Publicado en: 26 enero, 2016

Los del “Gallinero” lo tienen claro: no basta con alborotar, hay que controlar el “teatro”

Por Pedro Antonio Honrubia Hurtado

La desesperación que comienzan a mostrar las fuerzas del régimen con la nueva situación política que nació en el estado tras los resultados de las pasadas elecciones generales del 20D es buena señal de que aquellos que se propusieron, en un momento dado, “asaltar los cielos”, no lo están haciendo mal de todo. Cuando el […]

La desesperación que comienzan a mostrar las fuerzas del régimen con la nueva situación política que nació en el estado tras los resultados de las pasadas elecciones generales del 20D es buena señal de que aquellos que se propusieron, en un momento dado, “asaltar los cielos”, no lo están haciendo mal de todo. Cuando el nerviosismo de quien no acepta la nueva realidad pasa a convertirse en movimientos absurdos para tratar de tapar el sol con un dedo, en pataletas infantiles que generan más risas que escándalo y en ataques sinsentido que acaban resultando, para los atacados, más cómicos que dañinos, se puede decir que estás haciendo daño, mucho daño. Y no porque quienes así actúan teman que el famoso “asalto a los cielos” esté próximo, sino porque el simple hecho de que la tierra se mueva bajo sus pies, que puedan empezar a perder solo una pequeña parte de sus privilegios, los aterroriza y los sitúa en un escenario al que jamás hubieran deseado enfrentarse. Carcomidos por la corrupción, secuestrados por la troika y el IBEX35, los partidos del régimen, viejos y nuevos, andan locos con PODEMOS.

Mandar al “Gallinero” del Congreso a más 5 millones de votos que, se supone, representan a los intereses de la gente “común”, de los “de abajo”, no debería, no obstante, ser motivo de escándalo para PODEMOS. Al revés, si “izquierda” y “derecha” son, como gustan de recordar los líderes de PODEMOS con frecuencia, metáforas que vienen del reparto de los espacios en la Asamblea republicana Francesa en tiempos de la revolución, no puede existir mejor metáfora para ejemplificar, hoy día, eso de “los de arriba contra los de abajo” que tanto gusta a tales líderes e ideólogos de PODEMOS. El gallinero, como es bien sabido, se ha asociado siempre con “los de abajo”, con el “pueblo”, con los “plebeyos”, con el “populacho”. Si izquierda y derecha ya no explican la realidad política del momento y aquello de los de “arriba contra los de abajo”, “el pueblo contra la casta” o “partidos del cambio vs fuerzas del régimen” sirve para entender mejor el tiempo presente, como ellos afirman, la metáfora parlamentaria que, a la medida de aquella histórica francesa, les han brindado las fuerzas del régimen, no puede ser mejor. A un lado, en el gallinero, el pueblo, al otro, en el resto de espacios “centrales” que se han dado a sí mismos los que controlan la mesa del Congreso, el inmovilismo, la casta, el régimen, lo defensores de los intereses de las oligarquías. Deberían agradecerle el gesto y no criticarlo, por coherencia. Ahora solo falta, claro está, que esos espacios del “gallinero” que son todavía minoría se vayan expandiendo por ese Congreso, hasta llegar a tomarlo mayoritariamente y convertirlo en una verdadera “casa del pueblo” y representante de los intereses de las mayorías sociales, en lugar de ser la cámara de representación de los intereses de las élites que hasta el momento ha sido y sigue siendo. La metáfora sirve: el pueblo avanza posiciones.

