Llamar a las cosas por su nombre

&nbsp Pero una cosa es la diplomacia, lo mismo que suavizar la comuni­ca­ción entre adversarios políticos, y otra que políticos y sus voceros, los medios, nos desvirtúen los acontecimientos hasta hacerlos irre­cono­cibles. No se nos responda que exageramos. Porque el divorcio mental y la distancia léxica entre la clase política y la ciudadanía en general resulta con frecuen­cia absolutamente intolerable, pues ofende a las inteligencias más normales.

&nbsp Por ejemplo, en Afganistán hay tropas de una serie de países per­tenecientes a la mal llamada Comunidad Internacional, y entre ellas tropas españolas que entraron para ocuparlo una vez que las tropas del imperio arrasaran el pobre país, indefenso y de nada culpable, con bombardeos ince­sante varias semanas.

&nbsp La desvirtuación maliciosa de los significados empieza con la de­nominación «Comunidad Internacional», que es un oprobioso eufe­mismo puesto que es una enorme falsedad. La locución sugiere que la Comuni­dad Internacional es un organismo paralelo de la o­nU que integra políticamente a todos los países del globo, cuando se trata de sólo de unos cuantos que a su vez son vasallos del imperio. Y luego, llamar atentado a lo que es un acto de guerra en toda regla es tratar­nos a los contribuyentes y a los electores como memos. Af­ganistán está ocupado por levas militares profesionalmente armadas hasta los dientes desde hace 7 años y por motivos innobles, es decir con la excusa y mentira mayor jamás contadas por un cretino per­vertido que cree que todo el mundo es como él.

&nbsp ¿En qué se basan los medios para llamar “atentado” al ataque per­pretado por la insurgencia afgana estando en guerra las tropas es­pañolas contra aquellas en su propio país?

&nbsp Sabemos que es norma de todo invasor empeñarse en ignorar, unas veces, y menospreciar otras oficialmente a la resistencia del país ocupado. Por eso, pase que la nota de prensa del ministerio correspon­diente emplee ese lenguaje. Pero los medios debieran ser más más cercanos del ciudadano común antes que cómplices de los portavoces militares y de los paniaguados políticos en casos como éste.

&nbsp Dígase claro y en voz alta: España ha entrado en guerra contra Af­ganistán y lo ocupa. Lo demás son enga­ñifas que no burlan ni a un niño de pecho. Y ni siquiera los familiares de los muertos en esa ac­ción de guerra van a tener mayor consuelo por­que haya sido un atentado&nbsp y no&nbsp un ataque de la resistencia afgana.

&nbsp Lo dicho, los periódicos y las agencias de noticias son los princi­pales culpables de ese distanciamiento entre el pueblo y los políti­cos. Me repugnan más aún que estos.

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