Los Derechos Humanos, un objetivo revolucionario

La dirección de Mundo Obrero me ha pedido que explique los contenidos de la conferencia que el pasado día 17 de Septiembre pronuncié en León como clausura de las jornadas universitarias dedicadas a los Derechos Humanos (DDHH). Los patrocinadores fueron la Universidad y el Ayuntamiento de San Andrés de Rabanedo. El camarada, Enrique Díez profesor de la Universidad fue el coordinador de las mismas y en ellas intervinieron también Carlos Taibo, Manuel Monereo, Susana López, Maite Mola, Javier Navascués, Paula Garvín, y Pedro Montes, entre otros.

He aceptado la propuesta porque a través de este artículo podré originar en los lectores una doble reflexión sobre la importancia revolucionaria que tiene la lucha a favor de los Derechos Humanos y también acerca de los medios de comunicación y la ligereza, frivolidad, cuando no tendenciosidad de sus textos presuntamente informativos.

Tampoco quiero obviar los comentarios que desde supuestos y «sólidos» principios comunistas se han hecho a mi intervención sin otra base que lo aparecido en la prensa. Parece ser que la tan denostada «prensa burguesa» es de fiar cuando se presenta la oportunidad de lanzar un panfleto, hacer una condena o simplemente recitar una serie de mantras que nos entonan el ego. Lo ocurrido es una prueba más de que es urgente un debate sereno entre quienes nos llamamos comunistas; estemos dentro o fuera del PCE. A las pruebas me remito.

Hace un par de años recordaba públicamente Xavier Arzalluz que cuando fue a Madrid al entierro de Dolores como representante del PNV, se sorprendió cuando a la pregunta de ¿cuál es, como comunistas vuestro proyecto inmediato? Le respondí: luchar consecuentemente para que los Derechos Humanos sean una plena realidad planetaria. Hace ya veinte años, pues, que existe constancia de mi permanente preocupación acerca del valor revolucionario de los Derechos Humanos. Infinidad de artículos, discursos, propuestas y conferencias sobre el tema han ido jalonando desde entonces mi actividad política como militante comunista.

¿A qué me refiero cuando hablo de DDHH? Tal y como dije en León, a lo siguiente:

1. A la solemne Declaración aprobada el 10 de Diciembre de 1948 (recomiendo su lectura a la luz de lo que está ocurriendo en el mundo con la crisis).

2. A los tres Pactos que firmados en 1966 desarrollaban y ampliaban la Declaración a la vez que obligaba a los Estados signatarios a su estricto cumplimiento. Dichos Pactos entraron en vigor en España el 27 de Julio de 1977.

3. A todas las luchas anteriores de los hombres y mujeres que englobados en el movimiento obrero, la intelectualidad comprometida y en general a los herederos de la Ilustración hicieron posible que estos derechos fuesen recogidos en un documento que cuenta con el apoyo y compromiso (al menos sobre el papel) unánimes de prácticamente todos los países del planeta.

4. Al conjunto de documentos, declaraciones, organismos, instituciones que venciendo a trancas y barrancas las dificultades inherentes a una o­nU poco democrática y las acciones del imperialismo capitalista consiguen avances, logros y mantener al menos la esperanza. No son menores los impedimentos que proceden de la inhibición casi generalizada. Unos por considerar que el mercado capitalista es el mayor valor al que se debe supeditar todo ; otros por pretender que basta un barniz de derechos políticos para dar por aplicados los DDHH y los demás porque mantienen que la tal Declaración no es sino «un documento burgués» carente de solidez revolucionaria.

5. A todas las personas, organizaciones, entidades, instituciones, colectivos y luchadores que han hecho del cumplimiento de los DDHH el objetivo y la meta de su vida.

En 1994 declaré públicamente que yo «apostaba totalmente por IU desde mi militancia comunista». Hoy declaro solemnemente que el objetivo de los DDHH a escala planetaria es una tarea a la que me siento convocado en nombre de mi apuesta y mi convicción de comunista marxista. ¿Por qué me considero comunista? Intentaré expresarlo siquiera esquemáticamente.

Para empezar y como actitud vital e intelectual no asumo, no acepto el llamado sistema capitalista: economía, sociedad, valores, instituciones, hábitos y comportamientos.

