Los dogmas estiran la pata

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Inspirándome en el tristemente célebre ‘Óptimo de Pareto’, he realizado la hazaña de formular un nuevo concepto para la teoría económica: el potente teorema que he bautizado el ‘Pésimo de Casado’.

Como cualquier pinche economista sabe, un óptimo en el sentido de Pareto es una situación de equilibrio en la cual no es posible mejorar el bienestar de ningún agente económico sin dañar el bienestar de otro agente económico. Bernard Maris apuntaba muy justamente que una situación de equilibrio en la cual un individuo posee todo y el resto de la Humanidad nada, es un óptimo de Pareto.

La pijotera teoría económica tiene esas cosas, muy suyas, que constituyen la prueba irredargüible de su carácter tautológico y del uso del silogismo como su forma preferida de irracionalidad.

Un silogismo famoso –que le debemos a Josefo Leónidas y su obra maestra Los Escandalosos Amores de los Filósofos– propone, como se debe, una premisa mayor, una premisa menor y su evidente conclusión. Helo aquí: a) Lo que no se pierde se tiene b) Tú no has perdido cuernos c) Ergo… Eres un cornudo. Es el tipo de razonamiento de los economistas.

En cuanto al ‘Pésimo de Casado’, mi hallazgo le debe todo al coronavirus que en pocos meses ha puesto de rodillas la actividad económica planetaria, hecho trizas los más acrisolados hábitos empresariales y dejado los dogmas de la teoría económica a la altura del unto.

Un ‘Pésimo de Casado’ es una situación de crisis en la que toda acción posible termina por empeorar la situación ex ante. La situación de los currantes, se entiende. Aquí es donde entran a tallar los dogmas de la teoría económica, atento el personal.

Gracias a la Constitución de la dictadura sabemos que la intervención del Estado en la economía es caca. Ahora bien, los principales enemigos de la intervención del Estado en la economía son los economistas y los empresarios. No obstante, estas dos prístinas especies del género humano –contrariando el dogma– no hacen sino solicitar, ¡qué digo!, exigir la intervención del Estado bajo la forma de créditos preferenciales, subvenciones, subsidios, donaciones, exenciones de impuestos, supresión de tasas, gratuidades varias y otros mimos que –economistas y empresarios– suelen condenar cuando benefician a los pringaos. En este último caso la pinche protección que ofrece un miserable bono es asimilada a un gasto fiscal innecesario e indeseable.

En estos días vemos las grandes empresas de Chile y el mundo acudir con premura a pedir caca, úsease a exigir más gasto fiscal innecesario e indeseable, es decir la intervención del Estado. Desde luego no se trata de solicitar un pijotero bono de 50 lucas, sino miles de millones de dólares.

Si la intervención del Estado en la economía es contraproducente según la teoría económica, el remedio debiese ser peor que la enfermedad. ¿Por qué? Porque la intervención del Estado distorsiona los mercados y la libre competencia, interponiéndose brutalmente en la acción correctora, directora y señera de la mano invisible. ¿Capici?

Como todo hijo de vecino, conoces la sagrada Ley de la Oferta y la Demanda: si los precios suben, sube la oferta; si los precios bajan, sube la demanda.

He aquí que –coronavirus mediante– el precio de las acciones (su cotización bursátil) cae en picada, visto lo cual la demanda, en vez de subir… cae más rápido que el precio de las acciones.

Otro ejemplo muy a la moda es el precio del petróleo. Aun cuando el precio del WTI, –del Brent, de la canasta OPEP, del Fateh, del Tapis, del Minas, del Bonny, del Saharan Blend, del Merey y la Tía Juana, para no hablar del Arabia Ligero o del crudo del Golfo de México–, se va de espaldas… no se advierte el más mínimo incremento en el consumo de petróleo pese a lo cual la oferta sigue aumentando (el acuerdo ruso-saudí de reducción de la producción entra en vigor solo el 1º de mayo).

Tal parece que la Ley de la Oferta y la Demanda entró con un paso firme y decidido a formar parte de la mecánica cuántica, esa rama de la Física en la que, cuando encuentras la respuesta, te cambian la pregunta.

