Venezuela. Los CLAP: medio abastecen y medio producen

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En un artículo anterior se indica que la estrategia gubernamental conocida como Mercados Casa por Casa, llevada a cabo por los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, es de cierta manera una buena medida en el contexto de la actual escasez de algunos alimentos y el altísimo costo de la vida, producto de la “crisis” capitalista originada por perversos intereses foráneos y locales. No obstante el tiempo ha demostrado que los CLAP han sido igualmente ineficientes en cuanto a garantizar el acceso de millones a los alimentos regulados. Entre otras situaciones anormales, dichos comités ni han logrado disminuir las colas humillantes ni han logrado detener el accionar delincuencial de los llamados bachaqueros. A continuación algunos aspectos que permiten concluir que los CLAP han  fracasado en su intento por generar tranquilidad en los ciudadanos comunes, especialmente en los más pobres:

  • El número de censados aún es ínfimo, de manera que el abastecimiento apenas ha beneficiado a un porcentaje relativamente bajo de la población venezolana. A estas alturas no se justifica que mucho más de la mitad de los venezolanos no tenga acceso a los alimentos distribuidos según esta modalidad.

2) Quienes han sido censados igualmente han tenido que soportar enormes filas para recibir los alimentos correspondientes, por lo general en las sedes de MERCAL. Aquí cabe la pregunta, ¿y los mercados casa por casa?

3) Quienes están a cargo de los CLAP obligan a los ciudadanos a comprar alimentos distintos a los regulados, como chicha, galletas, bebidas achocolatadas, enlatados y otros. Y si algún comprador no tiene suficiente dinero para cancelar todos los productos, pues no tiene derecho ni a un paquete de harina de maíz regulado. Así de sencillo. Se percibe en este sentido que los CLAP negocian con la empresa privada, tal como ha sucedido con la red pública alimentaria (MERCAL, Bicentenario y PDVAL) a lo largo de sus años de funcionamiento.

4) Salvo honrosas excepciones, es frecuente el desvío de productos a revendedores, al sector privado, y a familiares y amigos de quienes dirigen los CLAP.  ¡Qué fenómeno más perverso y ampliamente extendido es la corrupción¡

5) Desde el alto Gobierno “revolucionario” se ha hecho énfasis en que los CLAP deben contribuir con la producción agrícola nacional. Pero hay claramente un contrasentido, pues la llamada agricultura urbana, por ejemplo, de ninguna manera puede satisfacer la demanda alimentaria de millones de venezolanos. Y mucho menos el hecho de que en cada vivienda se siembren algunas especies en macetas y huertos. ¿Acaso en macetas pueden sembrarse mangos, naranjas, guayabas, aguacates, lechozas, plátanos, papas, auyamas, yucas y otros tantos alimentos? Para lograr la tan anhelada soberanía agroproductiva en Venezuela, hay que resolver de una vez por todas el problema de la tenencia de la tierra, y ayudar financiera y logísticamente al campesinado propietario de pequeñas y medianas unidades productivas. Por desgracia la tierra en Venezuela es una mercancía más, y tanto su propiedad como la producción y distribución de los alimentos, responde a la nefasta lógica capitalista que algunos insisten en denominar socialismo del siglo XXI.

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