Las torturas de la operación Garzón, hace 25 años, contadas en primera persona

El 29 de junio de 1992 comenzó la llamada ‘ operación Garzón ‘ contra personas relacionadas con el movimiento independentista, por presunta pertenencia a Terra Lliure . Ese día se hicieron las primeras siete detenciones, por orden de Baltasar Garzón, que en aquel momento era juez de la Audiencia española. La operación, que se acabó con una cuarentena de detenidos, se preparaba desde hacía dos años y pretendía desactivar el movimiento durante los Juegos Olímpicos que se hicieron aquel verano en Barcelona.

Se hicieron detenciones en varios lugares de Cataluña y Valencia. Se registraron las sedes del Movimiento de Defensa de la Tierra (MDT) en Barcelona y del semanario el Tiempo, en Valencia. Treinta personas fueron detenidas antes del comienzo de los Juegos y las ocho restantes después de la clausura. Afectaron miembros activos de la organización armada, pero también periodistas del diario el Punt y de El Temps, militantes de organizaciones políticas como el MDT, los Comitès de Solidaritat amb els Patriotes Catalans, Esquerra Republicana de Catalunya , el Partit Comunista de Catalunya y el grupo ecologista Alternativa Verda.

Torturas
El juez Baltasar Garzón aprobó la incomunicación de veinte y cinco de los detenidos, diecisiete de los cuales denunciaron haber sido víctimas de torturas. Garzón les menospreció y dio validez a las declaraciones hechas bajo tortura.

Con esta operación, Garzón vulneró los derechos humanos, tal como sentenció (pdf) el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos de Estrasburgo doce años después, cuando condenó España por haber violado el artículo número 2 de la Convención contra la Tortura por el hecho de haberse negado a investigar las denuncias por malos tratos, a pesar de las evidencias existentes.

Las torturas, en primera persona
A continuación os ofrecemos los testigos directos de los detenidos que denunciaron torturas. Son textos recogidos por la Asociación Memoria Contra la Tortura .

Marcel Dalmau i Brunet
«Las amenazas, torturas y vejaciones de todo tipo me las produjeron en la ‘Dirección General de la Guardia Civil’ de Madrid. En el cuartel de Girona, a pesar del clima de intimidación que reinaba, me trataron con una cierta corrección.

Entré en la ‘Dirección General’ domingo día 5 de julio en la madrugada. Me sacaron para llevarme al hospital la madrugada siguiente. Las sesiones de tortura a que me sometieron consistieron básicamente a hacerme estar horas y horas de rodillas sobre el suelo donde había una especie de astillas que se me clavaban en la carne. A raíz de esto se me arranca la piel de las rodillas. Me colocaron las manos en la espalda y una bolsa de plástico en la cabeza que uno o dos torturadores me iban apretando alrededor del cuello produciéndome una angustiosa asfixia. Mientras tanto, otros torturadores, de cinco a ocho, me golpeaban fuertemente por todo el cuerpo (en la cabeza, el vientre, los testículos …). Eran patadas, puñetazos y también golpes con objetos, con un libro. Es decir, mientras me ahogaban con la bolsa de plástico recibía una verdadera lluvia de golpes y de gritos. Entre los gritos había constantes insultos contra Cataluña y las catalanas y catalanes de un contenido racista y machista. Durante la tortura la cabeza me quedaba negado de sudor. A veces me echaban humo a la bolsa antes de apretarla, también quemaban con un cigarrillo el extremo interior de la bolsa para que aspirara el humo del plástico quemado. Esta tortura me la infligieron repetidamente a lo largo de sesiones interminables.

El mismo terror que provoca sentir unos agentes que gozan asfixiante-té y golpeando hacerte forma parte de esta tortura. También me obligaron a ponerme los testículos un hilo eléctrico que tenía tres terminaciones. Estuvieron una larguísima rato intimidante me y diciéndome tonterías de contenido sádico alrededor de temas sexuales. Durante esta tortura las vejaciones de todo tipo y el terror fueron interminables, permitidme que me ahorre de describirla con más detalle porque al recordarlo se me reproducen los efectos de esta experiencia terrible.

Entre sesión y sesión, cuando paraban para descansar, me encerraban en una celda. Estos intervalos no pasaban nunca de los veinte minutos.

Tras la última sesión de tortura antes de que intentara suicidarme me dijeron que la Carmen, mi compañera, también estaba detenida y que la llevaban hacia Madrid, y que podría sentir sus gritos en ‘sonido estéreo’ cuando la torturaran tal como habían hecho conmigo. Si bien yo ya hacía horas que estaba destrozado, eso me dejó absolutamente abatido. Con todo lo que me habían hecho y me hacían yo no tenía ninguna duda sobre la veracidad de sus intenciones.

Al cabo de un rato de estar en la celda, debido al estado en que me encontraba y con una perspectiva inmediata aún más horrible y monstruosa, me vi empujado al suicidio. Nunca en mi vida había pensado en suicidarme, pero aquí se me presentó como una necesidad (no podía) y como una respuesta a tanta crueldad y vejación. Como no tenía nada con que suicidarme voy tirarme corrientes de cabeza contra la pared. Quedé inmóvil en el suelo, con la cabeza que me daba vueltas. Me encontraba semi-inconsciente. Seguidamente entraron un puñado de guardias civiles muy asustados. Uno de ellos abanicó me una serie de patadas, sus colegas la detuvieron. Yo no me podía mover. Estaban muy nerviosos, no sabían qué hacer. Yo perdí el conocimiento. Me llevaron a un hospital. Los agentes que allí me custodiaban se llevaron con corrección. Yo estaba muy desorientado. Pensaba en la Carmen, pero ninguno de los vigilantes no sabía o no quería decirme nada sobre ella. En el hospital tuve una visita relámpago de un individuo que profirió amenazas contra mí y mi familia si osaba hablar de las torturas, todo recordándome que yo ya sabía ‘que tenía que declarar. Y que si no decía lo que ellos querían que dijera, todo lo que había pasado no sería nada comparado con lo que me pasaría a mí, a Carmen ya mi familia.

Bien entrado el atardecer se presentaron media docena de guardias civiles en la habitación del hospital, donde ya había dos con una máquina de escribir y un abogado de oficio que prácticamente ni me hizo caso. Me tomaron declaración desde la cama, y ​​al día siguiente por la mañana, cuando en cara me sentía aturdido y mareado y tenía serias dificultades para desplazarme, me llevaron a declarar en la Audiencia Nacional. Durante el trayecto pregunté por Carmen pero nadie me dio ninguna explicación. Pensaba lo peor. Relacioné su suerte con las amenazas que había recibido en el hospital.

Ya para terminar, y debido a las amenazas recibidas de forma repetida e insistente por parte de funcionarios del estado español, responsabilizo el ministro español del Interior ya la ‘Dirección General de la Guardia Civil’ de cualquier daño o agresión que reciba mi mujer, cualquier miembro de mi familia o yo mismo. »

Xavier Ros
«Miembros de la Guardia Civil me cogieron el día 7 de julio hacia 2/4 de 9 de la noche saliendo de casa. Me llevaron a Girona. Durante el trayecto me golpearon la cara y la nuca mientras me hacían preguntas. En Girona, en el cuartel me hicieron desnudar, me pusieron de cara a la pared y me dieron golpes. Me hicieron caer ya tierra siguieron golpeándome. Al día siguiente, muy temprano, empiezan a insultarme, me ponen en una celda, me cubren con una manta para evitar que los golpes dejen señales, me hacen arrodillar y me golpean en la cabeza, en la nuca, al espalda, en el estómago y las piernas mucho más intensamente que el día anterior. Me piden por un zulo. Para detener la lluvia de golpes les digo que los voy a llevar a un sitio de la montaña. Excavan unas cuantas horas y no aparece nada. Me amenazan de muerte con una pistola. Volvemos a Girona y se pasan el viaje golpeándome. El mismo día me llevan a Madrid, llegamos a la madrugada. Después del desayuno me ponen en una celda de cara a la pared. Sesión de preguntas y puñetazos durante toda la mañana. Por la tarde me pusieron una bolsa de plástico en la cabeza dos veces para provocarme la asfixia. Me golpearon repetidamente con una especie de porra de plástico en la espalda, cabeza y nuca.

Me hicieron estar unas cuantas horas derecho en la celda, debido al cansancio me dormí y como castigo por haberme dormido me picaron con una porra en la espalda durante un buen rato.

Al día siguiente, se repiten todas las torturas antes mencionadas. Me hacen hacer flexiones y me amenazan de aplicarme la ‘máquina’. Todo ello con gritos e insultos personales y contra Cataluña, y con amenazas contra mi familia.

Durante el interrogatorio me decían lo que tenía que declarar. Me hacían aprender de memoria la respuesta que ellos habían elegido y me la hacían repetir varias veces. Me decían que si no respondía lo que ellos me decían, me irían torturando.

En la Audiencia Nacional, antes de declarar ante el juez me permitió hablar con el abogado. El abogado me dijo que firmara todo lo que la Guardia Civil me había hecho decir mediante las torturas. Me aseguró que el juez le había dicho que firmando aquella declaración me dejaría en libertad bajo fianza, como así fue.

Xavier Ros, 29 de julio de 1992 »

Xavier Puigdemont
«Me cogieron hacia las seis de la tarde del día 7 de julio en mi puesto de trabajo. Me llevaron al cuartel de Girona. Me insultaron y me dieron unos cuantos collejas, pero nada grave.

Me llevaron a Madrid. Llegamos a la madrugada. Durante los interrogatorios me taparon los ojos con una especie de cinta de plástico. Me hacían poner derecho de cara a la pared y me hacían preguntas mientras me iban golpeando por todo el cuerpo.

Me amenazaron con la aplicación de electrodos. De esta tortura llamaban la máquina. Yo les dije que padecía asma, pero ellos se rieron. Me dijeron que el forense les había dicho que yo podía resistir 3600 W y que, si no lo soportaba, la culpa no era suya, sino del médico forense para no asesorarles bastante bien. Sus comentarios eran de un gran cinismo sádico. Yo estaba atemorizado. Me pusieron una clase de objetos en las manos, como unas varillas. No puedo precisarlo mejor porque continuaba con los ojos tapados. Mientras yo tenía en sus manos aquellos objetos ellos discutían sobre si bajar o no bajar la palanca. Yo estaba aterrorizado. Me querían dar a entender que discutían sobre la posibilidad de electrocutarme.

Me amenazaron con hacerme la bañera. Ya se me llevaban a hacerme la tortura pero de repente apareció el agente ‘bueno’ y se lo impidió. Me hicieron sentir las voces de mis compañeros detenidos.

Me pusieron dos veces la bolsa de plástico en la cabeza. La segunda vez apretaron muy fuerte mientras me iban golpeando de forma ininterrumpida por todo el cuerpo.

Durante los días que duró la detención no comí ni dormir. Me adelgazar siete kilos. Nunca en mi vida había sentido tanto terror. Durante la declaración firmé todo lo que ellos me dijeron ante el miedo de que se repitieran las torturas. Me dijeron que como yo tenía un historial limpio no debía preocuparme, que, si firmaba, podría salir.

Xavier Puigdemont, Girona, 29 de julio de 1992 »

Xavier Alemany
«Me cogieron en el Estartit a las 5 de la tarde del día 7 de julio. Me llevaron al cuartel de la Guardia Civil del Estartit. Unos agentes me golpearon mientras me preguntaban por un escondite de armamento. Me pusieron una especie de pasamontañas que me tapaba los ojos. Al cabo de un rato me llevaron a Girona. Durante el viaje me amenazaron de parar el coche y ‘escarmentar-me’. En Girona, en el cuartel, no me agredieron físicamente.

En Madrid, a la madrugada, poco después de llegar, pedí para ir al retrete, me condujeron y una vez dentro no me dejaron orinar. Me hicieron hacer flexiones durante mucho rato en medio de los excrementos y los orines. Por la mañana fue el primer interrogatorio, me decían que reconociera todo lo que ellos iban diciendo. Yo me negaba porque era mentira. Ellos me iban golpeando en la espalda, en la cabeza, en la nuca y en las piernas. La sesión duró toda la mañana. Me amenazaron de ponerme corrientes eléctricas. Por la tarde, me pusieron una bolsa de plástico en la cabeza dos veces. Me echaban humo de cigarrillo dentro de la bolsa para aumentar la sensación de asfixia. La primera vez que me pusieron la bolsa estuve a punto de perder el conocimiento.

Al día siguiente me golpearon con un objeto que parecía una guía de teléfonos enrollada, en forma de tubo. Me hicieron arrodillar y me colocaron los dedos de los pies de forma que no pudiera apoyar el peso del cuerpo en el pie, sino que todo cayera en las rodillas. Mientras estaba de rodillas me golpearon mucho rato por todo el cuerpo. Los insultos, las amenazas, las coacciones se repitieron una y otra vez.

Al día siguiente firmé la declaración. La Guardia Civil me obligó a repetir lo que ellos habían decidido que dijera bajo amenaza de nuevas torturas.

Xavier Alemany, Girona, 29 de julio de 1992 »

Eduard López
«Soy detenido el lunes día 6 de julio -aproximadamente a las once y media de la noche- y trasladado con los ojos tapados en un cuartel de la Guardia Civil de la que en ningún momento llegaré a conocer ni siquiera la ubicación . Al momento de la detención, realizada en el portal de casa cuando bajé reclamado por el interfono para ver una supuesta amiga de Vic ‘, me lanzan una chaqueta en la cabeza, me entran en un coche y no se me revelan los motivos de mi arresto -me dicen ‘Sabes a qué venimos, verdad?’ -. Sólo cuando llego a la sala de interrogatorios, se me informa que estoy detenido por mi supuesta relación con Terra Lliure y se me leen los derechos. Signo un documento en este sentido.

En la primera noche de interrogatorios voy recibiendo los primeros golpes mañana en la nuca y alguna esporádica patada. Me hacen estar constantemente de pie, con los ojos vendados y de cara a la pared. Hasta la llegada de la mañana -lo identifico por los primeros pájaros- no me permite sentarse.

Empiezo a sentir el ruido de guardias que se incorporan al trabajo. Los interrogatorios se endurecen. Aumentan los golpes. Identifico una persona como máximo responsable de mi interrogatorio. Cuando quiere, habla en catalán -con un fuerte acento castellano aunque me prohíbe la utilización de este idioma .- ‘Aquí hay gente que no lo entiende’-. Él mismo se encarga de darme puñetazos en los riñones y de incitarme a ‘confesar’ cuando me empiezan a aplicar lo que ellos califican de ‘máquina de pensar’ -una bolsa de plástico colocada en la cabeza que impide respirar y acaba por provocar ahogamiento.

Me amenazan de hacer ‘la bañera’ y de meter mi cabeza en una taza de inodoro. Durante mi estancia en Barcelona no me permiten dormir ni me dan nada para comer. Esporádicamente -‘si me llevo bé’- me dejan beber algún vaso de agua. Me llevan al baño dos veces: la primera la mañana del martes y la segunda por la tarde, poco antes de ser trasladado a Madrid.

El traslado a Madrid efectúa con un furgón. Durante todo el viaje voy esposado y con los ojos tapados. Me parece, -no lo podría asegurar que somos tres los detenidos que somos trasladados. El furgón toma una gran velocidad e incluso tengo miedo de que no se pueda producir un accidente.

Llegamos a Madrid. Me dejan en una celda sin luz y con un llitot con dos mantas. Siento gritos aterradores procedentes del piso de arriba. Enseguida me llevan a interrogar. Comienza un verdadero calvario. Me aplican una bolsa de plástico en la cabeza y, al ahogarme, me la arranco con cierta violencia. Enfurecidos m’emmanillen las manos detrás y me siguen aplicando. Me hacen poner de rodillas -uno de ellos se me sienta encima- con más bolsas en la cabeza y con una continua lluvia de golpes en la cabeza. Me dan patadas y puñetazos. Lucho y consigo incorporarme mínimamente varias veces. Me amenazan de aplicarme electricidad si no ‘colaboro’ y al mismo tiempo uno de ellos recorre mis brazos con la punta de los dedos. Ignoro durante cuánto tiempo se prolonga la sesión. Identifico el guardia que sabe hablar catalán como la persona que lleva la voz cantante. Es él quien da la orden de que me dejen sentarse en una silla y me pide si quiero un vaso de agua. Cuando me bajan de nuevo a la celda me hacen estar de pie de cara a la pared. Tengo mucho sueño y me parece desfallecer. De vez en cuando los guardias abren la rejilla de la puerta de la celda para comprobar que no haya caído en la tentación de tumbarme en llitot.

El resto de interrogatorios -efectuats por que habla catalán acompañado de un chico más joven- serán un constante ‘repaso de cara al examen’ a partir de las falsedades que me hacen decir en este primer interrogatorio. Me intimida con el ruido producido por bolsas de plástico y continúa, aunque no con un ritmo tan intenso, la lluvia de golpes en la cabeza.

Al cabo de unas horas del primer interrogatorio me hacen pasar a una habitación donde una mujer se me identifica con un carnet del Colegio de Forenses de Madrid. Previamente me han retirado la venda de los ojos. Me pregunta si me medico, si tengo enfermedades contagiosas, etc. Me hace una revisión y comprueba que tengo una herida en la rodilla. En toma nota, pero, aunque le niego que mi detención haya sido violenta, no me pregunta cómo se ha producido la herida. En preguntarme cuál es el trato que estoy recibiendo de la Guardia Civil me encoge de hombros y la miro a los ojos. Ella baja los suyos. Como despedida me recomienda que, a pesar del mal trago, no deje de comer. Según ella, me conviene.

Poco después llega el ‘cena’. Es la primera cosa que puedo comer desde el inicio de la detención. A partir de entonces la cuestión culinaria irá normalizando.

El jueves por la mañana, un guardia entra en la celda y me hace firmar un papel del juez según el cual se me prorroga el aislamiento durante 48 horas más.

Mis interrogadores me advierten que pronto me harán subir a hablar con unos amigos suyos ‘. Parece que se refieren a mi futura declaración policial. En el último interrogatorio ya no asiste el que sabe hablar catalán. Me hace lo que parece más joven.

La madrugada del jueves al viernes me hacen subir a declarar. Toman un camino distinto del que conduce a la habitación donde suelen interrogarme. Encuentro un escribiente, un guardia de paisano que me hace las preguntas y, sentada a mi izquierda una mujer que no dice nada. Cuando pido quién es, el guardia me enseña un carné que lo identifica como abogada del Colegio de Madrid.

Me dicen si quiero declarar. No sé qué hacer y tengo miedo. Respondo que sí. Mientras declaro se sienten gemidos procedentes de una habitación cercana. La abogada no dice ni pío. Lo que me pregunta levanta y abre la puerta del pasillo, dice que hace mucho calor y que quiere que corra el aire … Al cabo de un rato el reclaman fuera, desaparece y cuando retorna me formula una nueva pregunta. Termino para declarar sustancialmente lo que mis dos instructores ‘me exigían.

Al día siguiente me llevan a la Audiencia. Hacia el mediodía paso al despacho del juez. Me hace las preguntas a partir de mi declaración policial. Niego la parte más patentemente falsa y, aunque quisiera matizar un poco algún otro aspecto de mi declaración, no quiero pasar por mentiroso y ‘Vivales’ ante el juez. Me da mucho respeto. Denuncio las torturas a las que está sometido y toma nota. Previamente, cuando estaba en la celda de la Audiencia, un forense ha tomado nota de mi herida en la rodilla y le he explicado su origen.

Barcelona, ​​13 de julio de 1992 »

Vicent Conca
«Me llamo Vicente Cuenca y Ferràs, soy militante del MDT desde hace años. El pasado 1 de julio de 1992 fui detenido hacia las 8 de la tarde en la sede del MDT de Barcelona. Me detuvo la Guardia Civil, la que me trasladó a una de sus comandancias de Barcelona o cercanías. No puedo saber cuál era porque tenía los ojos tapados o vendajes. Al día siguiente me condujeron en coche hacia Madrid, pero tampoco sé exactamente a qué lugar. En este lugar permanecimos hasta nuestra declaración ante el juez de la Audiencia Nacional.

Durante todo el periodo de detención, casi cuatro días, estuve incomunicado y no tuve ninguna posibilidad de contactar con un familiar o abogado. Esto permitió que la Guardia Civil actuara con toda impunidad y me sometiera a todo tipo de torturas, amenazas, presiones y humillaciones.

A continuación detallaré estos hechos para que todo se haga cargo:

Fui interrogado constantemente durante casi tres días. En estos interrogatorios no pude ver quién me torturaba porque siempre tenía los ojos tapados con una venda o con mis manos. Durante estas sesiones pude oír los gritos de mis compañeros, que estaban siendo torturados en habitaciones contiguas.

