado por completo la auténtica realidad de los senti­mientos universalistas propagados por la Ilustración europea». Entiende que James, al que describe como un «marxista historiador negro originario de las Antillas, indigente e itinerante», consigue mostrar aquí «la sinceridad de Toussaint así como sus laten­tes carencias e imperfecciones y su tendencia a confiar en las declaraciones europeas, a verlas como auténticas intenciones más que como percepciones clasistas determinadas por la His­toria y cargadas de los intereses de diversos sectores y grupos».

Una vez pasada la época de la negritud, del nacionalismo negro, y del indigenismo de los años 60 y 70, James apoyó tenazmente la herencia occidental al mismo tiempo que suscribía el movimiento insurrecto y antiimperialista que compartió con Fanon, Cabral y Rodney. En una entre­vista hizo la siguiente declaración:

«¿Cómo me planteo mi regreso a unas raíces no euro­peas? Estoy de acuerdo en ello, si eso significa que los es­critores caribeños de hoy en día deberían ser conscientes, de que en sus obras existen elementos procedentes de raí­ces no europeas, no shakesperianas, y de que en la música hay un pasado que no es precisamente Beethoven: entonces estoy de acuerdo. Pero no me gusta el enfrentamiento al que se han visto sometidas las dos posturas, como si se tuviera que escoger entre una u otra. No creo en este anta­gonismo sino en la dualidad de ambas. De hecho, tanto nuestra alfabetización como nuestra tradición estética están fundamentalmente arraigadas en la civilización europea occidental».

Se trata por lo tanto de establecer una interrelación entre las culturas y sus diferentes momentos, así, por ejemplo, en el caso árabe que tanta importancia tiene entre nosotros, es importante subrayar la capital trascendencia del redescubrimiento de la lengua árabe y de la herencia clásica islámica, casi siempre a través de la aportación de pensadores lugar, a través de una nueva orientación en la Historia, de ca­rácter integrador o contrapuntístico, que considera que las ex­periencias occidentales y las no occidentales se suponen mu­tuamente porque están a su vez relacionadas por el imperia­lismo. Revaloriza la presencia de «de una visión imaginativa, incluso utópica, que vuelve a tener en cuenta la teoría y prác­tica de la emancipación (como elemento opuesto a la reclu­sión), y por último, apostando por un tipo particular de ener­gía nómada, migratoria, y antinarrativa en lugar de aceptar nuevas autoridades, doctrinas u ortodoxias reconocidas, o ins­tituciones y causas establecidas».

Después de estas pistas dejadas por Said, estará muy bien tratar de indagar más sobre James, y tratar de editar algunas otras de sus obras y escritos. Como contribución a dicha recuperación se añade las notas tomadas por James en su entrevista  con Trotsky en la que destaca sobre su todo las reflexiones de éste sobre las enormes dificultades para reconstruir la izquierda revolucionaria en vísperas de la IIª Guerra Mundial…

Estamos hablando de una historia a la que hasta ahora no se le ha dado la importancia que merecía, pero sobre la que tenemos que volver porque la lucha por Haití tendrá que ser parte de nuestra lucha en la asignatura internacionalista, seguramente una en la que estamos (aún) más atrasados.

 

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