Lisa Fittko, pasadora de fronteras

Las arriesgadas andanzas de una antifascista contadas por ella misma

«Unos seres humanos caen en una trampa y ven cómo ésta se va cerrando lentamente. Algunos están como paralizados a la vista de su incompatible destino. Otros, presas del pánico, se lanzan a correr en círculo. Quienes poseen una meta buscan salida. La decisión de salir de trampa absorbe todas las energías y ahuyenta las dudas de aquello sea posible»

Se queda corto el título a la hora de presentar a esta mujer rutena ( zona perteneciente a la sazón al imperio austro-húngaro y hoy dentro de los límites de Ucrania) – si bien el propio título de sus memorias que presento, se inclina hacia ese lado- , aunque viviendo desde niña en Viena, después en Berlín , aun siendo cierto que su renombre se debe , al menos en gran parte, a haber sido la que ayudó a Walter Benjamin a pasar la frontera pirenaica, clandestinamente por la zona catalana, no se han de olvidar otras facetas: resistente, luchadora anti-nazi, lo que le supuso tener que huir a Praga en 1933 en donde conoció a Hans Fittko, periodista alemán de izquierdas, con el que contraería matrimonio ( su nombre de soltera era Elizabeth Eckstein); militante y escritora, faceta esta última que se plasmó en su Mi travesía de los Pirineos. Evocaciones 1940/1941, publicado originalmente en alemán en 1985 y traducido tres años después la castellano, siendo presentada por acá por Muchnik Editores. De tal obra, hoy agotada, dí cuenta en las páginas del desaparecido, por orden gubernativa, diario Egin ¿ dónde estará tal reseña? Eran tiempos de olivetti, más adelante, recordé a la señora con motivo de su fallecimiento en 2005 en Chicago, a los noventa y cinco años ( vide infra ).

Ya juntos, Lisa y Hans, su existencia fue una huida permanente: Checoslovaquia, Suiza, Países Bajos y al final, que o fue tal, llegaron a la capital del Sena, allá fue detenida ella y como indeseable fue enviada al campo de Gurs, de donde escapó, ayudando también a hacerlo a Hannah Arendt…la huida acabó en Marsella en donde volvió a encontrarse con su marido que a la sazón había estado encerrado en una campo de las cercanías de Tours, en donde por cierto coincidió con Walter Benjamin. La pretensión de ambos era estar cerca de la frontera franco-hispana con el fin de escapar a este último país, mas mientras tanto organizaron una red de paso de la frontera pirenaica, “ F “, tarea que inauguró con el paso de Walter Benjamin, y otros acompañantes ( Henny Gulang y su hijo Joseph), y que funcionó entre 1940 y 1941, con el resultado de más de cien personas salvadas. Siempre con la pretensión de hacer algo contra los brutos.

Ahora en el mercado del libro hexagonal, en estas fechas aniversarias, se reedita el libro bajo el título de « Le chemin Walter Benjamin; précédé de “Le présent du passe” para Edwy Plenel » lo que supone un acto de compromiso y de memoria, en estas horas en que las fronteras cobran una actualidad asesina y el rostro del fascismo y la xenofobia extiende su mueca amenazante , además de un acierto editorial, del que deberían aprender por otros lares…de Pirineos abajo, por ejemplo. Este libro ha recibido el premio especial Walter Benjamin 2020, concedido por la asociación del premio europeo Walter Benjamin.

Nadie discrepará con Plenel con respecto a las maravillas paisajísticas y otras que tiene la zona de los Pirineos Orientales, que ha ejercido el efecto imán en artistas, en especial en los dedicados a las artes plásticas: ahí están los Pablo Picasso, Georges Braque, Gris, Marc Chagall y me atrevería a añadir a la lista a Derain, Matisse que se acercaron con frecuencia o vivieron épocas de su vida en estos lares cercanos a la frontera hispana. Zona propicia para los paseos de montaña y la contemplación de la inmensidad del mar…una amplitud que expresa la libertad que se siente ante tales lugares, y ante el sentimiento de que en la montaña las fronteras resultan inexistentes a no ser para la administración y sus mapas. Si uno se aventura por los caminos transitados de siempre por los contrabandistas, puede hacerlo también recurriendo a quienes en busca de la libertad caminaron, con angustia, aquellos caminos que llevaban a zonas desde las que se podía escapar hacia la libertad, huyendo de las zarpas del fascismo pardo y sus files kolaboradores, lo cual, por otra parte, y sin rizar rizo alguno se asocia automáticamente con los caminos que no pocos condenados de la Tierra – que diría Franz Fanon- surcan , en especial vía marítima del mar de paradójico nombre Mare nostrum, según se tome la primera persona del plural: es decir, tal mar es de los europeos encerrados en su fortaleza o también pertenecen a los del sur, aunque para éstos no pocas veces se convierte en anónimo cementerio.

