Libertad económica: un nuevo mantra para el neoliberalismo de la mano de la perversión del lenguaje

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La idea partió, al parecer, del renombrado analista y consultor político estadounidense Frank Luntz, quien aconsejó a los republicanos que si querían ganar las elecciones de 2012 dejaran ya de decir capitalismo, porque para la opinión pública es una palabra que se ha convertido en algo sucio, denunciada por los indignados de “Ocupa Wall Street”. Les propuso Lunz que en vez de decir capitalismo comenzaran a tomarle cariño y a utilizar el término “libertad económica”.

Entre los mayores propagandistas de la revolución conservadora en Estados Unidos, a través deFox News, conferencias, y grupos de debate, Lunz tuvo uno de sus grandes éxitos como creador del eslogan “Contrato con América”, de 1994, con el que el Partido Republicano volvió a conectar con la mayoría social, los demócratas pasaron a ser percibidos como un partido progresista minoritario de actores de Hollywood e intelectuales neoyorquinos de Manhattan, y lo demás es historia: George W. Bush al poder. Como dice el subtítulo de “La palabra es poder”, uno de sus grandes triunfos editoriales, “Lo importante no es lo que dices, sino lo que la gente entiende”.

Impensable hasta ahora que los republicanos de la vieja guardia o del tea party, ultraliberales, neocons, sudistas o evangélicos encubrieran públicamente la palabra capitalismo, uno de los puntales básicos del conservadurismo estadounidense. Pero ya tienen en su lugar otro nuevo mantra que añadir al discurso único, difundido globalmente por economistas, políticos, analistas, periodistas e instituciones, como gran dogma mundial que promete la salvación a todos los que lo acaten.

Atrás ha quedado el término capitalismo, ahora es la Libertad económica, ya no es recortar, sinoflexibilizar; las crisis son oportunidades; congelar es racionalizar, liquidar es reformar; los despidos son ajustes, los derechos laborales son privilegios; parados por desempleados,recesión por desaceleración; la precariedad laboral es segmentación, las protestas ciudadanas son la amenaza de los violentos, los manifestantes se llaman radicales, y la fuerza policial es la defensa de la democracia, entre otros ejemplos.

La perversión del lenguaje como un instrumento político

Es el lenguaje predominante del discurso único, lleno de eufemismos y que se ha impuesto prácticamente en todo el mundo, para ocultar la realidad de una época en la que la pobreza, la explotación de las personas y de los recursos naturales a nivel mundial se ha disparado a cotas nunca alcanzadas, al mismo tiempo que sigue aumentando la acumulación de riqueza a manos de unos cuantos.

Los partidarios del neoliberalismo argumentan que se trata únicamente de un enfoque económico que asegura el bienestar del individuo a través de la privatización y de los mercados libres, pero de acuerdo con el último informe de la OCDE, la brecha entre los ricos y pobres en sus 34 países miembros ha alcanzado el nivel más alto de los últimos 30 años y el salario medio del 10 por ciento de los más ricos es nueve veces superior al del 10 por ciento de los más pobres.

No es solo, como se pretende, un enfoque económico, sino sobre todo la perversión del lenguaje como un instrumento político y de control de los más privilegiados, para hacer aceptable por la opinión pública la injusticia, y razonable lo inadmisible, de tal forma que todos los ciudadanos, hasta los más castigados por la crisis, compartan el discurso de “tenemos que hacer sacrificios” o “todos debemos poner de nuestra parte”, y colaboren así en su propio empobrecimiento, entendiendo como algo de sentido común e inevitable perder aun más de derechos y seguir rebajando el estado del bienestar.

Notas:

«El decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es falso; mientras que el decir de lo que es que es, o de lo que no es que no es, es verdadero.
(…) Es superfluo querer cambiar la lógica, para poder resolver el problema. La lógica depende directamente de sus axiomas. Algo sólo puede ser verdadero ó falso, pero no otra cosa, ni las dos al mismo tiempo”. Alfred Tarski, Concepción Semántica de la Verdad (fragmento)

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