Lo real de nuestra inteligencia enjambre

Se nos dijo que el pulular de los hikikomoris en la red no iba a traducirse en ningún enjambre, que la brecha entre el mundo virtual y el real era una brecha real. Que la sociedad del cansancio y la transparencia no podía desembocar en nada. “Podemos” es la excepción. La prueba de que esa hipótesis es falsa. Si en las próximas elecciones el deseo de los indignados se traduce en un partido de gobierno eso será la revolución, con independencia de que puedan hacer lo que dicen que harán si mandan, que eso es otra cosa.

   Nos hemos cansado de leer y escribir acerca de lo que está mal, de proponer alternativas, de leer nuestras propias paridas. Ahora se trata de darse cuenta de que los del mundo real han entrado también en el mundo del otro lado del espejo para hacernos la guerra. De que el frente se ha desplazado, de que se nos han colado dentro de la red y de la cabeza. Que el secreto de la deformación por los media, de la explotación capitalista sin dominación es que te conviertas en tu propio editor, en tu propio explotador.

  Borges una vez nos contó un cuento: Érase una vez un tiempo en el que el mundo de los espejos y el de los hombres no estaban aislados entre si. Eran, además, muy diferentes: ni los seres, ni las formas , ni los colores coincidían. Los dos reinos, el de los espejos y el de los seres humanos, vivían en paz, Se entraba y se salía de los espejos. Una noche, la gente de los espejos invadió la tierra. Su fuerza era grande, pero después de sangrientas batallas, las artes mágicas del Emperador Amarillo prevalecieron. Rechazó a los invasores, los aprisionó en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todas las acciones de los hombres. Les privó de su fuerza y de su figura y los redujo a simples reflejos serviles. Un día, sin embargo se liberarán de este letargo mágico…  Las formas comenzarán a despertarse. Diferirán poco a poco de nosotros, nos imitarán cada vez menos. Romperán las barreras de cristal y esta vez no serán vencidas. 

  Antes de que el entramado de silicio en el que estamos nos hubiera hallado por fin un nosotros, hubiera dado realidad a nuestro enjambre digital, Andy Lewis había publicado Get back to me soonest, un cuento en el que asistimos a las consecuencias depresivas de la exageración del narcisismo de los hombres que han dejado de trabajar porque la automatización ha conseguido que las máquinas hagan todo el trabajo que hacían antes los hombres.

  Para salvar la situación se hacen transparentes los muros de las fábricas para que los hombres puedan, viendo lo bien que hacen las cosas satisfacer su curiosidad. Durante un tiempo funciona, pero finalmente los hombres se cansan del espectáculo y empiezan a sabotearlas. Entonces en protagonista del cuento crea y realiza su proyecto. Las gentes pueden volver a trabajar, a preocuparse por el dinero y vuelven a estar ocupados y satisfechos y la depresión cesa. En realidad hacen muy mal las cosas, y son los robots los que los que cargan con el trabajo extra de desmontar lo que han hecho de manera cada vez más chapucera y presentarlo como bien hecho, como hecho a mano.

  Y así hay dos producciones: Una abierta y económicamente inútil, y otra secreta, la real. Durante un tiempo nadie sospecha acerca de la verdadera situación de las cosas. Todos creen que simplemente ha crecido el número de ramas de la producción que emplean seres humanos. De hecho el número de este tipo de trabajos, incluidos los intelectuales se reduce de día en día. Al final el propio autor del gran proyecto empieza a dudar de si su trabajo tiene alguna utilidad real o si alguien, o más exactamente algo, está doblándole, haciendo su trabajo por él.

  Es un tema que se ha repetido en ciencia ficción. El que podamos hacer lo que queremos tiene un problema: Muchos de nosotros lo que queremos es destruirnos. Supongo que nuestros dobles monstruosos es mejor que sigan al otro lado del espejo, o que lo real de nuestra inteligencia enjambre vele por nosotros, nos ponga a salvo de nuestros deseos  de romperlo todo, de acabar con nosotros, de hacerlo antes con los demás, como esos asesinos que matan a su pareja o a su familia antes de fracasar en su intento de suicidio.

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