Los chalecos amarillos: una novela

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Por Iñaki Urdanibia

Hace no mucho leía, en un rizar el rizo propio de una permanente de libro, a le petit Manu Macron afirmando que el movimiento de los chalecos amarillos le había servido para tener en cuenta una serie de cuestiones a la que tal movilización apuntaba ( vamos que toma nota aunque no hace ni puto caso), para añadir en el colmo del desparpajo , que en cierta medida le había servido para fortalecer sus políticas (1) a favor de las grandes fortunas, y 2) tal vez se refiriese a aquello de lo que no nos mata nos fortalece)…El comportamiento de los flics, desde luego, no parece estar en consonancia con esta valoración presidencial que se muestra poco menos que positiva, sino que se han dedicado, y se dedican, a repartir madera que es lo propio de los maderos.

Análisis en prensa y revistas no han faltado y también en soportes más sesudos ( alrededor de una veintena de ensayos se han publicado sobre el tema). Ahora acaba de salir a la luz una novela de Davis Dufresne: « Dernière sommation», editado por Grasset. El autor es de los que no se andan por las ramas sino que siempre se mueve au milieu de la mêlée, como se podía constatar en aquel necesario y documentado estudio sobre el affaire Tarnac en donde desvelaba los dispositivos policiales, periodísticos y judiciales para criminalizar ciertos comportamientos que en principio no eran más que muestra de rebeldía libertaria y de desacuerdo con lo que hay en esta sociedad ( http://2014.kaosenlared.net/component/k2/16046-el-affaire-tarnac-la-invención-del-delito# ). Ahora, recurriendo al género narrativo, nos entrega una novela en la que irrumpen con toda su fuerza la tensión y la lucha social que se da en el escenario hexagonal. Desde aquel noviembre de 2018, las manifestaciones se han sucedido con absoluta regularidad, manteniendo una independencia a pesar de los continuos intentos de asimilar el movimiento que han mostrado diferentes partidos…la brutalidad policial ha mostrado la misma constancia o si cabe se ha elevado a cotas más altas: son tiempos de alumnos arrodillados bajo las órdenes y la vigilancia de los policías, de heridos, de alguna muerte…algunos paliando la gravedad aduciendo que son daños casuales, cuando de hecho más parecen una constante de prácticas propias del más rancio matonismo policial.

Etienne Dardel que es el protagonista principal de la historia flipa ante lo que ve en diciembre de 2018 en la place de l´Etoile, tomada por el movimiento, y reprimida a sangre y fuego por los CRS; la impresión que tal actuación le provoca le empuja a convertirse en una voz que quiere denunciar, alto claro, las violencias policiales y las componendas políticas y periodísticas que pretenden ocultar la bestial represión de la que ha sido testigo, y lo hace contracorriente, mostrando su habilidad en el manejo de las redes sociales, al tiempo que mostrando lo que las cámaras de la tele ocultan: los cuerpos magullados cuando no mutilados por la desmadrada actuación de una enfurecida policía, dispuesta a rebasar todos los listones en lo que hace a normas legales y demás; la confianza de que la verdad de su violencia será ocultada por los siervos de diferente profesión, lo que anima más, si cabe, su violencia policial ( y que se perdone el oxímoron). Mientras Etienne Dardel conocedor de la impresionante escena, sucedida en febrero de de un reportero al que un granada le ha arrancado la mano que coincide con la visión de un gerifalte de la policía, de viejo tipo y que se muestra intransigente a la hora de que la ley sea respetada, también o en especial por la propia policía, lo que hace que su visión resulte demodé para estos tiempos en los que parece que los límites se han venido abajo unos tras otros, décalage que queda netamente expresado en las discusiones del jefe de policía nombrado con su ayudante, sindicalista él, dispuesto siempre ha ir más lejos… del mismo modo veremos que son momentos propicios para que algunas fidelidades partidistas se desvanezcan travistiéndose en otras.

Si el protagonista, como el propio autor del libro, ve que algunas escenas con las que había alimentado su juventud han pasado de la ficción a la realidad , ya no es exageración forzada por el guión que trataba de impresionar con sus escenas de salvaje violencia a los adictos, sino que tales escenas han tomado la calle, ejercida por unos entregados uniformados. Habiendo pasado un tiempo fuera de su país, se queda atónito ante el espectáculo que sustituye a las pantallas, ya que la sangre, las magulladuras y mutilados están en las calles y las plazas…servidas a tutiplén por los funcionarios del Estado.

David Dufresne no flaquea y permanece firme en la denuncia del giro represivo del Estado y de sus aparatos, y tal denuncia le lleva a hacerlo por medio de una novela pensando que tal vez tal registro resulta más cercano y clarificador para mucha gente que no se acerca al género ensayístico, y para numerosos ciudadanos que no se enteran o no se quieren enterrar, al conformarse con el karaoke dominante que les entregan los falaces medios de comunicación; interpretando la situación con la propia de una guerra social en la que dos campos se enfrentan , estando por medio, de lado de unos de ellos, los avances técnicos que reprimen con mayor potencia y crudeza a los revoltosos.

El protagonista del libro, podría decirse que es empleado por el autor a modo de cedazo o imán en torno al que se van acumulando los caos, que da a conocer a pesar de los obstáculos y potenciales zancadillas que acompañan su tarea, de altavoz, de ser que contacta con distintos familiares de víctimas policiales, y lejos de achantarse sale a la calle y a los medios de comunicación y grita.

Ante las cortapisas que se lanzan desde el poder acerca de la lengua adecuada para referirse a las actuaciones policiales y similares, David Dufresne habla alto y claro y no se corta ni un pelo a la hora de llamar a las cosas por su nombre ( un chat est un chat), pasando por encima, y por debajo, de los intentos de poner en marcha una nuevalengua que oculta las vergüenzas del poder en sus diferentes manifestaciones ( como si lo que hubiese que hacer es cambiar el léxico y no los comportamientos impresentables…en un cacareado Estado de derecho), y la cólera del escritor -que se muestra ajeno al conjunto de adocenados periodistas, y otros, hasta el punto de haber trasladado su residencia lejos de sus país- se transmite con fuerza al conducirnos por escenas de actualidad que son reales como la vida misma.

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