Los cubanos formateados

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Cuando los cubanos emigran sufren una especie de involución desconocida. Es como un virus que borra cada uno de los rincones del misterioso cerebro. Tal parece que, ocultamente, le formatean la corteza cerebral; no se sabe si es un mecanismo de defensa ante la impotencia o una malformación que se desarrolla ante las insatisfacciones, frustraciones, añoranzas y falsas esperanzas del país que los “acoge”; una mezcla rara que los convierte (no a todos, por suerte) en máquinas hipercríticas contra el país que los vio nacer.

De un tirón, todas las culpas pasan a ser responsabilidad de Fidel Castro.

Quizás ese cubano que hoy aparece en la Red convertido en un mago de la agilidad mental contra Cuba tenía una responsabilidad aquí y no cumplió con ella; o simplemente no tuvo el valor de decir las cosas en su momento, como explicó Fidel al referirse a los economistas en su discurso en la Universidad de La Habana. Y me refiero a los cubanos que emigraron con la Revolución, no a la cuadrilla de Alfha 66, Hermanos al Rescate o la Fundación, fósiles inanimados a los cuales los consuela el famoso restaurante Versailles, de la Calle 8, el preferido de Bush en Miami.

En aquella disertación, donde también Fidel alertó de la posibilidad real de la desaparición de la Revolución, reflexionó sobre el incremento de la agresión contra Cuba, ahora más sutil, ante un imperio que no solo utiliza la tecnología, sino que gasta millones de dólares para incrementar la subversión interna, acrecentar la propaganda contra Cuba en todos los nidos de la tierra (recuerden que según Bush Cuba es un rincón oscuro) y crear figuras “mediáticas” bien pagadas que puedan impulsar “supuestas” corrientes contrarrevolucionarias dentro del país.

Los cubanos conocieron hace poco sobre Martha Beatriz y sus partes a la SINA, además de los vínculos del Jefe principal de ese cuartel contrarrevolucionario con Santiago Álvarez, conocido terrorista detenido en estos momentos en Miami. Esa actividad está respaldada por el gobierno de Estados Unidos y es real el peligro, pero los cubanos formateados ya no pueden sentir esa mezcla de traición y servilismo que suele olfatearse cuando de agredir a la Patria se trata.

Los formateados olvidaron la caída de la URSS, que provocó la pérdida de más del 90 por ciento de las transacciones comerciales y que fue la causa del largo período especial, sin relegar que el bloqueo injusto arreció su control, afectando, principalmente, a niños y ancianos.

Una oleada refinada de contrarrevolucionarios (no tengo otra forma de llamarlos) mira hacia Cuba. No estoy hablando de los que difieren, como algunos llaman al debate que tiene lugar en el blog, no; estoy hablando de esa contrarrevolución enmascarada, etérea, que invade la Red y arremete contra Cuba, lamentablemente, profesionales formados en Cuba que convierten las manchas en espinas.

Su incapacidad (sic) les impide ver la obra nueva que nace; el esfuerzo de un pueblo que resiste, y sus ojos oblicuos no ven la realidad que se abre paso.
Tuvo lugar el VIII Congreso de la UPEC y una esperanza comienza a vislumbrarse.

La crítica camina hacia el lugar que siempre debió tener; los periodistas se proponen acciones para denunciar el bloqueo y estudian la posibilidad real de expresión a través de los blogs, los foros de debates y la interactividad en los sitios Web. Internet no puede ser un campo abandonado; la realidad que vive Cuba necesita ser contada desde adentro, donde también comienzan a nacer “construcciones mediáticas” que solo mirarán las espinas.

La formación de los cubanos, la alta especialización en decenas de temas, la capacidad para debatir, refutar y contar la realidad hacen de Cuba una potencia expresiva, y a Internet el nuevo escenario que no se puede olvidar.

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