Lo que cuesta el enterarse

La lectura de un documento de de la UJC-Madrid, aparecido en Kaosenlared, me llevó a comentar lo siguiente: “Es una buena noticia. Sin embargo, echo en falta un análisis más riguroso en lo que afecta a la parte histórica del PCE. Porque soy de los que piensan que el PCE no erró en base a la clase de política que hubiese hecho en esos períodos, que a mí me pareció, por lo que a mi experiencia concierne, justa y conveniente, sino que sus errores estuvieron más en la organización interna del partido, es decir en los de pretender adaptar la estructura interna y principios (prácticos) de un partido comunista a los de otros de corte burgués. Y pienso también que esto habría que explicarlo, para que muchos camaradas que han militado en el PCE en otros tiempos, se sientan reconfortados y puedan rectificar y decidirse a tomar otro camino, como lo harán las UJC-Madrid. Tal vez parezca una idea simple, pero es lo que pienso.”

Y se me contesta:

Las dos cuestiones están relacionadas, siendo la principal la degeneración política e ideológica y la consecuencia derivada de la primera la degradación organizativa.
El PCE inició su degeneración revisionista en 1956 con su política de «reconciliación nacional», al calor del XX congreso del PCUS, que supuso el inicio del proceso contrarrevolucionario en la URSS.
La «reconciliación nacional» realmente significaba una conciliación de clases, y a partir de ahí se asumió el reformismo como estrategia, la «profundización de la democracia» como camino hacia un supuesto socialismo.
Consecuentemente con esta estrategia, el PCE da prioridad a la participación en las instituciones del Estado burgués, trasvasando cuadros desde el movimiento obrero y otros movimientos de masas, como por ejemplo el vecinal, que terminó desmantelando. Propició el pacto social desde los Pactos de la Moncloa, etc.
Esta degeneración socialdemócrata ha ido avanzando hasta hoy día en que el PCE no es sino una patética caricatura de lo que fue, convirtiéndose en una fracción organizada dentro del verdadero partido que es IU.
Porque la consecuencia lógica y final del revisionismo es la liquidación del Partido. Esto ha ocurrido con el PCI y está sucediendo con el en otros tiempos poderoso PCF.

Sin embargo esta respuesta, lejos de lograr desdecirme en mis postura, sólo vino a hurgar en viejas dudas, y pensando que las dudas, si son propias, nunca se dan  aclarado, si uno no persiste en ellas hasta que logra vencerlas en uno u otro sentido, hube de insistir en ello (en mi anterior comentario):

Pues claro que ambas cuestiones están relacionadas. Pero la organización de un partido no tiene que derivar precisamente de la ideología, sino que debe serlo en función del análisis de sí mismo (del partido) con respecto al que también debe hacerse sobre todos los aspectos de la realidad cambiante y procurando medir su propia capacidad, objetivamente, a cada instante, que siempre será variable, según los cambios tanto internos como externos. Y pienso que la ideología concierne mucho más a los cambios que se propone, a los fines a muy largo plazo que marcarán su estrategia, como también a los objetivos más inmediatos, los cuales, creo, le obligarán a idear y adoptar tácticas más variadas. Son las que pueden fallar, o el partido, al realizarlas. Las tácticas son para eso, para usarlas y cambiarlas, según la oportunidad.

Pero si fallase la herramienta con que llevarlas a cabo, entonces ya poco se podrá hacer, si no es volver a empezar, la misma o la siguiente tarea, la que toque, si hay que llegar al final. No obstante, cualquier obrero de cualquier oficio sabe, que antes de proseguir la tarea, lo primero será poner la herramienta, de nuevo, a punto de la función. Cierto que hay quien desespera y desecha la herramienta e incluso quien, olvidando su verdadera función, acaba a golpes con ella, pero si el oficio aprieta muy pronto volverá a caer en cuenta de que sin ella no se puede trabajar.

Y cierto que no todos los obreros saben lo elemental del oficio, pero para esto están los maestros que dirigen y enseñan y les muestran a dónde hay que llegar. Es decir, que también la ideología juega un papel importante. Pero mucho antes de ser vehículo de enseñanza fue fruto de aprendizaje. O sea que, realmente, quien enseña es el trabajo y la disciplina.

Esto y no lo contrario, para mí, fue en lo que falló el PCE. No en que trasvasase obreros del partido a las instituciones burguesas, sino todo lo contrario. (Abarrotando el partido de burgueses o gentes de cultura y hábitos y conveniencias aburguesadas, que se hicieron dominantes)[1]. Y así el partido olvidó que era un partido de clase.

De todos modos, tampoco puedo probarlo. Sin embargo también me cuesta aceptar que cuando el Partido Comunista habló de “reconciliación nacional”, se estuviese refiriendo a ninguna conciliación, para siempre, entre clases diferentes, sin dejar de ser marxista. Y la verdad es que carezco de información suficiente como para poder comprobarlo, al menos, teóricamente. Tal vez, por esto y hasta aquí sigo creyendo que en aclarar este asunto está el quid de la cuestión para poder retornar a la Unidad del PC, de antes de la Transición, porque más allá no alcanzo.

A pesar de mi advertencia de que las opiniones no iban con la intención de polemizar, aún tuvieron respuesta. Sin embargo, también se deduce de ellas que tampoco lo pretenden, sino que, sencillamente reafirman la seguridad de quien se sabe en lo cierto:

Insisto, el tipo de organización está vinculado al objetivo político de dicha organización. El PCE renunció al objetivo de la Revolución Socialista y optó por una ilusoria reforma del capitalismo «desde dentro», es decir, decidió integrarse en el régimen parlamentario-burgués […] sólo aspira a reformar el sistema capitalista y además desde dentro de las instituciones del régimen burgués.

Pues bien, si esto ha sido así realmente, ¿qué paso y qué pasa con los militantes o aliados que se creyeron y aun se creen que el PCE es un partido comunista? Solo caben dos respuestas: o les engañó y engaña el aparato, es decir, sus dirigentes, haciéndoles creer que, de algún modo, aún es aquello que ha dejado de ser o bien el PCE, desde que dejó el comunismo, no es ninguna cosa distinta al “timo de la estampita” en el cual timadores y timados se reparten igual la responsabilidad de la farsa. Si bien, salvando las diferencias abismales de la ignorante inocencia del timado frente a la consciente procacidad del estafador, lo mismo entre comunistas que en el estado burgués, la Estafa merece ser denunciada jurídica y públicamente, el estafador juzgado y condenado, si procede, y el estafado resarcido de sus bienes, que ya no de la inocencia que había perdido en el acto de traicionarse a sí mismo, y ya no tiene, es decir, que nunca más volverá a ser un comunista inocente, o viceversa.



[1] El paréntesis no constaba en el original. Va aquí por aclarar algo más la oración que le precede.

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