Leer a Peter Handke ( II)

Por Iñaki Urdanibia

Polémicas aparte y también dejando el Nobel a un lado si en cuenta se tiene que la concesión del premio responde muchas veces a cuestiones absolutamente, o casi, ajenas a criterios literarios, sí que se puede afirmar que el escritor nacido el 6 de diciembre de 1942, en Griffen ( Carinthia / Austria) es una de las luminarias del panorama literario en lengua germana. Desde el inicio de su carrera, sus primeras publicaciones datan de mediados de los sesenta, el éxito le ha acompañado: en primer lugar, con sus obras teatrales y piezas habladas y más adelante con sus obras narrativas.

Una constante ha acompañado su extenso quehacer y es el afán de ser exacto en las descripciones, lo que va a la par del paladeo de la duración y la transformación del yo, que interpela a los yoes lectores, que en una declarada intención de concentrar hasta llegar a un punto de intimidad – lo que hace que la inspiración en las experiencias vividas estén presentes- que se vierte en el que lee, alcanzado por una sencillez, y una observación de asuntos de la normal cotidianidad que las ocupaciones de la vida hacen que no se les preste la atención debida. Es ahí en donde, como indicaba líneas más arriba, el lector siente cierta cercanía y familiaridad con lo descrito. Es marca de la casa, la profundización en los aspectos a los que no se presta atención , que supone un cambio de marcha o de dirección a la habitual, la que convierte su prosa en una especie de recuperación de un dejà vu, del que no se había llegado a ser consciente o al que no se había prestado la debida atención. Este modo de mirar de otra manera es la que deja ver su mirada rebelde con respecto al modo habitual de enfocar las cosas, como presintiendo que estas ya no son como antes ante la falta de verdades fuertes, y seguras, en momentos de desbrujule de los que el año 1968 fue señal , va acompañado con una forma de denuncia y compromiso que no es el propio de la utilización mecánica en su repetición de almidonadas consignas políticas que ahuecan precisamente el carácter de la denuncia propuesta; ello le conduce a tratar de narrar de otra manera desprendiéndose de las grandes historias y los hechos que exigen protagonistas trágicos y heroicos… mostrando una potente fe en la «capacidad del pensamiento poético a la hora de disolver los conceptos residiendo ahí la fuerza del porvenir »[ tras describir su reacción de miedo ante la contemplación de los pies de un detenido en los campos de concentración…], estas palabras que corresponden al discurso con motivo de la recepción del premio Büchner en 1972, muestran un intento de abandonar cualquier forma de grandilocuente retórica para poder abrir las puertas a la verdad, casando su intento de cambio y de ir más allá que las formas literarias habituales, con su trasfondo ideológico, evitando mantenerse en onda con , o tratando de superar, la denuncia expresada por Adorno acerca de la barbarie de escribir poemas después de Auschwitz…Handke busca la ruptura con las visiones y sus expresiones conceptuales que ponían freno a visiones diferentes, libres de los corsés de las versiones que se pretenden definitivas. Alguna veterana crítica ABCera ha calificado el quehacer de Handke con el título de la obra mayor de Peter Weis, Estética de la resistencia, no es por…pero nada que ver la concepción de la escritura del último nombrado , como comprometido y militante, con la de Handke que sí que es cierto que resiste a los modos habituales de escribir pero sin pretensiones militantes.

Ya desde su primera novela, Los avispones, publicada en 1966, puede hallarse el entrelazamiento entre los avatares personales, familiares, y los recuerdos sobre ellos con sus traumas y huecos de memoria ( recurso a lo personal que más adelante repetirá , en referencia a sus años de estudiante en la escuela comunal en donde también, y en especial, se detiene en el suicidio de su madre , Desgracia impeorable , el internado en una institución religiosa de la que fue expulsado por sus lecturas prohibidas, La repetición, o el divorcio de su mujer en Carta breve para un largo adiós…); Handke baja al fondo de sí mismo en busca de su ser, siguiendo el camino propio de una perlaboración, por decirlo en lenguaje psicoanalítico, de un ejercicio de anamnesis e intentando dar voz a lo no-dicho, siempre manteniéndose en los estrictos límites de la precisión, en un tenaz empeño por poner en marcha la búsqueda de las palabras exactas con las que formular lo confuso, lo que escapa a la aprehensión. Ahí, en ese espíritu seco y de reivindicada objetividad, es en donde los aires de familia con le nouveau roman y con Beckett más en concreto, saltan a la vista , sin que esto quiera decir que Handke se desplace por los lares del realismo o el naturalismo; una constante rumia sobre las relaciones que, habitualmente se dan por evidentes, entre los sujetos y el mundo exterior o entre los propios sujetos, sujetados por la repetición de lo mismo como si se tratara de una segunda piel.

