Los desafíos del Proceso Constituyente en Catalunya

…y el pasado día 13 unas 900 personas se juntaron para debatir los diez puntos del programa en más de cien diálogos paralelos, con un ambiente de alta participación, respeto y fraternidad.

Pero todo el mundo es consciente que se está en una fase de extensión y consolidación, en la cual el proceso no está definitivamente asentado. Se constata una sintonía amplia con las ideas básicas del Manifiesto (http://www.vientosur.info/spip.php?article7858) y una aceptación del liderazgo suave que ejercen las dos persones que lanzaron el proceso. No sería realista esperar otra cosa a estas alturas. Pero existe la voluntad repetidamente expresada de que las ideas iniciales se transformen en acuerdos más desarrollados, discutidos colectivamente y aceptados democráticamente; y que en este proceso es importante que se expresen tanto los acuerdos, como los desacuerdos. En este contexto se sitúan estas reflexiones sobre los desafíos del Proceso Constituyente catalán.

La primera es que el Proceso Constituyente es una necesidad. En la situación actual de crisis económica, política, social y cultural, el principal factor necesario para una salida favorable a los de abajo es de naturaleza política: se necesita una opción política y electoral con fuerza suficiente para postularse al gobierno, y con la voluntad inequívoca de defender las necesidades de la mayoría de la población frente a los dictados de la troica, los recortes de la democracia y el corsé de una Constitución pactada con los herederos del franquismo; debe romperse el sistema de partidos que asegura alternancia en el poder, pero continuidad en la explotación y la opresión de los de abajo. Esta nueva opción política y electoral deberá impulsar procesos constituyentes de una nueva mayoría social, de una nueva política económica, social y cultural, y de un nuevo régimen político democrático; pero el factor desencadenante decisivo es su propia construcción.

Ahora mismo existe una oportunidad, que no podemos saber cuánto durará, para empezar a construir esta opción política y electoral. En efecto, desde las elecciones autonómicas del 25/11/2012, el sistema de partidos catalán se ha vuelto inestable y ha entrado en crisis. Las encuestas del CEO /1 muestran el desplazamiento de CiU por ERC en intención directa de voto, la continuidad en la caída del PSC y la mejora de intenciones de voto de ICV-EUiA y de la CUP. No hay que fiarse de las encuestas, pero éstas parecen reflejar unas tendencias de fondo razonables. CiU aparece como responsable de los efectos de la crisis, tocada por la corrupción, débil y dividida en el tema de la consulta por la independencia. ERC no tiene responsabilidades de gobierno (aunque sostiene a CiU) y aparece como consecuente en el tema de la consulta, pero está claro que no representa ninguna alternativa en el terreno económico y social. El PSC no es una alternativa en ningún terreno, está profundamente dividido y su relación con el PSOE está en crisis. ICV-EUiA y la CUP, con diferencias notables, aparecen como partidarias de la consulta, contrarias a los recortes y apoyando demandas de los movimientos sociales; ICV-EUiA supera al PSC en intención directa de voto (7,4 frente a 6,9 en la última encuesta del CEO) y la CUP mantiene su progresión (4,8%).

Si las cosas siguen como hasta ahora, el cambio que aparece como posible en Catalunya es una substitución de la hegemonía de CiU por la de ERC, o sea, una radicalización en el tema nacional con una continuidad básica en el terreno económico y social. En el mejor de los casos, un cambio político sin cambio social.

Frente a esta perspectiva no parece que ICV-EUiA y la CUP puedan representar a medio plazo una alternativa; ni juntas ni, mucho menos, por separado; tampoco hay indicios de que estén explorando la necesidad de esta unidad; y tampoco está claro que la voluntad de ICV-EUiA sea claramente rupturista (aunque sí hay sectores que empujan en esta dirección). En todo caso, no parece que una hipotética coalición de estos partidos pueda recoger la voluntad de cambio que se expresa entre los activistas de muchos movimientos sociales. Ahí está la ventana de oportunidad para una propuesta como la del Proceso Constituyente: un programa de ruptura claro en los terrenos nacional, político, económico, social y cultural; creación de un marco unitario amplio, en el que se consiga que se impliquen o colaboren los partidos que comparten esta orientación, pero que integre y de protagonismo a las personas y a los activistas de los movimientos sociales que quieren otra forma de hacer política desde la base.

Creo que el Proceso Constituyente ha despertado ilusión porque ha planteado la posibilidad de esta alternativa rupturista, participativa y unitaria. Transformar esta ilusión en avances concretos implica unos desafíos extraordinarios, porque a pesar de lo mucho que se ha hecho, queda mucho por hacer. En lo que sigue, se intentan formular tres de estos desafíos.

