Libia: La batalla de Trípoli desata el infierno en los centros de detención de migrantes

Por Pablo Elorduy

Al menos 1.300 refugiadas y migrantes se encuentran en los centros de detención más cercanos a Trípoli. Las ONG denuncian su vulnerabilidad y se muestran muy preocupadas ante las informaciones que alertan de que podrían estar siendo usados como combatientes en la batalla.

La situación de los migrantes en Trípoli era inhumana… y entonces la guerra se trasladó a menos de 20 kilómetros de la capital de Libia. El enfrentamiento entre las tropas que defienden el gobierno reconocido por la ONU, Gobierno del Acuerdo Nacional-GNA, dirigido por Fayez al-Sarraj y el ejército del Ejército Nacional Libio-LNA, dirigido por Khalifa Haftar, ha empeorado el penoso día a día de las al menos 1.300 personas —migrantes y refugiadas— que permanecen varadas en los centros de detención de la zona del conflicto.

Según Médicos Sin Fronteras, hasta el momento 150 personas han sido reubicadas desde el campamento de Ain Zara, en el epicentro de la ofensiva con la que el Ejército Nacional Libio quiere deponer al actual Gobierno de al-Sarraj. La reubicación por parte del Alto Comisionado de las Naciones Unidas ha sido un primer paso necesario, explican desde Médicos Sin Fronteras que, sobre el terreno alertan de la excepcional vulnerabilidad de los centenares de personas atrapados en los centros de detención y recuerdan que son “completamente dependientes de las autoridades y de las organizaciones humanitarias que logran llegar a ellos para los servicios básicos”.

En conversación con El Salto desde Túnez, Craig Kenzie, coordinador de MSF en el área de Trípoli, refiere que se trata de personas que “están viniendo desde varias partes de África tratando de encontrar refugio y seguridad. Algunos de los países por los que han transitado no tienen la capacidad para proveer ayuda adecuada a esta gente así que es una responsabilidad internacional ayudarlos mientras están haciendo su viaje así como llevarlos a puertos seguros en el Mediterráneo”.

Atrapados en medio de la guerra o en el intento por atravesar el Mediterráneo sorteando a la guarda costera libia, las personas refugiadas sobreviven en terribles condiciones: “Antes del comienzo de esta lucha en Trípoli, las condiciones en los campos eran muy peligrosas e inhumanas, ahora que el conflicto ha estallado estamos viendo que la insuficiencia en los suministros que ya teníamos de servicios básicos —agua, comida, electricidad, refugio y atención médica— ha aumentado”, señala este coordinador de MSF, quien denuncia el hecho de que la lucha por Trípoli ha bloqueado el acceso de organizaciones humanitarias “para permitir que respondan a esas necesidades”.

 

800.000 PERSONAS VARADAS EN LIBIA

Centros como los de Triq al-Seka, Qasr bin Gashir, o Tajura son los más cercanos a la zona del conflicto. Kenzie insiste en la obligación de reasentar a esta gente en otros centros en los que haya unos estándares mínimos y se provean los servicios básicos. En enero, la máxima autoridad libia, Fayez Al-Sarraj, cifraba en 20.000 las personas migrantes y refugiadas bajo custodia del Gobierno y en 800.000 las que se encuentran en Libia. Los observadores internacionales unen a la falta de suministros, alimento y atención sanitaria, las prácticas de abuso y maltrato, a través de latigazos, palizas y electrochoque. En diciembre de 2018, la enviada especial de la ONU a Libia, Ghassan Salame, denunciaba en un informe realizado a través de más de 1.300 entrevistas, cómo “una mayoría abrumadora” de las adolescentes y mujeres que están en tránsito en Libia ha sufrido violaciones o ha sido testigo de abusos.

Médicos sin Fronteras consigna los rumores e informaciones de que algunas de las personas detenidas en los centros están siendo obligadas a combatir en la batalla del GNA y el LNA en los alrededores de la capital libia, que se unen a los testimonios de que están siendo utilizados para transporte de armamento. “Estamos muy preocupados porque la gente que está en los centros de detención están en una posición de vulnerabilidad extrema”, apunta Kenzie, “no existe la certeza cien por cien de que esté pasando pero hemos recibido varios informes de varias fuentes de que puede estar pasando, sin embargo, en este punto no podemos verificar o compartir más información adicional sobre ello”.

Esta semana, desde el domingo 14 al martes 16 de abril, estaba prevista una conferencia de paz —Conferencia Nacional Libia— que fue pospuesta tras el inicio de los ataques a principios de abril, dado que no se podía producir con “los bombardeos de artillería y los ataques aéreos de fondo”, según anunció Ghassan Salame. Las cifras oficiales reportan 47 muertes en los primeros días de la campaña dirigida por Khalifa Haftar.

Pero la situación en Libia y los ecos de este conflicto en la esfera internacional —pese a que la ONU y la UE apoyan oficialmente a Fayez al-Sarraj, el “mariscal” Haftar ha tenido el beneplácito de Francia y Arabia Saudí— no han alterado el acuerdo entre el país norteafricano y la Unión Europea para el control de las rutas migratorias, que se prorrogó el 29 de marzo para los próximos seis meses. Eso sí, con matices: la Misión Sophia, que incluye entrenamiento y formación a la Guarda Costera Libia, ha sido modificada, no obstante, por la negativa de Italia a permitir el desembarco de barcos de rescate —militares o de ONG— en sus puertos.

Italia quería reconvertir a los miembros de las mafias que trafican con personas en integrantes de la Guardia Costera libia y su primer ministro, Matteo Salvini ha mantenido su campaña antimigración, exacerbada en plena campaña de las Europeas, en las que la Lega aspira a ser, por primera vez, la fuerza más votada. Tras el acuerdo, que mantiene en los puertos a los barcos de rescate de las ONG europeas, los refugiados interceptados en alta mar son devueltos a Libia y, de ahí, enviados a los centros de detención.

 

El Salto

 

 

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