Los cuerpos y su representación

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Por Iñaki Urdanibia

« Si alguna vez describí la belleza que Dios puso en el cuerpo o en faz de mujer, ahora me complazco en hacerlo de nuevo y no mentiré ni en una sola palabra. Iba destocada, y eran tales sus cabellos que el que los viera se imaginaría que eran de oro puro por lo lustrosos y rubios. La frente era alta y lisa como si hubiese sido obrada a mano, y por mano de hombre avezado a tallar piedras preciosas, marfil o madera. Cejas perfectas y amplio entrecejo, y en la faz, los ojos brillantes, rientes, claros y rasgados; tenía la nariz recta y aquilina; y en su rostro mejor se avenían lo blanco sobre lo bermejo, que el sinople sobre la plata. En verdad, para robar los corazones de la gente hizo Dios de ella un prodigio, pues después no creó a otra semejante, ni antes la había creado »

                                               ( Chrétien de Troyes )

«…nadie, hasta ahora, ha determinado lo que puede un cuerpo […] el cuerpo , en virtud de las solas leyes de su naturaleza , puede hacer muchas cosas que resultan asombrosas a su propia alma »

                                               (Baruch Spinoza )

No únicamente en el mundo del arte, sino también en el séptimo arte, en las revistas y en la publicidad, son los cuerpos femeninos los que aparecen y abundan en sus poses seductoras, no sabiéndose en muchos casos si venden algo o si se venden su propio cuerpo . Los cuerpos masculinos, a no ser en el arte clásico, brillan por su ausencia o asoman como de refilón ( no resultan baladíes, a pesar de tiempo transcurrido desde su inicial publicación, las reflexiones de Francesco Alberoni en su « El erotismo» -Gedisa, 1989- acerca del diferente contenido de las revistas dirigidas a las mujeres o a los hombres) . Puede haber quienes, haciendo gala de una candidez, interesada o no, argumenten que ello es debido a la mayor belleza del cuerpo femenino, de formas más bonitas, más grácil, etc. Todo da por pensar, sin rizar rizo alguno, que la causa hay que buscarla por otros derroteros, que conducen directamente a cuestiones relacionadas con el machismo, con los gustos masculinos ( fundamentalmente), y hasta si se quiere a las diferencias fisiológicas de los cuerpos femeninos y masculinos en sus partes “ sexuales”: los primeros, como más ocultos, más disimulados, menos expuestos en su totalidad, mientras que los masculinos resultan externos, como más “agresivos”, y conducen de manera más explícita al centro de la cosa …lo cual pueda ayudar a su escasa, cuando no nula, exposición. Hay, no obstante, unos límites en lo que hace a la exposición / representación y no hace falta más que recordar los tiras y aflojas que han acompañado al hiper-realista cuadro, y a su exposición , de Gustave Coubert, « El origen del mundo »…que tras la “maldita” trayectoria del lienzo todavía tuvo serios problemas, allá por 2009, para ser colgado en el museo parisino de Orsay ( excelente en este orden de cosas un libro de Thierry Savatier que lleva por título el enigmático nombre del cuadro, y que fue editado por Trea en 2009.

Ahora estamos en tiempos de inflación en lo que hace a la presencia de cuerpos femeninos ( películas , revistas, publicidad, etc.), obviamente no siempre ha sido así, y permítaseme en este orden de cosas, narrar algún episodio de mis tiempos de estudiante de bachillerato, o pre…Es claro que en aquellos tiempos no se veían cuerpos desnudos ni en películas, ni en revistas, ni en la publicidad; el único acceso podía llegar de manos de algún compañero ( “malas compañías”) que, por equis o por y, tenía acceso a revistas porno prohibidas, y conseguidas en el extranjero. Hasta tal punto llegaban las limitaciones que recuerdo un fraile ( “hermanos” se les denominaba entre las huestes del padre Chaminade) que hacía tapar con papeles recortados las partes pudendas que aparecían, reproduciendo obras clásicas, en el libro de historia sagrada…Da por pensar que el empeño de ocultación por parte del pío, y casto, personaje se guiaría seguramente por aquello de que quien hambre tiene con pan sueña y el sujeto pensaría que era mejor alejar cualquier tipo de tentación, tanto en él, como en los adolescentes a los que trataba de aleccionar en la castidad y en escapar de las tentaciones; desde luego nada que ver con el consejo de Óscar Wilde de que lo mejor que se podía hacer con una tentación era caer en ella.

