Los enanos políticos

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Por Lluís Ronda

Hace algunas semanas, este país celebró el 40 aniversario del postfranquismo. Quieran o no, si hoy vivimos en democracia, aunque esté por los suelos, es gracias a la voluntad de un adalid, su dios, su rey y su grey de enanos políticos y leguleyos.

Si, esos enanos inanes ya venían enredados a los pies de una democracia que nunca ha levantado cabeza. ¡Por los suelos van honrados, honestos, dignos… dimensión humana de la política!
Nunca han crecido, nunca han sabido elevarse, pero gracias a sus lujurias amorosas con el capitalismo, han proliferado de tal manera, que ya contra aquéllos (los poderosos), nadie está protegido.

Roban, estafan, mienten, cohonestan, prevarican, malversan, traicionan, son auténticos apóstoles de la infamia y la hipocresía, sofistas presuntuosos. Eso sí, patriotas como el que más.
¿Y su pueblo? ¡Su pueblo les quiere! ¡Son sus corruptos! ¡Viva la Constitución!

Esa Sagrada Constitución inviolable hasta la noche que llegó el proxeneta capitalista a la 1.35h., cuando todos dormían menos los enanos, allí le metió el artículo sin mediar más palabra que aquel susurro por lo bajini: “El dinero primero, la persona después. Es mi democracia”.

Demóstenes se entusiasmó escuchando a Calístrato, desde entonces quiso ser orador, pero estos prosaicos enanos arribistas formados en colegios de magnates para la retórica de las conversaciones, sólo saben verborrear los dictados del sistema, al cual se arrastran convencidos del agasajo. Unos se enriquecerán por el fraude y la deslealtad, otros cobrando cinco o seis mil euros mensuales con derecho a un retiro dorado amén de privilegios de todo tipo, otros se irán a consejos de administración de grandes empresas como premio por haberles procurado pingües beneficios en detrimento del pueblo… ¿Quién no quiere ser enano?
Ahí les tenemos, 20, 30 años o más, el olor a impostura se hace insoportable.

¿Cómo pretendemos que estos genios de la ignominia se pongan en la piel del parado de larga duración, del enfermo que no puede costearse el medicamento o fallece por no ser atendido; de la persona dependiente; del que va a ser desahuciado; del que vive en la calle; de los que mueren ahogados en el mediterráneo; de las víctimas de estafa, etc., etc.?

Aquellos que se suicidan por motivos económicos, esos cientos de personas con depresión por la misma causa, los miles de niños que no se alimentan convenientemente, los más de trece millones de pobres, esto, digo, no va con ellos.
Es posible que alguna televisión se interese por estos temas, será entonces cuando, por imperativa vergüenza, salga algún enano bajo las candilejas histriónicas de su compañía política a ponerle empeño a la cosa.

Pero, todo sigue… peor.

La brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor, los tres sujetos más ricos del país tienen la misma riqueza que 15 millones de personas. ¡Así no puede haber democracia!

Nuestro patrimonio natural ha sido devastado por el hormigón, la agricultura, la industria, sanidad, educación… miles de millones de euros dilapidados en construcciones faraónicas hoy abandonadas, aeropuertos y autovías inútiles… ¡No! Para ellos no son inútiles, ¡Las comisiones han henchido sus bolsillos!

Miles de millones de euros públicos han rescatado bancos cómplices de fraudes suculentos que ha causado depresión y enfermedades a centenares de ciudadanos, sabe Dios cuántos de ellos habrán fallecido por esta causa.
Dinero público ha sido utilizado por Ministerios para pagar favores a delincuentes en misiones encaminadas a eliminar “pruebas” se sus propias fechorías. ¡Delincuentes contratando delincuentes con nuestro dinero! ¡Qué país, Larra! ¡Qué país, Berlanga!

Y allá van orondos los enanos a inaugurar iluminaciones navideñas al son de ditirambos y faramalla propio de la venta ambulante en plena campaña turística, ¡Hasta en inglés!
Centenares de miles de euros públicos ya iluminan el rincón donde yace la miseria y el hambre de los sin techo, de la familia que no puede hacer frente al recibo de la luz, de los desheredados de derechos…
¡Música y luz! ¡Adelante! Una multitud enardecida aplaude, ¡Esto es la marca España!