Los migrantes buscan salir de la pobreza, de la crueldad de la guerra, de la persecución ( siendo acogidos quienes logran pisar tierra, en denominados campos de internamiento, en los que se hacinan sin identidad, sin derechos, sin condiciones de higiene, sin alimentación adecuada) del mismo modo que los republicanos huían en su momento escapando hacia el norte, siendo acogidos – alrededor de cuarenta y cinco mil – en campos de acogida ( eufemismo al canto) y algún tiempo después algunos judíos, militantes políticos, pasaban hacia el sur para desde allá, buscarse la vida, vía Portugal, para acceder al otro lado del charco. En las faldas de los Pirineos catalanes se forjaron lazos entre franceses , alemanes y republicanos hispanos que luchaban contra el fascismo, perdurando tales lazos de solidaridad, hospitalidad y humanidad, ya que son quienes vivieron tales aventuras los que hoy se disponen a mostrar la misma actitud con quienes vienen de fuera…esos nómadas que responden al espíritu de los primeros humanos. Plenel reivindica la actualidad de la figura de Fittko y la de Benjamin como muestra de tenaz empeño por escapar de las garras del fascismo y de ayudar a los demás a hacerlo; reivindica, por otra parte, el gesto de Walter Benjamin como grito de protesta, no tanto como renuncia desesperada a la vida. No se priva el experimentado periodista ( Rouge, Le Monde, y cofundador y presidente de Mediapart ) en la subrayar , de manera escueta mas certera, algunas de las ideas claves del pensador germano. Estas ideas, reitero, están presentes en el brillante texto de Edwin Plenet que precede al texto de Lisa Fittko, cuya publicación original obtuvo el gran premio del libro político de la RFA; « este libro no erige un monumento, ni conmemora o celebra: es un acto de compromiso. Su temporalidad no es la de un pasado revuelto, sino la de un pasado lleno de presente».

Ahí entre Banyuls-sur-Mer y Port- Bou , se dio el paso relatado por Lisa Fittko, por la ruta ahora denominada Walter Benjamin, desde 2007, que en su momento se conocía como ruta Líster, ya que tal lugar era utilizado por el militar republicano / comunista para el paso de sus tropas y más tarde como la ruta F ( de Fittko), bautizada así por un comité, americano, de apoyo a los refugiados ( Centro americano de socorro, cuyo organizador era Varian Fry) . Este camino que toma el nombre del poliédrico pensador alemán, como figura del que huye del fascismo, de quien busca refugio, siendo acosado por todas las esquinas; Walter Benjamin más conocido por el común de los mortales como símbolo de víctima del nacionalsocialismo, y sus cómplices franceses, que por sus heterogéneas y plurales obras. Un trayecto entre las dos poblaciones marcado por el paso cansino, fatigado, de aquel viejo Benjamin, como le llamaba cariñosamente Fittko. Quince kilómetros que acceden a un punto significativo donde los haya: el cementerio marino de Port-Bou, en donde un monolito recuerda al fallecido, y descendiendo hacia el mar la espectacular escultura del escultor israelí Karavan, Pasajes, en referencia a la inacabada obra del homenajeado.

El libro de Lisa Fittko muestra la verdadera odisea que le tocó vivir a la señora, a su hermano Hans, encerrado en un campo cercano a Burdeos, La Braconne, a su marido, a sus padres y a no pocos amigos y otros seres anónimos . Desde el Vél d´Hiver al que fue conducida por pertenecer a la misma nacionalidad que los enemigos, trasladada a Gurs, recibiendo los insultos de la gente al verlas pasar hacia el campo: sales boches, métèques, cinquième colonne…como si fueran nazis, sin reparar que muchas de ellas estaban allá precisamente por luchar contra ellos ( en los últimos momentos a la hora de pasar la frontera hacia España, Hans Fittko leyó la cartilla a algún insultante gendarme al señalarle que quienes ciertamente mostraban simpatía hacia Hitler no eran ellos, que huían por luchar contra él, sino el mariscal Pétain y sus seguidores) . La descripción de la estancia del campo es desoladora: hambre, enfermedad, maltrato y la hospitalité francesa negada radicalmente ya que allá se encerraban a los antifascistas alemanes, y de otras nacionalidades, que venían a sumarse a los republicanos españoles que allá eran encerrados. En tal lugar había establecidas diferencias entre refugiadas, comunes ( destacando las prostitutas) y también nazis, y separadas de todos ellos las indésirables. La resistencia de Lisa Fittko y algunas amigas a las órdenes, y las redes de solidaridad que crearon a la hora de ayudarse entre ellas y ayudar a otras, modificando su identidad, y falsificando los papeles…organizando la fuga del campo, al que se unió Hannah Arendt, aunque ésta posteriormente prefirió seguir su escapada por su cuenta ya que juzgaba que el grupo era más peligroso ya que era más fácil de detectar.