Los golpes efectuados con las manos afectaron mi cabeza, el cuello y la espalda (la parte superior). Estos golpes fueron constantes durante los interrogatorios y sólo se acabaron cuando declaró ante la Guardia Civil. Los agentes que me golpeaban podían ser uno o, como solía suceder, tres o cuatro a la vez.

Durante un día (el primero de mi detención) no dormí ni comida. Otra noche, la tercera, me despertaban continuamente y me obligaban a ponerme de pie o hacer flexiones. La segunda noche dormí pocas horas, aunque no me rompieron el sueño. Sólo la cuarta noche, la del sábado al domingo, me dejó tranquilo, ya que había declarado lo que ellos querían.

En los intervalos que había entre un interrogatorio y otro, me forzaban a estar de pie y, a veces, a hacer flexiones. Todo ello impedía que durante el día pudiera descansar.

Se me aplicó numerosas veces el método de la bolsa para provocarme la asfixia. Las bolsas, seguramente de basuras, cubrían mi cabeza y la parte superior de mi cuerpo; sólo en alguna ocasión hicieron uso de una bolsa que cubría prácticamente todo mi cuerpo. Este sistema de tortura iba acompañado de golpes en el cuello, en la cabeza y también, aunque menos, de golpes en el estómago.

En tres ocasiones me sumergieron todo la cabeza en agua para ahogar a ello. No pude ver dónde estaba el agua para que me tapaban los ojos. Este método era llamado por ellos como ‘la bañera’.

Me pusieron un revólver varias veces (al fin y al boca) todo amenazándome con matarme si no respondía lo que ellos querían. Igualmente me amenazaron de llevarme a una montaña y matar a él. Asegurando que esto ya había pasado muchas veces y nadie se enteraba

Otros tipos de amenazas fueron la de torturar y agredir sexualmente mi compañera, de quienes afirmaban que también era detenida; la de torturar aún más mis compañeros detenidos; y la de hacerme tragar agua mediante un tubo hasta ahogarme.

Antes de la declaración ante la Guardia Civil realizada sábado día 4 por la tarde, me advierte que si no respondía lo que ellos me habían dicho o no firmaba la declaración, volverían a torturarme y repetirían el proceso tantas veces como fuera necesario. Quiero mencionar el hecho de que el abogado de oficio ante el que declaré ese día y con el que no pude hablar afirmó dos o tres veces que yo hacía mala cara. Sin embargo quiero remarcar la relativa indiferencia de los dos abogados de oficio que me asistieron, uno en la declaración y la otra en la identificación de fotos.

Domingo por la mañana, un guardia civil nos dijo desde el pasillo de las celdas que, si denunciábamos torturas, ya nos encontraríamos algún día en la calle y nos podría ocurrir algún accidente.

Los insultos (marcadamente machistas, en muchos casos) contra mi persona, mi compañera, mi ideología, el pueblo catalán y sus símbolos fueron constantes durante todo el período de mi detención. Por otra parte, se me forzó a gritar consignas como ‘Viva España’, ‘Viva la Guardia Civil’ oa contar en voz alta hasta cien en español.

Para terminar esta enumeración. Me interesa remarcar el interés que mostró la Guardia Civil a detener y, sobre todo, a torturar Carlos Castellanos. Las alusiones que hacían los agentes eran constantes y reiterativas.

Quiero insistir en que las torturas físicas cesaron prácticamente una vez hice la declaración policial, el sábado día 4 por la tarde, es decir, una vez habían conseguido una declaración autoinculpatoria. A partir de este momento los malos tratos quedaron reducidos a amenazas, insultos y vejaciones.

Por todo ello, la declaración que hice ante la Guardia Civil no tiene ninguna validez y sólo me ratifico en la que efectué en la Audiencia Nacional. Un estado que necesita sistemáticamente la tortura para eliminar lo que considera sus enemigos políticos no puede ser considerado democrático.

Alcalá-Meco 14 de julio de 1992 »

Jaume Oliveras
«Fui detenido por dos personas, una de ellas apuntándome con una pistola, a las seis y media de la tarde del miércoles día 1 de julio de 1992 cuando salía del local de la Ronda de San Pedro; me hicieron subir a un coche identificándose posteriormente como miembros de la Guardia Civil y diciéndome que estaba bajo la ley antiterrorista para ser acusado de pertenecer a Terra Lliure.

Durante el trayecto hasta el cuartel de la Guardia Civil fui recibiendo continuos golpes en la cabeza; debiendo mantener los ojos cerrados y la cabeza entre las rodillas, con las manos esposadas. Estuve largo rato en una habitación; enseguida expuse mis problemas respiratorios porque sufro de asma.

Después me llevaron a otra habitación donde ya comenzaron los interrogatorios. Me llevaron los dos sprays que necesito para el asma; pero previamente noté que se dedicaron a vaciarlos por el ruido que sentía. Siempre con una capucha y un trozo de bolsa de basura con celo en los ojos y las manos esposadas. En Barcelona me amenazaron de hacerme la bañera varias veces.

En la madrugada me subieron en un coche y me trasladaron a Madrid, pasando el trayecto esposado y la cabeza y los ojos tapados. Creo que, aproximadamente, hacia mediodía llegué al cuartel de Madrid y allí pasé la noche del jueves, viernes y sábado.

En Madrid, los maltratos y amenazas fueron continuados. Nada más llegar ya comenzaron los numerosos interrogatorios y de vez en cuando me encerraban en una celda. Hasta el sábado por la madrugada no me dejaron estirar un rato un poco larga y estuve casi siempre de pie y con los ojos tapados. Continuamente era trasladado de la celda a diferentes habitaciones donde era interrogado.

Aparte de este cansancio y presión psicológica recibí golpes en la cabeza, en la nuca, el hombro y la espalda de una forma continuada. A pesar de que cuando estaba en celda y lo pedía, me daban los medicamentos para el asma; de nada me sirvió porque me hicieron la ‘bolsa’ unas cuantas veces. Metiéndome una o dos bolsas a la vez y dejándome sin respiración y en alguna de las ocasiones introduciéndome humo del tabaco por dentro.

Estuvieron a punto en bastantes ocasiones de hacerme la bañera, llegando sólo a echarme agua por encima. Una noche también fui amenazado con los electrodos, paseándose me para la cara y mostrándome una silla con ruedas donde me habían de ligar con una bolsa en la cabeza para empezar a darme golpes. Psicológicamente quedé destrozado, sintiéndome como un vegetal. Me amenazaron que si no decía lo que ellos querían no les costaría nada tirarme al puerto de El Masnou para ahogarme. También amenazar e insultar mi compañera, amenazándome con su detención y queriéndola implicar.

Manifestaron su especial interés a torturar Carles Castellanos; haciéndome repetir que yo era su mano derecha. Las dos declaraciones policiales que tuve que hacer y firmar fueron una auténtica farsa. Antes de hacerlas me las hacían ensayar cuatro o cinco veces y si no lo hacía bien como ellos querían, me volverían a bajar para interrogarme.

La primera declaración fue el sábado por la tarde y antes de hacerla ya me comunicaron que tenía una prórroga de 24 s de incomunicación; por lo tanto tenía que volver abajo en la celda. Domingo por la mañana hice la segunda declaración, teniendo que volver a la celda antes de ser trasladado a la Audiencia. Algunas de las respuestas en la declaración policial ya eran contestadas por el mismo interrogador; los abogados de oficio mostraron un total desinterés por el caso, y por las declaraciones que me obligaron a firmar la Guardia Civil. Finalmente, una vez a la Audiencia, manifesté a la forense que había recibido estos maltratos y amenazas.

Alcalá-Meco, 14 de julio de 1992 »

Ramon López
«Me llamo Ramón López y Iglesias y soy militante independentista desde hace años. A continuación describiré mi paso por los sótanos de la comandancia de la Guardia Civil, en Barcelona y Madrid, a partir de mi detención en Barcelona hasta la declaración ante el juez de la Audiencia Nacional de Madrid, con la intención de que sirva para dar a conocer a la opinión pública en general la práctica de torturas por parte de las fuerzas de seguridad del estado y para que se hagan las investigaciones oportunas, si llegara el caso.

Mi detención se produjo el miércoles 1 de julio de 1992 hacia y media de la tarde. En aquellos momentos estaba junto con otros compañeros y compañeras, en el interior de la sede que el MDT tiene en Barcelona, ​​en la calle Sant Pere més Baix. Entraron en el local un grupo de miembros de la Guardia Civil vestidos de paisano acompañados de un juez y una secretaria y se disponían a registrar el local, al tiempo que pedían la documentación a todos y todas las personas que estábamos dentro.

En el momento de identificarme me cogió del brazo hasta la puerta de salida donde otra persona me comunicó mi detención, mientras otra me ponía las esposas, y tres o cuatro más me condujeron, hacia abajo, en el interior de un coche. Me habían aplicado la ley antiterrorista, por tanto quedaba incomunicado y sin derecho a un abogado durante cuatro días.

Fue a partir de ese momento que comenzaron los malos tratos. Durante todo el trayecto hasta la comandancia de la Guardia Civil en Barcelona (Plana Mayor, 2| sección, 4| región), una vez me habían cubierto la cabeza con una bolsa de plástico, no dejaban de darme golpes en la cara, en la cabeza y en el estómago, al mismo tiempo me proferían amenazas e insultos contra mi persona y familia.

Los interrogatorios en Barcelona duraron toda la noche. Consistían fundamentalmente en fuertes golpes al golpe, en la cara, en el estómago y los genitales. Me hicieron el método de tortura llamado ‘la bolsa’, que consiste en cubrir la cabeza hasta la altura del cuello con una bolsa de plástico de la basura de color negro, y apretando fuerte produce al poco tiempo la sensación angustiosa de asfixia.

Al mismo tiempo que me hacían ‘la bolsa’, me daban golpes en la cabeza con un libro grueso y / o una guía telefónica, lo que en un primer momento me producía una sensación de pérdida de conocimiento momentánea permaneciendo arrodillado en el suelo. Además, las amenazas e insultos eran constantes. Una de las amenazas consistió en decirme que me tirarían por un barranco tras matarme, al tiempo que tocaban un seno con un objeto metálico que podría simular o ser una pistola.

Todo ello, resumido, es lo que me hicieron hasta la mañana del 2 de julio antes de hacer el viaje en coche hasta la comandancia de la Guardia Civil de Madrid.

Durante todo el viaje llevé los ojos vendados y no me dieron nada de comer, al igual que toda la noche anterior. Una vez en Madrid, y desde el mismo momento de llegar, los interrogatorios no dejaron de producirse, sólo con el intervalo de tiempo que había entre el interrogatorio de alguno de mis compañeros y mi, aunque muchas veces hacían hasta tres a la vez. En todo este tiempo, desde la llegada del día 2 de julio hasta la declaración en la Audiencia Nacional, el día 5 de julio, las torturas, las amenazas y la humillación a mi persona fueron constantes. La celda, situada en los sótanos del edificio, era totalmente oscura y el hedor hacía el aire irrespirable, más tarde, en el momento de abrir la puerta y antes de taparme los ojos, vi restos de excrementos humanos a un lado de la celda.

Los métodos de tortura eran tanto de tipo físico como psicológicos. Además de los golpes por todo el cuerpo, pero sobre todo en la cabeza y la aplicación de ‘la bolsa’ en todos los interrogatorios, las amenazas eran tanto de tipo sexual contra mi compañera, contra mi familia e insultos contra los catalanes. Amenazas de muerte contra mi persona y la aplicación de otros métodos de tortura, todo enseñándome, no visualmente sino por contacto, lo que ellos llamaban ‘la bañera’, que consistía en introducirse la cabeza dentro del agua hasta provocar la sensación de ahogo y asfixia, y la aplicación de lo que ellos llamaban la ‘máquina de hablar’, que no era otra cosa que descargas eléctricas mediante la aplicación de unos electrodos, unas pinzas en los genitales o otra parte del cuerpo.

Durante todo el tiempo, llevaba una venda en los ojos, la oscuridad era un factor de gran tensión, no sabía dónde estaba, no veía a nadie ni tampoco de dónde venían los golpes. En los interrogatorios había los que más hablaban y hacían preguntas y los que pegaban y / o torturaban, pero había momentos que todos se ponían a darme golpes ya gritar fuerte, amenazándome y insultándome.

En una de las sesiones, me tenían arrodillado en el suelo y esposado a la espalda y con la bolsa bien presionada en la cabeza, mientras otros pisaban mis pies y no paraban de darme golpes en la cabeza y ala cara. En ese momento, cuando se me hacía imposible de resistir más tiempo, me vino una especie de ataque de nervios, tras el cual quedé tumbado en el suelo cogido por los pies y el hombro mientras un agente dejaba caer el peso del pie sobre mi cara.

En otras ocasiones dejaban que sintiera como torturaban a los otros compañeros, escuchando gritos y golpes, y me preguntaban si entre estos reconocía los gritos de mi compañera que lo estaban torturando y que dependía de mí que pararan de hacerlo, esto lo acompañaban del detalle de todo tipo de agresiones sexuales que le estaban haciendo.

Durante todo el tiempo de mi detención no pude sentarse ni cambiarme de ropa, y sólo a partir del tercer día me dieron comida.

En otras ocasiones me obligaron a gritar consignas como ‘Viva la Guardia Civil’ y otros por el estilo y contra el pueblo catalán.

Sábado día 4 de julio, antes de subir a declarar ante la Guardia Civil, me amenazaron diciéndome que si no declaraba lo que ellos querían, anularían la declaración y me volverían a torturar hasta que declarara tal como ellos querían. Domingo día 5, el mismo día de la declaración en la Audiencia Nacional, antes de salir de la comandancia de la Guardia Civil, recibí otra amenaza, si no me ratificaba de mi declaración y si declaraba torturas y malos tratos ante el juez , irían a detener mi compañera todo incluyéndola en el sumario. Esta amenaza la volvieron a repetir en los sótanos de la Audiencia Nacional, antes de ponerme en manos de la Policía.

Toda esta declaración es un resumen de todo lo que he tenido rebasar y de sufrir durante mi detención. Seguro que me dejo detalles que mi memoria no quiere volver a recordar, pero puedo asegurar que en ningún momento he querido dramatizar en nada de mi declaración, más bien al contrario, ya que es difícil de expresar en palabras los sentimientos, el dolor, la crueldad, la degradación y el sufrimiento.

Cualquier estado o gobierno autodenominado democrático y de derecho que necesite y utilice la tortura como práctica sistemática y como instrumento político, es un estado corrupto y podrido. Un estado sin ninguna legitimación ética ni legal de ningún tipo.

Ramon López e Iglesias

Alcalá-Meco, 15 de julio de 1992 »

Josep Poveda
«Durante los días que estuve en manos de la Guardia Civil (en la comandancia de Barcelona primero, y en la de Madrid posteriormente), desde el momento de mi detención a las ocho de la tarde del día 6 de julio y hasta el mediodía del día 8 de julio que pasé en la Audiencia Nacional, fui objeto de torturas y malos tratos que denuncio tal como hice en su momento. A continuación paso detallarlas:

Desde el momento de la detención en mi domicilio me obligaron a no ver la luz del día ya mantener los ojos cerrados mediante unas vendas atadas con cinta adhesiva y también con una capucha.

Constantemente recibí puñetazos por toda la cara y cuerpo con el lomo de unas ‘guías telefónicas’ y con barras de hierro envueltas en periódicos. Estos malos tratos prácticamente no me dejaron señal a excepción de la nariz, el antebrazo y el cuello.

Durante la noche del lunes al martes me obligaron a restar despierto y recibí continuamente, a lo largo de todo el martes, amenazas de torturas que -según ellos- me aplica a continuación, a toda costa (la ‘bañera’, la ‘máquina’ …). El traslado, martes por la tarde, hacia Madrid fue en una furgoneta y con la obligatoriedad de mantenerse inmóvil durante todo el trayecto, bajo la amenaza de dejarme inconsciente.

En Madrid, los calabozos de la Guardia Civil, fui objeto de la aplicación de la llamada ‘bolsa’ que me aplica varias veces durante toda aquella larga noche del martes al miércoles. El intento de ahogarme con aquella bolsa fue constante, también la obligatoriedad de restar de pie toda la noche fue otro de los malos tratos que recibí.

Psicológicamente también puedo explicar que recibí amenazas sobre torturas de que podrían ser objeto los amigos allí presentes, compañeros y familiares … si no declaraba exactamente lo que ellos querían que dijera.

Al llegar aquí, haciendo un punto y aparte, me veo con la obligación de hacer mención sobre el interés, casi obsesivo, por parte de la Guardia Civil con la persona de Carlos Castellanos y Lorenzo el fin de aplicarle todo tipo de malos tratos y torturas y de tenerlo allí presente. Es en este sentido que hago mención de este hecho, alertando a la opinión pública en general del odio sistemático que llegan a fabricarse la Guardia Civil contra todo movimiento o persona relacionada con la lucha por las libertades.

Alcalá-Meco 14 de julio de 1992 »

Esteve Comellas
«Mi detención se produjo en mi domicilio, con lo que parecía una orden de detención (no me la dejaron leer) y la presencia de un secretario del juzgado de Manresa. Me leyeron mis derechos, que incluía la presencia de un abogado para hacer cualquier tipo de declaración, lo que pedí y se me negó aduciendo que a la vez me aplicaban una legislación especial y que no podía ser. A continuación empezaron a revolver el piso comenzando por la habitación donde dormía, donde estaba mi compañera. Me conminaban a que, si tenía algo en el piso, lo dijera, con amenazas hacia ella e insultos. Empezaron a vaciar armarios de cualquier manera y me dejaron ir un par de puñetazos y hacer preguntas sobre personas y lugares desconocidos.

Ante la presencia de mi esposa, con clara afectación nerviosa por lo que sucedía, y ante preguntas sobre qué pasaba me bajaron a la calle donde m’emmanillaren y con una cazadora vaquera me envuelve la cabeza todo introduciéndome en un coche, en la parte de atrás tumbado en el suelo y acostado y apretándome el cuello a continuación, siempre con la cabeza baja. Poco rato llevará el trayecto hasta la Guardia Civil de Manresa donde me condujeron a una sala donde había tres o cuatro personas que a continuación, continuando haciéndome preguntas sobre personas y lugares, me descargaban golpes en la cabeza y me aplicaban una bolsa de plástico con intermitencia, dificultando la respiración, y acompañado de puñetazos en el vientre.

Al decir que había visto una mujer la noche anterior alrededor por mi barrio que creía que era guardia civil, esta, que estaba allí me dio una patada en los testículos. Me insultan a raíz de este hecho. Me aplica repetidas ocasiones la bolsa en la cabeza y continuaban los golpes diciéndome que lo sabían todo y que además, se cargarían mi compañera. Esto me afecta mucho y se dieron cuenta que a partir de ese momento fue la amenaza constante y me soltaban frases de que ella lo explicaba aunque otras personas también la implicaban. Esto llevará como una hora, después y siempre con la cabeza golpe o tapado por la vaquera, me introduce en una celda a oscuras desde la que sentía como diferentes guardias civiles m’espiaven por una rejilla y me iban insultando con palabras de ‘hijo puta’, ‘terrorista’, ‘matarlo teneis que hacer’. Al poco me abrieron la celda y con la cabeza cubierta y después de pasar por unos pasillos me introduce en un coche con la cabeza baja tocando casi al suelo. Durante un trayecto desconocido que llevará como una hora continuaron las preguntas, insultos y amenazas a partir de mi compañera, con golpes en el hombro y en la cabeza.

No sé donde me llevaron, pero recuerdo bajar del coche y continuando con la cabeza tapada con la vaquera llegué a unos aseos (bueno, un lavabo y un WC) donde me hicieron sentar amenazándome que no girara la cabeza (cuando les parecía que lo hacía había alguien que me picaba en la cabeza). Empezaron a repetirme nombres y fechas extrañas, del que tenía en unos disquetes en casa, donde tenía listas de gente, etc. Como no sabía de qué iba, me aplica la bolsa en la cabeza tres o cuatro veces diciéndome que recordara, y advirtiéndome que me sumerge en el WC, que tenían mi compañera presa y que lo pasaría mal y la ‘acusarían de una serie de actos que desconocía.

De vez en cuando, durante unos diez minutos, me dejaban solo hasta que volvía a venir la ‘voz’, digo ‘voz’ porque había una muy dura y otra suave que hacía recomendaciones. No podía inventarme cosas, les decía, y ellos me facilitaban datos, lugares y personas que iba yo memorizando y repitiendo.

La presión fuerte, una vez cesaron los golpes y ahogos con la bolsa, era la situación de mi compañera que no sabía de su estado más que por su boca y con contestas dispares cuando me preguntaban nuevas cuestiones desconocidas. Según recuerdo era lunes pero no sé las horas ni si era de día o de noche. Me hicieron repetir una declaración con nuevas incorporaciones de personas y hechos como 10 o 15 veces.

