Lavrov desarma a Pompeo, se refuerza la alianza Moscú-Caracas

Venezuela es en estos momentos el país que está determinando las relaciones internacionales por el lugar relevante que ha tenido la nación petrolera al definirse como nudo crítico y espacio de contradicción de los principales bloques del poder mundial.

Ello ha quedado nuevamente confirmado mediante dos eventos que han tenido lugar en días recientes.

En primer lugar, el encuentro entre el secretario de Estado, Mike Pompeo y el canciller ruso, Serguéi Lavrov, en Finlandia en el marco del Consejo del Ártico. Reunión que tenía una agenda sobre temas medulares, como la posición de las dos principales potencias nucleares del planeta en el tema de armamento. Sin embargo, la discusión también tuvo a Venezuela como prioridad.

En segundo lugar, la gira que realiza el canciller venezolano, Jorge Arreaza, por países de Europa, Medio Oriente y África, para afianzar la posición de Venezuela frente a las amenazas de la Administración Trump sobre la vida económica y política del país en los últimos años y que ha evolucionado a una intervención militar en ciernes.

La cuestión venezolana es asumida como un tema de amplio espectro por ser el punto de mayor bifurcación en el hemisferio occidental. El marco de relaciones y contradicciones geopolíticas se detiene en Venezuela por hallarse la seria posibilidad de que los eventos en la nación petrolera evolucionen en un conflicto armado de proporciones difíciles de estimar, si Washington continúa la agenda de destitución de los poderes legítimos en este país.

LAS CONTRADICCIONES ENTRE OCCIDENTE Y RUSIA

Lavrov declaró luego del encuentro con Pompeo señalando que no ha encontrado a ningún país que realmente esté a favor de resolver la crisis venezolana mediante el uso de las armas, aludiendo a sus “colegas estadounidenses, europeos y latinoamericanos”, quienes a su criterio no comparten una “solución militar imprudente”.

El medio venezolano El Nacional reseña que el único punto en común entre ambos funcionarios radica en que ninguno de los dos es partidario de una intervención militar en el país.

En efecto, las declaraciones de Pompeo y Lavrov guardan coherencia con las declaraciones que hiciera el presidente Donald Trump, quien recientemente conversó por vía telefónica con su homólogo, Vladimir Putin. Como es sabido, discutieron sobre la situación de Venezuela. Trump indicó que «Putin no está pensando en intervenir en Venezuela y yo siento lo mismo».

Lavrov afirmó que su reunión con Pompeo fue «un paso adelante» en la discusión de los principales temas de agenda entre ambos países. No obstante las discrepancias no se hicieron esperar en la previa a este encuentro.

Pompeo declaró a los medios desestimando el encuentro entre Lavrov y en canciller venezolano, Jorge Arreaza, quien recibió la ratificación del apoyo de Moscú al gobierno de Venezuela en funciones. «Lavrov en realidad no se reunió con un funcionario venezolano, se reunió con alguien próximo a Maduro, quien es un renegado, no el líder de Venezuela», afirmó.

Pompeo subrayó además que aunque el presidente Maduro «manda» en Venezuela, «no puede gobernar», definiendo la posición del Presidente como «endeble».

Las declaraciones de Pompeo son claramente incongruentes con el desarrollo del fallido golpe de Estado en Venezuela el 30 de abril, que no logró fracturar el tejido político e institucional de la FANB.

En la previa a la reunión de Finlandia, Pompeo retomó el argumentario de la supuesta disposición del presidente Maduro de abandonar Venezuela el 30 de abril pero que se detuvo, supuestamente instado por Rusia.

Una lectura fundamental de este encuentro parte de las declaraciones que posteriormente dio el canciller ruso, mientras que por otro lado Pompeo guardó silencio. Lavrov asumió la vocería, dando un paso adelantado, luciendo optimista y basándose en coincidencias que al parecer, tuvieron en tan «buena y constructiva» cita.

En efecto la posición rusa, evidentemente más profesional que la estadounidense en todos los asuntos diplomáticos desde el arribo de la Administración Trump, hace suponer que incluso para Washington no todo está definido en su hoja de ruta destituyente y que en efecto lidian con un marco adverso.

