Léo Ferré, la voz de la libertad

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Por Iñaki Urdanibia

Cette parole d´évangile

Qui fait prier les imbéciles

Et qui met dans l´horreur civile

De la noblesse et puis du style

Ce cri qui n´a pas de rosette

Je le revindique et vous souhaite

Ni dieu ni maître.

Ils peignent le chagrin dans les coquelicots

ils écrivent l´amour dans vos chambres glacées

les artistes

ils font plier le temps sous l´aile d´un oiseau

ils font passer la vie dans vos accords brisés

les artistes

ils font la loi demain quand tu vivras hier

ils décident de tout quand tu veux les soumettre

il y a viingt mille ans qu´ils sont à leur fenêtre

il y a vingt mille ans qu´ils crient dans le désert

Quizá algunas de las canciones más célebres, y celebradas, del cantante francés, las que rebosan un descarado espíritu libertario las convirtiese, en cierta medida, en verdaderos himnos de rebeldía y combate; me refiero a Ni dieu, ni maître, Les anarchistes, Franco la muerte…o el recitado, junto al cuarteto Cedrón. Et Basta! Mas no sería justo subrayar únicamente esta faceta casi-militante de Ferré en el mundo de la canción, ya que su compromiso con diferentes causas siempre fue su bandera ( contra la dictadura franquista, oponiéndose a la guerra de Argelia, contra los recortes de las libertades…) era público y notorio; es justo añadir, no obstante, que este amor a la libertad sin cortapisas se dejaba ver no solo en sus canciones antes nombradas sino que su incomodidad ante los límites y fronteras impuestas dentro del propio campo de la música le empujaban a traspasar todas las vallas sin plegarse a los amantes de cuadrículas, de clasificación en géneros, a los polices de la chanson. Comportóse pues como un francotirador o un irreverente intruso que se atrevía con todos los palos que se dice. Versiones de poetas ( Guillaumme Apollinaire, Louis Aragon, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Paul Verlaine, François Villon…), canto al amor, a la amistad, a las calles y barrios de la capital del Sena, con medidos tonos de amargura y de nostalgia; Léo Ferré llenaba el escenario con sus declamaciones que se balanceaban entre el surrealismo y cierto dodecafonismo( peut-être malgré lui); sus dotes de actor hacían que su pequeña figura se ampliase bajo los focos. Enamorado desde joven de Béla Bartok, Ludwig Beethoven, Maurice Ravel, Claude Debussy, sin hacer ascos mayores a los maestros del atonalismo , aunque eso sí oponiéndose con furia a todos los amantes de las excesivas reglamentaciones sinfónicas , tales influencias de dejaba notar en muchas de sus composiciones en su complejidad y estridencias que al romper con los cánones al uso, y al abuso, hacían que su recepción no fuese amables para muchos de quienes solo esperaban verdades, claras y distintas, y fáciles de digerir…vamos, panfletos, aunque estos fuesen dulcificados con el lirismo y la cuidada palabra.

Léo Albert Charles Antoine Ferré había nacido en Mónaco el 24 de agosto de 1916 y falleció en Castellina in Chianti el 14 de julio de 1993; en fecha casualmente señalada, allá en la Provenza a donde se había retirado con los suyos hacia ya tiempo. Toda su vida fue pura creación que se deja ver al contabilizar más de cuarenta álbumes en un periodo de cuarenta y seis años, lo que le convierte en el cantante más prolífico de la onda de los George Brassens, del belga Jacques Brel, o de los posteriores Jean Ferrat o Máxime Leforestier, por nombrar unos cuantos; les copains d´abord que cantaba el otro. No ha de olvidarse que muchas de sus canciones fueron posteriormente interpretadas por otros cantantes como Barbara, , Henri Salvador, Giraud Yvette, Les Frères Jacques, Juliette Greco, Catherine Sauvage, Xavier Ribalta ( en catalán); pero fue la cantante Catherine Sauvage la que le dedicó las más logradas versiones, haciendo que su eco se ampliase.

Ya desde niño se bandeó a las mil maravillas en el terreno de la música , y así cuando cursaba sus estudios en un establecimiento religioso, llegó a componer alguna pieza sacra; no se perdía, por otra parte, los conciertos que se programaban en Monte-Carlo, lugar en el que tomó contacto con los grandes compositores y sus obras más emblemáticas, y en que su padre estaba empleado.. No gustaban a éste los exacerbados gustos de su hijo por la música como tampoco conocía las lecturas prohibidas de su joven hijo ( los poetas malditos en concreto) y de acuerdo con él, y más que nada para evitar los enfrentamientos, se trasladó el joven a París, en donde fue matriculado en Derecho, dedicación que no le interesó ni por un instante.

