Las visitas de Médicos Sin Fronteras a 500 residencias: «Vimos a ancianos deshidratados y muriendo solos»

Publicidad

  • Médicos como Ximena di Lollo han visitado residencias con situaciones totalmente fuera de control

  • Médicos Sin Fronteras ha prestado apoyo a 500 residencias de todo el país, sobre todo en Cataluña, Castilla y León y la Comunidad de Madrid

  • El mundo de las residencias es muy diverso, las hay con personal sanitario y sin él

La primera residencia que la doctora Ximena di Lollo pisó dentro de la crisis de la COVID-19, se ha quedado para siempre en su cabeza: «Había tres o cuatro personas para atender a 25 pacientes que estaban en el final de su vida, no sabíamos quién era quién, estaban en muy mal estado, confusos, deshidradatos, agitados y sin poder comunicarse con su familia». 

Di Lollo estaba allí como coordinadora en Cataluña del equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF), que durante la crisis de la COVID-19 ha prestado soporte a las residencias de ancianos, un trabajo que acaba de terminar y que incluía visitas a esos centros, para orientar a su personal a la hora de abordar la pandemia y para hacer seguimiento de la situación. 

En la residencia de la que Ximena habla ha hablado con NIUS, ya habían hecho una visita previa en la que se encontraron con varios residentes contagiados, con una lista de varios muertos y con enfermos muy graves que no habían sido trasladados al hospital porque «ya estaban en la fase final de la vida», pero esa segunda visita fue mucho peor.

 

Ximena di Lollo

«Un shock», dice Ximena que siempre ha trabajado con niños: «Había incluso una persona fallecida a la que tenía que venir a recoger la funeraria». Pero no sólo eso, algunos «no estaban localizados», se les había trasladado a hospitales, nadie sabía donde estaban y «las familias llamaban para preguntar» pero no les podían dar respuesta. Entre los que sí estaban, había algunos inconscientes.

 

Tras una primera ronda por las habitaciones con la directora de la residencia, Ximena y su compañera Silvia se pusieron manos a la obra: «Lo primero que hicimos fue hidratarlos, darles un vaso de agua» y después, llamar a las familias. En el caso de los que no estaban conscientes explicábamos a los familiares la situación médica en la que estaban, en el caso de los conscientes, hicieron videollamadas y pudieron verse con los suyos. 

 

Es una epidemia de tristeza, de gente muriendo en unas condiciones indignas de tristeza (Ximena di Lollo, MSF)

El efecto de las videollamadas era casi inmediato, explica Ximena: «Cuando escuchaban la voz de sus familiares, algunos se despertaban, otros mejoraban en 10 minutos, otros se incorporaban«.

La jornada terminó con llamadas a los hospitales para que recogieran a los enfermos en peor estado.

Para esta doctora de origen argentino, esta ha sido una epidemia de tristeza, en la que la gente ha muerto en unas condiciones indignas de tristeza. Ahora hay que plantearse «que esto no puede volver a pasar», reflexiona, y añade que «tiene que asegurarse el contacto con la familia y una muerte digna».

 

msf1

La experiencia fue más que un mal trago, pero también le dio la oportunidad de dimensionar lo que ocurría en las residencias y de plantear la forma de coordinar el apoyo de MSF, una entidad a la que entró en 2005 y de la que se había desvinculado hace cuatro años para dedicarse a la investigación, «aunque de Médicos Sin Fronteras nunca te vas del todo», aclara.

 

Muchas epidemias en un mismo país

 

La primera sorpresa que se encontró di Lollo es que las residencias no forman parte del sistema de salud, que la diversidad es «infinita» y que hay «mucho desconocimiento del sistema sanitario», en un momento en que afloraron todas las debilidades del sistema, con gran parte del personal enfermo y sujeto a una gran carga de trabajo.

«De alguna forma, hemos vivido muchas epidemias en un mismo país» señala Ximena, que se ha encontrado con modelos muy distintos: «Hay residencias que tienen personal sanitario, y otras que no, hay niveles de organización muy diferentes».

 

msf3

Tras las primeras visitas, Ximena y su equipo empezaron a convocar comités de crisis con los ayuntamientos. Era la primera fase, había muchas veces en que era muy difícil ingresar a alguien en un hospital. Las residencias necesitaban personal, así que MSF hacía de puente entre los centros y las «fuentes de empleo», por ejemplo estudiantes de medicina, de enfermería, etc.

 

El trabajo no lo hacían ellos, que ponían en contacto a la administración, las residencias más afectadas y esas «bolsas» de personal. Además, señalaban los perfiles que se necesitaban en cada centro para conseguir dos objetivos básicos: el control de la infección y la comunicación con las familias.

 

Ximena encontró la clave para ver las necesidades de las residencias, tras aquella visita a aquellos ancianos, cuyo nombre recuerda y recordará «uno por uno». Ahora en aquel centro, las cosas son distintas, ni la pandemia tiene la misma incidencia, ni los gestores son los de entonces.

 

Más de 500 residencias

El trabajo del equipo de Ximena di Lollo se ha repetido en residencias de toda España. Durante dos meses que terminaron este 25 de mayo, Médicos Sin Fronteras ha trabajado en más de 500 residencias de mayores, sobre todo en Cataluña, Castilla y León y la Comunidad de Madrid. 

 

La primera tarea ha sido montar circuitos de separación, para que los enfermos pudieran ser aislados y no hubiera contagios cruzados.

 

Otra parte, ha sido la creación de un servicio de atención personal para residentes, trabajadores y familiares, además de explicaciones sobre cómo cuidar a los pacientes y cómo protegerse a sí mismos.

 

 

Eso lo han hecho, tanto en persona, visitando las residencias, como por Internet. En su web msfcovid19.org, la organización ha colgado tutoriales de formación con protocolos de todo tipo dirigidos a los profesionales de las residencias.

 

En los vídeos, por ejemplo, se explica el uso correcto de los equipos de protección, hay consejos sobre los cuidados paliativos o sobre el manejo de cadáveres y, desde las últimas semanas, instrucciones  sobre la desescalada en las residencias.

 

En muchas de esas ocasiones estos médicos han trabajado codo con codo con bomberos y miembros de la Unidad Militar de Emergencias, y no sólo en las residencias, porque esta organización también ha prestado soporte a los hospitales.

 

Aprovechar la experiencia fuera

 

El apoyo a los hospitales ha estado enfocado a la descongestión. Su experiencia en emergencias en cualquier lugar del mundo les ha convertido en expertos a la hora de levantar unidades hospitalarias de soporte, para ampliar la capacidad de los hospitales.

 

Los equipos de MSF han ayudado a ordenar unas treinta extensiones hospitalarias, centrando su asesoramiento en el control de infecciones.

 

Directamente, han montado cuatro de esas unidades en Madrid y Barcelona con 360 camas que después, poco a poco se han ido desmantelando. La última, en Alcalá de Henares cerró esta misma semana.

 

Lo que para muchos ha sido nuevo aquí, para ellos es revivir situaciones, el matiz, explica Ximena di Lollo, está en los recursos: «En Níger, un país sin recursos, era muy duro verlos morir a los niños, pero era inevitable. Aquí hay recursos y sientes la impotencia de ver una muerte evitable«.

 

Fuente

 

 

 

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More