Por otro lado, el vil patriotismo de primos de rivera, casados y demás genios de la faramalla capitalista es utilizado para cubrir sus miserias. ¡En este país existen mil motivos más que en Francia para salir a la calle! Pero, ¡Los catalanes quieren romper España! ¡La sagrada unidad! ¡A por ellos!
Raudos salen los enanos por los balcones, por los atriles, por los diarios, por las televisiones, por los altares y los hogares a volcar contenedores de combustible por la causa.

Paro mientes.

Si, los filósofos también van por los suelos, ¡Qué desgracia de país!

No hay dignidad, no hay altura ni clase política ninguna. Nadie, en nombre de los derechos humanos, ha denunciado la situación de políticos catalanes y representantes de asociaciones culturales presos. ¡No han sido juzgados! No ha habido motines, revueltas, rebeliones, guerras. No han salido los tanques por las calles ni habido tiros. En rigor, sólo se ha intentado votar en unas urnas. ¿Inconstitucional? ¿Ilegal? Si no tenía ninguna validez, ¿por qué tanta violencia policial? No era menester… ¿O sí?

Las banderas y los himnos de unos y otros son el mejor techo para aguantar chaparrones y tormentas que recaen sobre el pueblo, provocado por la corrupción y la desvergüenza.

A principios del 2000, los expertos del capitalismo sabían que se avecinaba una crisis, avisaron a los enanos y, de entre ellos, el más vivaz dijo: “El Estatuto nos salvará de lo que pueda venir”. El de Catalunya, claro, porque el de Valencia, que era el mismo, no advertía problema alguno (¿Será por su himno?).

A partir de entonces, el independentismo empezó a subir y subir en tanto los enanos, también los catalanes del 3%, se frotaban las manos: ¡Ya tenemos techo! Decían.

Ni las fechorías más abyectas e inicuas acompañadas de evidencias audibles y visibles de robos, estafas y abandono a la ciudadanía; ni la sentencia más categórica en forma de acusación de banda criminal a un partido político (¿Qué hay de más vergonzoso que esto?), han conseguido echar a los enanos en nombre de la democracia.

¡Quieren romper España! Se oye desde la cueva de Las Batuecas, y allá acude toda una muchedumbre enardecida zigzagueando sus banderitas a re-investirlos de autoridad, muchos de ellos tienen trabajos precarios y no llegan a final de mes. Es la triste realidad.
¡Quieren españolizarnos! Claman los enanos del 3% desde los llanos de Campllong, bajo el “pi de les tres branques”, hasta allí arriba la misma muchedumbre exaltada dispuesta a darlo todo por Catalunya, aunque no puedan pagar el recibo del agua.

Y es que el gran dictador dejó en herencia a los enanos de 78 la “posición de dominio”: ¡En España se habla español! confundiendo, una vez más, España con Castilla.

No, en España no se habla español, sino cuatro idiomas diferentes con la misma dignidad, ¿o no? El castellano será una lengua común, pero España no es una lengua, ni una idiosincrasia, ni un territorio, ni una unidad, España es una unión de pueblos y culturas que hasta la llegada del Borbón Felipe V, tenían sus leyes propias y sus derechos. Es una cuestión histórica, la historia tiene más memoria que las personas.

Pero los enanos, unos y otros, creen que pueden “obligar” a estimar, a amar. Pues no.

Sólo los que hoy andan por los suelos saben que la democracia exige un diálogo de respeto mutuo, de entendimiento sincero, de conocimientos compartidos, de interculturalidad, para encontrar mecanismos, que los hay, de convivencia en paz y harmonía.
Pero los enanos sólo saben dialogar desde el circo, espada en mano, en aquella primitiva arena donde uno vence y el otro es derrotado, humillado. Creen, insensatos, que las guerras llevan a la paz, pero están muy equivocados, las guerras sólo llevan a la victoria, nunca a una cultura de paz. Y dale que dale a la rueda durante años, durante siglos.

¡Hay que echar a los enanos ya! ¡Arriba la cordura, la unión de la diversidad y la democracia!

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