En Mónaco obtuvo su título de filosofía y colaboró en prensa con varios artículos de crítica musical y hasta publicó una obra de narrativa en la que relataba los tiempos de soledad y rigor en el internado en el que había sido ingresado. En París cursó estudios de ciencias políticas, si bien a decir verdad no es que estuviese excesivamente interesado en los asuntos sociales. Iniciada la guerra es reclutado y destinado a la infantería. Esto no quita para que le picase el gusanillo anar al tratar con exiliados libertarios de la guerra del 36 lo que le hizo componer varias obras de sabor hispano.

De vuelta en París contacta con algunos medios musicales, y los ambientes de cabaret y music-hall , en los que cobra sus primeros dineros por sus actuaciones. En esos tiempos sus creaciones son propias de los géneros que se interpretan en los locales nombrados, como tan sencillas y desenfadadas. Su madurez compositiva llegaría más tarde , en los años sesenta y setenta, época en la que aparecerán algunas hermosas canciones como L Âge d´or, C´est extra, La Nuit, Poètes, vos papiers!, y otras cuantas más , de altura. Son los años en los que los aires libertarios y sus declaraciones acerca de su anarquismo, serán más frecuentes, y la floración de varios álbumes será de calidad: Amour Anarchie o La Solitude…Extensos soliloquios surrealistas, con fondo pregrabado de collages sonoros, que combinaba con algunos experimentos sinfónicos en los que trataba de casar la orquesta con los sonidos de la calle, la madurez con la juventud; el creador se dejaba llevar por el corazón y por sus ansias de libertad y espontaneidad…L´Espoir ( 1974), Je te donne ( 1976) o de La Frime ( 1977), discos invadidos por claros aires ravelesianos ( de Ravel) y que irradian luz y originalidad propia.

El año 68 supuso un cierto asentamiento, y expresión, en sus posturas rebeldes que interpretaba junto a grupos de jóvenes pop, dirigiendo igualmente a algunas orquestas con su repertorio clásico, lo que ayudó a que diese a conocer este tipo de música a no pocos jóvenes que en principio eran ajenos, y hasta reacios a tal tipo de composiciones. El ser encarnación del espíritu de la revuelta de la época le acarreó que sus canciones fuesen censuradas y vetadas en las emisoras de radio…cuando se dio le rétour à l´ordre.

Encore…otra variación: el recurso al piano y a la guitarra, desnudos como en La Violence et l´Ennui ( 1980)…y más adelante aún, composiciones en las que la percusión se hace lo dominante y la libertad de la orquesta alcanza cotas realmente aleatorias y diseminadas. En la medida en que pasan los años, abandono de las casas discográficas habituales ( Odéon y Barclay) y explosión de mezclas en las que se entreveran los monólogos, los deambulares sinfónicos y el lirismo desbordante. Como un círculo que se cierra, Ferré convierte en acto los sueños de niñez :el de devenir director de orquesta, cosa que hace con Beethoven o Ravel, en un entrecruzamiento azaroso entre la música de los clásicos y la suya propia. Algunas canciones de corte casi-folclórico sobre su amada Provenza y tras su muerte, unos cajones repletos de diferentes pruebas y tanteos ante los que su hijo, Mathieu, flipó por el disparado desfase.

Una carrera desigual en la que se cruzaban los brillos y las sombras, mas en la que en ningún momento la instancia dominante se convirtió en el negocio y en la lógica del tendero…Un mundo expresivo propio en el que las notas, las palabras, los colores trataban de que su propio ser viese la luz, y si esta luz deslumbraba o descolocaba a alguien…pire pour lui!

Léo Ferré , el espíritu de la revuelta, imagen del anti-militarismo, llamando a la deserción, del anti-conformismo, el anti-clerical convencido; una obra que permanece no como flor de un día sino que tiene una duración y consistencia que hace que se deba tomar en serio la admonición de Louis Aragon: « hará falta reescribir la historia literaria de manera un tanto diferente a causa de Léo Ferré».

Et …Basta!

 

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