Lo que hemos conseguido y lo que vamos a conseguir. Las mujeres no nos rendimos…

A lo largo de las décadas el debate sobre el acceso de las mujeres, tanto en el ámbito laboral como en el social, apenas ha experimentado cambios decisivos. La participación de las mujeres en la sociedad es aún reducido respecto a la presencia masculina. Formalmente las mujeres tenemos los mismos derechos, pero esto no significa que eso sea lo real.

Estamos en un país donde actualmente la idea de que el deber del hombre es el de ganar dinero y el de la mujer cuidar de su casa y de su familia, esta muy arraigada en nuestra sociedad. Este concepto, el del sistema patriarcal no ha desaparecido, las tareas domésticas están adjudicadas obligatoriamente a las mujeres, pero no sólo es eso, la idea de subordinación de la mujer al hombre, que ella es quien ha de servirle, que el hombre es un ser superior, subyacen y persisten en la mayoría de mentalidades masculinas. Pocos son los hombres que se incorporan al trabajo domestico, su dedicación es todavía muy pequeña, en comparación las mujeres dedicamos el triple de horas que ellos.

Las mujeres tenemos verdaderos problemas a la hora de encontrar espacio para disfrutar de actividades de ocio y entretenimiento. Las desigualdades existentes dentro del hogar, el trabajo asalariado y la desaprobación generalmente del cónyuge, hacen muy difícil disfrutar de tiempo libre. Las mujeres queremos o por lo menos ocasionalmente, liberarnos de nuestras cargas que irremediablemente nos ha tocado asumir, la de rol de madre, la de esposa o la de cuidadora del hogar para tener periodos como siempre han dispuesto los hombres, de tiempo libre. La conquista por un tiempo libre autogestionado se tiene que convertir en una lucha igualitaria ya que muestra una clara desigualdad entre los géneros.

Una de las muestras de emancipación femenina ha sido la incorporación al entorno laboral. Las mujeres realizamos profesiones que hasta ahora nos habían sido vetadas, somos económicamente independientes, pero no hemos ganado en todo, ya que nuestra presencia sigue siendo mayoritariamente en los sectores tradicionalmente femeninos, como en el sector servicios: comercio y la administración, y en oficios de cuidado como pueden ser: medicina o limpieza, también existen las industrias femenizadas como la textil-confección o la rama de alimentación. Estos sectores e industrias son justamente los que contienen una mayor contratación temporal y a tiempo parcial.

La representación femenina en cuanto a estos tipos de contractos es mucho más alta, 26 mujeres por 18 hombres en lo que se refiere a los contratos temporales y el 68% de las mujeres tiene un contrato a tiempo parcial por el 33% de los hombres. Suelen tratar a las mujeres de manera desigual, como si fuésemos mano de obra de segunda clase, nos prohiben acceder a determinadas categorías o puestos profesionales y claro esta, que nuestros salarios son más bajos por un trabajo igual. Esta desigualdad con los ingresos, que suele ser entre el 30% y 40%, hay que sumar también las de jubilaciones y pensiones, que son la consecuencia de las desigualdades existentes por las diferentes ocupaciones entre hombres y mujeres.

Estos sectores e industrias, y las mujeres somos totalmente conscientes de ello, establecen diferencias laborales entre los géneros, llevan a cabo estrategias para que la discriminación salarial femenina quede encubierta y no pueda ser comprobada fácilmente, como cambiar el nombre de los puestos de trabajo o descender de categoría a las mujeres pero con idéntico empleo y cometido, y que sólo sirve para justificar el pago de sueldos menores. Así de claro: las mujeres nos sentimos peor tratadas en el lugar donde desarrollamos nuestra actividad laboral, ya que el trabajo producido por los hombres siempre goza de un mayor reconocimiento y prestigio, alcanzan el ascenso profesional antes, y si las mujeres deseamos un reconocimiento a nuestra valía, tenemos que realizar un esfuerzo añadido. Como trabajadora, la mujer tiene que valer un 20% más, para luego ganar un 30% menos.