Me trasladaron al atardecer atardecer en un cuarto con diverso material y de vez en cuando aparecía el que me preguntaba sobre hechos y personas. Me decía que era un ‘pringao’ y que todo el mundo (decía 16 o 17 personas) lo había dicho todo. Hacia la noche a otra sala, siempre de cara a la pared y repitiendo una declaración que ya sabía de memoria.

Por la noche, en un coche turismo, esposado y cabizbajo, emprendimos viaje que duró hasta que fue de día, entendí que en Madrid. Allí fui introducido más salir del coche (siempre con la cabeza cubierta) a una celda de un metro y medio de ancho por tres de largo sin bombilla.

Con interferencias, en principio de 2 horas, me abrían la celda y de espaldas a la pared me decían que me pusiera un antifaz que me daban para taparme los ojos y me conducían a una sala donde se sentaban en un rincón y empezaban de nuevo las preguntas. Luego, en la tercera o cuarta vez, hacían que yo solo explicara los hechos, corrigiéndose me ellos cuando me equivocaba. A veces eran las altas horas de la madrugada, y siempre al final era repetir lo mismo. Pasan días, que compruebo por las comidas, hasta que ante un abogado de oficio declaro lo que había aprendido de memoria.

Respecto a mi compañera, Teresa Mas, en Barcelona unas horas antes de ser introducido en el coche que tenía que llevar a Madrid, me la dejaron ver y decirle unas palabras, diciéndome a continuación que si no recordaba más cosas se lo llevarían también. Esto me afecta mucho. En Madrid, me amenazaron que me llevara bien a la hora de la declaración y que, si lo hacía, la dejarían libre, para obligarme me la dejaron volver a ver a través de una reja sin poder intercambiar ninguna palabra. Al momento de declarar al instructor, me hizo saber que ella estaba libre, sin que yo me lo creyera.

Recuerdo los cinco días como un sufrimiento y rotura psicológico por lo que le estaban haciendo a ella. Lo sabían aprovechar porque recitara lo que ellos querían. »

Joan Rocamora
«Me detuvieron, el día 28 a las 11.30 horas aproximadamente, de manera violenta un grupo de individuos (sobre la docena) desconocidos y, por lo que puedo recordar, de paisano. Se me echaron encima cuando yo circulaba en moto, rápidamente y evitando la curiosidad de los peatones me colocaron las esposas y un saco de ropa en la cabeza. Posteriormente me llevaron al coche, donde empezó la oscuridad casi absoluta hasta después de cinco días.

Primero intentaron asfixiarme con el saco y me amenazaban de lanzarme al Llobregat. Pararon el / los coches y me llevaron a una especie de descampado no lejos de la ciudad (por mi orientación), allí ya empezaron los golpes, amenazas de muerte -‘No te ACUERDAS de lo que le pasó a Mikel Zabalza? ‘, y de violación de mi compañera. Más tarde hicieron ver que me arrojaban a un precipicio dejándome arriba y en sus manos, y me colocaron en la nuca una (supongo) pistola. Todo ello en medio de golpes, amenazas y asfixia.

Viendo que no cedía a sus requerimientos me llevaron a otro lugar, siempre con la cabeza agachada y la bolsa. Allí, en una especie de cámara-celda me cambiaron la bolsa de ropa por una de plástico. Allí empezó lo que ellos decían el interrogatorio ‘en serio’ y donde yo empecé a notar el cambio de golpes y amenazas a lo que era tortura pura.

Los métodos que me aplico fueron los de la bolsa de plástico en la cabeza (arrodillado o derecho), la ‘bañera’ dentro de un WC que no me provocó la asfixia total, pero les informé de mi enfermedad, asma, entonces cederemos a darme el medicamento, para posteriormente continuar con la sesión de torturas. Me simularon que me aplicaban los electrodos. Me dieron golpes e hicieron presión con las manos en los testículos y otras partes del cuerpo como la nuca y los tímpanos. Golpes en todo el cuerpo con una guía de teléfonos y puñetazos y patadas no tan sutiles para todas las partes del cuerpo. Todo ello en un contexto de tortura psicológica, de amenazas a seres queridos, amenazas de sodomización, el juego de simular declaraciones y falsas declaraciones en las que te quieren involucrar.

Con el pesar de oír los gritos de dolor y llantos, tanto femeninos como masculinos. Todo ello durante aproximadamente las 24 horas que pasé en Barcelona. Después en Madrid prosiguieron con menor intensidad e interés caro ya había dado la información ‘y declaraciones que ellos pretendían.

Alcalá-Meco »

Ferran Ruiz
«Fui detenido a las 8 del día 29 de junio en casa por unas 10 personas que se identificaron como guardias civiles, iban de paisano, m’emmanillaren y registraron la casa hasta 2/4 de 9 de la mañana, que fue la hora que despertaron los vecinos que debían servir de testigos.

Poco después me hicieron vestir y me volvieron a esposar con las manos en la espalda y bien fuerte, con la cazadora tapándome la cabeza. De esta forma me introduce en un coche, tumbado en el suelo, bocaterrós, la rodilla izquierda contra el pecho entre los asientos delanteros y los traseros, donde se encontraba uno de los agentes que durante el lento trayecto de Vic en Barcelona (entre las vueltas que hacían para disponer de más tiempo para torturarme) me puso una bolsa, de las que se usan para la basura, en la cabeza. Mientras me golpeaban haciéndome preguntas (el coche en marcha) y el copiloto me apuntaba a pie con la pistola y me apretaba la correa de los pantalones hasta tal punto que ésta se rompió. Del rebote del agente me picó en los testículos, el hígado y en la espalda repetidas veces, y en una de las veces picó sobre las esposas para que estas me hicieran más daño. Yo me estaba ahogando, y ellos me picaban en la cabeza y me aprieta la bolsa, yo me moría …

Llegaremos a Barcelona y me quitaron la bolsa y m’embenaren los ojos, tuvimos que cogerme del interior del vehículo entre dos agentes porque tenía las piernas entumecidas y dolidas los golpes (que no se habían acabado).

Me introdujeron en una sala donde me sentaron esposado y me dejaron respirar un rato, y luego volvieron con las preguntas y la bolsa en la cabeza. Me golpeaban con una guía de teléfonos en el cráneo (que todavía me hace bastante mal), recibía golpes de todas clases ya todas las partes por parte de, yo diría que eran una docena de ‘personas’, que al mismo tiempo me insultaban y me decían que qué hacía yo con esta gente, que yo no era catalán, que yo era francés, que los demás lo habían dicho todo, abrieron una puerta para que oyera los gritos que salía, me volvieron a golpear con la guía, a ponerme la bolsa, a preguntar de nuevo, y otro, y otro.

Me pusieron las esposas delante (por la noche) y me dieron un bocadillo que era asqueroso, después me metieron en un coche particular, sin darme la cazadora ni las mil pelas que llevaba encima, hacia Madrid, pero esta vez sentado. La conducción tuvo algún incidente; se reventó un neumático del lado derecho de atrás, yo pensaba que me harían algo gordo, pero nueva ser así, hicieron muchas paradas, estuve con el alma en vilo durante todo el trayecto.

Llegando a Madrid pude yacer una media hora y luego me hicieron poner de pie de cara a la pared de la celda durante muchas horas, sin moverme ni apoyarme hasta que vinieran a buscarme para hacer más interrogatorios los mismos agentes que me habían detenido en Vic. Me volvieron a torturar con la bolsa ya darme golpes con los libros (la guía) mientras yo estaba de pie de cara a la pared a punto de caer con tantas preguntas y sin comida (lo hacíamos una vez al día, y era un bocadillo pequeño).

Ellos tenían un guión y te lo hacían aprender a golpes para que el repitiera la declaración, las horas que dormí fueron pocas, y antes de declarar ante el abogado de oficio (para mí, era torca) me hacer subir y bajar unas escaleras de caracol muchas veces con la cara tapada y un agente que me torcía los brazos apuntándome la nuca con la pistola.

Con todo esto y la amenaza de prorrogar me los días a la DGGC, puedes decir incluso que has matado a Napoleón.

Los días que estuve secuestrado en la DGGC sentí como torturaban en Musté cuando llevaban el cubo con el agua y los electrodos, le dijeron que se desnudara y se quitara las gafas, luego sentí que le ponían los pies dentro, y por la forma de gritar que tenía en José el reconocí. Ellos no paraban de preguntarle, hasta que oí llamar a ellos (los Bòfies) para que José había perdido el conocimiento, esto pasó varias veces la misma noche. Le habían aplicado electrodos!

Ferran Ruiz Martos, Alcalá-Meco »

David Martínez
«Eran más o menos las tres de la madrugada, cuando me dirigía hacia mi casa con el coche de mi hermano, de repente me sale un coche, un Golf, en dirección contraria, frena de golpe y veo bajar 5 individuos. Todos van con pistolas en las manos y apuntándome, salen aún más individuos por detrás de mí, abren la puerta y me tiran aterriza de un arañazo, aprietan fuerte mi cabeza con la nariz contra el asfalto, m’emmanillen las manos detrás bien fuerte.

Me tapan la cabeza con la americana que llevaba, no paran de darme golpes en la nuca y puñetazos en los riñones. Me hacen subir en un coche, tumbado en el suelo trasero con seis pies encima pisando todo mi fuerte. Todo esto fue cosa de 2 minutos. Desde el primer momento me dijeron de todo: ‘Vamos, hijo de puta, que se te va a caer el pelo, cabrón, a ti ya tus putos Países Catalanes, cerdo independentista, separatista’.

El trayecto fue corto, durante el cual podía sentir como decían: ‘Vamos al lago ese que hay, vamos a refrescarle la memoria, que le va a acero falta’. Me llevaron a una especie de celda muy pequeña, yo de cara a la pared y dos personas me iban golpeando por todos lados hasta que entró un tercero y los otros dos se fueron, este vi que llevaba una carpeta a la mano y me dijo ‘Empieza a cantar’, yo le pregunté, que sois ?, ya continuación me da un golpe en la nuca y grita: ‘venga, monos!’. Me cargan en otro coche, detrás sentado, con un individuo a cada lado. Uno empieza a decir: ‘Venga, cuéntamelo todo, que alguien ya ha cantada tú número’, y yo le digo que no sé de qué me habla y vuelvo a preguntar que quién son, mientras tanto el otro me golpea continuamente en la cabeza durante todo el viaje hasta que paran el coche.

Me hacen bajar, me ponen un antifaz en los ojos y me llevan hasta una habitación, me ponen de cara a la pared y me sacan el antifaz. En la pared hay un escudo de la Guardia Civil, ellos me preguntan si me gusta, yo contesto que no, sin pensarlo, me salió del corazón. Inmediatamente comienza un brutal interrogatorio, hay mucha gente detrás de mí clavándome puñetazos en los riñones y en la cabeza. Hacen muchas preguntas todos a la vez y gritando mucho, no podía contestar, de repente uno de ellos me hace girar y otro me dice que para que me giro y me da un rodillazo en los testículos. Caigo al suelo plegado del dolor, me dicen que me levante, yo no puedo y lo hacen ellos, me sacan la camisa diciéndome: ‘Ahora sí vas a cantar, asesino de niños!’ y me aplican electrodos en la espalda. La primera descarga es relativamente floja en comparación a la segunda, que me hace caer al suelo medio mareado; me rocían la cara y la cabeza con agua y me hacen sentarse en una esquina de cara a la pared. Entonces empiezan a decirme que a mi madre la han tenido que ingresar en el hospital con un ataque al corazón y que mi hermano ha tenido un ataque de nervios.

Me preguntan si tengo novia, yo les digo que no, ellos dicen: ‘¿entónces con quien Follas? ¿Con el Angel Colom? ¿No lo sabes? Se maricón, ya te mandaremos unas fotos en la carcel en la que Sale el y super amiguito ‘. De vez en cuando me miraban la cabeza, supongo que para ver si tenía algún bulto. Me dicen que lo cante todo, que todo el mundo que pasa por aquí lo hace tarde o temprano y abren una puerta para que escuche los gritos de agonía de otro detenido. Me vuelven a poner el antifaz en los ojos y seguidamente una pistola en la nariz que puedo ver por debajo del antifaz y dicen: ‘Ya esta bien, o cantas o te dejamos escapar y luego te disparamos?’. Después de un rato largo me hacen firmar un papel en el que por primera vez me informan que estoy detenido por la Guardia Civil en Barcelona y de todos mis derechos como tal.

Comienza otro interrogatorio, yo digo que tengo derecho a no contestar, se ponen a reír y m’apallissen, me ponen una bolsa en la cabeza y lo aprietan hasta ahogarme, esto tres o cuatro veces. Después me cuentan todo lo que me preguntarán ante el abogado de oficio y lo que deberé contestar, unas siete u ocho veces hasta que me lo aprendo de memoria.

Ya habían pasado muchas y muchas horas cuando me dicen que vamos a Madrid. Me cargan en un coche y durante todo el viaje no dejan de zurrar me. Una vez en Madrid, descanso un rato largo en una celda de un metro y medio por tres. Sin darme cuenta ya estamos otra vez, una bolsa en la cabeza y el mismo procedimiento que en Barcelona; por las voces me parece que los agentes son los mismos, recordándome que si no hacía la declaración ante el abogado que tantas veces habíamos ensayado volvería a probar la bolsa y quizás de otros procedimientos. Para ahorrarme todo esto hago la declaración exacta. Me vuelven a llevar a la celda y de nuevo de cara a la pared, por la ventanilla de la puerta controlan que no me tira en una especie de cama que hay. Más tarde entra un agente en la celda y se calienta clavándome puñetazos en los riñones, en la cabeza y en los testículos mientras me insulta diciendo: ‘Haces peste a catalán, a ver si te duchas, guarro!’. No hubo día que no me cayera una vez u otro.

Cada día que fui a Madrid me llevaban ante una forense que me preguntaba si me habían maltratado y yo le contesté que por seguridad mía no contestaría esa pregunta hasta que no fuera a la Audiencia, y así lo hice.

Después de cinco días sin poder comer ni dormir como es debido ya base de torturas me llevaron ante el Ilmo. Sr. juez Baltasar Garzón, donde declaré torturas y negué todo lo que la Guardia Civil decía de mí. Horas más tarde Carabanchel parecía un paraíso para mí. Allí disfruté de la mejor ducha de mi vida. »

Josep Musté
«A las dos de la madrugada, más o menos, a la altura de Olot, me hicieron parar la furgoneta tres coches. El primero era de la Guardia Civil y los otros dos camuflados. Salieron de ellos una docena de hombres armados, apuntándome y obligándome a bajar de la furgoneta con empujones y sin decirme que me detenían. Me subieron a un coche tumbado en el suelo y habiéndome tapado los ojos con una venda, que ya no me la quitaron más hasta la Audiencia Nacional, al cabo de cinco días. Mientras me hacían preguntas, me amenazaban de muerte y me decían que me tirarían el lago de Banyoles o me echarían un tiro en la cabeza en una montaña que ellos conocían.

Durante el recorrido hasta la comandancia de Barcelona me cambiaron de coche tres veces, arrastrándome por el suelo porque iba esposado y no me dejaban levantar. Mientras me hacían preguntas me ponían una bolsa de plástico en la cabeza cuando a ellos les parecía hasta casi ahogarme.

Al llegar a la comandancia empezaron a darme golpes por todas las partes del cuerpo, especialmente en los testículos, riñones y la cabeza, con las manos, los pies y con unos libros muy pesados. Mientras me iban haciendo preguntas, de vez en cuando me ponían la bolsa de plástico en la cabeza hasta casi ahogarme, y me amenazaban ami y sobre todo a mi compañera. Me hicieron creer que también la habían detenida, y me decían que la violarían y la tirarían junto conmigo por un terraplén, así parecería que había sido un accidente.

Cuando se acababa el interrogatorio me encerraban en una celda de cinco pasos de largo por uno y medio de ancho, hasta que me querían volver a interrogar. En una ocasión me amenazaron con descargas eléctricas y me hacían pasar un hilo por las piernas mojadas antes, pero sólo era para intimidarme. Hacia la noche me dijeron que harían un viaje largo y que allí sí que lo pasaría mal si no les ayudaba con las declaraciones. El traslado fue con un coche, esposado y atado detrás. No me dejaron ir al baño ni en Barcelona ni en todo el viaje, lo que hizo que me tuviera que mear sobre mi mientras los guardias civiles se reían y se mofaban de mí.

Al llegar a Madrid todo fue igual que en Barcelona, ​​es decir, golpes en la cabeza con un libro pesado, golpes en todas las partes del cuerpo y la bolsa de plástico en la cabeza mientras me interrogaba. Luego me llevaron a una celda y allí recibí el primer bocadillo después de casi dos días sin comer nada. El bocadillo era muy picante y malo y casi no lo probé.

Esto fue así todo el martes y todo el miércoles, haciéndome ir a declarar cada madrugada ante un señor que me decían que era abogado pero que no se identificaba más, sólo a la hora de firmar lo declarado . En estas declaraciones eran los únicos momentos que me quitaban la venda. Antes de ir, pero, ya me amenazaban si no decía lo que ellos querían que dijera. No me tocaba más remedio si no quería ser salvajemente golpeado otra vez.

Jueves, junto con el día que pasé en Barcelona, ​​fueron los dos días que ‘recibir’ más y más fuerte. Jueves llegué, tanto por las presiones físicas como psíquicas, a un extremo que exploté y en negarme a contestar lo que ellos querían me insultaron y me dijeron que el valiente el haz en otro lugar, que ya se me ‘bajarían los humos. Me ataron a unas barras, me pareció porque iba con los ojos tapados, y me quitaron la camisa, me mojaron el pecho y los brazos y me hicieron unas descargas eléctricas en el codo. Después quedé como aturdido y me sentaron en una silla mientras me preguntaban lo mismo que antes. En negarme me volvieron a mojar ya ligar y me volvieron a hacer descargas eléctricas.

Hay que decir que desde el primer momento de mi detención me preguntaban por personas concretas del independentismo combativo como Carles Castellanos, Jaume Oliveres, Ramon López, Toni Lecha, etc. Desde el primer momento vi que lo que querían era cargarse el movimiento independentista. Hay que decir que denuncié estas torturas en la Audiencia Nacional, tanto al médico forense comal juez. El médico forense me visitó cada día, pero yo callaba por miedo a que fuera un guardia civil más.

Pep Musté, Alcalá-Meco »

Jordi Bardina
«Me detuvieron a las 7 de la mañana a mi casa miembros de la Guardia Civil; inmediatamente m’emmanillaren muy fuerte y me llevaron a la comandancia de Manresa. Durante el viaje me pusieron una bolsa de plástico en la cabeza y me empezaron a golpear diciéndome que de mí dependía que todo fuera bien o mal. En aquellos momentos no sabía ni de qué se me acusaba.

Una vez llegado a la comandancia de Manresa (siempre con la bolsa en la cabeza) los golpes continúan constantemente, sobre todo en la nuca y puñetazos en la cabeza; todo ello combinado con insultos hacia mí y mi compañera ( ‘Perro catalán nos vamos a joder a la puta de tu novia’); poco después me hacen subir a un coche (siempre con la bolsa en la cabeza, que van estrechando cuando les parece), con la cabeza baja y casi tocando el suelo, y me trasladan, según supe horas después, en Barcelona.

En Barcelona, ​​fue sin lugar a dudas donde sufrí las torturas más brutales. Interrogatorios constantes y siempre al menos por parte de tres o cuatro personas que me preguntaban todos a la vez y gritando. Siempre con la bolsa en la cabeza que iban estrechando hasta que no podía más; una vez me pusieron la cabeza en una pica llena de agua, hasta el límite del ahogamiento, mientras reían y iban diciendo que recordara Mikel Zabalza. Los golpes son constantes, sobre todo en la cabeza, en el pecho y en el estómago; con los golpes me parten el labio y me vuelven a picar diciendo que me lo he hecho yo. En los momentos que me dejan descansar me hacen sentarse en un rincón de cara a la pared; menudo me golpean diciendo que me he girado; un poco de descanso y entonces de nuevo el proceso: golpes, insultos, amenazas de muerte …

Me llegan a decir que el disgusto que ha tenido mi madre al saber que su hijo era un ‘terrorista asesino de niños’; había sufrido una crisis nerviosa y estaba muy grave, internada en un hospital. Me preguntan por mi compañera; yo digo que no tengo y vuelven a picarme y dicen que también la han detenido y que ‘nos la estamos follando todos’. Perdí la noción del tiempo, recuerdo que me dejaron en una sala muy pequeña, siempre de cara a la pared; entonces me dijeron que era en Barcelona y que me trasladaban a Madrid, donde sería peor.

