Los desalojados del Hotel Madrid: ‘Nos hemos equivocado de edificio’

El acto se cerraba con una confesión: "Hemos ‘okupado’ el edificio de una persona humilde y trabajadora que no se lo merece: nos hemos equivocado". Con la voz entrecortada y la bufanda pegada con saña a la nariz, para evitar objetivos indiscretos, los ‘okupas’ del numero 25 de la madrileña calle de Tres Peces, en el barrio de Huertas, reconocían el "error". En los círculos indignados se veía caer desde hacía días ("¿no estaremos yendo demasiado deprisa?" "primero pensar, luego ‘okupar’…").

El blanco y el negro, la cara y la cruz, se dieron cita este martes en el mismo espacio. A un lado de la calle Tres Peces, frente al número 25, ‘okupado’ tras la marcha en protesta por el desalojo del Hotel Madrid el pasado lunes, un centenar de ‘indignados’ protegía el edificio. Al otro lado, el azorado propietario del primer piso, por el que a ratos se cuela una escalera de mano a la que llaman ‘Julieta’ y con la que los ‘okupas’ se meten en la casa. El propietario asegura que se ha enterado "de sopetón", ojeando la web, de que la vivienda que adquirió con sus ahorros y que, desde hace varios años estaba siendo reformada, había sido ‘okupada’.

El hombre, que prefiere no dar su nombre, es funcionario y vive de alquiler. Es el único de los cinco propietarios del edificio que se ha atrevido a ‘dar la cara’ y no da crédito. Agarra las llaves con frustración y se las enseña a la Policía, que le anuncia que pese a la rapidez con la que ha presentado la&nbsp denuncia, hasta que el juez no emita una orden (puede tardar entre diez días y varios meses) no pueden intervenir. Además, explican los agentes, eso podría "provocar cuarenta heridos" y "crear otro problema".

"¡Es mi casa, voy a entrar a mi casa", se lanza embravecido el dueño, y choca contra los policías, que le impiden seguir avanzando. Detrás de él, su amigo, que le acompaña, cree que esto "es culpa del gobierno en funciones". El abogado del propietario asegura que, según la Ley, los agentes tienen la obligación proceder al desalojo si la denuncia se presenta en las 48 horas inmediatas al allanamiento. Por eso afirma que presentará una denuncia por prevaricación.

Al otro lado de la trinchera y, entre que llegan las noticias, algunos ‘indignados’ trabajan a destajo: llevan todo el día gestionando listas para realojar a los desalojados del hotel y adjudicar las habitaciones del nuevo edificio ‘liberado’ a los muchos que se acercan a la Oficina de Vivienda del 15-M (que hasta ahora tenía su sede en el hotel, en la calle Carretas) en busca de ayuda. El&nbsp perfil de los demandantes de ayuda&nbsp es muy heterogéneo: ‘sin papeles’, mendigos, familias de clase media con niños, que súbitamente se han encontrado en la calle… Las dimensiones del proyecto sobrecogen.

"Esta noche tienes a una familia con un niño, y a esta señora", dice Norma, una de las más activas del movimiento, señalando a Bárbara. Bárbara es polaca, fue desalojada de su vivienda de alquiler hace un mes, cuando se le acabaron los ahorros. Está en el paro. Reconoce que acudió inmediatamente al 15-M, y que fueron rápidos. Pasó del hotel a la casa de Concepción Jerónima, y ahora, aquí. Con todo, está nerviosa,&nbsp "ya tengo muchos problemas, lo último que quiero es que me acusen por allanamiento de morada y que me metan en líos". Por la ventana baja ‘Julieta’ -la escalera- y sube Bárbara. Esta noche dormirá bajo techo, pero intranquila.

Con la oscuridad, se recrudecen los ánimos. Tras los primeros acercamientos entre las partes, muchos se muestran desencantados: la historia del propietario, un hombre "humilde", no un "especulador", empieza a pasar de boca en boca y nacen las suspicacias. "¿Has mirado el registro?", le increpa uno de los concentrados a un ‘okupa’. "Errores como este pueden echar por tierra un proyecto precioso", añade. Las voces que piden que se retire la pancarta que vincula la ‘okupación’ con el movimiento 15-M se multiplican (‘1 desalojo, dos okupaciones, 15-O-M’, reza).

Finalmente, los ‘bandos’ se acercan y encuentran un&nbsp punto de encuentro: "Hemos hablado con el propietario y entiende nuestra situación, retirará la denuncia", explica el representante de la casa ‘okupada’. "Nos iremos en cuanto sea posible, a lo sumo en un mes". "Nos hemos equivocado", admiten, "lo reconocemos, y lo arreglaremos". De momento, los ‘okupas’ le han prometido al dueño echar una mano con las reformas. Él, a cambio, tratará de apaciguar los ánimos del resto de propietarios. Mientras tanto, la ‘fiebre okupa’ sigue extendiéndose por la capital, ya hay un nuevo edificio tomado en la calle Toledo.

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