Las uniones no son lo que eran

No eran muchos los que se manifestaban para declarar que preferían seguir siendo catalanes y españoles. Eran una minoría, algunos estamos con las minorías siempre, como aquel poeta que declaraba que cuando le daban papel pautado escribía de través. Esta gente, unos y otros están empezando a tener ganas de hacerse daño. Las uniones no son lo que eran, la europea, la española, la catalana e  incluso la de uno con uno mismo.

  Llega la locura (M.A.D. mutual assured destruction) de los faroles y el posible equilibrio de Nash no interesa, no es capaz de poner a los ciudadanos de acuerdo. Hemos llegado  a eso: a no dejar hacer el referéndum por parte de unos e insistir por parte de otros en hacerlo sabiendo que no pueden dejárselo hacer. Eso supone por parte de unos otros que creen más en la rauxa que en el seny de los catalanes, que a estas alturas estamos ya lo suficientemente cabreados, y que con el maldito tema de la lengua y el derecho a decidir, vamos a mirar hacia otro lado, a pedir a los del otro lado cuentas por los recortes.

  Así que, ya puestos, no es tan grave que nos vayamos todos a la mierda mientras al otro le toque más ración. Como aquel argumento del principio del desmembramiento de Yugoslavia: ¿Te quito dos vacas y al del otro bando diez o te doy una vaca y al otro dos? Toma mis dos vacas.

    El Día de la Hispanidad, mi compañera, española y con tres hijos catalanes, entró en una tienda de esas que trabajan en festivo se reconozca o no. En mi pueblo, en la Cataluña profunda, estaban vendiendo banderas esteladas cortando del rollo. Mi compañera, que milita con las minorías por sistema, entró a pedir si podían venderle una bandera española. La viejecita que vendía y la viejecita que compraba la miraron con aprensión, como si hubiera aparecido un resucitado. Ya le tengo dicho que no se arregle tanto para pasear por mi pueblo, que vista más o menos como todo el mundo, que eso no es ser amable, que ir de guay siendo ya abuela es faltar a la gente. 

  A continuación entramos en la librería, y, mira por donde, con el ABC y previo pago, daban bandera española. Le pregunto a la dueña, que tiene hijos catalanes, que cómo es que vende eso. Me dice que si hubiera más gente dispuesta a comprar el ABC encargaría más, a pesar de que sus hijos creen que estar dispuesta a vender lo que le pidan, aunque sean banderas españolas, no está nada bien. Las madres son todas de derechas, ya se sabe.

  La palabra que más se repetía en la plaza de las banderitas era la de unión. El “uníos” es una soflama revolucionaria, la suelte Agamenón o su porquero. Aunque si lo dice Agamenón cuela, pero si lo dice su porquero no nos convence. El paso de la química a la vida se hace por unión, los monómeros devienen polímeros. El paso de la vida a la conciencia también, más células se unen y más intensamente y la conciencia emerge. 

  Aristóteles decía que un estado grande y poblado era casi imposible que estuviera regido por buenas leyes. Y Montesquieu que en una gran república el bien colectivo se sacrifica por mil consideraciones, se subordina a muchas excepciones y es vulnerable a los caprichos individuales; en una pequeña república hay un sentido más fuerte del bien colectivo, se es más consciente de él, está más cerca de cada ciudadano.

  El grado de unión de las pequeñas repúblicas dicta su supervivencia a las grandes de fuera. Pero si la unión es estrecha se contagia y se convierte de hecho en una grande. Despotismo desde dentro o ser invadido por los de fuera. Elige. Desunión en Europa por ver cómo se lleva lo de la deuda, y desunión en cada país por ver como se llevan las cuentas con Europa. Desunión en España por qué no sabemos cómo llevar lo de la independencia de las autonomías, desunión dentro de cada autonomía por no saber cómo entender la distancia con España. Fractal adentro: desunión con uno mismo: la esquizofrenia.

  Y mientras tanto el paro crece, las transnacionales se deslocalizan, la deuda aumenta, el crédito desaparece, el trabajo no llega, a fin de mes los que no llegamos somos nosotros… y nos quedamos sin ver a la roja porque ni los bielorrusos son capaces de suponer que las cosas nos van tan mal como nos van. Bueno el que después de dejarnos sin pan nos iban a dejar sin circo se veía venir. Estando en manos de incompetentes era cuestión de tiempo.

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