Me hacen subir en un coche con las manos esposadas por debajo de las piernas. Era ya noche cerrada. Una vez en Madrid me llevan a una celda sin luz que hacía 1’5 metros por 3 de largo; era muy sucia y hacía un hedor insoportable.

De vez en cuando me sacan de la celda y me vuelven a poner la bolsa; los interrogatorios comienzan de nuevo, ahora a pesar de que llaman mucho y me hacen repetir constantemente lo que ellos dicen, tan sólo hay golpes esporádicos y estoy ratos muy largas sin la bolsa en la cabeza.

No tengo ni idea de cuantas horas o días pasan, pero de repente me llevan a declarar ante un instructor; me dicen que la chica que se encuentra allí presente es abogada, aunque en ningún momento se acreditó ni pude hablar con ella. Allí mismo declaré malos tratos y todo lo que gané fue una paliza cuando volví a la celda, puñetazos, patadas … mientras me decían que ahora sí sabría lo que eran torturas.

Me cogen y me llevan a un coche; los golpes son constantes, me aprietan la bolsa y me dicen que me llevan al retiro a remojarse me, ‘Vamos a ver si eres tan valiente y vuelves a declarar torturas, hijo de puta’ me decían; finalmente me dejan en otra celda, ahora con un potente luz que no apagarán en ningún momento.

Finalmente, después de cinco días sin casi haber dormido, destrozado tanto física como moralmente, y tan sólo con ganas de poder descansar, declaro ante el Ilustrísimo Sr. Magistrado Baltasar Garzón.

Jordi Bardina, prisión de Alcalá-Meco »

Eduard Pomar
«Lunes día 6 de julio. A las 9 de la noche, salgo de casa para ir a cenar; cuando estoy en la calle se me acercan tres hombres que se identifican como agentes de la Guardia Civil. Van de paisano. Me dicen que estoy detenido, registran mi coche y me llevan al cuartel que la Guardia Civil tiene en Mirasol (Sant Cugat). Les pido de hacer una llamada por teléfono para avisar a mi familia y me responden que me encuentro incomunicado y que se me acusa de colaboración con Terra Lliure. Me ponen las esposas y me llevan en coche hasta Manresa; antes de llegar, sin embargo, me tapan la cara con la americana que llevo puesta.

Una vez dentro del cuartel de Manresa, me encierran en una celda que no hace más de 2 metros de largo por 1 de ancho; el colchón que hay está quemado y la manta muy sucia. No pasa mucho tiempo cuando me hacen salir. Me tapan la cabeza y me llevan en un despacho donde se encuentra un médico; me hace algunas preguntas sobre las enfermedades que he sufrido y una pequeña revisión médica; después me vuelven a llevar a la celda donde paso la noche. Al día siguiente, hacia las 8 de la mañana, me hacen salir de la celda y me llevan a ver al médico. Puedo ir al baño y luego me traen un café con leche y una pasta para el desayuno (no había tomado nada desde mediodía del lunes). Cuando he terminado me ponen las esposas y me tapan la cabeza con la americana.

Me acompañan fuera del edificio y me hacen subir en un coche. Más tarde suben tres personas que por las voces identifico como las que me detuvieron y llevar a Manresa. Cuando estamos lejos del cuartel me sacan la americana de la cabeza y me dicen que me porte bien y ellos se llevarán bien conmigo. Tengo un brazo esposado a la puerta del coche. Por los comentarios que hacen los guardias civiles me entero que me llevan a Madrid. En una de las paradas que hacen para poner gasolina puedo ver que en otro coche llevan también detenido en Ramon Piqué. Ninguno de los dos coches lleva distintivos de la Guardia Civil. Son las 3 de la tarde del martes cuando llegamos a Madrid. Cuando nos acercamos a la Dirección General de la Guardia Civil me tapan de nuevo la cabeza. Una vez dentro me llevan en una celda y gritando me dicen que empiece a hacer flexiones. Al cabo de un rato me hacen parar y me dicen que me quede de pie sin moverme mirando a la pared. (La celda es mayor que la de Manresa y se encuentra en mejores condiciones, el colchón y la manta parecen nuevos y el suelo está bastante limpio).

Al cabo de una hora aproximadamente entran 2 hombres en la celda; uno de ellos me pone una bolsa de plástico negra en la cabeza y me coge con la mano por la nuca apretando con fuerza. Me llevan en una habitación y me pueden contra la pared; uno de los dos hombres se sitúa mi lado; el otro, más lejos, me dice que ya debo saber porque me han traído aquí y que empiece a hablar; entonces lo que está a mi lado empieza a darme golpes en la espalda con el brazo extendido por ‘refrescarme la memoria’, según dice; por la fuerza, parece una persona corpulenta; también me da patadas en el pecho y en la parte trasera de las piernas. Los golpes son constantes y cuando pierdo la posición me grita que me ponga derecho.

Después comienzan a apretarse el cinturón que tengo en la cabeza y siento una fuerte sensación de asfixia. La respiración se hace entrecortada y el corazón late aceleradamente; cuando ya creo que estoy a punto de ahogarme me abren un poco la bolsa para que pueda respirar, pero la vuelven a cerrar a continuación. Esta operación la repiten varias veces durante el interrogatorio, que intercalan con golpes indiscriminados por todo el cuerpo. La sensación de miedo y de impotencia no se puede explicar con palabras y no es comparable a lo que hubiera podido sentir anteriormente. Finalmente termina este primer interrogatorio cuya duración no puedo precisar con exactitud pero que podría ser de cerca de una hora.

Me vuelven a la celda. Al cabo de un rato me hacen salir de nuevo y me llevan a una habitación; antes de entrar, sin embargo, me dicen que abra los ojos y que coja una postura relajada. Sólo entro yo en la habitación. Dentro una mujer me dice que es la médica forense (me enseña una credencial); me pregunta que cómo me encuentro y que si me han interrogado; yo le digo que sí; entonces me pregunta cómo ha sido el interrogatorio; yo le cuento todo lo que me han hecho y ella lo apunta en un papel. Me dice que intente ‘animarme’ y que procure comer si me dan de cenar. Cuando salgo, los agentes que me llevan quieren saber qué le he dicho a la médica.

Cuando estoy en la celda me llevan ‘la cena’. Estoy mareado y tengo dolor de cabeza; esto hace que me cueste comer. Cuando acabo de cenar me hacen poner derecho con los brazos junto al cuerpo y sin que me pueda mover. En esta posición me encuentro en el fondo de la celda a la espera de que en cualquier momento me vengan a buscar para volver a interrogar, cuando siento el ruido del agua que corre continuamente como si hubiera un grifo abierto y me entra pánico de pensar que no me hagan la bañera.

Después de un rato siento que abren la puerta; me llaman que me quede quieto, me ponen de nuevo la bolsa en la cabeza y me sacan de la celda. Comienza el segundo interrogatorio. Este es similar al anterior, aunque hay algunas diferencias: los golpes al cuerpo con los brazos y las piernas van acompañados también de golpes en los genitales y en la cabeza; estos últimos son efectuados con una guía de teléfonos; también me dan golpes planos en los oídos con las manos abiertas mientras no paran de insultarme. Durante el interrogatorio me hacen coger con la mano unos cables y me dicen que están conectados a una batería de camión y que si no digo lo que ellos quieren conectarán la corriente. Por suerte, finalmente no lo hacen. En otro momento del interrogatorio me empiezan a desabrochar los pantalones y me amenazan de ‘darme por el culo’ todo burlándose de mí, aunque no llegan a hacerlo.

Cuando ya hace un buen rato que me interrogan siento que alguien entra en la sala. El agente que tengo al lado me da dos o tres veces bien fuertes y siento como se aleja; el otro me dice: ‘Tienes suerte, te salva la campana’. Se produce el relevo de los agentes. Lo que ha entrado en la sala me hace algunas preguntas referentes a lo que había declarado anteriormente ante los otros agentes, pero ya no recibo ninguna vez más hasta el final del interrogatorio. Vuelvo a la celda. Por primera vez desde que llegué me dejan estirar en la cama. Estoy muy cansado y tengo todo el cuerpo dolorido. De repente abren el luz y gritan que me ponga derecho. Pasa el tiempo. Finalmente entran dos agentes en la celda; me dicen que si quiero ‘manifestar’ (declarar); que si lo hago, me tomarán declaración ante el abogado y luego me llevarán a la Audiencia Nacional para declarar ante el juez. Digo que sí; no puedo creer que se pueda terminar este suplicio. Sólo pienso con salir de allí dentro. Al día siguiente, miércoles, me llevan de nuevo a ver la médica forense. Después de esto me hacen otro interrogatorio, éste sin violencia para ratificar las declaraciones que había hecho el día anterior.

Más tarde me llevan a ‘declarar’ ante el abogado de oficio; este no hace ninguna pregunta ni a mí ni al agente de la Guardia Civil que leyendo mi declaración. Este agente es el que dirigía los dos interrogatorios en los que sufrí malos tratos y torturas. Ahora podía verle bien la cara. Finalmente el abogado se limitó a firmar la declaración.

Por la tarde me llevan, junto con otros detenidos, en la Audiencia Nacional. Después de pasar algunas horas solo en una celda, a la tarde declaro ante el juez que decreta mi libertad bajo fianza. A pesar de ello soy conducido, junto con otros dos detenidos, en prisión de Carabanchel porque hasta el día siguiente no se puede pagar la fianza. El jueves por la tarde salgo en libertad y acaba finalmente esta pesadilla que ha durado tres largos días.

Eduard Pomar, Sant Cugat, 30-8-1992 »

Ramon Piqué
«Lunes día 6 de julio, hacia las 8 de la tarde voy al local del MDT (calle Sant Pere més Baix) para informarme cómo han ido las detenciones de los independentistas ocurridas la semana anterior. Yo el día antes he llegado de Canarias donde he estado trabajando en un Seminario de Enseñanza de Lenguas Asistido por Ordenador organizado por la EUTI de la UAB y la EUTI de la Universidad de Las Palmas.

Allí me entero que los detenidos han sufrido torturas: la bolsa, la bañera, electrodos, puñetazos … Hago una lista de las personas detenidas así como de la fecha, dedicación y el abogado que han asignado. Es una información que quiero utilizar para la confección de la revista CLAM, la revista de los Comités de Solidaridad con los Patriotas Catalanes, revista que se puede encontrar fácilmente en la calle.

Hacia las once menos cuarto de la noche salgo de la sede junto con otros compañeros. Tras dejar dos en Barcelona el que lleva el coche me acompaña en Montcada i Reixac, en casa de mis padres. Me deja a unos 300 metros de su casa. Ante casa veo entonces, tras una cabina de teléfonos, dos personas.

Cuando subo a casa de mis padres, mi madre me dice que durante todo el día ha habido un coche delante de casa y un muchacho pidió por mí dos veces dice que es un compañero de trabajo. También ha recibido una llamada en el mismo sentido. Mi madre ha cogido la matrícula del coche y así lo comenta a mi hermana por teléfono. Al cabo de un rato han cambiado de coche. Hace más de diez años que no vivo en esa casa.

No han pasado diez minutos que llaman a la puerta pidiendo por mí; es la guardia civil, de paisano, que lleva una orden de detención para mí. Son tres, y uno de ellos me coge rápidamente y me empujan hacia la calle. Rápidamente les pido que me dejen coger el estuche de las lentillas y las gafas; me dicen que tome también la documentación y que no toque nada más.

Poco después, una vez esposado y dentro del coche (que no lleva ningún distintivo) me llevan a Manresa, donde paso la noche atado, con una cadena hecha con esposas, a una tubería de la calefacción. Al día siguiente me llevan, junto con Eduard Pomar (esto lo supe después), también en un coche sin distintivo a la Dirección General de la Guardia Civil, en Madrid.

Me tapan la cabeza con mi chaqueta para entrar y me llevan a una celda de un metro y medio por tres y unos dos y medio de altura. Minutos más tarde un agente por la ventanilla me dice gritando que empiece a hacer flexiones, primero tumbado, y luego derecho. Así estoy durante un tiempo hasta que abren la puerta, me ponen una venda en los ojos y me conducen a otra sala. En esta sala me cubren la cabeza con una bolsa de plástico, bolsa que irán estrechando, colocado yo de rodillas, por detrás produciéndome una fuerte sensación de asfixia. Realizan esta operación varias veces todo recordándome que una persona puede aguantar hasta cinco minutos sin respirar.

Creo que son unas tres personas las que hacen el interrogatorio pero sólo puedo identificar las voces. Me dicen que si tengo algo nuevo decir levante la mano. Yo no tengo nada que decir pero la sensación de ahogo y el pánico que me rodea hace que levante la mano continuamente, aún así todavía me preguntan si de verdad es algo nuevo. Mi impotencia es total y mi miedo cada vez mayor. Enseguida, y sin quitarme la bolsa de la cabeza comienzan a golpearme dos o tres personas a la vez. Dicen que acabaré hablando. Los golpes van dirigidos en el estómago, los testículos, los pechos, los brazos … y luego toman un listado de teléfonos y mientras me recuerdan gritando que son no sé cuántos miles de teléfonos y direcciones me golpeando la cabeza hasta que caigo al suelo . De los golpes de puños me dejan una señal en el ojo izquierdo. No sé cuánto tiempo ha pasado que ya me llevan a la celda. Antes, sin embargo, me recuerdan que tienen tres días y que ellos se relevante, y que no tienen ningún problema para pedir una prórroga de mi incomunicación hasta cinco días.

Antes de entrar en la celda me dicen que me lave la cara y las manos. Es entonces que me noto el ojo izquierdo inflamado. También el agente que me ha acompañado lo ve y empieza a decirme que como me he hecho esto en el ojo. Evidentemente respondo que no lo sé pero que seguramente me lo he hecho yo solo. En la celda me dejan estirar sobre un colchón, marca Pikolin aún con el plástico, que tiene una mancha de sangre, supongo que de algún detenido anterior. La pared tiene también una mancha grande de sangre similar a la huella de una mano.

No ha pasado mucho tiempo, quizás unos quince minutos, que un agente por la ventanilla me dice que vuelva a hacer flexiones y que las cuente en voz alta para que él lo sienta. Creo que hice sobre unos 125. El agente quiere que las haga bien hechas: flexionar las rodillas hasta abajo del todo y subir con el cuerpo erguido y sin dormirme. El deporte no ha sido nunca una afección para mí. Las piernas no me aguantan ya cuando me dejan estirar un rato hasta que me vienen a buscar y me llevan, siempre con los ojos cerrados y con la cabeza baja, en un despacho donde hay médica forense.

Me pide que como me encuentro. Le respondo que ya lo puede ver. Hace más cara de espanto que yo. Me pide para el ojo izquierdo, y después de explicarle esto le ruego que no lo ponga en el informe ya que me han dicho que fuera con cuidado con lo que decía al forense para que luego ellos le pedirían al médico . Le digo que no he comido ni he cenado desde la noche anterior, salvo un bocadillo que me han dado los que me han llevado a Madrid. Tras la visita de la forense me dan de cenar. Sin embargo no puedo comer mucho, me cuesta abrir la boca y sólo tengo sed, mucha sed de agua.

Después de cenar me hacen poner derecho contra la pared del fondo de la celda, la pared que tiene la mancha de sangre. Así quedaré el resto del día, toda la noche y la mañana siguiente. Yo sabía que a uno de los detenidos anteriores lo habían hecho restar así tres días. En ese momento no puedo creer que sea capaz de resistir ni una noche. Un agente vigilando por la ventanilla que no tome posturas ‘cómodos’, debo restar derecho con los brazos caídos, ni delante ni detrás. Creo que me quedé así sobre unas 18 horas, sólo con una interrupción, durante la noche, que tiene lugar el segundo interrogatorio.

El segundo interrogatorio lo hace el turno de noche, tengo la imagen que estos gritaban más que los demás, supongo porque venían frescos. Sólo entrar en la celda y mientras m’embenaven los ojos me gritaban que ahora sí hablaría. También ahora me vuelven a hacer la bolsa, aunque sin ponerme de rodillas, y de vez en cuando me hacen hacer flexiones. Como ya no puedo hacerlas bien por falta de fuerza y ​​por el dolor de los músculos de las piernas, ellos ‘me ayudan’ apretando fuertemente y bruscamente sobre mí cuando bajo. El dolor es muy fuerte y yo ya no puedo más. También combinan la bolsa con puñetazos, aunque ahora no tan abundantes ni de manera indiscriminada, tal vez para no volver a dejar ninguna marca como el ojo izquierdo. Me golpean también con las dos manos al mismo tiempo a los lados de la cabeza, por lo que el oído me queda dolorida durante exactamente un día.

La noción del tiempo la tengo un poco confusa, entre otras cosas porque cuando quieren encienden la luz de la celda y cuando no la cierran. También hay un agente que se entretiene a abrir y cerrar el interruptor continuamente. Lo único que me permite saber si es un nuevo día o no es el ruido de pasos que se siente por encima del techo, que creo que da a un patio del cuartel.

Tras estos interrogatorios continúo derecho en la celda, sólo durante la cena me permiten sentarse un rato.

Cuando vuelvo a ver la forense, después de la comida, le cuento que he pasado la noche y parte del día de pie y sin dormir, diecinueve le ruego que no lo escriba en el informe. Después me dejan estirar en la cama, donde estoy hasta que me vienen a buscar para otro interrogatorio. Esta vez no es tan fuerte como los anteriores, no me hacen muchas veces la bolsa y el número de veces no pasa de una docena: supongo que ya he aprendido de memoria la declaración de tantas veces como lo he repetida. Desde esta sala siento los gritos de algunos de los compañeros que en ese momento están torturando, y abren la puerta para que lo sienta más bien mientras me dicen que todo el mundo acaba hablando. Me enseñan la lista de los presos que había hecho en Barcelona en el local del MDT, así como una hoja mi donde había escrito que dos de los detenidos anteriores les habían hecho la bolsa y la bañera.

Después me dejan estirar de nuevo en la cama y me siento realmente afortunado porque tengo muchas ganas de descansar. Comienza una nueva vida para mí dentro de aquel infierno porque ya no me volverán a tocar hasta la declaración ante el juez. Esta noche puedo descansar por primera vez en tres días, sin menudo me despiertan los gritos de los agentes cuando vienen a buscar algún compañero, el miedo que vuelvan a por mí no me deja dormir mucho tiempo seguido.

Al día siguiente, después de hacer un simulacro de declaración, me llevan ante el instructor y la abogada de oficio para hacer la declaración ante la guardia civil. La abogada, una señora de unos 55-60 años, me da un caramelo de naranja mientras hace comentarios sobre las guardias que tiene que hacer ese fin de semana. Me hago cruces de la frivolidad de aquella señora. Hago la declaración tal como lo he aprendido a bajo.

Creía que ese día me llevarían a la Audiencia a declarar, y eso me daba ánimos porque quería decir que probablemente no habría más torturas. Este estado se giró de golpe cuando un agente en llevó un papel donde se concedía una prórroga de dos días en mi incomunicación. No podía creer que debía ser allí todavía dos días más, eso me provocó una angustia muy fuerte. El agente me dijo que esto era por si no ratificaba ante el juez mi declaración inculpatoria, en este caso volvería a bajar a la celda y comenzarían diecinueve los interrogatorios.

El día siguiente, viernes me llevaron a la Audiencia. En la celda de la Audiencia no conseguía ver claro sobre qué hacer, si declarar o no declarar, el miedo la tuve hasta el último momento. No quería de ninguna manera volver a bajar allí. Yo sabía que después de declarar ante el juez uno puede ir a la cárcel (donde estaba seguro de que me llevarían), o en la calle pero difícilmente volver a manos de la guardia civil. El terror, sin embargo, que sentía sólo en pensar que podía ser cierto pudo más al principio porque ratifiqué una parte de la declaración, tras la denuncia de las torturas me salió rápidamente.

Cuando el juez me decretó la libertad bajo fianza no podía creerlo y de nuevo a la celda en espera de que me dejaran tenía muchas ganas de llorar. Cuando vi mi hermano no pude aguantarme y lloré mucho. Supongo que era porque no tenía que volver allá abajo.

Ramon Piqué, Montcada i Reixac, 13 de julio de 1992 »

El documental sobre la operación Garzón
Si tiene interés en saber más detalles de la operación Garzón, puede mirar este documental que lo explica:

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Fotograma del documentari sobre l’operació Garzón.

El 29 de juny de 1992 va començar l’anomenada ‘operació Garzón‘ contra persones relacionades amb el moviment independentista, per presumpta pertinença a Terra Lliure. Aquell dia es van fer les primeres set detencions, per ordre de Baltasar Garzón, que en aquell moment era jutge de l’Audiència espanyola. L’operació, que es va acabar amb una quarantena de detinguts, es preparava des de feia dos anys i pretenia desactivar el moviment durant els Jocs Olímpics que es van fer aquell estiu a Barcelona.

