Los derechos que hemos perdido los trabajadores desde 1977

Los derechos que hemos perdido los trabajadores desde 1977

Literatura de la libertad

Partiendo de fechas cercanas, los trabajadores hemos vivido y sufrido brutales modificaciones y retrocesos en nuestras condiciones laborales y económicas. Condiciones que se había conseguido, en las grandes luchas obreras, mayormente,  en las dos últimas décadas de la dictadura.

Sucede desde la imposición de los Pactos de la Moncloa, octubre de 1977, que perjudicaron nuestros intereses económicos y, de la constitución del 78, que le daba un lavado de cara a la dictadura franquista. Desde entonces los trabajadores venimos retrocediendo, practicando la lucha sindical y obrera, siempre a la defensiva, a contracorriente, tratando de evitar que nos quiten derechos.

La historia de la lucha obrera siempre fue  a favor de mejorar en las dos cuestiones esenciales; en la económica y en la laboral. Sin embargo, a partir de los famosos Pactos de la Moncloa, la lucha se comenzó a modificar a favor de las empresas apoyadas por el Gobierno de turno. Desde aquellas fechas, siempre hemos ido a remolque de pactos sociales, ni siquiera para conformar a los trabajadores con migajas, sino para quitarles “panes enteros” dándoselos a los empresarios.

Veamos una parte importante de lo que nos han quitado: se han recortado las prestaciones a los parados de forma bestial. Para no alargarnos, sólo señalar que hasta mediados de los 80, cualquier trabajador que trabajara y cotizara durante seis meses, si se quedaba sin trabajo, tenía derecho a 18 meses de prestación. Hoy para poder tener esos 18 meses de prestación el trabajador ha de trabajar y cotizar cuatro años y medio. Pero con las dificultades que plantean la precariedad de los contratos, no sólo es difícil trabajar cuatro años y medio seguidos, sino ni tan siquiera un año, con el que se tendría derecho nada más que a cuatro meses de prestación.

Se han cargado la estabilidad de empleo que los trabajadores  tenían en las empresas. A principios de los 80, los contratos laborales, (salvo excepciones), a los 15 días o al mes de prueba aseguraban a los trabajadores ser fijos de plantilla o de obra. Hoy (con contratos de uno o dos meses, de semanas, de días y hasta de horas), si tienes suerte de que te hagan varios contratos de seis meses o de un año, a lo mejor consigues que te hagan fijo. Si bien, tampoco es ninguna garantía dadas las facilidades que se le han dado a las empresas para despedirte.

Relacionado con lo anterior, en los despidos improcedentes de aquellos años,  era el trabajador el que tenía derecho a decidir si volvía a trabajar en la empresa con los mismos derechos. Y, las indemnizaciones por despido improcedente eran de 60 días de  salario por cada uno de los años trabajados y no había tope. Y si el empresario tras de perder el juicio por despido improcedente, insistía en despedir al mismo trabajador, entonces el  juez podía penalizar al empresario y el costo del despido se lo elevaba hasta 90 días por año.

Recortes en las pensiones: además de la pérdida de poder adquisitivo durante todos estos años, cuando llegaba la jubilación se hacía uso de los dos últimos años de cotización para establecer la media de lo que correspondería cobrar de pensión. En estos dos últimos, años los trabajadores, procuraban que las empresas le aumentaran la base de cotización a la S.S. Sin embargo, en 1985 el Gobierno hizo modificaciones negativas para los trabajadores y entre estas, aumentó a 8 años para sacar la media de cotización y jubilación; después los elevaron a 15 y actualmente está en 25 años.

Además alargan la edad de jubilación, cuando de lo que se trataría, es de adelantarla para garantizar el empleo a los jóvenes. De hecho, cuando les ha interesado para frenar las luchas en grandes empresas, como ahora en NISSAN, han jubilado y jubilan hasta con 55 años. Estas contradicciones e irracionalidades tienen sus explicaciones dentro del sistema capitalista. Las iremos abordando.

Entre los recortes y modificaciones de leyes contra los trabajadores se encuentran las de flexibilidad laboral; las de Empresas de Trabajo Temporal (ETTs); y la de las horas extras. Estas tres cuestiones juntas. Forman un coctel en manos de las empresas para que puedan  manipular,  coaccionar y  explotar ilimitadamente a los trabajadores.

¿Cómo es posible que la clase obrera haya permitido estos leoninos retrocesos que tanto le perjudica?

Las explicaciones las encontraremos en el lamentable papel jugado por los grandes sindicatos como correa de transmisión de los partidos parlamentarios llamados de izquierdas. Algún día, a sus dirigentes, se les tendrá que pedir cuentas en primera instancia y, en segundo lugar encajarles en el lugar de la historia que se merecen: allí en el nauseabundo basurero de las indignidades y las traiciones.

La clase obrera debe conocer y recordar constantemente su historia de lucha. Si no es así, estaremos condenados a la ignorancia, partiremos de la nada y seguiremos cometiendo los mismos errores.

Hay que recuperar la ilusión en nuestra lucha y en nuestra unidad. Hay que confiar en las organizaciones y en sus responsables, no sólo por lo que dicen, sino sobre todo por lo que hacen.

En próximos escritos denunciaremos a los culpables con pelos y señales.

 

Hazlo correr

Co.Bas  Tarragona      

18/88/2020

 

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