En nuestro país, más de la población mayor de 16 años somos mujeres, pero sólo representamos el 39% de la población activa. Casi las dos terceras partes de la población femenina estamos clasificadas como inactivas, que en el caso del hombre, ocurre al revés las dos terceras partes son activas. Por esta razón nuestra tasa de paro es más del doble que la de los hombres.

Una especial atención se merecen, los problemas de la inmigración o de la violencia de género, que continúan siendo una lacra en nuestra sociedad. Todavía hoy por hoy se culpabiliza a las mujeres de ser cómplices de la violencia que sufren, de estar calladas, de aguantar y de no denunciar. La falta de recursos, tanto de defensa como económicos que tienen algunas mujeres más la patente tolerancia de las leyes sobre la violencia de género, hace imposible o muy difícil que las mujeres puedan escapar de los malos tratos. Dado el carácter cíclico y de espiral de las historias de violencia doméstica y que las leyes sobre las faltas y delitos que el Código Penal recoge son muy inadecuadas, las mujeres se encuentran totalmente desprotegidas. Cuando realmente pueden hacer efectivas las denuncias suele ser muy tarde, tan tarde como para que incluso se les atribuya a las propias mujeres la responsabilidad por haber aguantado demasiado. Estos juicios suelen durar entre uno, dos y más años, en estos periodos los agresores no reciben sanción alguna, están en plena libertad para seguir amenazando o dañando a las víctimas que se encuentran en un estado de desprotección absoluta o bien recluidas en los centros de acogida. Por muchas actualizaciones o reformas del Código Penal, las normas siguen siendo sexistas. Siguen favoreciendo inexplicablemente a los hombres.

El siguiente problema, el de la inmigración, el de estos hombres y mujeres que emigran, que llegan llenos de ilusiones, con unas expectativas, ideas, y esperanzas, que con frecuencia no son ni mucho menos las que se ajustan con la realidad. El simple hecho de ser inmigrante conlleva a una importante carga de marginación pero, ser mujer e inmigrante supone una doble marginación tanto, a la hora de acceder en igualdad al mercado laboral como a los ámbitos urbanos. Necesitan soluciones, sus condiciones deben estar regularizadas, ya que hasta los propios inmigrantes desconocen sus propios derechos.

En estos últimos años se ha hablado mucho de la globalización. La globalización económica capitalista ha provocado importantes diferencias económicas, sociales y políticas entre las personas del planeta. Han hecho a los países más ricos, más ricos y a los más pobres, más pobres. La pobreza también tiene género, y es lo que se ha definido como feminización de la pobreza, los datos son contundentes: el 70% de las personas pobres del mundo son mujeres; por eso cada vez hay más mujeres que emigran a países occidentales. Los tipos de migración son diversos: desde la inmigrante engañada coaccionada y traficada, hasta la mujer que de manera autónoma decide voluntariamente, invertir sus ahorros, acudir a prestamistas y emigrar a un país de mayor recursos. Todavía es más complejo si nos vamos a las redes de trafico de mujeres para su prostitución. En España, no esta regularizado, y es muy complicado, según el Gobierno, acabar con las redes de prostitución femenina.

Nos queda un duro trabajo por hacer por nuestra igualdad de derechos. Se ha demostrado que no puede ser solucionado satisfactoriamente por el parlamentarismo y por las leyes de que él resulta, pues ellas simplemente adormecen pero no sanan y sin embargo, nos doblegamos reverentes ante el poder irresistible. En cambio, si que se podría remediar y hasta eliminar con la acción directa, por la acción inmediata de un hombre, mujer o de una clase social.

La educación, también es una de las vías para acabar con los problemas discriminatorios, con un nuevo planteamiento de los conocimientos, los valores y actitudes que se imparten en la escuela, se puede abolir los estereotipos discriminatorios y potenciar la formación tanto de hombre como de las mujeres.

Así están las cosas, las mujeres no nos rendimos, seguiremos trabajando por alcanzar nuestros objetivos. Hay que luchar para que los esquemas sociales cambien en una repartición equitativa de las responsabilidades entre hombres y mujeres. La perspectiva del tiempo nos permite ver lo que hemos conseguido y es un aliento para luchar cada día más. Tenemos que recordar, luchar y levantar la voz por nuestra igualdad de derechos.

CNT de L'Hospitalet (Barcelona)

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