Visto lo cual, –el hundimiento del precio del WTI digo–, Donald se precipitó a agregar más caca, o sea más intervención del Estado en la economía, aportando sumas colosales de dólares, tan enormes que no te cabrían en la cabeza, para salvar la industria petrolera yanqui. La disculpa cae de cajón, se trata de proteger el empleo. Pero la verdad es que el curro de millones de pringaos les vale madre: lo importante es salvar la inversiones de la ‘comunidad financiera’. Ahí está el doblao.

Si no me crees, mira ver: en Francia, el gobierno de Macron dispuso 39 millones de euros para los bancos de alimentos que deben calmar el hambre del pobrerío, y 7 mil millones de euros para salvar Air France, empresa privada. La diferencia es notable.Hace unos tres meses Macron rechazó aumentar los presupuestos de la sanidad pública con un argumento imparable: “No hay dinero mágico”. En las últimas semanas debe haber hecho un curso acelerado con Mandrake, visto que le pasará otros 5 mil millones de euros a Renault, otra empresa privada.

Si las cifras te dejan lela es porque eres una boluda (mi esfuerzo de lenguaje inclusivo…) o un boludo que vive al día, un pinche jornalero que en la escuela nunca estudió las potencias de diez. Lo que precede es la nada misma si comparamos las cifras con el relajo que distiende los esfínteres del otro lado del Atlántico.

El 28 de abril del año de gracia de 2020, el Wall Street Journal (diario de las finanzas planetarias) destacó en su portada un artículo de fondo titulado: “La FED rompe sus tabúes para sostener la economía”.

Leída la nota te enteras de que la FED, banco central yanqui, despedazó, descuartizó, atomizó sus dogmas, su fe, sus principios y su credo, y se fue a Canossa –pasando muy voluntariamente bajo unas modernas horcas caudinas– con el propósito convicto y confeso de cagarse en la teoría económica.

“La FED está redefiniendo el papel de los bancos centrales.

Prestándole generosamente a las empresas, Estados y ciudades en su esfuerzo para aislar la economía de los EEUU de la pandemia del coronavirus, (la FED) está rompiendo tabúes seculares sobre quien recibe dinero del banco central en una crisis, en qué términos, y qué riesgos correrá para recuperarlo.

Con la compra en amplia escala de bonos del Tesoro, la FED está expandiendo los límites de lo que hace un banco central para financiar la creciente deuda federal, acciones que la llevan a incursionar muy lejos en decisiones políticas que usualmente intenta evitar.

A los gobernadores de la FED no les gusta hacer nada de esto: pero creen que no tienen alternativa.

‘Ninguno de nosotros tiene el lujo de elegir sus desafíos; el destino y la historia nos los proveen’, dijo Jerome Powell (presidente de la FED) en un discurso de este mes. ‘Nuestra tarea es afrontar los tests que nos llegan’.

Se ve que el destino y la historia son generosos con los gobernadores de la FED, y les propone desafíos a la altura de su genio:

“Los economistas proyectan que la cartera de bonos, créditos y nuevos programas subirá a entre 8 y 11 billones de dólares, desde menos de 4 billones el año pasado. En ese rango, la cartera será el doble de la cuantía alcanzada después de la crisis financiera de 2007-2009 y casi la mitad del valor del PIB anual de los EEUU. Hará que el papel de la FED en la economía sea mayor que durante la Gran Depresión o la II Guerra Mundial, según los cálculos del Wall Street Journal.

Visto así, la mitad del PIB de los EEUU estará hecha de papel pintado con tinta verde. Mejor aún, gracias al dinero mágico (Macron dixit) desaparece el riesgo, visto que la FED paga. No puedes quebrar visto que la FED compra tus activos –que no valen un cuesco– al precio fuerte, y dispone además de 600 mil millones de dólares para sostener las empresas privadas que eventualmente estuviesen fallas al caldo.

No hace falta ser “experto en riesgos” para darse cuenta que de ese modo la FED puede perder hasta la camisa, pero no te inquietes. Glenn Hubbard, –profesor de economía de la universidad de Columbia que fue presidente del Consejo de Asesores Económicos de George W. Bush–, afirma que no hay que preocuparse de recuperar el billete: “Si la FED no pierde dinero –dice– quiere decir que no le está prestando plata a quienes lo necesitan”.

