Libertad solidaria

Nos parece que la discusión que ha suscitado Jaime Richart es enormemente interesante. Y también creemos que las posturas expresadas en los comentarios posteriores, en el fondo, son básicamente coincidentes con sus tesis. Esto es, no hay libertad sin igualdad, ni convivencia fraterna entre humanos si estos no son, a su vez, libres e iguales.

Estamos de acuerdo con Dalia. El camino no es oponer libertad a igualdad com si fueran dos términos incompatibles, porqué éste es el punto, justamente, al que nos abocó el capitalismo en el siglo anterior, y después de acorralarnos, nos hundió en la miseria, materialmente y intelectualmente, decretando «el final de la història». Es decir, nos impuso su «libertad», la única «verdadera», en donde la igualdad deviene una «amenaza» para aquella.

Una de las principales razones de la derrota de los movimientos antisistémicos del S XX fué que perdimos, epistemológicamente hablando, pero también en la praxis, la batalla de la libertad. En nuestra opinión, si queremos derrotar al capitalismo a lo largo del S XXI, una de las primeras tareas a realizar con urgencia es la corrección de este enorme error, un error, en todo caso, comprensible y justificable si lo contextualizamos históricamente.

Como también dice Dalia, el capitalismo se ha apropiado el lenguaje. Habrá, pues, que empezar por socializar las palabras desde una lógica rebelde. Habrá, pues, que explicar que nos define como humanos, y que es lo que nos aparta de su trayecto. Y, habrá, pues, que consensuar lo que nos explica, refundar el lenguaje de la izquierda anticapitalista, no para buscar un nuevo catecismo, sinó para establecer los ejes de coordenadas de la pantalla de navegación insurgente, que cada cual deberá pilotar añadiendo su creatividad particular.

No desearíamos dar la impresión de que aprovechamos este comentario para hacer propaganda de «nuestro» libro, pero es inevitable hacer referencia al mismo. A <Contra l'imperi, llibertat solidària! Manifest de la Xarxa Comunista Rebel. Versió 1.0> hemos pretendido, precisamente, abordar el «problema» de la libertad, situando a esta en el centro de un paradigma revolucionario emergente que ofrecemos al conjunto de la militancia anticapitalista. Para discutirlo y avanzar en propuestas emancipatorias.

Si no nos sentimos oportunistas al mencionar este texto, fruto de un reflexión de bastantes años, es porqué detrás no hay ninguna intención de protagonismo: nuestros rostros son invisibles; nuestro proyecto no es la organización de partido político alguno liderado por l@s anónim@s abajo firmantes; y nuestro libro reconoce, ya desde el inicio, a tod@s l@s que con su pensamiento y su práctica nos prestaron las ideas que nosotr@s solo recogimos, relativizando humildemente las aportaciones singulares que hemos sugerido, entendiendo que toda obra humana es siempre, en definitiva, la resultante de una convergencia de creatividades, acumuladas diacrónicamente y sincrónicamente, en un sumatorio imposible de cuantificar, porqué la cadena evolutiva que se esconde detrás de cualquier acto individual, si nos paramos a pensarlo detenidamente, se cuenta por millones de contribuciones cooperativas. No extrañe, por tanto, la afirmación de que el Manifest XCR «ya no nos pertenece».

Para nosotr@s, libertad y igualdad son dos caras de la misma moneda que define o­ntológicamente a los seres humanos. Nuestro potencial genético, inigualable por cualquier otro género animal conocido, nos abre un campo de acción, no programado genéticamente, impresionante. Por tanto, la lógica del desarrollo humano es el ejercicio de esa libertad potencial, consistente en explotarla al máximo. La clave del asunto estriba, no obstante, en el hecho de que el potencial biológico del Homo sapiens, para subsistir, primero, y para optimizar sus recursos, a continuación, solo puede resolverse en sociedad, un proceso que nos iguala al compartir indistintamente tal precariedad originaria. Incluso el mejor dotad@ genéticamente necesita de la cooperación social para sobrevivir. Además, nadie puede anticipar lo que un ser humano podrá llegar a ser y a realizar en la vida si se le proporcionan las oportunidades adecuadas. Y, encima, sucede que las diferencias más relevantes, entre unos individuos y otros, no están en el genotipo, sino en el fenotipo, resultado de la interacción de nuestro ser biológico con el entorno.

Libertad y igualdad, pues, van de la mano. La libertad requiere de la cooperación, y la cooperación, si no es para ser al fin libres, no tiene ningún sentido. Una relación bidireccional que se comprende perfectamente al estudiar su funcionamiento horizontal, ya que es entonces cuando descubrimos el tercer elemento que la hace factible: el amor, la afectividad.

Libertad, igualdad y fraternidad, en resumen, no son tres principios políticos importantes, son algo mucho mas trascendente, son la base ético-científica sobre la que se sustenta la vida humana.

La evolución de la especie, en los últimos ciento cincuenta años, ha dado nuevos pasos hacia adelante, aunque no se nos antoje. La idea de fraternidad, el tercer pilar, se regenera actualmente en el fenómeno de la solidaridad, es decir, en la fraternidad revestida de intencionalidad política, ejercida de forma presencial hacia alguien cercano que conocemos, o virtualmente hacia alguien situado físicamente en la antípodas del globo terráqueo, pero con el que nos identificamos a partir de nuestra común humanidad.

Según la tesis que defendemos, el ser humano con voluntad de intervenir como tal en el S XXI, es un animal racional-afectivo que lucha por la libertad, la igualdad y la solidaridad, a escala planetaria. Un triángulo donde la relación entre libertad y solidaridad ha de establecer un equilibrio que la haga sostenible, entre humanos, y entre estos y la naturaleza. Al objetivo de la sostenibilidad, entre libertad y solidaridad, se ha de añadir el de ciudadanía universal, el nexo que une libertad y igualdad. Finalmente, igualdad y solidaridad solamente serán compatibles y harmónicas si se relacionan respetando el derecho a la diversidad.

Libertad, igualdad, solidaridad, y los tres vectores que las conectan, ciudadanía universal, diversidad y sostenibilidad, apuntan hacia una misión global: la biodiversidad y la cooperación, social y ecológica, del planeta Tierra. La libertad solidaria.

Manifest Comunista Rebel 1.0

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