En todo caso, en nuestros tiempos espectaculares, se tiende a exponer, en abundancia, cuerpos espectaculares – teniendo en cuenta los cánones de la época-, exposición de desnudos, o casi, vengan a cuento o no, que generalmente resultan armónicos y pertenecientes a mujeres jóvenes, no pocas veces casi niñas. Hay gente que este tipo de afirmaciones que vengo realizando le parecerán las propias de una insoportable mojigatería, mas una cosa es una cosa y otra, otra, y esta otra es la conversión de las mujeres y sus cuerpos en meros objetos…de exposición, reclamo y deseo. Obviamente estas líneas se posicionan en el campo de la denuncia de esta reificación de las mujeres, a las que parece juzgarse más que por cualquier otra cuestión por la belleza, à la mode, de sus atributos físicos, con la verdadera esclavitud que ello supone para muchas ( también para muchos) que se ven dominadas por los modelos inalcanzables que se les proponen …de ahí, y no entraré en el charco, las anorexias, las tallas imposibles ( en este caso no se cumple el manido “ el tamaño no importa”) por su modelo esquelético y adolescente, y las operaciones de estética corporal que llega a locuras sin cuento ( aumento de tetas , disminución de ellas, implantes de vellosidad púbica, aumento de los labios vaginales…y no seguiré por estas zonas del delirio…hasta en algunos casos, convirtiendo las costosas operaciones en regalos para adolescentes, no sí si hasta en celebraciones de la primera comunión). No llegaré a los límites de Germaine Greer, quien en su « La femme entière» ( Plon, 1999) al comparar tales recortes / retoques a la aberrante mutilaciones corporales que se estilan en ciertas zonas del planeta, se refiere a ellos como la “ablación de Occidente”, pero bueno…Frente a la dictadura de las tallas y las escuetas medidas que se tratan de imponer , el despotismo , trufado de peligros físicos y psicológicos, que supone la exigencia social de mantener una buena línea, y la consiguiente obligación de estar a dieta con permanencia, no me resisto a citar a Miguel Cereceda, quien en su « El origen de la mujer sujeto » ( Tecnos, 1996) se refiere al tema , refiriéndose al ejemplo de Lady Di, quien se hubiese evitado el sometimiento a numerosos tormentos si …« hubiese comprendido que las verdaderas armas de la seducción no son el culo y las tetas, ni una cintura breve y unas piernas extremadamente largas, sino más bien la ironía, que, como juego privilegiado del lenguaje […] éste, y no su barriga prominente , ni sus ojos saltones, era el secreto de la seducción socrática. Por eso, y no por el cuerpo apolíneo, era por lo que estaban locos por Sócrates los jóvenes más bellos del Ática».

A partir de ahí, y sin entrar en profundidades, un par de reflexiones se imponen, provocadas por algunas frecuentes afirmaciones un tanto gratuitas al respecto, a mi modo de ver : 1) cualquiera que haya practicado o haya frecuentado espacios nudistas se habrá convencido de lo que voy a decir . Vaya en primer lugar, una declaración: el que escribe ha practicado desde hace años el nudismo – conste que no como “religión” o “militantismo”- y por tal comportamiento ha llegado a la convicción, verificada empíricamente, de que la pluralidad de los cuerpos es infinita: parriba, pabajo, que si así, que sí asao…la realidad no es conforme con el repetido dicho de quien fuera lehendakari que se empeñaba en decir que: desnudos todos somos iguales; en fin, unos más iguales que otros, podría añadirse, pero bueno…ahí están las diferencias que nos hacen iguales. La naturalidad de los cuerpos desnudos es una buena escuela para cerciorarse, si es que falta hiciera, de que los cuerpos en su desigualdad son todos cuerpos, carne que nos pone en contacto con el mundo y los demás que diría Maurice Merleau-Ponty, que no corresponde ni han de corresponder con los lozanos cuerpos, jóvenes y con formas domesticadas en consonancia con los gustos y modas del momento, que nos son propuestos, más bien vendidos, por todos los medios que en el mundo son; y 2) Tampoco estaría dispuesto a aceptar, tal cual, aquel socorrido (?)dicho de que tal persona -habitualmente mujer- se muestra « como Dios la trajo al mundo»; ni Dios ( que nada ha traído al mundo ni a ningún otro lado, pues como decía el otro su única justificación es que no existe), ni leches…la gente no es igual cuando asoma al mundo –con forma casi informe- que al cabo de los años en que las curvas, la vellosidad y otras –ades, se perfilan distinguiéndonos absolutamente, y afortunadamente, con respecto a los tiempos del nacer; a lo que habría de sumarse que una cosa es la naturaleza y otra el artificio, la cultura que hace que lo natural quede transformado por la mirada, la óptica de enfoque y el modo de representación, la pose; lo que llevaba a Leonardo da Vinci a afirmar -refiriéndose obviamente al arte- que « a pittura é cosa mentale…non manuale». Dicho lo cual, recuerdo un libro del irreverente – podría calificársele quizá con mayor acierto como tocapelotas– Óscar Tusques, « Contra la desnudez » ( Anagrama, 2007 ) en el que no se posicionaba contra el desnudo, sino contra la desnudez, mostrándose a favor del desnudo guapo, domesticado/depilado… frente al desnudarse «salvaje», antiestético,… pero eso ya es otra cosa, discriminadora, propia de la gente guapa, guapísima, bella, bellísima, linda, lindísima .

En el terreno de la representación artística y de los postulados estéticos, han cambiado los cánones y los gustos a lo largo de la historia, desde la Grecia clásica y sus criterios de armonía y medida ( Platón, Aristóteles…), retomados por los renacentistas, e implantada, la estética, como disciplina por los Kant, Hegel y los románticos hasta el elogio de la gordura que suponen las obras de Botero o los cuerpos disgregados de Francis Bacon, pasando por los criterios estéticos de le feo ( que bien pueden rastrearse en la clásica obra de Karl Rosenkranz, « Estética de lo feo», editado por Jullio Ollero, 1992 ) y sus plasmaciones en al arte ( inevitable resulta el repaso de Umberto Eco, « Historia de la fealdad» , editado por Lumen en 2007)…han pasado los tiempos, se han modificado los presupuestos estéticos, y en paralelo han variado la re/presentación permanente de los cuerpos…en especial, femeninos.

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