Es van fer detencions en uns quants indrets de Catalunya i del País Valencià. Es van escorcollar les seus del Moviment de Defensa de la Terra (MDT) a Barcelona i del setmanari el Temps, a València. Trenta persones foren detingudes abans del començament dels Jocs i les vuit restants després de la cloenda. Afectaren membres actius de l’organització armada, però també periodistes del diari el Punt i del Temps, militants d’organitzacions polítiques com l’MDT, els Comitès de Solidaritat amb els Patriotes Catalans, Esquerra Republicana de Catalunya, el Partit Comunista de Catalunya i el grup ecologista Alternativa Verda.

Tortures
El jutge Baltasar Garzón va aprovar la incomunicació de vint-i-cinc dels detinguts, disset dels quals van denunciar haver estat víctimes de tortures. Garzón els va menystenir i va donar validesa a les declaracions fetes sota tortura.

Amb aquesta operació, Garzón va vulnerar els drets humans, tal com va sentenciar(pdf) el Tribunal Europeu dels Drets Humans d’Estrasburg dotze anys després, quan va condemnar l’estat espanyol per haver violat l’article número 2 de la Convenció contra la Tortura pel fet d’haver-se negat a investigar les denúncies per maltractaments, tot i les evidències existents.

Les tortures, en primera persona
A continuació us oferim els testimonis directes dels detinguts que van denunciar tortures. Són texts recollits per l’Associació Memòria Contra la Tortura.

Marcel Dalmau i Brunet
«Les amenaces, tortures i vexacions de tota mena me les produïren a la ‘Dirección General de la Guàrdia Civil’ de Madrid. A la caserna de Girona, malgrat el clima d’intimidació que hi regnava, em tractaren amb una certa correcció.

Vaig entrar a la ‘Dirección General’ diumenge dia 5 de juliol a la matinada. Me’n van treure per dur-me a l’hospital la matinada següent. Les sessions de tortura a què em sotmeteren consistiren bàsicament a fer-me estar hores i hores de genolls damunt el sòl on hi havia una mena d’estelles que se’m clavaven a la carn. Arran d’això se m’arrancà la pell dels genolls. Em col·locaren les mans a l’esquena i una bossa de plàstic al cap que un o dos torturadors m’anaven estrenyent al voltant del coll produint-me una angoixosa asfíxia. Mentrestant, altres torturadors, de cinc a vuit, em colpejaven fortament per tot el cos (al cap, al ventre, als testicles…). Eren puntades de peu, cops de puny i també cops amb objectes, amb un llibre. És a dir, mentre m’ofegaven amb la bossa de plàstic rebia una veritable pluja de cops i de crits. Entre els crits hi havia constants insults contra Catalunya i les catalanes i catalans d’un contingut racista i masclista. Durant la tortura el cap em quedava negat de suor. A vegades em tiraven fum a la bossa abans d’estrènyer-la, també cremaven amb una cigarreta l’extrem interior de la bossa per tal que aspirés el fum del plàstic cremat. Aquesta tortura me la infligiren repetidament al llarg de sessions interminables.

El mateix terror que provoca sentir uns agents que gaudeixen asfixiant-te i colpejant-te forma part d’aquesta tortura. També m’obligaren a posar-me als testicles un fil elèctric que tenia tres terminacions. Van estar una llarguíssima estona intimidant-me i dient-me bestieses de contingut sàdic al voltant de temes sexuals. Durant aquesta tortura les vexacions de tota mena i el terror van ser interminables, permeteu-me que m’estalviï de descriure-la amb més detall perquè en recordar-ho se’m reprodueixen els efectes d’aquesta experiència terrible.

Entre sessió i sessió, quan paraven per descansar, em tancaven en una cel·la. Aquests intervals no passaven mai dels vint minuts.

Després de l’última sessió de tortura abans que intentés suïcidar-me em digueren que la Carme, la meva companya, també estava detinguda i que la portaven cap a Madrid, i que podria sentir els seus crits en ‘so estèreo’ quan la torturessin tal com havien fet amb mi. Si bé jo ja feia hores que estava destrossat, això em va deixar absolutament abatut. Amb tot el que m’havien fet i em feien jo no tenia cap dubte sobre la veracitat de les seves intencions.

Al cap d’una estona d’estar a la cel·la, a causa de l’estat en què em trobava i amb una perspectiva immediata encara més horrible i monstruosa, vaig veure’m empès al suïcidi. Mai en la meva vida havia pensat a suïcidar-me, però aquí se’m va presentar com una necessitat (no podia més) i com una resposta a tanta crueltat i vexació. Com que no tenia res amb què suïcidar-me vaig llençar-me corrents de cap contra la paret. Vaig quedar immòbil a terra, amb el cap que em donava voltes. Em trobava semi-inconscient. Seguidament entraren un grapat de guàrdies civils molt esverats. Un d’ells va ventar-me un seguit de coces, els seus col·legues l’aturaren. Jo no em podia moure. Estaven molt neguitosos, no sabien què fer. Jo vaig perdre el coneixement. Em portaren a un hospital. Els agents que allí em custodiaven es van portar amb correcció. Jo estava molt desorientat. Pensava en la Carme, però cap dels vigilants no sabia o no volia dir-me res sobre ella. A l’hospital vaig tenir una visita llampec d’un individu que proferí amenaces contra mi i la meva família si gosava parlar de les tortures, tot recordant-me que jo ja sabia ‘què’ havia de declarar. I que si no deia allò que ells volien que digués, tot el que havia passat no seria res comparat amb el que em passaria ami, a la Carme i a la meva família.

Ben entrat el vespre es presentaren mitja dotzena de guàrdies civils a l’habitació de l’hospital, on ja n’hi havia dos amb una màquina d’escriure i un advocat d’ofici que pràcticament ni em va fer cas. Em prengueren declaració des del llit, i l’endemà al matí, quan en cara em sentia atordit i marejat i tenia serioses dificultats per desplaçar-me, em portaren a declarar a l’Audiència Nacional. Durant el trajecte vaig preguntar per la Carme però ningú em va donar cap mena d’explicació. Pensava el pitjor. Vaig relacionar la seva sort amb les amenaces que havia rebut a l’hospital.

Ja per acabar, i a causa de les amenaces rebudes de forma repetida i insistent per part de funcionaris de l’estat espanyol, responsabilitzo el ministre espanyol de l’Interior i a la ‘Dirección General de la Guàrdia Civil’ de qualsevol dany o agressió que rebi la meva dona, qualsevol membre de la meva família o jo mateix.»

Xavier Ros
«Membres de la Guàrdia Civil em van agafar el dia 7 de juliol cap a 2/4 de 9 del vespre tot sortint de casa. Em van dur a Girona. Durant el trajecte em van colpejar la cara i el clatell mentre em feien preguntes. A Girona, a la caserna em van fer despullar, em posaren de cara a la paret i em donaren cops. Em van fer caure i a terra seguiren colpejant-me. L’endemà, de bon matí, comencen a insultar-me, em posen en una cel·la, em cobreixen amb una manta per evitar que els cops deixin senyals, em fan agenollar i em colpegen al cap, al clatell, a l’esquena, a l’estómac i a les cames molt més intensament que el dia anterior. Em demanen per un ‘zulo’. Per aturar la pluja de cops els dic que els portaré a un lloc de la muntanya. Excaven unes quantes hores i no apareix res. M’amenacen de mort amb una pistola. Tornem a Girona i es passen el viatge colpejant-me. El mateix dia em porten a Madrid, arribem a la matinada. Després d’esmorzar em posen en una cel·la de cara a la paret. Sessió de preguntes i cops de puny durant tot el matí. A la tarda em van posar una bossa de plàstic al cap dues vegades per provocar-me l’asfíxia. Em van colpejar repetidament amb una mena de porra de plàstic a l’esquena, cap i clatell.

Em van fer estar unes quantes hores dret a la cel·la, a causa del cansament em vaig adormir i com a càstig per haver-me adormit em van picar amb una porra a l’esquena durant una bona estona.

L’endemà, es repeteixen totes les tortures abans esmentades. Em fan fer flexions i m’amenacen d’aplicar-me la ‘màquina’. Tot plegat amb crits i insults personals i contra Catalunya, i amb amenaces contra la meva família.

Durant l’interrogatori em deien allò que havia de declarar. Em feien aprendre de memòria la resposta que ells havien triat i me la feien repetir diverses vegades. Em deien que, si no responia el que ells em deien, m’anirien torturant.

A l’Audiència Nacional, abans de declarar davant del jutge se’m va permetre parlar amb l’advocat. L’advocat em va dir que signés tot allò que la Guàrdia Civil m’havia fet dir mitjançant les tortures. Em va assegurar que el jutge li havia dit que signant aquella declaració em deixaria en llibertat sota fiança, com així va ser.

Xavier Ros, 29 de juliol de 1992»

Xavier Puigdemont
«Em van agafar cap a les sis de la tarda del dia 7 de juliol en el meu lloc de treball. Em van portar a la caserna de Girona. Em van insultar i em van donar uns quants clatellots, però res greu.

Em van dur a Madrid. Vam arribar a la matinada. Durant els interrogatoris em taparen els ulls amb una mena de cinta de plàstic. Em feien posar dret de cara a la paret i em feien preguntes mentre m’anaven colpejant per tot el cos.

Em van amenaçar amb l’aplicació d’elèctrodes. D’aquesta tortura en deien la màquina. Jo els vaig dir que patia asma, però ells se’n van riure. Em van dir que el forense els havia dit que jo podia resistir 3600 W i que, si no ho suportava, la culpa no era seva, sinó del metge forense per no assessorar-los prou bé. Els seus comentaris eren d’un gran cinisme sàdic. Jo estava atemorit. Em posaren una mena d’objectes a les mans, com unes varetes. No puc precisar-ho millor perquè continuava amb els ulls tapats. Mentre jo tenia a les mans aquells objectes ells discutien sobre si baixar o no baixar la palanca. Jo estava terroritzat. Em volien donar a entendre que discutien sobre la possibilitat d’electrocutar-me.

Em van amenaçar de fer-me la banyera. Ja se m’enduien a fer-me la tortura però de sobte va aparèixer l’agent ‘bo’ i els ho va impedir. Em van fer sentir les veus dels meus companys detinguts.

Em van posar dues vegades la bossa de plàstic al cap. La segona vegada van estrènyer molt fort mentre m’anaven colpejant de forma ininterrompuda per tot el cos.

Durant els dies que va durar la detenció no vaig menjar ni dormir. Em vaig aprimar set quilos. Mai a la meva vida havia sentit tant de terror. Durant la declaració vaig signar tot el que ells em van dir davant la por que es repetissin les tortures. Em van dir que com que jo tenia un historial net no m’havia de preocupar, que, si signava, podria sortir.

Xavier Puigdemont, Girona, 29 de juliol de 1992»

Xavier Alemany
«Em van agafar a l’Estartit a les 5 de la tarda del dia 7 de juliol. Em van dur a la caserna de la Guàrdia Civil de l’Estartit. Uns agents em van colpejar mentre em preguntaven per un amagatall d’armament. Em posaren una mena de passamuntanyes que em tapava els ulls. Al cap d’una estona em van portar a Girona. Durant el viatge em van amenaçar de parar el cotxe i ‘escarmentar-me’. A Girona, a la caserna, no em van agredir físicament.

A Madrid, a la matinada, poc després d’arribar, vaig demanar per anar al vàter, m’hi van conduir i un cop a dins no em deixaren orinar. Em feren fer flexions durant molta estona enmig dels excrements i els orins. Al matí va ser el primer interrogatori, em deien que reconegués tot allò que ells anaven dient. Jo m’hi negava perquè era mentida. Ells m’anaven colpejant a l’esquena, al cap, al clatell i a les cames. La sessió va durar tot el matí. M’amenaçaren de posar-me corrents elèctrics. A la tarda, em posaren una bossa de plàstic al cap dues vegades. Em tiraven fum de cigarreta a dins de la bossa per augmentar la sensació d’asfíxia. El primer cop que em posaren la bossa vaig estar a punt de perdre el coneixement.

L’endemà em van colpejar amb un objecte que semblava una guia de telèfons enrotllada, en forma de tub. Em van fer agenollar i em col·locaren els dits dels peus de forma que no pogués recolzar el pes del cos en el peu, sinó que tot caigués en els genolls. Mentre estava de genolls em colpejaren molta estona pertot el cos. Els insults, les amenaces, les coaccions es van repetir una vegada i una altra.

L’endemà vaig signar la declaració. La Guàrdia Civil m’obligà a repetir allò que ells havien decidit que digués sota amenaça de noves tortures.

Xavier Alemany, Girona, 29 de juliol de 1992»

Eduard López
«Sóc detingut el dilluns dia 6 de juliol -aproximadament a dos quarts de dotze de la nit- i traslladat amb els ulls tapats a una caserna de la Guàrdia Civil de la qual en cap moment no arribaré a conèixer ni tan sols la ubicació. Al moment de la detenció, realitzada al portal de casa quan vaig baixar reclamat per l’intèrfon per veure una suposada ‘amiga de Vic’, em llancen una jaqueta al cap, m’entren en un cotxe i no se’m revelen els motius del meu arrest -em diuen ‘Sabes a qué venimos, verdad?’-. Sols quan arribo a la sala d’interrogatoris, se m’informa que estic detingut per la meva suposada relació amb Terra Lliure i se’m llegeixen els drets. Signo un document en aquest sentit.

A la primera nit d’interrogatoris vaig rebent els primers cops demà al clatell i alguna esporàdica puntada. Em fan estar constantment a peu dret, amb els ulls embenats i de cara a la paret. Fins a l’arribada del matí -ho identifico pels primers ocells- no se’m permet seure.

Començo a sentir el brogit de guàrdies que s’incorporen a la feina. Els interrogatoris s’endureixen. Augmenten els cops. Identifico una persona com a màxim responsable del meu interrogatori. Quan vol, parla en català -amb un fort accent castellà- tot i que em prohibeix la utilització d’aquest idioma.-‘Aquí hay gente que no lo entiende’-. Ell mateix s’encarrega de donar-me cops de puny als ronyons i d’incitar-me a ‘confessar’ quan em comencen a aplicar el que ells qualifiquen de ‘màquina de pensar’ -una bossa de plàstic col·locada al cap que impedeix de respirar i acaba per provocar ofegament.

M’amenacen de fer ‘la banyera’ i de ficar el meu cap en una tassa de vàter. Durant la meva estada a Barcelona no em permeten de dormir ni em donen res per menjar. Esporàdicament -‘si em porto bé’- em deixen beure algun got d’aigua. Em duen al lavabo dues vegades: la primera el matí de dimarts i la segona a la tarda, poc abans de ser traslladat a Madrid.

El trasllat a Madrid s’efectua amb un furgó. Durant tot el viatge vaig emmanillat i amb els ulls tapats. Em sembla, -no ho podria assegurar- que som tres els detinguts que som traslladats. El furgó pren una gran velocitat i fins i tot tinc por que no es pugui produir un accident.

Arribem a Madrid. Em deixen en una cel·la sense llum i amb un llitot amb dues mantes. Sento crits esfereïdors procedents del pis de dalt. De seguida em porten a interrogar. Comença un veritable calvari. M’apliquen una bossa de plàstic al cap i, a l’ofegar-me, me l’arrenco amb certa violència. Enfurismats m’emmanillen les mans al darrere i me’n continuen aplicant. Em fan posar de genolls -un d’ells se m’asseu al damunt- amb més bosses al cap i amb una contínua pluja de cops al cap. Em donen puntades i cops de puny. Lluito i aconsegueixo incorporar-me mínimament diverses vegades. M’amenacen d’aplicar-me electricitat si no ‘col·laboro’ i al mateix temps un d’ells recorre els meus braços amb la punta dels dits. Ignoro durant quant de temps es perllonga la sessió. Identifico el guàrdia que sap parlar català com la persona que porta la veu cantant. És ell qui dóna l’ordre que em deixin seure en una cadira i em demana si vull un got d’aigua. Quan em baixen altre cop a la cel·la em fan estar dret de cara a la paret. Tinc molta son i em sembla defallir. De tant en tant els guàrdies obren la reixeta de la porta de la cel·la per comprovar que no hagi caigut en la temptació d’estirar-me al llitot.

La resta d’interrogatoris -efectuats pel que parla català acompanyat d’un noi més jove- seran un constant ‘repàs de cara a l’examen’ a partir de les falsedats que em fan dir en aquest primer interrogatori. M’intimiden amb el soroll produït per bosses de plàstic i continua, encara que no amb un ritme tan intens, la pluja de cops al cap.

Al cap d’unes hores del primer interrogatori em fan passar a una habitació on una dona se m’identifica amb un carnet del Colegio de Forenses de Madrid. Prèviament m’han retirat la bena dels ulls. Em demana si em medico, si tinc malalties contagioses, etc. Em fa una revisió i comprova que tinc una ferida al genoll. En pren nota, però, tot i que li nego que la meva detenció hagi estat violenta, no em pregunta com s’ha produït la ferida. En preguntar-me quin és el tracte que estic rebent de la Guàrdia Civil m’encongeixo d’espatlles i la miro als ulls. Ella abaixa els seus. Com a comiat em recomana que, tot i el mal tràngol, no deixi de menjar. Segons ella, em convé.

Poc després arriba el ‘sopar’. És la primera cosa que puc menjar des de l’inici de la detenció. A partir d’aleshores la qüestió culinària s’anirà normalitzant.

Dijous al matí, un guàrdia entra a la cel·la i em fa signar un paper del jutge segons el qual se’m prorroga l’aïllament durant 48 hores més.

Els meus interrogadors m’adverteixen que aviat em faran pujar a parlar amb ‘uns amics seus’. Sembla que es refereixen a la meva futura declaració policial. Al darrer interrogatori ja no hi assisteix el que sap parlar català. Me’l fa el que sembla més jove.

La matinada de dijous a divendres em fan pujar a declarar. Prenen un camí diferent del que condueix a l’habitació on acostumen a interrogar-me. Trobo un escrivent, un guàrdia de paisà que em fa les preguntes i, asseguda a la meva esquerra una dona que no diu res. Quan demano qui és, el guàrdia m’ensenya un carnet que la identifica com a advocada del Colegio de Madrid.

Em diuen si vull declarar. No sé què fer i tinc por. Responc que sí. Mentre declaro se senten gemecs procedents d’una habitació propera. L’advocada no diu ni piu. El que em pregunta s’aixeca i obre la porta del passadís, diu que fa molta calor i que vol que corri l’aire… Al cap d’una estona el reclamen fora, desapareix i quan retorna em formula una nova pregunta. Acabo per declarar substancialment allò que els meus dos ‘instructors’ m’exigien.

L’endemà em porten a l’Audiència. Cap al migdia passo al despatx del jutge. Em fa les preguntes a partir de la meva declaració policial. Nego la part més patentment falsa i, tot i que voldria matisar una mica algun altre aspecte de la meva declaració, no vull passar per mentider i ‘vivales’ davant el jutge. Em fa molt de respecte. Denuncio les tortures a què he estat sotmès i en pren nota. Prèviament, quan era a la cel·la de l’Audiència, un forense ha pres nota de la meva ferida al genoll i li he explicat el seu origen.

Barcelona, 13 de juliol de 1992»

Vicent Conca
«Em dic Vicent Conca i Ferràs, sóc militant de l’MDT des de fa anys. El passat 1 de juliol de 1992 vaig ser detingut cap a les 8 del vespre a la seu de l’MDT de Barcelona. Em va detenir la Guàrdia Civil, la qual em traslladà a una de les seves comandàncies de Barcelona o rodalia. No puc saber quina era perquè tenia els ulls tapats o embenats. L’endemà em conduïren en cotxe cap a Madrid, però tampoc no sé exactament a quin lloc. En aquest lloc vam romandre fins a la nostra declaració davant el jutge de l’Audiència Nacional.

Durant tot el període de detenció, gairebé quatre dies, vaig estar incomunicat i no vaig tenir cap possibilitat de contactar amb cap familiar o advocat. Això permeté que la Guàrdia Civil actués amb tota impunitat i em sotmetés a tota mena de tortures, amenaces, pressions i humiliacions.

Tot seguit detallaré aquests fets per tal que tothom se’n faci càrrec:

Vaig ser interrogat constantment durant gairebé tres dies. En aquests interrogatoris no vaig poder veure qui em torturava perquè sempre tenia els ulls tapats amb una bena o amb les meves mans. Durant aquestes sessions vaig poder sentir els crits dels meus companys, que estaven essent torturats en habitacions contigües.

Els cops efectuats amb les mans afectaren el meu cap, el coll i l’esquena (la part superior). Aquests cops foren constants durant els interrogatoris i només s’acabaren quan vaig declarar davant la Guàrdia Civil. Els agents que em colpejaven podien ser un o, com solia succeir, tres o quatre alhora.