Otro dogma de la teoría económica cae en desuso sin decir ni pío: ese que pretende que “el mercado es quien mejor asigna los recursos en la economía”. Ahora los recursos los asignará el banco central de los amerloks según le salga de las narices. A los dogmas de la teoría económica les pueden dar morcilla.

De tal modo que la afirmación de Howard Mark, gerente del fondo de inversiones Oaktree Capital Management, “El capitalismo sin bancarrotas es como el catolicismo sin infierno”, te la puedes pasar por el arco de Augusto. Que Howard Mark agregue: “Los mercados funcionan mejor cuando sus participantes le tienen un sano temor a las pérdidas”, no pasa de ser un chiste.

Si albergas la sombra de una duda, pregúntale a Enrique Cueto, principal accionista de Latam, que le llora a Piñera –mientras estira su bella poruña de plata labrada– para que el Estado de Chile le pase miles de millones de dólares. En una de esas Piñera lo hace, aconsejado por progresistas como Óscar Landerretche y Alejandro Micco (Ah… si Bachelet estuviese en La Moneda ya estaría hecho…).

De un lado desaparece el riesgo, esa amenaza que pende –o debiese pender– sobre la cabeza de todo empresario, y por otro desaparece la amenaza de la inflación, amenaza que es la razón de ser de los bancos centrales.

Que la teoría económica tenga por cierto que la emisión monetaria sin respaldo se salda siempre por un incremento de la inflación es un dogma que flaquea desde hace ya varios lustros. Como las tasas de interés que suelen ser utilizadas precisamente para eso, para evitar la inflación. Mientras más grande es el riesgo de ver dispararse la inflación, más altas debiesen ser las tasas de interés de los bancos centrales. Sin embargo, en este momento vemos exactamente lo contrario.

“Después de bajar las tasas de interés a casi cero a mediados de marzo, la FED comenzó un torrente de programas de compra de bonos (emisión monetaria mediante) para estabilizar los mercados. Entre el 16 de marzo y el 16 de abril, compró Bonos del Tesoro e hipotecas (créditos bancarios) al ritmo de 79 mil millones de dólares al día.

La inflación… Who cares?¿No es Janet Yellen, hasta hace poco presidente de la FED, quien se echa a la espalda el riesgo inflacionario que trae consigo la emisión monetaria sin respaldo?

“Si la economía se recupera y la inflación es un problema, ese será el test. Eso no es un problema ahora. Y si alguna vez lo fuera, pienso que la FED lo vencerá”.

Así la FED, –deus ex machina, creadora del cielo y la Tierra, perdón del dinero y la inflación–, derrotará a su indeseable criatura. Duerme tranquila niña inocente, sin preocuparte del bandolero, que por tu sueño dulce y sonriente, vela tu amante ba-ba-banqueeero…Otro conocido dogma tiene que ver con el economista Joseph Schumpeter, quien teorizó la llamada ‘destrucción creativa’: ella aconseja dejar quebrar las empresas no viables, para facilitar el nacimiento de nuevos emprendimientos más sanos. Ahora bien, la intervención de los Estados en la economía que piden los empresarios tiene precisamente por objeto impedir la quiebra de empresas que de otro modo tirarían la toalla.

Ya puedes apagar las velitas que le tenías prendidas al monetarista Milton Friedman y desmontar la “animita” que erigiste a la memoria de Joseph Schumpeter. De paso te puedes limpiar el orto con sus enseñanzas elevadas a la categoría de dogmas. La crisis provocada por el coronavirus hace que…“Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profanado…” (K. Marx).

Si hasta ahora la FED no le prestaba dinero directamente a los municipios (o a los Estados de la Unión u otras entidades públicas) era porque en su muy loable independencia de gestión se inquietaba de la capacidad de tales instituciones para pagar sus deudas.

Mejor aun, de cara a un ente público… “La FED no quisiera estar en la situación de decir ‘Tienes que aumentar los impuestos locales, bajarle los salarios a la policía o a los bomberos’…” dice Scott Álvarez, que de 2004 a 2017 fue consejero general de la FED.

