Llegan tiempos de muy mala leche

  En tiempos revueltos no hacer mudanza. La fuerza de la contrarrevolución, los argumentos de los conservadores acaban siempre es eso, incluso en Porto Alegre en el 2000 se añadía a que las cosas no podían seguir así y que otro modo de hacer las cosas era posible, el declarar que pudiera haber mundos peores incluso que el que tenemos ahora. Pi y Margall cuando todavía iba de anarquista decía algo parecido: Hay que mover para cambiar y no basta cambiar para mejorar… parar rematar diciendo que no había nada absolutamente impeorable.

   En nuestra guerra civil cuando hubo que elegir entre hacer la guerra o la revolución, hubo un bando que declaró la guerra pensando evitar la revolución, y otro que no quiso la revolución ya que estaba en guerra. Ahora parce que hay que elegir entre empobrecerse despacio o deprisa, optamos por hacerlo despacio, la austeridad es eso, ¿no?. Aquellos que pretenden hacerlo deprisa no van a ser capaces de hacer la revolución y además no están preparados para la guerra. Es posible que no hayamos formulado la pregunta, ni planteado la elección adecuada. Que se trate de que, estemos o no en guerra, simplemente haya que hacer la revolución o no.

  Nos dicen que nuestros logros en asistencia social eran un lujo que ahora que vamos a ser más pobres no podremos ya mantener. Es el diagnóstico de gangrena de una de las piernas que usábamos para movernos. Nos dicen que si no cortamos esa pierna nos vamos a morir. Así que quedarse cojo es lo que toca, un mal menor. Pero los cojos tienen muy mala leche, y que me perdonen los cojos, los que aconsejaban apartarse del hombre golpeado lo sabían. Llegan tiempos de muy mala leche. Una conclusión como: “Luego, bebamos”, que sirve para muchas premisas.

   Queremos quedarnos más entre nosotros porque pensamos que así podremos arreglar mejor las cosas, cuando buscábamos respuestas en las comunas también pensábamos eso. Los males que nos afligen vienen de fuera, de fuera viene el tener que trabajar como chinos para poder vender o el tener que pasar hambre como los pobres porque no sabemos en qué trabajar.

  Nos dicen que con la Renta General Básica desaparecerá la competencia, que cuando falte florecerá una estirpe de rentistas mantenida por los que aun trabajan que acentuará nuestra ruina, porque en la política exterior perdura la competencia, es decir, la carrera de competición entre los diferentes Estados. Por esa brecha es por donde penetra el terror. Sin duda son otras circunstancias las que lo provocan: en esto queda al descubierto uno de los motivos que hacen que subsista el terror. 

   La velocidad generada por la carrera competitiva de los Estados entre sí causa ahora necesariamente miedo. En un caso el nivel depende de las altas presiones; en el otro, del vacío. En el primer caso quien marca el ritmo es el ganador; en el segundo, aquél a quien cada vez le van peor las cosas. Con esto se halla relacionado el hecho de que el Estado se ve forzado en el segundo caso a someter permanentemente una parte de su población a unas intromisiones horrorosas.

  Vamos a ver, lo que yo quiero es que esta pierna me la curen, no que me la corten por mi bien. Y eso de que los que me la quieren cortar son los chinizadores, los europeístas, los españolistas o los nazis no me lo trago. Cuando oigo que nuestro crédito como país cae por culpa de alguien que pretende otro modelo social, como ahora con lo de la exageración de lo del estado de las autonomías, no puedo por menos que recordar aquello de por qué cuando un augur ve a otro augur se ríe. Para trolas cada augur prefiere las suyas. 

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