Los grandes empresarios exigen ahora su “paguita”: más dinero público y menos impuestos para ellos

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Cuando vienen bien dadas todos los “grandes empresarios” de este país, muy liberales y mucho liberales renuncian al Estado, pero cuando vienen mal dadas son los primeros en poner la mano. Eso sí, de pagar impuestos ni hablar. Esa es la realidad. Los mismos que criticaron la puesta de un Ingreso Mínimo Vital permanente, piden ahora dinero al Gobierno para financiar sus cuentas de beneficios.

Desde el pasado lunes las grandes empresas de este país celebran su cumbre “Empresas españolas liderando el futuro” organizada por la patronal y en la que participan bancos como el Santander, o empresas como Zara o Mercadona. La mayoría han seguido obteniendo beneficios millonarios durante la crisis. Ahora se reúnen para dibujar su hoja de ruta para la recuperación. ¿La receta? Menos impuestos para las grandes empresas, no derogar la reforma laboral, pero, eso sí, más dinero público para sus empresas. Paradójicamente, aquellos que exaltan el libre mercado y recurren a los tópicos de las prestaciones sociales, en los momentos más difíciles, recurren a la ‘paguita’ del Estado.

En esta crisis las empresas del IBEX-35 han crecido en bolsa un 2,34%. La mayoría de ellas se han acogido a los ERTE. Para quien no lo sepa, los ERTE permiten que la empresa deje de pagar el 100% de las cotizaciones a la seguridad social y que evite pagar el 70% del sueldo de los empleados. ¿Quién se hace cargo entonces de los costes? Obviamente, el Estado.

Claro que no es de extrañar. En este país, como explicó Ruben Juste en “IBEX 35. Una historia herética del poder en España” la mayoría de grandes empresas crecieron a la sombra del Estado franquista. La administración ponía el dinero, ellos el rostro de cemento. Ya en democracia la cosa ha seguido más o menos igual. La mayoría de grandes empresarios del IBEX-35 han seguido creciendo a la sombra de las administraciones de turno. Los casos de corrupción del PP ponen de manifiesto esta forma de hacer del empresariado patrio. Aunque siempre ponemos el ojo en los políticos, el otro lado también existe. La cosa funciona así: tú me das una concesión para construir, por ejemplo, el metro a la Meca (aka Florentino Pérez y el Emérito Juan Carlos) y yo te cubro de oro; o más cercano; tú me regalas dos habitaciones para pasar la cuarentena en un hotel de lujo y yo te hago publicidad gratuita en todas las tertulias (véase Ayuso y Sarasola). De estos liberales de pacotilla está el país lleno. Luego se entienden mejor las puertas giratorias. Ni ser liberales lo hacen bien.

El Gobierno puso en marcha una medida histórica para evitar la perdida de empleo y amparar al empresariado. Han estado más de tres meses pagando las cuentas de las empresas en un esfuerzo sin precedentes de las arcas públicas. A cambio los empresarios se reúnen ahora, grandilocuentes como son ellos, pidiendo que no se toque la reforma laboral. Lo dijo el presidente de Zara, Pablo Isla: “no es tiempo para experimentos” ni es tiempo de “desmontar lo que está funcionando; las reformas eficaces” refiriéndose a la reforma laboral del PP que el Gobierno pretende derogar. Y sí, llaman “experimento” a devolver los derechos laborales arrebatados a los trabajadores. Por supuesto, ni hablar de subir impuestos para que los que más tienen puedan arrimar el hombro. Eso sí, los ERTE y las ayudas del Estado ni tocarlas. Como decía el presidente de Zara es conveniente “no retirar y no descafeinar antes de tiempo las medidas que están ayudando a que no se destruya el tejido empresarial. Me refiero a los ERTE y abales públicos” Lo dicho, la cara de cemento.

En este contexto, el ministerio de Trabajo se reunió el pasado 17 de junio con sindicatos y patronal para abordar la cuestión de los ERTE. La patronal quiere que el Estado siga pagando sus cuentas hasta el 31 de diciembre. Recordemos; el 100% de su cotización y el 70% del sueldo de los empleados. El Gobierno no acepta y propone que se amplíen los ERTE por fuerza mayor parciales a los sectores más afectados para que las empresas vayan sacando a parte de sus empleados del expediente y devolviéndolos a la actividad paulatinamente. La patronal no acepta.

Ellos quieren su paguita: seguir obteniendo beneficios mientras el Estado se hace cargo de sus cuentas. Lo peor es que los sindicatos acepten la propuesta de la patronal sin miramientos. Los sindicatos deberían replantear su posición frente a un empresariado incapaz de arrimar el hombro y no ceder al chantaje de la patronal que consiste básicamente en decir: o seguís pagando las cuentas o echamos a los trabajadores a la calle. Así son, les da igual todo lo que no sean sus cuentas de beneficios.

 

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