Pero mi negación me conduce a una consecuencia para mí ineluctable. Mi rechazo se transforma en una decisión de combatir en todos los frentes al sistema que deseo sustituir por otro que por convención hemos llamado Socialismo, Comunismo o Anarquía.

Y a tal fin me siento en estrecha relación de trabajo político con otros seres humanos que sienten lo mismo y persiguen el mismo fin confesado. Es obvio que la organización para incidir en la sociedad y cambiar el sistema es imprescindible. Estoy hablando de una actividad colectiva y organizada en la que el militante sustituya totalmente al simple afiliado.

La acción política de esa organización comunista se traduce en lo que ha venido en llamarse praxis o práctica revolucionaria en la que teoría y acción van indisolublemente unidas sin preponderancia de una sobre la otra.

El fin perseguido, la sociedad que se busca, debe hacerse clara para los demás debe ser entendida, comprendida y sobre todo asumida como una necesidad personal y colectiva. Y eso sólo es posible si el ideal a construir es capaz de ser encontrado en lo más inmediato, en el entorno, en los problemas de cada día. Y es aquí donde el maestro Marx, el maestro Engels, el maestro Lenin el maestro Trotsky y la maestra Rosa Luxemburgo, deben ceder un espacio al maestro Sócrates (que se lo digan a Bertold Brecht). ¿Por qué? Porque la función de un colectivo revolucionario es básicamente hacer surgir de la mente de los explotados aquello que ellos saben aunque muchas veces no saben que lo saben. Una labor de parteros de la concienciación.

¿Hay algo más inmediato que los contenidos de la solemne Declaración de DDHH de 10 de Diciembre de 1948? Al llegar aquí os propongo lectores y lectoras su lectura y tras ella seguir leyendo.
Deduciréis claramente que el capitalismo es incapaz de cumplir sus contenidos y en consecuencia la tarea más inmediata es como diría Lenin tirar del eslabón más débil de la cadena. El capitalismo es la negación de los DDHH.

Y de esta consecuencia se infieren otras a la luz de la práctica liberadora. Las clases sociales no son un invento de nadie sino una consecuencia del sistema imperante. Pero además es visible día tras día que entre ellas existe una lucha feroz de intereses. Lo que ocurre es que muchas veces los dominados no son conscientes de ello bien por el fallo de las organizaciones de masas, bien por la hegemonía cultural del capitalismo o bien por aquellos discursos que no hacen otra cosa que presentar la sociedad del futuro pero sin comprometerse en las luchas diarias en esta. El conflicto entre el capital y el trabajo no es evidente por sí mismo en la mayoría de los casos hay que sacarlo, deducirlo, explicitarlo, hacerlo presente ante la conciencia cuando algo tan universalmente asumido como el derecho al trabajo no se cumple porque el sistema ha colocado por encima de él al mercado, la competitividad y el crecimiento sostenido.

¿Hay acaso, hoy en día, un programa más claro, menos negado y con más apoyo universal que los DDHH? ¿No sería éste el programa adecuado para un internacionalismo de nuevo cuño? ¿No es más sugerente para los parados, perseguidos, marginados, explotados y cuestionadotes del capitalismo en general una propuesta tan cercana como los DDHH que la proclama de un orden radicalmente nuevo y distante hoy por hoy para la mayoría? ¿Qué impide a los comunistas volcarse en organizar, alentar, apoyar, difundir y aplicar los DDHH? ¿Sería esta apuesta una negación de la trayectoria de nuestro Partido? ¿No sería ésta una plataforma capaz de generar una amplísima mayoría combatiente?

Soy consciente de que los textos escritos por avanzados y justos que parezcan son papel mojado para los poderes que de facto los niegan. En consecuencia de lo que se trata es de conseguir una fuerza que imponga y cumpla los DDHH como programa de la mayoría democrática. Ello no impide que al socaire de esa lucha y como complemento de la misma se planteen otros objetivos necesarios; propongo dos: la inclusión de los Derechos Medioambientales en la Declaración y la refundación de la actual o­nU en un sentido más democrático.

Resumiendo; la conquista de los DDHH para toda la Humanidad no es sólo el desencadenante de procesos que inciden en las contradicciones del capitalista es también y a la vez, la lucha por una nueva situación de mayor justicia, bienestar, valores ciudadanos basados en derechos y deberes y una Ética de lo colectivo que diría Fernández Buey. Sin pasar por esta etapa no habrá ni socialismo ni comunismo.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS