Letizia de Asturias padecería el típico mal de las princesas

MADRID.- La extrema delgadez de la princesa Letizia, esposa del príncipe Felipe de Asturias, de España, preocupa a los expertos en los temas de la realeza. Sin embargo, las inquietudes se reflejan más en la prensa francesa e italiana que en las propias revistas españolas.

La explicación que dan estos expertos es que Letizia estaría adelgazando debido a los cursos para aprender a caminar y a moverse como una verdadera princesa. Pero con un problema extra: su talla es dos centímetros menor que la de una modelo

Muchos se preguntan si Letizia es víctima del mal de las princesas, padecimiento que se describe de la siguiente manera: rasgos faciales marcados, brazos filiformes y silueta delgada.

Según la prensa francesa, esos mismos problemas los padecieron la ya fallecida Diana, de Gales; Masako, de Japón, y Victoria, de Suecia. Esos tres casos fueron confirmados oficialmente como de anorexia y de depresión.

Sin embargo, en España la explicación a las alarmantes fotos que publica la prensa extranjera puede tener un enfoque distinto.

Un truco conocido
Según fuentes médicas consultadas, la espalda aparentemente enjuta puede tener una explicación protocolaria. Ante los largos besamanos de pie, con tacones de más de 10 centímetros (para acercarse en altura a su marido), en una postura erguida con hombros hacia atrás y barbilla en perfecto ángulo recto con el cuello, Letizia ha aprendido a apoyar el peso del cuerpo en los glúteos, que es uno de los trucos de supervivencia que se enseña en el cursillo de formación para las nuevas princesas.

Esto se suele practicar andando con unos libros sobre la cabeza. Claro que eso no impide que los omóplatos se disparen produciendo esos exagerados bultos acentuados por la inexistencia de masa muscular.

En el caso de la princesa de Asturias, es delgadísima, pero su constitución genética es así; lo mismo les ocurre a sus hermanas Telma y Erica. A la princesa le duele la boca de repetir que come de todo y en cantidades generosas. Aunque reconoce que la carne de cordero no figura entre sus favoritas, no le hace asco a las tortas de chocolate, por ejemplo. (Especial)


El Jefe de Prensa de la Casa Real desmiente que la Princesa de Asturias sufra anorexia

http://www.elmundo.es/elmundo/2005/03/02/espana/1109760604.html

OLALLA CERNUDA

MADRID.- El Jefe de Relaciones con los Medios de la Casa Real ha desmentido tajantemente que la Princesa de Asturias sufra anorexia en una carta al director enviada al diario EL MUNDO. «Es absolutamente falso que Doña Letizia padezca dicha enfermedad», dice en un comunicado Juan González-Cebrián Tello.

El desmentido hace referencia a dos artículos publicados por el suplemento Crónica y la columnista Carmen Rigalt en los que se cita la «extremada delgadez» de la joven, que tiene un talle «dos centímetros menor al de una modelo».

Aunque la Casa Real no acostumbra a confirmar ni desmentir rumores, el comunicado que niega la anorexia de la Princesa no está firmado por el Jefe de la Casa, sino por el Jefe de Prensa, González-Cebrián, que ha enviado la carta al director «para que los lectores de EL MUNDO dispongan de información veraz para responder a las dudas que esos artículos puedan sembrar entre los ciudadanos».

El pasado domingo, el suplemento Crónica publicaba un reportaje sobre la evidente delgadez de la Pricesa en el que la periodista Carmen Duerto se preguntaba si Letizia Ortiz sufre «el mal de las Princesas», eufemismo con el que denominan a la anorexia. En el reportaje se puede ver una fotografía hecha a la Princesa de Asturias el pasado mes de enero que ha hecho saltar las alarmas -sostienen en CRONICA- a la prensa francesa e inglesa, que resaltan que Letizia tiene «rasgos faciales marcados, brazos filiformes y silueta delgada».

La revista francesa Paris Match, por ejemplo, publicó un reportaje en el que también se preguntaban si Letizia sufría «el mal de las princesas». «Los autores de los artículos se basan en reportajes de la prensa extranjera que en ningún momento contrastaron su información con la Casa Real», dicen desde Zarzuela.

El reportaje de Crónica insistía en que Letizia Ortiz «está delgadísima, pero su constitución genética es así. Ella y los suyos afirman que come como una lima pero que todo lo quema debido su carácter hiperactivo, al que se suma ese afán de perfección que le lleva a ser un puro nervio quemagrasas.Todo ello le hace estar por debajo en dos puntos de la talla media nacional. Tiene un talle de 63 centímetros y unas caderas de 88, dos centímetros menos que las medidas estándar de las modelos de pasarela».

«Aunque sus modistos 'oficiales' sostienen que utiliza una talla 38, otras marcas que han preferido mantener el anonimato, aseguran que la talla solicitada por Letizia ha sido la 36 e incluso, la 34″, afirman en el reportaje, en el que también se da una posible respuesta a la preocupante delgadez de la Princesa: «el protocolo. Ante los largos besamanos de pie, con tacones de más de 10 centímetros, en postura erguida con hombros hacia atrás y barbilla en perfecto ángulo recto con el cuello, Letizia ha aprendido a apoyar el peso del cuerpo en los glúteos, que es uno de los trucos de supervivencia que se enseña en el cursillo de formación para las nuevas princesas», lo que acentúa esos exagerados bultos en los omoplatos por la inexistencia de masa muscular.

Apenas dos días después, la periodista Carmen Rigalt en su columna de opinión del diario se hacía eco del reportaje, y le pedía a la Princesa «un poco más de lustre». «La calle comenta que la delgadez de la Princesa merece una llamada de atención. La delgadez es bella mientras no produzca repelús«, dice la columnista. «Me abstendré de afirmar que la Princesa es anoréxica, pero tiene hechuras anoréxicas, y eso es objetivable«, escribe.

«Victoria de Suecia tuvo hace años un problema, la familia real sueca afrontó el tema abiertamente y la sociedad hizo causa común con la princesa. La Princesa de Asturias merece otro lustre. Si sufre, malo, pero si no sufre y está así por gusto, peor. Una princesa no tiene derecho a constituir un mal ejemplo«, termina.

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