Durant un dia (el primer de la meva detenció) no vaig dormir ni menjar. Una altra nit, la tercera, em despertaven contínuament i m’obligaven a posar-me dempeus o a fer flexions. La segona nit vaig dormir poques hores, encara que no em van trencar el son. Només la quarta nit, la del dissabte a diumenge, se’m va deixar tranquil, ja que havia declarat el que ells volien.

En els intervals que hi havia entre un interrogatori i un altre, em forçaven a estar dempeus i, de vegades, a fer flexions. Tot això impedia que durant el dia pogués descansar.

Se’m va aplicar nombroses vegades el mètode de la bossa per tal de provocar-me l’asfíxia. Les bosses, segurament d’escombraries, cobrien el meu cap i la part superiors del meu cos; només en alguna ocasió feren ús d’una bossa que cobria pràcticament tot el meu cos. Aquest sistema de tortura anava acompanyat de cops al coll, al cap i també, encara que menys, de cops a l’estómac.

En tres ocasions em van submergir tot el cap en aigua per ofegar-m’hi. No vaig poder veure on era l’aigua perquè em tapaven els ulls. Aquest mètode era anomenat per ells com a ‘la banyera’.

Em posaren un revòlver diverses vegades (al cap i a la boca) tot amenaçant-me de matar-me si no responia el que ells volien. Igualment m’amenaçaren de dur-me a una muntanya i matar-m’hi. Tot assegurant que això ja havia passat moltes vegades i ningú no se n’assabentava

Altres tipus d’amenaces foren la de torturar i agredir sexualment la meva companya, de qui afirmaven que també era detinguda; la de torturar encara més els meus companys detinguts; i la de fer-me empassar aigua mitjançant un tub fins a ofegar-me.

Abans de la declaració davant la Guàrdia Civil realitzada dissabte dia 4 a la tarda, m’advertiren que si no responia el que ells m’havien dit o no signava la declaració, tornarien a torturar-me i repetirien el procés tantes vegades com calgués. Vull esmentar el fet que l’advocat d’ofici davant el qual vaig declarar aquell dia i amb el qual no vaig poder parlar va afirmar dos o tres cops que jo feia mala cara. Tot i això vull remarcar la relativa indiferència dels dos advocats d’ofici que em van assistir, un en la declaració i l’altra en la identificació de fotos.

Diumenge al matí, un guàrdia civil ens va dir des del passadís de les cel·les que, si denunciàvem tortures, ja ens trobaríem algun dia al carrer i ens podria ocórrer algun accident.

Els insults (marcadament masclistes, en molts casos) contra la meva persona, la meva companya, la meva ideologia, el poble català i els seus símbols foren constants durant tot el període de la meva detenció. D’altra banda, se’m forçà a cridar consignes com ‘Viva España’, ‘Viva la Guàrdia Civil’ o a comptar en veu alta fins a cent en espanyol.

Per acabar aquesta enumeració. M’interessa de remarcar l’interès que mostrà la Guàrdia Civil a detenir i, sobretot, a torturar Carles Castellanos. Les al·lusions que hi feien els agents eren constants i reiteratives.

Vull insistir en el fet que les tortures físiques cessaren pràcticament un cop vaig fer la declaració policial, dissabte dia 4 a la tarda, és a dir, un cop havien aconseguit una declaració autoinculpatòria. A partir d’aquest moment els maltractaments quedaren reduïts a amenaces, insults i vexacions.

Per tot això, la declaració que vaig fer davant la Guàrdia Civil no té cap validesa i només em ratifico en la que vaig efectuar a l’Audiència Nacional. Un estat que necessita sistemàticament la tortura per eliminar el que considera els seus enemics polítics no pot ser considerat democràtic.

Alcalá-Meco 14 de juliol de 1992»

Jaume Oliveras
«Vaig ser detingut per dues persones, una d’elles apuntant-me amb una pistola, a dos quarts de set de la tarda del dimecres dia 1 de juliol de 1992 quan sortia del local de la Ronda de Sant Pere; em van fer pujar a un cotxe identificant-se posteriorment com a membres de la Guàrdia Civil i dient-me que estava sota la llei antiterrorista per ser acusat de pertànyer a Terra Lliure.

Durant el trajecte fins a la caserna de la Guàrdia Civil vaig anar rebent continuats cops al cap; havent de mantenir els ulls tancats i el cap entre els genolls, amb les mans emmanillades. Vaig estar una llarga estona dins una habitació; de seguida vaig exposar els meus problemes respiratoris perquè pateixo d’asma.

Després em van portar a una altra habitació on ja van començar els interrogatoris. Em van portar els dos esprais que necessito per l’asma; però prèviament vaig notar que es van dedicar a buidar-los pel soroll que sentia. Sempre vaig amb una caputxa i un tros de bossa de deixalles amb cel·lo als ulls i les mans emmanillades. A Barcelona em van amenaçar de fer-me la banyera diverses vegades.

A la matinada em van pujar en un cotxe i em van traslladar a Madrid, passant el trajecte emmanillat i el cap i els ulls tapats. Crec que, aproximadament, cap a migdia vaig arribar a la caserna de Madrid i allí vaig passar la nit de dijous, divendres i dissabte.

A Madrid, els maltractes i amenaces van ser continuats. Només arribar ja van començar els nombrosos interrogatoris i de tant en tant em tancaven a una cel·la. Fins al dissabte a la matinada no em van deixar estirar una estona una mica llarga i vaig estar quasi sempre dret i amb els ulls tapats. Contínuament era traslladat de la cel·la a diferents habitacions on era interrogat.

A part d’aquest cansament i pressió psicològica vaig rebre cops al cap, al clatell, l’espatlla i l’esquena d’una forma continuada. Malgrat que quan era a cel·la i ho demanava, em donaven els medicaments per l’asma; de res em va servir perquè em van fer la ‘bossa’ unes quantes vegades. Ficant-me una o dues bosses alhora i deixant-me sense respiració i en alguna de les ocasions introduint-me fum del tabac per dins.

Van estar a punt en força ocasions de fer-me la banyera, arribant només a tirar-me aigua per sobre. Una nit també vaig ser amenaçat amb els elèctrodes, passejant-me’ls per la cara i mostrant-me una cadira amb rodes on m’havien de lligar amb una bossa al cap per començar a donar-me cops. Psicològicament vaig quedar destrossat, sentint-me com un vegetal. Em van amenaçar que si no deia el que ells volien no els costaria res tirar-me al port del Masnou per ofegar-me. També van amenaçar i insultar la meva companya, amenaçant-me amb la seva detenció i volent-la implicar.

Van manifestar el seu especial interès a torturar en Carles Castellanos; fent-me repetir que jo era la seva mà dreta. Les dues declaracions policials que vaig haver de fer i signar van ser una autèntica farsa. Abans de fer-les me les feien assajar quatre o cinc vegades i si no ho feia bé com ells volien, em tornarien a baixar per interrogar-me.

La primera declaració va ser dissabte a la tarda i abans de fer-la ja em van comunicar que tenia una pròrroga de 24 hores d’incomunicació; per tant havia de tornar a baix a la cel·la. Diumenge al matí vaig fer la segona declaració, havent de tornar a la cel·la abans de ser traslladat a l’Audiència. Algunes de les respostes en la declaració policial ja eren contestades pel mateix interrogador; els advocats d’ofici van mostrar un total desinterès pel cas, i per les declaracions que em van obligar a signar la Guàrdia Civil. Finalment, un cop a l’Audiència, vaig manifestar a la forense que havia rebut aquests maltractes i amenaces.

Alcalá-Meco, 14 de juliol de 1992»

Ramon López
«Em dic Ramon López i Iglésias i sóc militant independentista des de fa anys. Tot seguit descriuré el meu pas pels soterranis de la comandància de la Guàrdia Civil, a Barcelona i Madrid, a partir de la meva detenció a Barcelona fins a la declaració davant del jutge de l’Audiència Nacional de Madrid, amb la intenció que serveixi per donar a conèixer a l’opinió pública en general la pràctica de tortures per part de les forces de seguretat de l’estat i perquè es facin les investigacions oportunes, si arribés el cas.

La meva detenció es va produir el dimecres 1 de juliol de 1992 cap a quarts de vuit del vespre. En aquells moments estava junt amb d’altres companyes i companys, a l’interior de la seu que el MDT té a Barcelona, al carrer Sant Pere més Baix. Van entrar al local un grup de membres de la Guàrdia Civil vestits de paisà acompanyats d’un jutge i una secretaria i es disposaven a escorcollar el local, al mateix temps que demanaven la documentació a tots i totes les persones que érem a dins.

En el moment d’identificar-me em van agafar pel braç fins a la porta de sortida on una altra persona em va comunicar la meva detenció, mentre una altra em posava les manilles, i tres o quatre més em conduïren, cap a baix, a l’interior d’un cotxe. M’havien aplicat la llei antiterrorista, per tant restava incomunicat i sense dret a un advocat durant quatre dies.

Va ser a partir d’aquell moment que van començar els maltractaments. Durant tot el trajecte fins a la comandància de la Guàrdia Civil a Barcelona (Plana Major, 2¦ secció, 4¦ regió), un cop m’havien cobert el cap amb una bossa de plàstic, no deixaven de donar-me cops a la cara, al cap i a l’estómac, al mateix temps em proferien amenaces i insults contra la meva persona i família.

Els interrogatoris a Barcelona van durar tota la nit. Consistien fonamentalment en forts cops al cop, a la cara, a l’estómac i als genitals. Em van fer el mètode de tortura anomenat ‘la bossa’, que consisteix a cobrir el cap fins a l’alçada del coll amb una bossa de plàstic de les escombraries de color negre, i estrenyent fort produeix al cap de poc temps la sensació angoixant d’asfíxia.

Al mateix temps que em feien ‘la bossa’, em donaven cops al cap amb un llibre gruixut i/o una guia telefònica, la qual cosa en un primer moment em produïa una sensació de pèrdua de coneixement momentània tot restant agenollat a terra. A més a més, les amenaces i insults eren constants. Una de les amenaces consistí en dir-me que em tirarien per un barranc després de matar-me, al mateix temps que tocaven una sina amb un objecte metàl·lic que podria simular o ser una pistola.

Tot això, resumit, és el que em feren fins al matí del 2 de juliol abans de fer el viatge en cotxe fins a la comandància de la Guàrdia Civil de Madrid.

Durant tot el viatge vaig dur els ulls embenats i no em van donar res de menjar, igual que tota la nit anterior. Un cop a Madrid, i des del mateix moment d’arribar, els interrogatoris no van deixar de produir-se, només amb l’interval de temps que hi havia entre l’interrogatori d’algun dels meus companys i el meu, encara que moltes vegades feien fins a tres alhora. En tot aquest temps, des de l’arribada del dia 2 de juliol fins a la declaració a l’Audiència Nacional, el dia 5 de juliol, les tortures, les amenaces i la humiliació a la meva persona van ser constants. La cel·la, situada als soterranis de l’edifici, era totalment fosca i la pudor feia l’aire irrespirable, més tard, en el moment d’obrir la porta i abans de tapar-me els ulls, vaig veure restes d’excrements humans a una banda de la cel·la.

Els mètodes de tortura eren tant de tipus físic com psicològics. A més dels cops per tot el cos, però sobretot al cap i l’aplicació de ‘la bossa’ en tots els interrogatoris, les amenaces eren tant de tipus sexual contra la meva companya, contra la meva família i insults contra els catalans. Amenaces de mort contra la meva persona i l’aplicació d’altres mètodes de tortura, tot ensenyant-me, no visualment sinó per contacte, el que ells anomenaven ‘la banyera’, que consistia a introduir-me el cap dins l’aigua fins a provocar la sensació d’ofec i asfíxia, i l’aplicació del que ells anomenaven la ‘màquina de parlar’, que no era una altra cosa que descàrregues elèctriques mitjançant l’aplicació d’uns elèctrodes, unes pinces en els genitals o altra part del cos.

Durant tot el temps, duia una bena als ulls, la foscor era un factor de gran tensió, no sabia on era, no veia ningú ni tampoc d’on venien els cops. En els interrogatoris n’hi havia els que més parlaven i feien preguntes i els que pegaven i/o torturaven, però hi havia moments que tots es posaven a donar-me cops i a cridar fort, amenaçant-me i insultant-me.

En una de les sessions, em tenien agenollat a terra i emmanillat a l’esquena i amb la bossa ben pressionada al cap, mentre altres trepitjaven els meus peus i no paraven de donar-me cops al cap i ala cara. En aquell moment, quan se’m feia impossible de resistir més estona, em van venir una mena d’atac de nervis, després del qual vaig quedar estirat a terra agafat pels peus i l’espatlla mentre un agent deixava caure el pes del peu sobre la meva cara.

En altres ocasions deixaven que sentís com torturaven els altres companys, escoltant crits i cops, i em demanaven si entre aquests reconeixia els crits de la meva companya que l’estaven torturant i que depenia de mi que paressin de fer-ho, això ho acompanyaven del detall de tot tipus d’agressions sexuals que li estaven fent.

Durant tot el temps de la meva detenció no vaig poder seure ni canviar-me de roba, i només a partir del tercer dia em van donar menjar.

En altres ocasions em van obligar a cridar consignes com ‘Viva la Guardia Civil’ i d’altres per l’estil i contra el poble català.

Dissabte dia 4 de juliol, abans de pujar a declarar davant la Guàrdia Civil, em van amenaçar tot dient-me que si no declarava el que ells volien, anul·larien la declaració i em tornarien a torturar fins que declarés tal com ells volien. Diumenge dia 5, el mateix dia de la declaració a l’Audiència Nacional, abans de sortir de la comandància de la Guàrdia Civil, vaig rebre una altra amenaça, si no em ratificava de la meva declaració i si declarava tortures i maltractaments davant el jutge, anirien a detenir la meva companya tot incloent-la en el sumari. Aquesta amenaça la tornaren a repetir en els soterranis de l’Audiència Nacional, abans de posar-me en mans de la Policia.

Tota aquesta declaració és un resum de tot el que he hagut depassar i de patir durant la meva detenció. Ben segur que em deixo detalls que la meva memòria no vol tornar a recordar, però puc assegurar que en cap moment he volgut dramatitzar en res de la meva declaració, més aviat al contrari, ja que és difícil d’expressar en paraules els sentiments, el dolor, la crueltat, la degradació i el patiment.

Qualsevol estat o govern autoanomenat democràtic i de dret que necessiti i faci servir la tortura com a pràctica sistemàtica i com a instrument polític, és un estat corrupte i podrit. Un estat sense cap legitimació ètica ni legal de cap tipus.

Ramon Lòpez i Iglesias

Alcalá-Meco, 15 de juliol de 1992»

Josep Poveda
«Durant els dies que vaig estar en mans de la Guàrdia Civil (a la comandància de Barcelona primer, i a la de Madrid posteriorment), des del moment de la meva detenció a les vuit del vespre del dia 6 de juliol i fins al migdia del dia 8 de juliol que vaig passar a l’Audiència Nacional, vaig ser objecte de tortures i maltractaments que denuncio tal com vaig fer en el seu moment. A continuació passo detallar-les:

Des del moment de la detenció al meu domicili em van obligar a no veure la llum del dia i a mantenir els ulls tancats mitjançant unes benes lligades amb cinta adhesiva i també amb una caputxa.

Constantment vaig rebre cops de puny per tota la cara i cos amb el llom d’unes ‘guies telefòniques’ i amb barres de ferro embolicades amb periòdics. Aquests maltractaments pràcticament no em deixaren senyal a excepció del nas, l’avantbraç i el coll.

Durant la nit de dilluns a dimarts m’obligaren a restar despert i vaig rebre contínuament, al llarg de tot el dimarts, amenaces de tortures que -segons ells- m’aplicarien tot seguit, tant sí com no (la ‘banyera’, la ‘màquina’…). El trasllat, dimarts a la tarda, cap a Madrid fou en una furgoneta i amb l’obligatorietat de mantenir-me immòbil durant tot el trajecte, sota l’amenaça de deixar-me inconscient.

A Madrid, als calabossos de la Guàrdia Civil, vaig ser objecte de l’aplicació de l’anomenada ‘bossa’ que m’aplicaren diversos cops durant tota aquella llarga nit de dimarts a dimecres. L’intent d’ofegar-me amb aquella bossa fou constant, també l’obligatorietat de restar dempeus tota aquella nit fou un altre dels maltractaments que vaig rebre.

Psicològicament també puc explicar que vaig rebre amenaces sobre tortures de què podrien ser objecte els amics allí presents, companys i familiars… si no declarava exactament el que ells volien que digués.

En arribar aquí, fent un punt i a part, em veig amb l’obligació de fer esment sobre l’interès, gairebé obsessiu, per part de la Guàrdia Civil amb la persona de Carles Castellanos i Llorenç per tal d’aplicar-li tota mena de maltractaments i tortures i de tenir-lo allí present. És en aquest sentit que faig esment d’aquest fet, tot alertant a l’opinió pública en general de l’odi sistemàtic que arriben a fabricar-se la Guàrdia Civil contra tot moviment o persona relacionada amb la lluita per les llibertats.

Alcalá-Meco 14 de juliol de 1992»

Esteve Comellas
«La meva detenció es produí en el meu domicili, amb el que semblava una ordre de detenció (no me la deixaren pas llegir) i la presència d’un secretari del jutjat de Manresa. Em llegiren els meus drets, que incloïa la presència d’un advocat per fer qualsevol tipus de declaració, cosa que vaig demanar i se’m va negar adduint que alhora m’aplicaven una legislació especial i que no podia ser. Tot seguit començaren a regirar el pis començant per l’habitació on dormia, on hi havia la meva companya. Em comminaven a què, si tenia alguna cosa al pis, ho digués, amb amenaces cap a ella i insults. Començaren a buidar armaris de qualsevol manera i em deixaren anar un parell de cops de puny i a fer preguntes sobre persones i llocs desconeguts.

Davant la presència de la meva dona, amb clara afectació nerviosa pel que succeïa, i davant preguntes sobre què passava em baixaren al carrer on m’emmanillaren i amb una caçadora texana m’embolicaren el cap tot introduint-me dins un cotxe, a la part de darrere estirat a terra i ajagut i estrenyent-me el coll tot seguit, sempre amb el cap cot. Poca estona durà el trajecte fins a la Guàrdia Civil de Manresa on em conduïren a una sala on hi havia tres o quatre persones que a continuació, continuant fent-me preguntes sobre persones i llocs, em descarregaven cops al cap i m’aplicaven una bossa de plàstic amb intermitència, dificultant-me la respiració, i acompanyat de cops de puny al ventre.

En dir que havia vist una dona la nit anterior voltant pel meu barri que creia que era guàrdia civil, aquesta, que era allà em donà una puntada de peu als testicles. M’insultà arran d’aquest fet. M’aplicaren repetides ocasions la bossa al cap i continuaven els cops dient-me que ho sabien tot i que a més, es carregarien la meva companya. Això m’afectà molt i se n’adonaren perquè a partir d’aquest moment fou l’amenaça constant i em deixaven anar frases de què ella ho explicava tot i que altres persones també la implicaven. Això durà com una hora, després i sempre amb el cap cop o tapat per la texana, m’introduïren en una cel·la a les fosques des de la qual sentia com diferents guàrdies civils m’espiaven per una reixeta i m’anaven insultant amb paraules de ‘hijo puta’, ‘terrorista’, ‘matarlo teneis que hacer’. Al cap de poc m’obriren la cel·la i amb el cap tapat i després de passar per uns passadissos m’introduïren dins un cotxe amb el cap cot tocant gairebé a terra. Durant un trajecte desconegut que durà com una hora continuaren les preguntes, insults i amenaces a partir de la meva companya, amb cops a l’espatlla i al cap.

No sé on em portaren, però recordo baixar del cotxe i continuant amb el cap tapat amb la texana vaig arribar a uns lavabos (bé, una pica i un WC) on em feren seure amenaçant-me que no girés el cap (quan els semblava que ho feia hi havia algú que em picava al cap). Començaren a repetir-me noms i dates estranyes, de què tenia en uns disquets a casa, on tenia llistes de gent, etc. Com que no sabia de què anava, m’aplicaren la bossa al cap tres o quatre vegades tot dient-me que recordés, i advertint-me que em capbussarien en el WC, que tenien la meva companya presa i que ho passaria malament i l’acusarien d’un seguit d’actes que desconeixia.

De tant en tant, durant uns deu minuts, em deixaven sol fins que tornava a venir la ‘veu’, dic ‘veu’ perquè n’hi havia una de molt dura i una altra de suau que feia recomanacions. No podia inventar-me coses, els deia, i ells em facilitaven dades, llocs i persones que anava jo memoritzant i repetint.

