Los CDR, un movimiento de unidad popular en el punto de mira

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“Quien piense que los Comités de Defensa de la República (CDR) están dirigidos por David Fernàndez o Antonio Baños es que no quiere entender la unidad popular que los construye”, explica a El Salto un participante de un CDR del Barcelonès que ha preferido mantenerse en el anonimato. Los comités de Defensa de la República nacieron antes del 1 de octubre, fecha de la celebración del referéndum de autodeterminación de Catalunya, entonces creados bajo el nombre de Comités de la Defensa del Referéndum.

De naturaleza asamblearia y horizontal, se crearon con la finalidad de proteger las urnas y colegios electorales de una votación en la que participaron2.286.217 personas, de las cuales 2.044.038 (90,18 %) votaron a favor y 177.547 (7,83 %) en contra, y que acabó con un total de 1.066 personas heridas por las cargas policiales ejecutadas por la Policía Nacional y la Guardia Civil en las diferentes escuelas e institutos, según datos facilitados por las autoridades sanitarias de la Generalitat de Catalunya.

“No es una organización. Es un movimiento de unidad popular transversal, formado por gente de clase trabajadora y con diferentes sensibilidades políticas y sociales”, explica Patricia, nombre ficticio de otra de las participantes de un CDR del Barcelonés. Aunque se parte de las asambleas locales, que derivan en un CDR de coordinación territorial y acaban en un CDR central, el CDR Catalunya, las iniciativas salen en base a los debates donde las persones proponen acciones.

“No somos un ejército ni adoctrinamos a nadie”, remarca. Mientras un viento gélido recorre las calles de la capital catalana, la activista remarca que muchas de las personas que asisten a las reuniones están “en estado de shock”, sobre todo después de las cargas policiales que se produjeron en las concentraciones de protesta por la detención de Carles Puigdemont en Alemania el 25 de marzo. Cargas que acabaron con 98 heridos leves y cuatro personas detenidas por los Mossos d’Esquadra.

“Seguían con el discurso de que eran los Mossos intervenidos por el 155, pero es la misma policía de siempre y muchas personas mayores no entendían por qué les estaban pegando por estar protestando delante de una Delegación”, denuncia el activista.

Los dos miembros de un CDR del Barcelonès coinciden en que cada vez hay más necesidad de ser más perseverantes en las acciones, aunque siempre dentro de unos límites, y añaden que los comités no se pueden responsabilizar de los brotes de violencia que puedan surgir en las manifestaciones, ya que nunca han llamado a ese tipo de acciones. “Entre los meses de octubre y noviembre los participantes se conformaban con manifestarse o decorar puentes con lazos amarillos, pero ahora cada vez más hay la necesidad de intentar incidir en el futuro político de Cataluña, y es por eso que se busca la repercusión mediática con acciones como cortar carreteras o abrir las barreras de los peajes”, apuntan.

Uno de los eventos que marcaron un antes y un después en la movilización de los comités fue la llegada del Rey Felipe VI a Barcelona para el Mobile World Congress. Varios CDR habían convocado una manifestación de protesta por la presencia del monarca, que venía por primera vez a Catalunya después del polémico discurso que hizo el 3 de octubre, pero los propios organizadores se sorprendieron frente a la alta movilización.

“La gente empieza a darse cuenta de que si no participa no habrá un cambio real”, constata uno de los participantes del CDR del Barcelonès, quien afirma que desde ese día la participación en los comités ha aumentado.

En contra de la idea generalizada de que hay un liderazgo político claro, cada uno de los más de 300 comités funciona de forma autónoma y en sintonía con la idiosincracia de cada localización. “Se fomenta la autorganización, el espíritu crítico y las dinámicas horizontales”, detalla Patricia, por lo que cada comité propone distintas acciones y se organiza a través de sus propias comisiones.

En el caso del Distrito de Sarrià-Sant Gervasi de Barcelona hay cinco CDR con sus propias rutinas, pero todos comparten la amenaza de los ataques de grupos ultras de extrema derecha. El Ateneu Popular de Sarrià fue incendiado el pasado jueves 29 de marzo entre las 3 y 4 de la mañana, detalla a El Salto una de las integrantes del espacio.

Además del incendio, que provocó la total inhabilitación del inmueble, ya que se trataba de una masía hecha mayoritariamente de madera y construida en el siglo XVIII, se encontraron pintadas con mensajes amenazantes, entre ellos “CDR estáis muertos”.

Pese a que el Comité de Sarrià utiliza las plazas del acomodado barrio de la capital catalana, el Ateneu era un espacio donde los miembros de este colectivo podían reunirse. “Desde la celebración del 1 de octubre hemos recibido de uno a dos ataques al mes”, subraya en una entrevista telefónica esta militante.

También recuerda que ya han presentado varias denuncias respecto a las amenazas, algunas de ellas perpetuadas por miembros de grupos como El Último Bastión o La Falange y otras por personas que no tienen vinculación con ningún colectivo de extrema derecha, aunque “la mayoría han sido archivadas por los Mossos d’Esquadra al no encontrar pruebas suficientes”, subraya. En ese sentido, la policía catalana no puede confirmar detalles sobre la investigación, pero constata que “hay una investigación abierta” sobre el incidente.

Los CDR del Distrito de Nou Barris también han sufrido alguna que otra amenaza de grupos ultras, y en el caso del Distrito de Ciutat Vella, zona donde concurren tanto manifestaciones independentistas como unionistas, también han aumentado las agresiones de grupos de extrema derecha a personas con simbología independentista.

No es un fenómeno que ocurra solamente a los CDR o en Barcelona: ha habido más de 130 agresiones entre el 8 de septiembre el 11 de diciembre de 2017 en Catalunya, según la investigación titulada “En nom d’Espanya” elaborada por el fotoperiodista Jordi Borràs.

EL FRENTE JUDICIAL

Más allá de la violencia física, los comités están en el punto de mira judicial. La Guardia Civil elaboró un informe policial sobre los CDR que señala a 22 personas en base a tuits y artículos periodísticos. El documento, entregado al juez Pablo Llarena y al que pudo tener acceso La Directa, detalla los nombres de los «responsables» de los comités y dedica un amplio apartado a la red En Pie de Paz, creada para garantizar el carácter pacífico de las movilizaciones.

El informe, de 140 páginas, se basa mayoritariamente en artículos periodísticos y en tuits, y en el caso del exdiputado de la CUP Antonio Baños, quien es señalado entre muchas otras personas como responsable de los CDR, solo se le cita una única vez en todo el informe policial y con un tuit en el que anima a la gente a participar.

“Tienen miedo de que ayudemos a alfabetizar políticamente y socialmente a la población”, asevera Patricia.

El miércoles 28 de marzo acudí a una de las asambleas abiertas de un comité de Barcelona, y mientras se celebraba la reunión informaron de que un hombre había tomado fotografías de las personas que estaban fumando fuera del local donde se celebraba la asamblea, y que también había intentado entrar. Donde había un debate intenso sobre la violencia generada el domingo anterior y se estaba organizando un viaje para ayudar a los manifestantes del “Comando Múrcia”, que ya suman más de 200 noches de protesta contra el muro para el AVE que divide la ciudad, se creó un momento de tensión que enmudeció a las personas, hombres y mujeres entre 20 y 80 años.

 

El Salto

 

 

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