Que el FMI haga exactamente eso de cara a los países que caen en sus redes… le toca una sin mover la otra al tal Álvarez.

De cara a las finanzas de los países endeudados el Fondo Monetario Internacional juega el mismo papel que la FED de cara a sus deudores estadounidenses.

Con la diferencia que la FED es mano de challa mientras que al FMI no le molesta darle órdenes a los países deudores, suprimir tal o cual dispositivo social que protege a los débiles y a los más vulnerables, o imponer el aumento del precio del pan y de la gasolina al tiempo que ordena reducir los impuestos que pagan los privilegiados. Esos son grandes clásicos de las recetas del FMI.

He ahí otra curiosidad de los dogmas de la teoría económica: sus ‘Leyes’ funcionan según la cara del cliente o, para ser más precisos, según ordenan los intereses de quienes controlan el palito del emboque.

La nota del Wall Street Journal va mucho más lejos: su contenido permite enterrar en un memorable funeral toda la basura que enseñan en las universidades a propósito de la teoría económica estándar, esa que te explica en dos patadas desde el incremento del consumo de leche de cabra salvaje del Tibet a la baja del precio de los dulces de La Ligua, así como sus efectos colaterales en la producción de castañas en la Ardèche.

En resumen, la legendaria Ley de la Oferta y la Demanda se fue al valle de las pirinolas, la no intervención del Estado en la economía pasó a ser un cuento para lactantes, la independencia del banco central es un chiste que ya no hace reír a nadie, la proscripción del crédito directo del banco central a los gobiernos fue derogada como la Ley Seca en 1933, el dogma que vincula la emisión de dinero con la inflación sirve de papel tissue como dicen las almas púdicas, el óptimo de Pareto queda como lo que es: una volada post farlopa, y el ‘riesgo’ como motor del capitalismo y del aumento del lucro desapareció en combate.

Junto a él desaparecieron ‘los amantes del riesgo’, esos empresarios que justifican sus extravagantes beneficios precisamente en virtud de un peligro inexistente: ahora paga la FED. O el BCE, que no se contentó con emitir un par de billones de euros.

Eliminando las regulaciones inspiradas por la crisis de los subprimes, el Banco Central Europeo redujo el monto de los capitales propios que los bancos privados deben mantener en caja como garantía de su estabilidad, ‘liberando’ así no menos de 120 mil millones de euros destinados a ser ofrecidos como crédito barato al sector privado. Eso no lo hizo el BCE ni por la Salud, ni por la Educación, ni por ningún servicio público europeo.

En los EEUU, Janet Yellen y Ben Bernanke –predecesores de Jerome Powell a la cabeza de la FED– están plenamente de acuerdo: la FED puede y debe emitir billete hasta que revienten los cofres de la banca privada planetaria.“La Reserva Federal fue inventada para eso”, dice Mrs. Yellen: “para ofrecer préstamos de emergencia durante una crisis”.

Las consecuencias le importan un cuesco a todo dios. Ya se verá, es la respuesta a cualquier inquietud que pudiesen manifestar las almas sensibles. Lo primero es salvar el business, y de paso acrecentar la acumulación de la riqueza en pocas manos.

Lo que le aporta a mi descubrimiento –el Pésimo de Casado– más argumentos en su favor: queda visto que en esta situación de crisis todas las acciones emprendidas por los gobiernos y los bancos centrales terminarán por empeorar la situación ex ante. La situación de los currantes, se entiende.

De ahí que, contrariando mi legendaria modestia y mi no menos mítica timidez, espero que la posteridad premie la osadía de mi reflexión, la lucidez de mi pensamiento, y la clarividencia de su formulación, con el galardón que me sugirió Horacio, única distinción que pudiese equipararse al premio Nobel de economía.

Así, queridos lectores, un día no muy lejano verá elevarse en pleno centro de Santiago, para su brillante inauguración, el “Mingitorio Luis Casado, en reconocimiento al hallazgo más útil y prolífico de la teoría económica de los últimos siglos”.

 

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