Los hechos vencen y c onvencen

LOS HECHOS VENCEN Y CONVENCEN

Necesitamos que nos hagan, no que nos digan. Es el momento de dibujarse una diana certera en el corazón que late libre y dispararse. Es la hora de desnudar hasta los huesos. Que nada ni nadie impida a la voluntad manifestarse. Ni a la desnuda verdad elevar su voz incontestable sobre las mentiras invasoras. Si, es hora de abandonar los viejos prejuicios que nos limitan y de recuperar los valores que se olvidaron al contemplar los luminosos neones de lo superficial que nos deslumbran un instante, como la efímera vida de un fuego artificial. ¿Qué nos impide derribar sus muros? ¿No es más atractivo sonreírle al miedo, a la muerte definitiva? No a la realidad, a esta muerte crónica que nos consume cada día y de la que somos adictos; algunas personas, vocacionales…

Hablar con hechos, es izar a lo más alto la voz sin ser oído. Porque a los hechos no se les supone. Son esas otras realidades que no contemplan ya las dudas, que como todas las realidades, antes fueron sueños.

El Lenguaje de los Hechos es el título de un libro muy interesante que leí que trata de ocho ensayos en torno a la vida de Durruti; escrito por ocho historiadores e historiadoras. Un perfecto compendio de eruditos que nos aproximan mucho a la vida de Buenaventura Durruti; el Zapata español, El Che ibérico. Hijo del Pueblo y revolucionario carismático que personificó la Revolución Social porque ese pueblo, del que siempre fue hijo, así lo quiso. Aquel que dijo en 1936 al periodista del diario Toronto, al canadiense Van Passen:

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“Cargamos un mundo nuevo en nuestros corazones”

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Aquel libro, que editó la editorial Caracas (creo recordar) fue una revelación por su contenido; cercano, muy próximo a mi sentimiento. Y por su título, que me hizo reflexionar profundamente en lo importantes que son los hechos, pues como antes les dije, son incontestables. He de reconocer que tras las palabras hallé muchas decepciones, aunque siempre las utilice para expresarme. Creí en ellas, pero, de nada sirven cuando la supervivencia es la que nos exige comportamientos de autodefensa. Cuando es la miseria la que como una hambrienta hiena merodea a nuestro alrededor o se nos cuela en la cueva. Único lugar en el que uno espera estar a refugio. Pero ni con esas. La miseria es gaseosa. Se filtra por las rendijas de puertas y ventanas. Es un incómodo huésped que suele ocupar nuestro miedo que en una conducta muy humana, muy nuestra, solemos estúpidamente esconder y de ocultar ante los demás para que parezca otra cosa. Ese miedo que se funde vergonzosamente con nuestra sombra.

Por eso desconfío de las palabras que antes no han sido hechos; son hojarasca que arrastra el viento o desperdicios de pretensiones. Ya sólo creo en ellas cuando son cuerpos físicos que gravitan, que me acompañan dentro de esta esfera, de nuestra burbuja de sueños y realidades.

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Benjamín Lajo Cosido

(memorialista)

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