La pressió forta, un cop cessaren els cops i ofecs amb la bossa, era la situació de la meva companya que no sabia del seu estat més que per boca seva i amb contestes dispars quan em preguntaven noves qüestions desconegudes. Segons recordo era dilluns però no sé les hores ni si era de dia o de nit. Em feren repetir una declaració amb noves incorporacions de persones i fets com 10 o 15 vegades.

Em traslladaren cap al tard vespre a una cambra amb divers material i de tant en tant apareixia el que em preguntava sobre fets i persones. Em deia que era un ‘pringat’ i que tothom (deia 16 o 17 persones) ho havia dit tot. Cap al vespre a una altra sala, sempre de cara a la paret i repetint una declaració que ja sabia de memòria.

A la nit, dins un cotxe turisme, emmanillat i capcot, emprenguérem viatge que durà fins que fou de dia, vaig entendre que a Madrid. Allà vaig ser introduït just sortir del cotxe (sempre amb el cap tapat) a una cel·la d’un metre i mig d’ample per tres de llarg sense cap bombeta.

Amb interferències, en principi de 2 hores, m’obrien la cel·la i d’esquena a la paret em deien que em posés un antifaç que em donaven per tapar-me els ulls i em conduïen a una sala on s’asseien en un racó i començaven altre cop les preguntes. Després, a la tercera o quarta vegada, feien que jo sol expliqués els fets, corregint-me ells quan m’equivocava. A vegades eren les altes hores de la matinada, i sempre al final era repetir el mateix. Passen dies, que comprovo pels àpats, fins que davant d’un advocat d’ofici declaro el que havia après de memòria.

Respecte a la meva companya, Teresa Mas, a Barcelona unes hores abans de ser introduït al cotxe que m’havia de dur a Madrid, me la deixaren veure i dir-li unes paraules, dient-me tot seguit que si no recordava més coses se l’endurien també. Això m’afectà molt. A Madrid, m’amenaçaren que em portés bé a l’hora de la declaració i que, si ho feia, la deixarien lliure, per obligar-me me la deixaren tornar a veure a través d’una reixa sense poder intercanviar cap mot. Al moment de declarar a l’instructor, se’m va fer saber que ella estava lliure, sense que jo m’ho cregués.

Recordo els cinc dies com un patiment i trencament psicològic per allò que li estaven fent a ella. Ho sabien aprofitar perquè recités el que ells volien.»

Joan Rocamora
«Em detingueren, el dia 28 a les 11.30 hores aproximadament, de manera violenta un grup d’individus (sobre la dotzena) desconeguts i, pel que puc recordar, de paisà. Se’m tiraren a sobre quan jo circulava en moto, ràpidament i evitant la curiositat dels vianants em col·locaren les manilles i un sac de roba al cap. Posteriorment em dugueren al cotxe, on començà la foscor quasi absoluta fins al cap de cinc dies.

Primer intentaren d’asfixiar-me amb el sac i m’amenaçaven de llançar-me al Llobregat. Pararen el/els cotxes i em portaren a una mena de descampat no lluny de la ciutat (per la meva orientació), allí ja començaren els cops, amenaces de mort -‘No te acuerdas de lo que le pasó a Mikel Zabalza?’, i de violació de la meva companya. Més tard feren veure que em llançaven a un precipici deixant-me enlaire i a les seves mans, i em col·locaren al clatell una (suposo) pistola. Tot això entremig de cops, amenaces i asfíxia.

Veient que no cedia als seus requeriments em portaren a un altre lloc, sempre amb el cap ajupit i la bossa. Allí, en una mena de cambra-cel·la em canviaren la bossa de roba per una de plàstic. Allí començà el que ells deien l’interrogatori ‘en serio’ i on jo vaig començar a notar el canvi de cops i amenaces al que era tortura pura.

Els mètodes que m’aplicaren van ser els de la bossa de plàstic al cap (agenollat o dret), la ‘banyera’ dins d’un WC que no em provocà l’asfíxia total, però els vaig informar de la meva malaltia, l’asma, llavors cedirem a donar-me el medicament, per posteriorment continuar amb la sessió de tortures. Em simularen que m’aplicaven els elèctrodes. Em donaren cops i feren pressió amb les mans als testicles i altres parts del cos com el clatell i els timpans. Cops a tot el cos amb una guia de telèfons i cops de puny i puntades de peu no tan subtils per totes les parts del cos. Tot això en un context de tortura psicològica, d’amenaces a éssers estimats, amenaces de sodomització, el joc de simular declaracions i falses declaracions en què et volen involucrar.

Amb la recança de sentir els crits de dolor i plors, tant femenins com masculins. Tot això durant aproximadament les 24 hores que vaig passar a Barcelona. Després a Madrid prosseguiren amb menor intensitat i interès car ja havia donat la ‘informació’ i declaracions que ells pretenien.

Alcalá-Meco»

Ferran Ruiz
«Vaig ser detingut a les 8 del dia 29 de juny a casa per unes 10 persones que s’identificaren com a guàrdies civils, anaven de paisà, m’emmanillaren i escorcollaren la casa fins a 2/4 de 9 del matí, que va ser l’hora que van despertar els veïns que havien de servir de testimonis.

Poc després em van fer vestir i em van tornar a emmanillar amb les mans a l’esquena i ben fort, amb la caçadora tapant-me el cap. D’aquesta forma m’introduïren dins un cotxe, estirat a terra, bocaterrós, el genoll esquerre contra el pit entre els seients del davant i els del darrere, on es trobava un dels agents que durant el lent trajecte de Vic a Barcelona (entre les voltes que feien per disposar de més temps per torturar-me) em va posar una bossa, de les que es fan servir per a les escombraries, al cap. Mentre em colpejaven fent-me preguntes (el cotxe en marxa) i el copilot m’apuntava a peu dret amb la pistola i m’estrenyia la corretja dels pantalons fins a tal punt que aquesta es va trencar. Del rebot l’agent em va picar als testicles, al fetge i a l’esquena repetides vegades, i en una de les vegades va picar sobre les manilles perquè aquestes em fessin més mal. Jo m’estava ofegant, i ells em picaven al cap i m’estrenyien la bossa, jo em moria…

Arribarem a Barcelona i em tragueren la bossa i m’embenaren els ulls, vàrem haver d’agafar-me de l’interior del vehicle entre dos agents perquè tenia les cames entumides i dolgudes dels cops (que no s’havien acabat).

Em van introduir en una sala on em van fer seure emmanillat i em van deixar respirar una estona, i després van tornar amb les preguntes i la bossa al cap. Em colpejaven amb una guia de telèfons al crani (que encara em fa força mal), rebia cops de totes menes i a totes les parts per part de, jo diria que eren una dotzena de ‘persones’, que al mateix temps m’insultaven i em deien que què feia jo amb aquesta gent, que jo no era català, que jo era francès, que els altres ho havien dit tot, van obrir una porta perquè sentís els crits que en sortia, em van tornar a picar amb la guia, a posar-me la bossa, a preguntar un altre cop, i un altre, i un altre.

Em van posar les manilles al davant (a la nit) i em van donar un entrepà que era fastigós, després em ficaren en un cotxe particular, sense donar-me la caçadora ni les mil peles que duia a sobre, cap a Madrid, però aquest cop assegut. La conducció va tenir algun incident; es va rebentar un neumàtic del cantó dret de darrere, jo pensava que me’n farien una de grossa, però nova ser així, van fer moltes aturades, vaig estar amb l’ai al cor durant tot el trajecte.

Arribant a Madrid vaig poder jeure una mitja hora i després em van fer posar dret de cara a la paret de la cel·la durant moltes hores, sense moure’m ni recolzar-me fins que vinguessin a buscar-me per fer més interrogatoris els mateixos agents que m’havien detingut a Vic. Em van tornar a torturar amb la bossa i a donar-me cops amb els llibres (la guia) mentre jo estava dret de cara a la paret a punt de caure amb tantes preguntes i sense menjar (ho fèiem un cop al dia, i era un entrepà petit).

Ells tenien un guió i te’l feien aprendre a cops perquè el repetís a la declaració, les hores que vaig dormir van ser poques, i abans de declarar davant de l’advocat d’ofici (per a mi, era bòfia) em van fer pujar i baixar unes escales de caragol moltes vegades amb la cara tapada i un agent que em torçava els braços apuntant-me el clatell amb la pistola.

Amb tot això i l’amenaça de prorrogar-me els dies a la DGGC, pots dir fins i tot que has matat a Napoleó.

Els dies que vaig estar segrestat a la DGGC vaig sentir com torturaven en Musté quan portaven la galleda amb l’aigua i els elèctrodes, li van dir que es despullés i es tragués les ulleres, després vaig sentir que li posaven els peus a dins, i per la forma de cridar que tenia en Josep el vaig reconèixer. Ells no paraven de preguntar-li, fins que vaig sentir cridar a ells (els bòfies) perquè en Josep havia perdut el coneixement, això va passar diverses vegades la mateixa nit. Li havien aplicat elèctrodes!

Ferran Ruiz Martos, Alcalá-Meco»

David Martínez
«Eren més o menys les tres de la matinada, quan em dirigia cap a casa meva amb el cotxe del meu germà, de cop i volta em surt un cotxe, un Golf, en direcció contrària, frena de cop i veig baixar 5 individus. Tots van amb pistoles a les mans i apuntant-me, surten encara més individus pel darrere meu, obren la porta i em tiren aterra d’una esgarrapada, estrenyen fort el meu cap amb el nas contra l’asfalt, m’emmanillen les mans al darrere ben fort.

Em tapen el cap amb l’americana que duia, no paren de donar-me cops al clatell i cops de puny als ronyons. Em fan pujar en un cotxe, estirat al terra del darrere amb sis peus a sobre trepitjant-me ben fort. Tot això va ser cosa de 2 minuts. Des del primer moment em van dir de tot: ‘Vamos, hijo de puta, que se te va a caer el pelo, cabrón, a ti i a tus putos Países Catalanes, cerdo independentista, separatista’.

El trajecte va ser curt, durant el qual podia sentir com deien: ‘Vamos al lago ese que hay, vamos a refrescarle la memoria, que le va a hacer falta’. Em van dur dins una espècie de cel·la molt petita, jo de cara a la paret i dues persones m’anaven colpejant per tot arreu fins que va entrar un tercer i els altres dos van marxar, aquest vaig veure que duia una carpeta a la mà i em va dir ‘empieza a cantar’, jo li vaig preguntar, qui sou?, i tot seguit em fot un cop al clatell i crida: ‘­venga, monos!’. Em carreguen en un altre cotxe, al darrere assegut, amb un individu a cada banda. L’un comença a dir: ‘Venga, cuéntamelo todo, que alguien ya ha cantado tu nombre’, i jo li dic que no sé de què em parla i torno a preguntar que qui són, mentrestant l’altre em colpeja contínuament al cap durant tot el viatge fins que paren el cotxe.

Em fan baixar, em posen un antifaç als ulls i em porten fins a una habitació, em posen de cara a la paret i em treuen l’antifaç. A la paret hi ha un escut de la Guàrdia Civil, ells em pregunten si m’agrada, jo contesto que no, sense pensar-m’ho, em va sortir del cor. Immediatament comença un brutal interrogatori, hi ha molta gent darrere meu clavant-me cops de puny als ronyons i al cap. Fan moltes preguntes tots alhora i cridant molt, no podia contestar, de cop i volta un d’ells em fa girar i un altre em diu que perquè em giro i em fot un cop de genoll als testicles. Caic a terra plegat del dolor, em diuen que m’aixequi, jo no puc i ho fan ells, em treuen la camisa dient-me: ‘­Ahora sí que vas a cantar, asesino de niños!’ i m’apliquen elèctrodes a l’esquena. La primera descàrrega és relativament fluixa en comparació a la segona, que em fa caure a terra mig marejat; em ruixen la cara i el cap amb aigua i em fan seure en una cantonada de cara a la paret. Aleshores comencen a dir-me que a la meva mare l’han hagut d’ingressar a l’hospital amb un atac de cor i que el meu germà ha tingut un atac de nervis.

Em pregunten si tinc xicota, jo els dic que no, ells diuen: ‘¿Entonces con quien follas? ¿con el Angel Colom? ¿No lo sabes? Es maricón, ya te mandaremos unas fotos a la carcel en la que sale él y su amiguito’. De tant en tant em miraven el cap, suposo que per veure si tenia algun bony. Em diuen que ho canti tot, que tothom que passa per ací ho fa tard o d’hora i obren una porta perquè escolti els crits d’agonia d’un altre detingut. Em tornen a posar l’antifaç als ulls i tot seguit una pistola al nas que puc veure per sota l’antifaç i diuen: ‘Ya esta bien, o cantas o te dejamos escapar y luego te disparamos?’. Després d’una estona llarga em fan signar un paper en què per primer cop m’informen que estic detingut per la Guàrdia Civil a Barcelona i de tots els meus drets com a tal.

Comença un altre interrogatori, jo dic que tinc dret a no contestar, es posen a riure i m’apallissen, em posen una bossa al cap i l’estrenyen fins a ofegar-me, això tres o quatre cops. Després m’expliquen tot el que em preguntaran davant l’advocat d’ofici i el que hauré de contestar, unes set o vuit vegades fins que m’ho aprenc de memòria.

Ja havien passat moltes i moltes hores quan em diuen que anem a Madrid. Em carreguen en un cotxe i durant tot el viatge no deixen d’estomacar-me. Un cop a Madrid, descanso una estona llarga en una cel·la d’un metre i mig per tres. Sense adonar-me’n ja hi tornem a ser, una bossa al cap i el mateix procediment que a Barcelona; per les veus em sembla que els agents són els mateixos, recordant-me que si no feia la declaració davant de l’advocat que tantes vegades havíem assajat tornaria a tastar la bossa i potser d’altres procediments. Per estalviar-me tot això faig la declaració exacta. Em tornen a dur a la cel·la i un altre cop de cara a la paret, per la finestreta de la porta controlen que no m’estiri en una mena de llit que hi ha. Més tard entra un agent a la cel·la i s’escalfa clavant-me cops de puny als ronyons, al cap i als testicles mentre m’insulta dient: ‘Haces peste a catalán, a ver si te duchas, guarro!’. No hi va haver dia que no em caigués un cop o un altre.

Cada dia que vaig ser a Madrid em duien davant una forense que em preguntava si m’havien maltractat i jo li vaig contestar que per seguretat meva no contestaria aquesta pregunta fins que no fos a l’Audiència, i així ho vaig fer.

Després de cinc dies sense poder menjar ni dormir com cal i a base de tortures em portaren davant l’Ilm. Sr. jutge Baltasar Garzón, on vaig declarar tortures i vaig negar tot el que la Guàrdia Civil deia de mi. Hores més tard Carabanchel semblava un paradís per mi. Allà vaig gaudir de la millor dutxa de la meva vida.»

Josep Musté
«A les dues de la matinada, més o menys, a l’altura d’Olot, em varen fer parar la furgoneta tres cotxes. El primer era de la Guàrdia Civil i els altres dos camuflats. Varen sortir d’ells una dotzena d’homes armats, apuntant-me i obligant-me a baixar de la furgoneta amb espentes i sense dir-me perquè em detenien. Em van fer pujar a un cotxe estirat a terra i havent-me tapat els ulls amb una bena, que ja no me la van treure més fins a l’Audiència Nacional, al cap de cinc dies. Mentrestant em feien preguntes, m’amenaçaven de mort i em deien que em tirarien al llac de Banyoles o em tirarien un tret al cap en una muntanya que ells coneixien.

Durant el recorregut fins a la comandància de Barcelona em varen canviar de cotxe tres vegades, arrossegant-me per terra perquè anava emmanillat i no em deixaven aixecar. Mentre em feien preguntes em posaven una bossa de plàstic al cap quan a ells els hi semblava fins a gairebé ofegar-me.

Al arribar a la comandància varen començar a donar-me cops per totes les parts del cos, especialment als testicles, ronyons i el cap, amb les mans, els peus i amb uns llibres molt pesats. Mentrestant m’anaven fent preguntes, de tant en tant em posaven la bossa de plàstic al cap fins a gairebé ofegar-me, i m’amenaçaven ami i sobretot a la meva companya. Em van fer creure que també l’havien detinguda, i em deien que la violarien i la tirarien junt amb mi per un terraplè, així semblaria que havia estat un accident.

Quan s’acabava l’interrogatori em tancaven en una cel·la de cinc passes de llarg per un i mig d’ample, fins que em volien tornar a interrogar. En una ocasió em van amenaçar amb descàrregues elèctriques i em feien passar un fil per les cames mullades abans, però només era per intimidar-me. Cap al vespre em van dir que farien un viatge llarg i que allà sí que ho passaria malament si no els ajudava amb les declaracions. El trasllat va ser amb un cotxe, emmanillat i lligat al darrere. No em varen deixar anar al lavabo ni a Barcelona ni en tot el viatge, això va fer que m’hagués de pixar sobre meu mentre els guàrdies civils es reien i es mofaven de mi.

En arribar a Madrid tot va ser igual que a Barcelona, és a dir, cops al cap amb un llibre pesat, cops a totes les parts del cos i la bossa de plàstic al cap mentre m’interrogaven. Després em portaren a una cel·la i allà vaig rebre el primer entrepà després de quasi dos dies sense menjar res. L’entrepà era molt picant i dolent i gairebé no el vaig tastar.

Això va anar així tot el dimarts i tot el dimecres, fent-me anar a declarar cada matinada davant d’un senyor que em deien que era advocat però que no s’identificava mai, només a l’hora de signar el que havia declarat. En aquestes declaracions eren els únics moments que em treien la bena. Abans d’anar-hi, però, ja m’amenaçaven si no deia el que ells volien que digués. No em tocava cap més remei si no volia ser salvatgement colpejat altra vegada.

Dijous, juntament amb el dia que vaig passar a Barcelona, van ser els dos dies que vaig ‘rebre’ més i més fort. Dijous vaig arribar, tant per les pressions físiques com psíquiques, a un extrem que vaig explotar i en negar-me a contestar el que ells volien em van insultar i em van dir que el valent el fes en un altre lloc, que ja se m’abaixarien els fums. Em van lligar a unes barres, em va semblar perquè anava amb els ulls tapats, i em van treure la camisa, em van mullar el pit i els braços i em van fer unes descàrregues elèctriques al colze. Després vaig quedar com estabornit i em van fer seure en una cadira mentre em preguntaven el mateix que abans. En negar-me em van tornar a mullar i a lligar i em van tornar a fer descàrregues elèctriques.

Cal dir que des del primer moment de la meva detenció em preguntaven per persones concretes de l’independentisme combatiu com Carles Castellanos, Jaume Oliveres, Ramon Lòpez, Toni Lecha, etc. Des del primer moment vaig veure que el que volien era carregar-se el moviment independentista. Cal dir que vaig denunciar aquestes tortures a l’Audiència Nacional, tant al metge forense comal jutge. El metge forense em va visitar cada dia, però jo callava per por que fos un guàrdia civil més.

Pep Musté, Alcalá-Meco»

Jordi Bardina
«Em van detenir a les 7 del matí a casa meva membres de la Guàrdia Civil; immediatament m’emmanillaren molt fort i em dugueren a la comandància de Manresa. Durant el viatge em varen posar una bossa de plàstic al cap i em començaren a colpejar tot dient-me que de mi depenia que tot anés bé o malament. En aquells moments no sabia ni de què se m’acusava.

Un cop arribat a la comandància de Manresa (sempre amb la bossa al cap) els cops continuen constantment, sobretot al clatell i cops de puny al cap; tot això combinat amb insults cap a mi i la meva companya (‘Perro catalán nos vamos a joder a la puta de tu novia’); poc després em fan pujar a un cotxe (sempre amb la bossa al cap, que van estrenyent quan els sembla), amb el cap cot i gairebé tocant el terra, i em traslladen, segons vaig saber hores després, a Barcelona.

A Barcelona, va ésser sense cap mena de dubte on vaig patir les tortures més brutals. Interrogatoris constants i sempre com a mínim per part de tres o quatre persones que em preguntaven tots alhora i cridant. Sempre amb la bossa al cap que anaven estrenyent fins que no podia més; un cop em posaren el cap dins una pica plena d’aigua, fins al límit de l’ofegament, mentre reien i anaven dient que recordés Mikel Zabalza. Els cops són constants, sobretot al cap, al pit i a l’estómac; amb els cops em parteixen el llavi i em tornen a picar tot dient que m’ho he fet jo. En els moments que em deixen descansar em fan seure en un racó de cara a la paret; sovint em colpegen dient que m’he girat; una mica de descans i llavors altre cop el procés: cops, insults, amenaces de mort…

M’arriben a dir que del disgust que ha tingut la meva mare en saber que el seu fill era un ‘terrorista asesino de niños’; havia patit una crisi nerviosa i estava molt greu, internada en un hospital. Em pregunten per la meva companya; jo dic que no en tinc i tornen a picar-me i diuen que també l’han detinguda i que ‘nos la estamos follando todos’. Vaig perdre la noció del temps, recordo que em varen deixar en una sala molt petita, sempre de cara a la paret; llavors em van dir que era a Barcelona i que em traslladaven a Madrid, on seria pitjor.