Avanza tanto, de hecho, que algunos además de estar de los nervios ya hasta reconocen que se les ponen “los pelos como escarpias” ante tal avance y los objetivos concretos que empiezan a marcarse, tal y como ha asegurado, a través de su cuenta de Twitter, el Portavoz del PP, Rafael Hernando. Dice Hernando que “A la gente se le ponen los pelos como escarpias al escuchar a Pablo Iglesias pidiendo el CNI, el Ejército, la Policía y la televisión”. Y yo me acuerdo de una chirigota que salió hace unos años en el Carnaval de Cádiz que hacía una gracieta cuando desde el público llamaban a uno de esos sus integrantes “guapo” y el “aludido” afirmaba: “Mira como le gusto a la gente”, a lo que otro integrante del grupo le respondía “a la gente no, a las viejas” -y que me perdonen las “viejas”-. Pues eso, Hernando: “a la gente no, a vosotros y a los que mandan sobre vosotros”. Que PODEMOS haya entendido aquello de que llegar al gobierno no es llegar al poder y haya puesto encima de la mesa la posibilidad de controlar aquellos espacios del estado (los que, en realidad, hoy en día son, junto a ejecutivo y legislativo, el ESTADO: defensa -militares-, interior -policía y CNI- y RTVE -manipulación de masas-) desde donde más daño el famoso “poder” puede hacerles sufrir con sus campañas y ataques, pudiendo así, llegado el caso, ejercer desde ellos cierto “contrapoder” contra cualquier intento golpista o similar -mediático, policial o militar- que pudiera intentarse en su contra, de verdad que, como dice el golfo de Rafael Hernando, “les -debe- poner los pelos como escarpias”. Pero no a la gente, no, a aquellos mismos golfos que se creen que el estado es suyo, que pueden hacer con él lo que les da la gana, que han usado y usan los aparatos del estado para la guerra sucia, el terrorismo de estado, el saqueo de las arcas públicas, la impunidad frente a la corrupción o las torturas, la filtración de informaciones de “inteligencia” a los medios afines para atacar a sus “rivales” políticos y que cada día que pasa se van dando cuenta que esta gente de la Complutense va tres pasos por delante de cualquiera de ellos y no tienen un pelo de tontos.

Defensa, Interior y medios públicos son el eje de cualquier estrategia de estado, son clave en cualquier movimiento de estado para crear desde matrices de opinión a golpes de estado, y en PODEMOS lo saben. Asusta, y mucho, que sepan tanto. Los pelos como escarpias de que no se conformen con llegar al gobierno, sino que, como buenos conocedores de los procesos latinoamericanos que son, tengan claro que hay espacios y espacios dentro de los aparatos del estado y las competencias de un ejecutivo, algunos fundamentales para defenderte de los más que previsibles ataques y movimientos que los mismos que ahora mandan en ellos querrían usar contra ti. El simple hecho de poner encima de la mesa el control de esos espacios: defensa, interior y RTVE, demuestra que la visión de la política y el estado que tiene esta gente no es ningún “juego de niños”, y eso es lo que les pone los pelos como escarpias de verdad. De algo sirve, ya decimos, eso de que hayan estudiado a fondo los procesos de cambio político que han tenido lugar estas últimas décadas en diferentes países de América Latina, así como las dificultades con los que tales procesos se encontraron desde el minuto 1 y desde dónde surgieron tales dificultades. Venezuela, Bolivia, Ecuador, como antes Chile o el propio estado español en la IIª República, dan para grandes tesis.

Y es que bien sabemos que los “amos del cortijo” no soportan ni soportarán nunca que los “jornaleros y jornaleras” se les revuelvan en sus propias tierras. Tienen a sus manijeros y a sus escopeteros para hacerles frente. Usarán cualquier medio a su alcance para impedir que el “orden de las cosas” cambie siquiera una “mijita” y no repararán en gastos y medios para conseguirlo. Seguramente ahora a muchos les pueda parecer estúpido. Pero tal vez esa sea la diferencia entre ellos y los dirigentes actuales de PODEMOS: que mientras ellos piensan en lo inmediato, los dirigentes y estrategas de PODEMOS ya están pensando en tres o cuatro pasos por delante, incluso aunque tales pasos nunca llegaran a darse. Quieren ser gobierno del estado, nacieron para ser gobierno del estado, e independientemente de si lo consiguen o no alguna vez, piensan y actúan como si fueran a hacerlo, por si, de verdad, alguna vez logran hacerlo. Y el “adversario”, que aunque nervioso tampoco es tonto, se da cuenta. De ahí los nervios y de ahí los pelos como escarpias. Primero se rieron de ellos, luego los despreciaron y ahora ya empiezan a temerlos de verdad. Y eso, claro, les pone los pelos como escarpias. Es normal.

¡Joder, qué el gallinero se revuelve! Y ya no solo alborota, ahora también quiere tomar el teatro. Y, lo peor, ¡van camino de conseguirlo! Al menos, queda claro, van a intentarlo y saben cómo hacerlo. Normal que los que siempre han estado en los palcos y las primeras filas tengan miedo. No vaya a ser que los del gallinero les acaben robando el asiento -en este caso de forma literal-: en el parlamento, en el gobierno y, ¡oh Dios mío!, en los aparatos centrales del estado. Preocupados por sus butacas andan, lógico.

Así que ¡viva el Gallinero y los pelos como escarpias de los que hace mucho secuestraron el gran teatro de la democracia! Adelante, que son pocos , nerviosos y cobardes -como estamos viendo-.

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