La falacia del Nirvana

 

Las personas revolucionarias de izquierdas (no hay que olvidar que hay también revolucionarios y revolucionarias de derechas), lo somos porque deseamos ardientemente el triunfo de una revolución social que transforme definitivamente este mundo sombrío, inhóspito e injusto en otro más amable, divertido y solidario. Ese es nuestro objetivo estratégico y en eso estamos. Sin embargo, el anhelado óptimo teórico no va a llegar deus ex máchina. Es más: probablemente no llegue nunca; al menos, no como nos lo imaginamos.

Como en el viaje de Odiseo a Ítaca, en el que lo importante era el viaje en sí, lo más satisfactorio de las revoluciones es planearlas y luchar por su consecución. En el plano romántico (sentimental, generoso y soñador), la supervivencia en el ínterin no supone óbice alguno, pues es sabido que el amor del que rebosamos tiene propiedades nutritivas, el problema surge cuando abandonamos esa dimensión nefelibata y regresamos al piso.

Claro que la naciente PODEMOS no es una organización revolucionaria, como no lo es EH Bildu, por poner otro ejemplo cercano. Y claro que tampoco es “lo mejor”, naturalmente que no, pero es una solución táctica pragmática, inteligente, ilusionante y alejada de las falacias. Es la respuesta inmediata a la necesidad de dignidad cotidiana. Es “lo bueno”.

Iñaki Errazkin, periodista y escritor

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