Em fan pujar dins un cotxe amb les mans emmanillades per sota les cames. Era ja negra nit. Un cop a Madrid em porten a una cel·la sense llum que feia 1’5 metres per 3 de llargada; era molt bruta i feia una pudor insuportable.

De tant en tant em treuen de la cel·la i em tornen a posar la bossa; els interrogatoris comencen de nou, ara malgrat que criden molt i em fan repetir constantment el que ells diuen, tan sols hi ha cops esporàdics i estic estones molt llargues sense la bossa al cap.

No tinc ni idea de quantes hores o dies passen, però de cop i volta em duen a declarar davant d’un instructor; em diuen que la noia que es troba allà present és advocada, encara que en cap moment no s’acredità ni vaig poder parlar amb ella. Allà mateix vaig declarar maltractaments i tot el que vaig guanyar va ser una pallissa quan vaig tornar a la cel·la, cops de puny, puntades de peu… mentre em deien que ara sí que sabria el que eren tortures.

M’agafen i em porten a un cotxe; els cops són constants, m’estrenyen la bossa i em diuen que em porten al retiro a remullar-me, ‘Vamos a ver si eres tan valiente y vuelves a declarar tortures, hijo de puta’ em deien; finalment em deixen en una altra cel·la, ara amb un potent llum que no apagaran en cap moment.

Finalment, després de cinc dies sense gairebé haver dormit, destrossat tant físicament com moralment, i tan sols amb ganes de poder descansar, declaro davant de l’Il·lustríssim Sr. Magistrat Baltasar Garzón.

Jordi Bardina, presó d’Alcalá-Meco»

Eduard Pomar
«Dilluns dia 6 de juliol. A les 9 del vespre tocades, surto de casa per anar a sopar; quan sóc al carrer se m’acosten tres homes que s’identifiquen com a agents de la Guàrdia Civil. Van de paisà. Em diuen que estic detingut, registren el meu cotxe i em porten a la caserna que la Guàrdia Civil té a Mira-sol (Sant Cugat). Els hi demano de fer una trucada per telèfon per avisar a la meva família i em responen que em trobo incomunicat i que se m’acusa de col·laboració amb Terra Lliure. Em posen les manilles i em porten amb cotxe fins a Manresa; abans d’arribar, però, em tapen la cara amb l’americana que porto posada.

Un cop dins de la caserna de Manresa, em tanquen en una cel·la que no fa més de 2 metres de llarg per 1 d’ample; el matalàs que hi ha està cremat i la flassada molt bruta. No passa molt temps quan em fan sortir. Em tapen el cap i em porten en un despatx on es troba un metge; em fa algunes preguntes sobre les malalties que he patit i una petita revisió mèdica; després em tornen a portar a la cel·la on passo la nit. L’endemà, cap a les 8 del matí, em fan sortir de la cel·la i em porten a veure el metge. Puc anar al lavabo i després em porten un cafè amb llet i una pasta per esmorzar (no havia pres res des de migdia de dilluns). Quan he acabat em posen les manilles i em tapen el cap amb l’americana.

M’acompanyen fora de l’edifici i em fan pujar en un cotxe. Més tard pugen tres persones que per les veus identifico com les que em van detenir i portar a Manresa. Quan som lluny de la caserna em treuen l’americana del cap i em diuen que em porti bé i ells es portaran bé amb mi. Tinc un braç emmanillat a la porta del cotxe. Pels comentaris que fan els guàrdies civils m’assabento que em duen a Madrid. En una de les parades que fan per posar benzina puc veure que en un altre cotxe porten també detingut en Ramon Piqué. Cap dels dos cotxes porta distintius de la Guàrdia Civil. Són les 3 de la tarda del dimarts quan arribem a Madrid. Quan ens acostem a la Direcció General de la Guàrdia Civil em tapen de nou el cap. Un cop a dins em porten en una cel·la i cridant em diuen que comenci a fer flexions. Al cap d’una estona em fan aturar i em diuen que em quedi dret sense moure’m mirant a la paret. (La cel·la és més gran que la de Manresa i es troba en millors condicions; el matalàs i la flassada semblen nous i el terra està força net).

Al cap d’una hora aproximadament entren 2 homes a la cel·la; un d’ells em posa una bossa de plàstic negra al cap i m’agafa amb la mà pel clatell estrenyent amb força. Em porten en una habitació i em poden contra la paret; un dels dos homes se situa el meu costat; l’altre, més lluny, em diu que ja dec saber perquè m’han portat aquí i que comenci a parlar; llavors el que està al meu costat comença a donar-me cops a l’esquena amb el braç estès per ‘refrescar-me la memòria’, segons diu; per la força, sembla una persona corpulenta; també em dóna puntades de peu al pit i a la part de darrera de les cames. Els cops són constants i quan perdo la posició em crida que em posi dret.

Després comencen a estrènyer la bossa que tinc al cap i sento una forta sensació d’asfíxia. La respiració es fa entretallada i el cor batega acceleradament; quan ja crec que estic a punt d’ofegar-me m’obren una mica la bossa perquè pugui respirar, però la tornen a tancar tot seguit. Aquesta operació la repeteixen diverses vegades durant l’interrogatori, que intercalen amb cops indiscriminats per tot el cos. La sensació de por i d’impotència no es pot explicar amb paraules i no és comparable al que hagués pogut sentir anteriorment. Finalment acaba aquest primer interrogatori la durada del qual no la puc precisar amb exactitud però que podria ser de prop d’una hora.

Em tornen a la cel·la. Al cap d’una estona em fan sortir de nou i em porten a una habitació; abans d’entrar, però, em diuen que obri els ulls i que agafi una postura relaxada. Només entro jo a l’habitació. A dins una dona em diu que és la metgessa forense (m’ensenya una credencial); em pregunta que com em trobo i que si m’han interrogat; jo li dic que sí; llavors em pregunta com ha estat l’interrogatori; jo li explico tot el que m’han fet i ella ho apunta en un paper. Em diu que intenti ‘animar-me’ i que procuri menjar si em donen de sopar. Quan surto, els agents que em porten volen saber què li he dit a la metgessa.

Quan estic a la cel·la em porten ‘el sopar’. Estic marejat i tinc mal de cap; això fa que em costi menjar. Quan acabo de sopar em fan posar dret amb els braços al costat del cos i sense que em pugui moure. En aquesta posició em trobo al fons de la cel·la a l’espera que en qualsevol moment em vinguin a buscar per tornar-me a interrogar, quan sento el soroll de l’aigua que corre contínuament com si hi hagués una aixeta oberta i m’entra pànic de pensar que no em facin la banyera.

Després d’una estona sento que obren la porta; em criden que em quedi quiet, em posen de nou la bossa al cap i em treuen de la cel·la. Comença el segon interrogatori. Aquest és semblant a l’anterior, encara que hi ha algunes diferències: els cops al cos amb els braços i les cames van acompanyats també de cops als genitals i al cap; aquests últims són efectuats amb una guia de telèfons; també em donen cops plans a les orelles amb les mans obertes mentre no paren d’insultar-me. Durant l’interrogatori em fan agafar amb la mà uns cables i em diuen que estan connectats a una bateria de camió i que si no dic el que ells volen connectaran el corrent. Per sort, finalment no ho fan. En un altre moment de l’interrogatori em comencen a descordar els pantalons i m’amenacen de ‘donar-me pel cul’ tot burlant-se de mi, encara que no arriben a fer-ho.

Quan ja fa una bona estona que m’interroguen sento que algú entra a la sala. L’agent que tinc al costat em dóna dos o tres cops ben forts i sento com s’allunya; l’altre em diu: ‘Tienes suerte, te salva la campana’. Es produeix el relleu dels agents. El que ha entrat a la sala em fa algunes preguntes referents al que havia declarat anteriorment davant els altres agents, però ja no rebo cap cop més fins al final de l’interrogatori. Torno a la cel·la. Per primera vegada des que vaig arribar em deixen estirar al llit. Estic molt cansat i tinc tot el cos adolorit. De sobte obren el llum i criden que em posi dret. Passa el temps. Finalment entren dos agents a la cel·la; em diuen que si vull ‘manifestar’ (declarar); que si ho faig, em prendran declaració davant de l’advocat i després em portaran a l’Audiència Nacional per declarar davant del jutge. Dic que sí; no puc creure que es pugui acabar aquest suplici. Només penso amb sortir d’allà dins. L’endemà, dimecres, em porten de nou a veure la metgessa forense. Després d’això em fan un altre interrogatori, aquest sense violència per ratificar les declaracions que havia fet el dia abans.

Més tard em porten a ‘declarar’ davant l’advocat d’ofici; aquest no fa cap pregunta ni a mi ni a l’agent de la Guàrdia Civil que va llegint la meva declaració. Aquest agent és el que dirigia els dos interrogatoris en els quals vaig patir maltractaments i tortures. Ara podia veure-li bé la cara. Finalment l’advocat es va limitar a signar la declaració.

A la tarda em porten, juntament amb altres detinguts, a l’Audiència Nacional. Després de passar algunes hores sol en una cel·la, al vespre declaro davant el jutge que decreta la meva llibertat sota fiança. Malgrat això sóc conduït, juntament amb dos detinguts més, a la presó de Carabanchel perquè fins l’endemà no es pot pagar la fiança. El dijous a la tarda surto en llibertat i acaba finalment aquest malson que ha durat tres llargs dies.

Eduard Pomar, Sant Cugat, 30-8-1992»

Ramon Piqué
«Dilluns dia 6 de juliol, cap a les 8 del vespre vaig al local de l’MDT (carrer Sant Pere més Baix) per tal d’informar-me com han anat les detencions dels independentistes ocorregudes la setmana anterior. Jo el dia abans he arribat de Canàries on he estat treballant en un Seminari d’Ensenyament de Llengües Assistit per Ordinador organitzat per l’EUTI de la UAB i l’EUTI de la Universitat de Las Palmas.

Allí m’assabento que els detinguts han patit tortures: la bossa, la banyera, elèctrodes, cops de puny… Faig una llista de les persones detingudes així com de la data, dedicació i l’advocat que han assignat. És una informació que vull utilitzar per a la confecció de la revista CLAM, la revista dels Comitès de Solidaritat amb els Patriotes Catalans, revista que es pot trobar fàcilment al carrer.

Cap a tres quarts d’onze de la nit surto de la seu juntament amb altres companys. Després de deixar-ne dos a Barcelona el que duu el cotxe m’acompanya a Montcada i Reixac, a casa dels meus pares. Em deixa a uns 300 metres de casa. Davant de casa veig aleshores, rere una cabina de telèfons, dues persones.

Quan pujo a casa dels meus pares, la meva mare em diu que durant tot el dia hi ha hagut un cotxe davant de casa i un xicot ha demanat per mi dues vegades diu que és un company de feina. També ha rebut una trucada en el mateix sentit. Ma mare ha agafat la matrícula del cotxe i així ho comenta a ma germana per telèfon. Al cap d’una estona han canviat de cotxe. Fa més de deu anys que no visc en aquella casa.

No han passat deu minuts que truquen a la porta demanant per mi; és la guàrdia civil, de paisà, que porta una ordre de detenció per a mi. Són tres, i un d’ells m’agafa ràpidament i m’empenyen cap al carrer. Ràpidament els demano que em deixin agafar l’estoig de les lentilles i les ulleres; em diuen que prengui també la documentació i que no toqui res més.

Poc després, un cop emmanillat i dins del cotxe (que no duu cap distintiu) em duen a Manresa, on passo la nit lligat, amb una cadena feta amb manilles, a una canonada de la calefacció. L’endemà em duen, juntament amb l’Eduard Pomar (això ho vaig saber després), també en un cotxe sense distintiu a la Direcció General de la Guàrdia Civil, a Madrid.

Em tapen el cap amb la meva jaqueta per entrar i em duen a una cel·la d’un metre i mig per tres i uns dos i mig d’alçada. Minuts més tard un agent per la finestreta em diu cridant que comenci a fer flexions, primer estirat, i després dret. Així estic durant un temps fins que obren la porta, em posen una bena als ulls i em condueixen a una altra sala. En aquesta sala em cobreixen el cap amb una bossa de plàstic, bossa que aniran estrenyent, col·locat jo de genolls, per darrera produint-me una forta sensació d’asfíxia. Realitzen aquesta operació diverses vegades tot recordant-me que una persona pot aguantar fins a cinc minuts sense respirar.

Crec que són unes tres persones les que fan l’interrogatori però només puc identificar les veus. Em diuen que si tinc alguna cosa nova a dir aixequi la mà. Jo no tinc res a dir però la sensació d’ofec i el pànic que m’envolta fa que aixequi la mà contínuament, tot i així encara em demanen si de debò és una cosa nova. La meva impotència és total i la meva por cada cop més gran. De seguida, i sense treure’m la bossa del cap comencen a colpejar-me dues o tres persones alhora. Diuen que acabaré parlant. Els cops van dirigits a l’estómac, els testicles, els pits, els braços… i a continuació prenen un llistat de telèfons i mentre em recorden cridant que són no sé quants milers de telèfons i adreces em van colpejant el cap fins que caic a terra. Dels cops de punys em deixen un senyal a l’ull esquerre. No sé quant de temps ha passat que ja em duen a la cel·la. Abans, però, em recorden que tenen tres dies i que ells es van rellevant, i que no tenen cap problema per demanar una pròrroga de la meva incomunicació fins a cinc dies.

Abans d’entrar a la cel·la em diuen que em renti la cara i les mans. És aleshores que em noto l’ull esquerre inflamat. També l’agent que m’ha acompanyat ho veu i comença a dir-me que com m’he fet això a l’ull. Evidentment responc que no ho sé però que segurament m’ho he fet jo sol. A la cel·la em deixen estirar sobre un matalàs, marca Pikolin encara amb el plàstic, que té una taca de sang, suposo que d’algun detingut anterior. La paret té també una taca gran de sang semblant a l’empremta d’una mà.

No ha passat gaire temps, potser uns quinze minuts, que un agent per la finestreta em diu que torni a fer flexions i que les compti en veu alta perquè ell ho senti. Crec que en vaig fer sobre uns 125. L’agent vol que les faci ben fetes: flexionar els genolls fins a baix del tot i pujar amb el cos ben dret i sense adormir-me. L’esport no ha estat mai una afecció per a mi. Les cames no m’aguanten ja quan em deixen estirar una estona fins que em vénen a buscar i em duen, sempre amb els ulls tancats i amb el cap cot, en un despatx on hi ha la metgessa forense.

Em demana que com em trobo. Li responc que ja ho pot veure. Fa més cara d’espant que jo. Em demana per l’ull esquerre, i després d’explicar-li-ho li prego que no ho posi a l’informe ja que m’han dit que anés en compte amb el que deia al forense perquè després ells li demanarien al metge. Li dic que no he dinat ni he sopat des de la nit anterior, llevat d’un entrepà que m’han donat els que m’han dut a Madrid. Després de la visita de la forense em donen de sopar. Tanmateix no puc menjar gaire cosa, em costa d’obrir la boca i només tinc set, molta set d’aigua.

Després de sopar em fan posar dret contra la paret del fons de la cel·la, la paret que té la taca de sang. Així restaré la resta del dia, tota la nit i el matí següent. Jo sabia que a un dels detinguts anteriors l’havien fet restar així tres dies. En aquell moment no puc creure que sigui capaç de resistir ni una nit. Un agent va vigilant per la finestreta que no prengui postures ‘còmodes’, haig de restar dret amb els braços caiguts, ni al davant ni al darrere. Crec que vaig restar així sobre unes 18 hores, només amb una interrupció, durant la nit, que té lloc el segon interrogatori.

El segon interrogatori el fa el torn de nit, tinc la imatge que aquests cridaven més que els altres, suposo perquè venien frescos. Només entrar a la cel·la i mentre m’embenaven els ulls em cridaven que ara sí que parlaria. També ara em tornen a fer la bossa, encara que sense posar-me de genolls, i de tant en tant em fan fer flexions. Com que ja no puc fer-les bé per manca de força i pel dolor dels músculs de les cames, ells ‘m’ajuden’ prement fortament i bruscament sobre mi quan baixo. El dolor és molt fort i jo ja no puc més. També combinen la bossa amb cops de puny, encara que ara no tan abundants ni de manera indiscriminada, potser per a no tornar a deixar cap marca com a l’ull esquerre. Em colpegen també amb les dues mans alhora als costats del cap, de manera que la oïda em resta adolorida durant ben bé un dia.

La noció del temps la tinc una mica confusa, entre altres coses perquè quan volen encenen el llum de la cel·la i quan no la tanquen. També hi ha un agent que s’entreté a obrir i tancar l’interruptor contínuament. L’única cosa que em permet saber si és un nou dia o no és el renou de passes que se sent per damunt del sostre, que crec que dóna a un patí de la caserna.

Després d’aquests interrogatoris continuo dret a la cel·la, només durant el sopar em permeten seure una estona.

Quan torno a veure la forense, després del dinar, li explico que he passat la nit i part del dia dret i sense dormir, denou li prego que no ho escrigui en l’informe. Després em deixen estirar al llit, on hi estic fins que em venen a buscar per a un altre interrogatori. Aquesta vegada no és tan fort com els anteriors, no em fan gaires vegades la bossa i el nombre de cops no passa d’una dotzena: suposo que ja he après de memòria la declaració de tantes vegades com l’he repetida. Des d’aquesta sala sento els crits d’alguns dels companys que en aquell moment estan torturant, i obren la porta perquè ho senti més bé mentre em diuen que tothom acaba parlant. M’ensenyen la llista dels presos que havia fet a Barcelona al local de l’MDT, així com un full meu on hi havia escrit que a dos dels detinguts anteriors els havien fet la bossa i la banyera.

Després em deixen estirar de nou al llit i em sento realment afortunat perquè tinc moltes ganes de descansar. Comença una nova vida per a mi dins d’aquell infern perquè ja no em tornaran a tocar fins a la declaració davant del jutge. Aquesta nit puc descansar per primer cop en tres dies, no obstant sovint em desperten els crits dels agents quan venen a buscar algun company, la por que tornin a buscar-me no em deixa dormir gaire temps seguit.

L’endemà, després de fer un simulacre de declaració, em duen davant l’instructor i l’advocadessa d’ofici per a fer la declaració davant de la guàrdia civil. L’advocadessa, una senyora d’uns 55-60 anys, em dóna un caramel de taronja mentre fa comentaris sobre les guàrdies que ha de fer aquell cap de setmana. Em faig creus de la frivolitat d’aquella senyora. Faig la declaració tal com l’he après a baix.

Creia que aquell dia em durien a l’Audiència a declarar, i això em donava ànims perquè volia dir que probablement no hi haurien més tortures. Aquest estat es va capgirar de cop quan un agent en va portar un paper on es concedia una pròrroga de dos dies en la meva incomunicació. No podia creure que havia de ser allà encara dos dies més, això em va provocar una angoixa molt forta. L’agent em va dir que això era per si no ratificava davant del jutge la meva declaració inculpatòria, en aquest cas tornaria a baixar a la cel·la i començarien denou els interrogatoris.

L’endemà divendres em van dur a l’Audiència. En la cel·la de l’Audiència no aconseguia veure clar sobre què havia de fer, si declarar o no declarar, la por la vaig tenir fins a l’últim moment. No volia de cap manera tornar a baixar allí. Jo sabia que després de declarar davant del jutge un pot anar a la presó (on estava segur que m’hi durien), o al carrer però difícilment tornar a mans de la guàrdia civil. El terror, però, que sentia només en pensar que podia ser cert va poder més al començament perquè vaig ratificar una part de la declaració, després la denúncia de les tortures em va sortir ràpidament.

Quan el jutge em va decretar la llibertat sota fiança no podia creure-ho i de nou a la cel·la en espera que em deixessin tenia moltes ganes de plorar. Quan vaig veure el meu germà no vaig poder aguantar-me i vaig plorar molt. Suposo que era perquè no havia de tornar allà baix.

Ramon Piqué, Montcada i Reixac, 13 de juliol de 1992»

El documentari sobre l’operació Garzón
Si teniu interès a saber més detalls de l’operació Garzón, podeu mirar aquest documentari que ho explica:

http://www.vilaweb.cat/noticies/loperacio-garzon-fa-25-anys-els-relats-de-les-tortures-en-primera-persona/

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