Libertad de expresión SÍ, respeto a los significados ajenos TAMBIÉN

Libertad de expresión SÍ, respeto a los significados ajenos TAMBIÉN

Los seres humanos vivimos a través de los significados, eso es lo que nos da sentido, y el abanico es amplísimo, y  va grosso modo, desde el concepto de pertenencia al universo, a una cultura y a una religión, hasta el de patria y familia.

Los valores religiosos tienen un profundo asentamiento en el interior de los creyentes que tratan de vivir esos preceptos, no ir meramente a recordarlos los domingos en medio de alabanzas a un dios que si algo pide es nuestra transformación personal. Por muy falseados que estén adulteraos por la religión formal (que es diferente a tener una mente religiosa), si no tratamos con respeto esos valores de los demás, vamos a encontrar la reacción de los fanáticos una y otra vez: islámicos, judíos y cristianos, con toda la ringlera de disensiones que han inventado.

Es interesante ver cómo la idea extraordinaria, imprescindible, de crecimiento espiritual, propugnada por los maestros de vida en las diferentes culturas del planeta, cuyo sustrato es idéntico, puede cristalizarse en la mente humana de la manera horrible en que lo ha hecho. Pero así es el (infra) humano.

Entonces no se trata solo de hablar de libertad de expresión, enfatizarla y defenderla, como si de otra religión se tratara (ya se sabe la hipocresía existente detrás del cacareado concepto). Se debería  respetar ciertos límites y significados de los demás, de educarnos y ser más sensibles a manifestaciones religiosas que no entendemos. En Occidente, con la asistencia al culto-misa dominical y la limosna a la salida, ya nos sentimos tranquilos.

La glorificación de la libertad (sea con cualquier adjetivo que asuma este nombre, personal, de opinión, de reunión, de…) la cuestiona la misma realidad que hemos creado en esta torre de babel donde todavía ni siquiera reconocemos que vivimos.

Mientras tanto, rompamos el círculo vicioso mediante el diálogo permanente y el respeto. Tratemos de descubrir en nosotros lo que cuestionamos en los demás, porque ES ASÍ, independientemente de la filosofía que profesemos. Eso cancela el cuestionamiento y nos deja en paz con el cuestionado y con nosotros mismos.

 

Ernesto González, escritor cubano residente en Estados Unidos, publica artículos en revistas locales y electrónicas, ha enseñado español en la East-West University y en la academia Cultural Exchange, y fue asesor de la prueba de español creada por Riverside Publishing. Trabajó durante trece años en el periódico en español Hoy del Chicago Tribune. Sus novelas están disponibles en amazon.com (EEUU), lulu.com (Europa y Latinoamérica), y en kindle.

http://www.lulu.com/spotlight/egonza_3399

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