Posteriormente la mujer narra su estancia en Marsella y los viajes, idas y venidas, a Pau, Toulouse, Lourdes, Montauban ( que es en donde se enteró que estaba su marido), y los intentos de conseguir alguna documentación con la que bandearse ( los bobards, rumores / bulos, abundaban acerca de dónde conseguir permisos de salida del país: embajada sueca, china…), para acabar instalándose momentáneamente en Cassis en donde se había instalado su hermano con su familia… Hubo de soportar amenazas de distintos flics, …del mismo modo que recibió ayuda del alcalde de Banyuls-sur-Mer, Vincent Azéma ( posteriormente destituido por las autoridades de Vichy), señalándole los caminos, y facilitándoles casa y contactos…Las peripecias del paso de frontera, los caminos, las horas más propicias junto a los vendimiadores, algunos “clientes” que no se empanaban del real peligro que corrían y que hacían correr con su comportamiento irresponsable a quienes les ayudaban; compara la mujer a éstos con la disciplina demostrada por Benjamin, que colaboraba con los demás y que medía sus propias fuerzas, con el fin de ver hasta dónde podía llegar , evitando así cualquier comportamiento aventurero que pudiera suponer un riesgo para los demás. Tampoco faltan las broncas a ciertos bienintencionados, pero torpes, falsificadores de pasaportes, etc.

En medio de la formidable pagaille , que perduró tras la firma de un armisticio realmente genuflexo, en que se vivía, con cambios de normas y de directrices por parte de las autoridades, con la presencia de militares alemanes y con la constante amenaza de posibles redadas, no faltaban quienes hacían el agosto aprovechándose de la desgracia ajena ( agentes de divisas, que trataban de monopolizar el cambio de moneda, intentando evitar que la gente lo hiciese por su cuenta), también conoceremos la odisea de sus padres, atrapados al tratar de pasar la línea de demarcación entre el país ocupado y el “libre”, encarcelados… una serie de gestiones lograron que fueran puestos en libertad, pudieron unirse a su familia. Lisa Fittko deja claras las cosas, con respecto a cómo valorar el comportamiento de los franceses: « cuando hoy me preguntan cómo trató Francia entonces a los emigrantes judíos y políticos, cómo se comportan con nosotros los franceses, la verdad es que no sé qué contestar. “ Francia”, ¿qué Francia? “Los franceses”, ¿ qué franceses?[…] “Los franceses”- Pétain, Weygand, Laval- firmaron el artículo de armisticio que nos entregaba, a nosotros los emigrantes, a los alemanes, y el nuevo gobierno rivalizó con los nazis en perseguirnos. Pero ninguno de nosotros hubiera podido sobrevivir sin la ayuda de franceses de todos los rincones del país, franceses cuyo sentido humanitario les armaba de valor para acoger a aquellos extranjeros expulsados de su tierra, para esconderlos en sus casas, para alimentarlos[…] la France généreuse ».

Luego conoceremos el viaje en barco hasta Cuba y los avatares de la vida en La Habana, su modo de vida, considerados como enemigos por su germanidad; es allá en donde se amplían los escalofríos al recibir noticias de los planes exterminadores de la “solución final”… y luego la marcha a Chicago en donde se asentaron… y conocemos el paso de testigo a una nieta que estudia historia y que es informada por las vicisitudes padecidas por sus antepasados.

Se cierra la obra con una Notice biographique, que aun siendo de utilidad para conocer la vida de la mujer, comienza con unas fechas que no corresponden de ninguna de las maneras a las realidad: así entre 1939 y 1944 Lisa Fittko no estaba en Hungría y, desde luego entre 1944 y 1991 no estuvo en la URSS…como se señala en la página 361.

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La mugalari Lisa Fittko

En medio de estos santos días, pelín desnoticiados ellos, me entero de la muerte de la ucraniana Lisa Fittko, nacida en Uyorod (U.R.S.S.) en 1909; su fallecimiento se produjo el 12 de marzo en Chicago, donde residía desde su huída a tierras americanas en 1948. Inmediatamente relaciono su nombre con un bello-y conmovedor- libro en el que relataba sus experiencias entre los años 1940 y 1941, «Mi travesía de los Pirineos» (Muchnik Editores, 1988), y en el que se reflejaba una vida de absoluto compromiso para quienes huían de la omnipresente amenaza nazi-fascista-franquista que en aquellos oscuros años recorría Europa.