La Casa Blanca, aunque ha sostenido que la gobernabilidad es imposible en Venezuela bajo el chavismo, ha hecho constantes llamados a la FANB para que den la espalda Maduro. Estas maniobras han resultado inútiles y ello se confirmó en el fallido golpe del 30 de abril, donde además quedaron agotados en el terreno sus dos principales operadores políticos: Juan Guaidó y Leopoldo López, ambos evadidos de la justicia venezolana luego de esos eventos.

Rusia hace inferir que el agotamiento del esquema para Washington crea tiempo y posibilidades para distensiones políticas.

Es por ello que Moscú invoca la vía política para intentar establecer, conjuntamente con Washington, un tratamiento distinto del caso venezolano. El esfuerzo diplomático del Kremlin es claramente coherente con la iniciativa que recientemente han tenido de crear una coalición de países dentro del sistema de la Organización de Naciones Unidas (ONU), para contraponerse a una intervención en la nación petrolera.

LA AGENDA DEL CANCILLER ARREAZA Y LA BÚSQUEDA DE FRENTES DE APOYO

La diplomacia venezolana se ha caracterizado en los últimos años en hacer una labor consistente de denuncia de la agresión estadounidense mediante las acciones coercitivas que la Administración Trump ha ejecutado contra el país en el ámbito político y económico.

Ello ha servido para recrudecer las contradicciones, cada vez más palpables y crecientes, que se están fijando en diversas latitudes del orbe frente a la política exterior estadounidense.

En el punto actual de la bifurcación venezolana, la denuncia de la posible agresión militar estadounidense en Venezuela o la promoción y auspicio de un conflicto interno, es reseñada como una de las situaciones de mayor riesgo a la seguridad en el hemisferio occidental.

En virtud de ello el canciller Jorge Arreaza, de gira por países de Europa, Medio Oriente y África, ha sometido a consideración la gravedad de la injerencia estadounidense en Venezuela y se ha afincado, al igual que Rusia, en el sistema de Naciones Unidas para intentar detener a Washington.

Para Venezuela es indispensable entonces, consolidar frentes de apoyo en dos niveles.

Primeramente para contener las intenciones de agresión militar, que se han apalancado a partir de un quiebre que se ha intentado generar a la institucionalidad venezolana desde que la Casa Blanca decidiera patentar y legitimar a Juan Guaidó como «presidente interino» de Venezuela, ordenando también una ruptura del marco de relaciones internacionales mediante la cooptación y presión a más de 50 países.

Venezuela entonces, asume posición junto a más de 140 países del sistema de Naciones Unidas para los cuales el mandatario legítimo del país sigue siendo el Presidente Maduro.

En segundo lugar, para desarmar la guerra desde adentro, Venezuela busca afianzar la posición de su gobierno que consistentemente ha llamado a una resolución pacífica de los conflictos entre Venezolanos. El canciller Arreaza a nombre el presidente Maduro, ha afirmado en esta gira que se reafirma la posición a favor del diálogo interno, solicitando a México, Uruguay, Bolívia y países del Caribe, a retomar el Mecanismo de Montevideo, una alternativa surgida en la capital uruguaya para crear una distensión política entre el chavismo y la oposición.

El argumentario en la gira del canciller Arreaza va también en coherencia con la política y ejercicio de la diplomacia que ha adelantado Rusia, al llamar a los países a la lucha por el resguardo del derecho internacional y a evitar la continuidad de precedentes «nefastos» para el sistema de relaciones internacionales, a causa del unilateralismo y el belicismo aupado por EEUU.

La gira además, tiene para Venezuela el valor estratégico de consolidar acuerdos en materia económica con varios países que permitan degradar y romper las medidas de asfixia financiera y comercial que sufre el país a expensas de las directrices de Washington. En los últimos meses han servido para acrecentar la adversidad económica venezolana mediante el bloqueo a las exportaciones petroleras.

El pasado 25 de abril fue revelado un informe realizado por la firma independiente denominada Centro de Investigación Política y Económica (CEPR por sus siglas en inglés), radicada en EEUU, donde quedó detallado el hallazgo de más de miles de muertes causadas en Venezuela durante 2017 y 2018, por dichas medidas de factura estadounidense.

El canciller Arreaza anunció el pasado lunes que viajaría a Sudáfrica a afianzar lazos en materia económica, concretamente en las materias de minería, agricultura y farmacéutica.

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