El poder de la lengua, para lo mejor y para lo peor, pues al fin y a la postre es lo único que tenemos, es destacado por el escritor , tratando de huir del lenguaje anquilosado que es el que utilizaba el Grupo 47del que formaban parte Heinrich Böll, Günther Grass…-, con el que se codeaba no sin mostrar su desacuerdo con él acerca de la rigidez de los modos de expresión que venían a utilizar, y en cierto modo, a imponer, reivindicando que la pretendida realidad que los integrantes de tal grupo decían expresar no era más que la realidad del lenguaje, y en consonancia con lo anterior la escritura para él consistirá en inventar un punto invisible desde el que observar la disposición de lo real, cuestión en la que se inspira en Cézanne ( La doctrina de Sainte-Victoire) para reivindicar este punto como el justo de la mirada humana. Ahí cobra impulso la convicción de que puede hacerse que el lenguaje dé cuenta de lo que parece inaprehensible, incomunicable, quitando las máscaras de la apariencia, recurriendo para ello al fragmento, a los saltos en la exposición sin seguir una sucesión lógica o cronológica, lo que logra que el lector haga suyo el camino como si del suyo se tratara…« no tengo temas sobre los que escribir, no tengo más que un solo tema: ver claro, cada vez más claro mi sujeto, aprender a conocerme o no aprender a conocerme, aprender lo que he hecho mal, lo que pienso mal[…] llegar a ser más atento y más sensible, con el fin de que pueda entenderme mejor con los otros y tratarlos mejor». Perseverando en huir de la forma novela o a lo más escribir una continua indagación sobre sí y exponerla en una narración de formación de sí mismo que huya del uso pre-formado y preestablecido de la lengua ( « lo que yo escribo es solamente mi existencia configurada[…] “solamente “ significa aquí: todo “enteramente yo”»); como deja ver en su El vendedor ambulante , en una onda camusiana que le conduce a tratar de evitar que la injusticia funcione en el lenguaje, o que sea monopolizado por las redes del poder…mostrando en toda su trayectoria , lo que ya asomaba con fuerza en su Desgracia impeorable: su carácter de emigrado, de no-integrado, de perseguido…recordando su Griffen natal , población de lengua eslovena, y como tal marginada con respecto a la población austriaca, y aplazando de una obra a otra el verbo definitivo…« más tarde escribiré de manera más precisa sobre todo esto», lo que hace que de libro a libro se vayan completando / complementando las historias que se encabalgan entre ellas.

Una obra que se despliega desde un yo en devenir al mundo de este infatigable paseante que marcha por los alrededores de Salzburgo en La tarde de un escritor, y se detiene en la contemplación del paisaje en La repetición o el viaje que se desliza por la inmovilidad, en lo que hace al afán de búsqueda, como en La ausencia…avanzando por pequeños rincones, y lo que cuenta de sí mismo resulta válido para otros, para quienes se acerquen a sus libros, ya que el propio enriquecimiento del escritor se transmite a quien lo lee, en momentos de sensación verdadera, de lentitud y sosiego… siempre si hacemos caso a su traductor al francés, Georges-Arthur Goldsmidt: « desarrollándose en todo momento en su misma esencia contra el nazismo y contra lo que, entre sus restos, podría ser todavía fecundo, coincidiendo con René Char [ de quien Handke es traductor], en el rechazo de toda autoridad, de toda sumisión, de toda definición de los unos por los otros, de toda discriminación: es en su esencia misma obra de libertad».

P.S.: una recomendable obra en la que el propio Peter Handke, en diálogo con Herbert Gamper, expone su concepción de la escritura y las claves de algunas de sus obras es « Pero yo vivo solamente de los intersticios» ( Gedisa, 1990). Allí se lee, en las páginas 88-89 : Cunado digo que con el vacío comienza todo, quiero decir que ese vacío viene hacia mí como un reclamo del cielo; un reclamo de crear para ese vacío la forma o la expresión correspondiente ( así está dicho mejor), para que el vacío se haga visible, para que el vacío se convierta en forma-vacío[…] cuando vivencio ese vacío…ese vacío, ese vacío bullente, celestial, fructificante, seductor , – eso me brota sólo en el hablar, sólo con ello obtiene el hablar su sentido- , nunca se me abrió en la naturaleza vacía de hombres, sino siempre en la vecindad de los hombres. Bueno siempre sucedió en las periferias, por ejemplo, en el borde de la ciudad; por ejemplo, en el límite entre el bosque y la estepa, es curioso; siempre en los límites, o mejor dicho, en los umbrales. Siempre tiene que ver también con cercanía, con la asequibilidad ( quizá así es mejor) del mundo de los hombres, nunca en el desierto, por ejemplo, y nunca en algún paraje de la alta montaña[…] donde uno no sólo percibe la proximidad de los hombres sino, por decirlo así, casi la puede aprehender. En ese vacío pues se sumergen los antepasados, los descendientes, todo el mundo humano…el vacío quisiera poblarse. ¿ Y cómo querría poblarse? Me exige, o mejor dicho, me permite, intervenir y poblar ese vacío escribiendo, pero al mismo tiempo mantener el vacío. […] tengo el placer que siempre se renueva de comenzar de nuevo en este estado de vacío en el que entro y en el cual – para expresarlo grosso modo- me siento mejor».

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