Educada en un ambiente izquierdista , fue en Berlín en donde se afilió a organizaciones juveniles socialistas , la llegada de Hitler al poder supuso para el grupo en el que militaba una mayor actividad al tratar de denunciar las brutalidades sin cuento a las que los nazis sometían a sus prisioneros, para que toda Europa se enterase. Este compromiso vino a suponer que los que sí que se enteraron de las andanzas de Lisa fueran los sabuesos de la Gestapo que se pusieron tras la pista de esta menuda mujer. Huyó a Praga y allá fue donde conoció a su futuro marido Hans Fittko, con quien escaparía a Francia tratando de evitar los zarpazos de la bestia parda. No pudiendo permanecer inactivos ante la avalancha fascista, Lisa fue fichada y encerrada como <<extranjera indeseable>> en el campo de Gurs, de donde escapó hacia la zona de Marsella que era donde la desbandada de gentes-intelectuales judíos y resistentes- de toda Europa venía a parar en busca de cómo buscar el modo de huir hacia América. La ocupación de Francia, con el vasallaje del gobierno de Pétain, instalado en Vichy, y los límites hexagonales al sur con un país aliado a las fuerzas del Eje, convertían las actividades de las redes de apoyo a los que huían en más difíciles todavía. El matrimonio Fittko jugó un destacado papel en tales tareas de ayuda, llegaron a pasar hasta tres veces a la semana con grupos que pretendían llegar a Lisboa para allá embarcar hacia América. Uno de los pasos clandestinos más utilizado se llamaba ruta Líster ( en honor al general comunista)…con el paso del tiempo pasaría a ser conocida como ruta F, en honor de la combativa mujer de la que hablamos. En muchos de los relatos de quienes huían del nazismo a través de los Pirineos se mentaba esta misteriosa ruta F de la que un amigo de Walter Benjamin, y estudioso del judaísmo, tuvo noticia. Gershon Scholem habiéndose enterado de que el nombre de ese exitoso camino de paso pirenaico respondía a la mujer de aquella comprometida pareja de antinazis, le rogó a Lisa Fittko que escribiese sus experiencias; y he ahí el vibrante libro del que hablamos, en el que se recogen las vibrantes peripecias de la mujer.

Si tal ruta se conoció en detalle por las páginas escritas por su principal protagonista, ésta a su vez cobró aún más celebridad pues ella fue la persona que ayudó a pasar la frontera al célebre filósofo marxista-judío alemán Walter Benjamin. Cuenta ella como fue el 25 de setiembre de 1940, cuando de madrugada llamaron a la puerta de la buhardilla de Port-Véndres en donde residían; allí estaba el «viejo Benjamin», quien había conseguido por medio de Horkheimer un visado para EEUU…a través del alcalde de Banyuls-sur-Mer conoció Lisa la ruta que podía seguir para llegar al sur de los Pirineos esquivando la vigilancia policial; y fue entonces-sirviendo de paciente guía a Walter Benjamin- cuando transitó por primera vez por aquella ruta que más adelante adoptaría su nombre. El paso resultó, a pesar de la indisimulable fatiga del filósofo que solo era capaz de avanzar debido a su alto grado de disciplina y a su voluntad de huir. Lisa describe a aquel ser trajeado de negro, que de vez en cuando tomaba asiento y parecía estar al borde de asfixiarse-eso sí, siempre sin soltar su maletín en el que por lo que parece llevaba la última versión de Tesis sobre el concepto de historia que pretendía hacer llegar a sus amigos Adorno y Horkheimer. Pasada la muga los policías franquistas le insinúan que al día siguiente hablarán con él para entregarle a la Gestapo…Benjamin temiendo tal entrega se tomó una fuerte dosis de morfina poniendo fin a sus días en la pensión de Port-Bou en la que pretendía pernoctar .

De vuelta tras el paso, Lisa continuó su tarea de ayuda hasta que al final, tres años después , embarcó para Cuba de donde más tarde iría a Estados Unidos…siempre en lucha por la libertad y contra el fascismo, pues « el sueño de la paz alienta en todas partes»…y su entereza y ayuda a los evadidos aun a riesgo de su propia vida -haciendo suya aquella consigna de Wage! (¡Arriésgate!)- anida en el corazón de todos los antifascistas.

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