Los Acuerdos de Madrid: recuerdos de la “Nakba” (Catástrofe) saharaui

El pasado 14 de noviembre de 2013 se cumplieron 38 años de los llamados “Acuerdos de Madrid” nombre que recibió la Declaración entre España, Marruecos y Mauritania sobre el Sáhara Occidental, un verdadero “diktak” contrario al derecho internacional y dejando de lado las promesas que habían hecho los líderes españoles al pueblo saharaui de respetar su voluntad en relación a su destino.

Aquellos acuerdos implicaban la transferencia de la administración a Marruecos y Mauritania, además de la entrega de la estratégica empresa minera de fosfatos Fosbucraa a Marruecos, a cambio de una concesión pesquera de 20 años (un pésimo negocio por cierto desde el punto de vista de los intereses españoles). En los Acuerdos se reconocía que la voluntad del pueblo saharaui representada por la asamblea territorial, la Yemaá, sería respetada.

Lo primero que hicieron los invasores fue disolver la Yemaá, lo que indicaba claramente cual eran sus reales intenciones. Eran tiempos de Guerra Fría, donde dos grandes potencias libraban una pugna por dominar áreas estratégicas, esa pugna la realizaban a través de otros, llámese aliados o satélites, que pagaban con sangre el derecho de percibir parte del botín que ofrecían dichas potencias. Mas allá del discurso ideológico, el interés sobre el control de determinados territorios por sus recursos respondía a un objetivo: llegará el tiempo en que se ejecutará la “interdicción” de ciertas zonas vitales para el potencial de guerra de occidente, ya que dichas zonas se abastecen de materiales críticos y estratégicos que ellos mismos apetecen, y entonces nos tocará asistir a nuevas formas de disputa por nuestro potencial, con el fin de asegurarlo para cubrir su déficit. Así explicaba Edgar Argentino Martínez las verdaderas intenciones de las grandes potencias. Las promesas de democracia o socialismo, eran pantallas para ocultar los reales intereses de los grandes poderes del mundo de ese entonces (Defensa Nacional y Poder Político. Ed. Peña Lillo, Buenos Aires, 1973). El Sáhara Occidental no era la excepción y los grandes intereses aprovecharían en su propio beneficio a dos vecinos de dicho territorio, que precisaban un conflicto externo de manera urgente ante los graves problemas a veces insolubles en sus políticas domésticas. El Sahara ofrecía un escenario ideal, dado la política errática española sobre el territorio. Dichos intereses armarían y financiarían la aventura mauritano – marroquí.

El rey Hassan II de Marruecos en este conflicto ha dado una lección de audacia, oportunismo, habilidad y pragmatismo. Supo explotar hábilmente los puntos débiles de su adversario, España, convirtió a un potencial enemigo, Mauritania, en socio de la aventura saharaui. Explotó la realidad geopolítica de la región en su favor, logrando el respaldo de las monarquías conservadoras del Golfo (financistas de su aventura), Estados Unidos (temerosos del “cuco comunista”) y Francia (deseosa de mantener a ultranza su influencia en África). España con un gobierno que no tenía una postura definida sobre el Sáhara, con personajes del régimen franquista (en agonía como su fundador) influenciados por el lobby marroquí (otra acción brillante de Rabat) terminaría siendo permeable a las presiones de Rabat. La muerte del Generalísimo fue la señal para poner en marcha un conjunto de acciones para presionar a España a fin de obtener su retiro de su colonia y no cumplir con las resoluciones de la ONU, incluso en este complejo juego, Marruecos reconoció en los años 60 el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui (una maniobra para obstaculizar los reclamos mauritanos). El hábil rey Hassan II arma la Marcha Verde, cortina de humo de una terrible invasión militar, y ya muerto el Generalísimo, con todo un liderazgo político pensando en el día después y en la transición, tomaron una decisión lamentable, los Acuerdos de Madrid, donde España a pesar de sacarse un conflicto de encima, salió muy mal parada desde la perspectiva de sus intereses y no hizo más que fortalecer a su adversario. Los políticos con una visión miope, simplemente abandonaron a todo un pueblo a su suerte (que hasta ese momento eran considerados españoles, con derecho a estar representados en las Cortes Generales). La decisión de los políticos sorprende a los mandos militares españoles en el territorio, que habían montado la Operación Marabunta para hacer frente a la invasión. Recordemos que en los días de la Marcha Verde, la invasión marroquí era un hecho y las fuerzas del coronel Dlimi luchaban con el Ejército de Liberación Popular Saharaui (ELPS).

De la Operación Marabunta España pasó a la “Operación Golondrina”, que era la evacuación de los miles de soldados españoles y miles de colonos que se habían afincado en el ex Sahara Español. Mientras tanto los saharauis protagonizan su propia “Nakba” o catástrofe como le llaman los palestinos al exilio que tuvieron que emprender cuando otra potencia colonial, Reino Unido abandono a su suerte el antiguo Mandato de Palestina. La brutal invasión marroquí lleva a millares a irse con lo puesto al desierto. El Aaiún se transformó en tierra de nadie, sujeto a robos, pillaje y ocupaciones de miles de “colonos” provenientes de la Marcha Verde, además de la represión indiscriminada de las fuerzas marroquíes. Las desapariciones, la tortura, las violaciones, y el maltrato son algo cotidiano. En diciembre de 1975 unas 20.000 personas, gran parte mujeres, niños, ancianos viven como refugiados en el interior del territorio saharaui en condiciones desesperantes. No hay atención médica, alimentos y agua suficiente para todos. Esta realidad cobraría sus víctimas.

¿Cómo haría Su Majestad el Rey de Marruecos para instar a la población para retorne a casa? ¿una amnistía?¿algún mecanismo de salvaguardas? La respuesta a dichas preguntas es no. La aviación marroquí atacó los campamentos de refugiados con bombas convencionales, napalm y fósforo. Algunas fuentes hablan que el campamento de M´Draiga hubo 2000 víctimas entre muertos, desaparecidos y heridos. Verdadero crimen de guerra. El 27 de febrero de 1976, horas antes que expirara la presencia española – ahora simbólica – es proclamada en Bir Lehlú la República Árabe Saharaui Democrática. Mientras tanto se organiza la evacuación de las masas de refugiados hacia los campos de refugiados en Tinduf, Argelia. Dicha marcha tuvo sus víctimas por el hostigamiento a las fuerzas del ELPS que protegían a los exiliados.

Han pasado más de treinta años, de los cuales dieciséis fueron una guerra terrible que costó miles de víctimas, a los que se agregan veintidós años de un estado de no guerra, no paz, donde millares saharauis esperan que su voluntad sea escuchada de una vez por todas sobre su destino, como señala una vieja resolución de Naciones Unidas de 1964. Esperemos que los líderes políticos dejen de lado sus intereses mezquinos y entren en las páginas de la Historia por la puerta grande, y terminen con las nefastas consecuencias de los tristemente célebres Acuerdos de Madrid.

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