¿Qué lugar quiere ocupar el Proceso Constituyente en el actual mapa político? En sectores de ICV-EUiA o la CUP se ve como un intento de crear otra opción política, una competencia, algo que se construye para disputar su espacio o una parte de él. Si llegara a ser así se trataría de una perversión de las expectativas generadas, de un fracaso, porque el objetivo debe ser ampliar, reforzar y unificar las opciones rupturistas o potencialmente rupturistas que existen.

Sin embargo, para desarrollar su tarea el Proceso Constituyente necesita construirse, agrupar a sus adherentes en asambleas de base. Y es casi inevitable que se produzcan recelos en el exterior, en las fuerzas políticas ya existentes; y tensiones en el interior al discutir las relaciones con estas fuerzas políticas; unas y otras no pueden evitarse completamente, pero pueden mitigarse. A medio plazo, explicando que el objetivo es la creación de una candidatura rupturista y unitaria, que integre las fuerzas existentes sin amenazar la existencia de ninguna de ellas. A corto plazo, generando iniciativas unitarias, que demuestren su posibilidad y su eficacia en la situación actual, así como la posibilidad de ampliarse en el futuro (a pesar de malas experiencias del pasado que algunos puedan recordar). Las tareas a medio y corto plazo van íntimamente unidas. No habrá candidatura unitaria si antes no ha habido acción conjunta; servirá de poco una candidatura unitaria, incluso exitosa, si antes no ha habido acción conjunta que haya reforzado la movilización y la conciencia social.

¿Qué prioridades son convenientes en el desarrollo del Manifiesto fundacional? Todo el mundo es consciente de la necesidad de desarrollar este decálogo, pero se pueden tomar diversos caminos: desde ponerse a definir “el país que queremos” como fruto del proceso constituyente, hasta la elaboración de un “programa de mínimos” que facilitara la unidad con ICV-EUiA y la CUP, buscando una especie de denominador común, pasando por otras orientaciones posibles. En mi opinión la prioridad debería ser la elaboración de un programa de reivindicaciones urgentes, orientadas a satisfacer las necesidades de la población, que sirvan para la acción inmediata y tracen un camino de ruptura y de futuro. Lo más probable es que no sean todavía una solución completa de los problemas, sino unos mínimos urgentes, pero que demandarán una confrontación dura con el gobierno de turno; a título de sugerencia citaría el ejemplo, sectorial y parcial, de la actividad de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca en torno a su ILP (antes y después de ser rechazada): no era la solución al problema de la vivienda, pero respondía a necesidades urgentes de la población, movilizaba, exigía acciones duras e iniciaba una ruptura.

¿Cómo pasar de la adhesión a la elaboración democrática? Es un deseo común que el Proceso Constituyente sea plural y profundamente democrático. Si el proceso se consolida y se multiplican las asambleas se deberán ir generando debates en los que se estimule la participación, se valoren las aportaciones, se respete la pluralidad y se generen acuerdos por procedimientos democráticos. Todo ello teniendo en cuenta que las personas adheridas somos muy heterogéneas y sin ninguna experiencia previa común. No hay soluciones mágicas, pero quizá sirvan algunas sugerencias.

Hay que aceptar con normalidad y humildad que, actualmente, la única definición común es el Manifiesto al que nos hemos adherido, y que la ampliación de este patrimonio común irá llegando en los próximos meses a través del debate democrático. Mientras tanto y en el futuro, todo lo que no es común, es de libre opinión; la pluralidad es una riqueza y no un problema.

Las diversas asambleas son autónomas y tienen capacidad para ir definiendo su propia línea de actuación y, en consecuencia, pueden llegar a ser bastante heterogéneas entre sí. Sólo están comprometidas a aceptar y llevar a la práctica lo que se haya aprobado democráticamente por el conjunto del Proceso Constituyente.

La creación de un patrimonio común conviene hacerlo de forma gradual y selectiva, asegurando el debate de todos los adheridos, estimulando y valorando sus aportaciones y tomando al final una decisión democrática. Para eso es conveniente que los temas a discutir tomen la forma de resoluciones breves, centradas en los acuerdos que se propone adoptar, y presentando separadamente la documentación o los documentos de apoyo.

Evidentemente no se trata de desafíos menores. No recuerdo que hasta el momento se haya intentado desarrollar un proceso tan complicado y ambicioso. El éxito, por supuesto, no está asegurado. Pero cuando a la necesidad y a la oportunidad se le une la energía y la tozudez del “Sí se puede” que parecen existir entre la gente adherida, entonces los resultados pueden ser impresionantes.

Nota:

1/ Barómetre d’Opinió Pública, 2ona onada 2013: http://www.ceo.gencat.cat/ceop/AppJava/pages/home/fitxaEstudi.html?colId=4569&lastTitle=Bar%F2metre+d%27Opini%F3+Pol%EDtica+%28BOP%29.+2a+onada+2013 (ver el Dossier de premsa, apartado 7.2)

Fuente: http://www.vientosur.info/spip.php?article8174

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