Las sonrisas infantiles terminarán el puente empezado

Un nuevo tipo de turista está llegando a la Isla los veranos. Los niños cubanoamericanos van a pasar semanas con sus parientes allá, en primer lugar por el aliento de los costos (estamos en un mundo de costos donde el cálculo tiene que primar o vas a parar debajo de un puente) y por la seguridad.

Aunque me han dicho que Mia(nd)mi no ha hecho mucho ruido acerca de ESTE ASUNTO (no puedo asegurar hasta qué punto es cierto esto por mi alergia pantagruélica a las estaciones de tv y radio locales), algo se ha colado en internet, donde se cita, como he dicho, el OTRO ASUNTO, el de los costos, que los padres comparan con el susodicho-reiterativo Orlando (les remito a mi cuento Orlando para hacer algo por mí también mientras escribo esta nota) y su Disney de plástico y concreto.

Uno de los niños, ya aquí en tierras de libertad, le pregunta al otro si tuvo algún problema. ¿Qué problema voy a tener, si me pasaba el día jugando? Jugando, se entiende, mataperreando, no sentado apretando botones frente a una pantalla para luego ir a calentar y comerse el LUNCHE preparado por la madre antes de irse a trabajar.

Una señora parece haber saltado-insultada, a condenar el ASUNTO: Los padres tienen la culpa de permitir que estos niños vayan a que los adoctrinen y regresen para acabar con este gran país.

De lo que deducimos que la contrapartida infantil cubana va a discursear a su compañerito de juegos sobre la lucha de clases, la lucha de contrarios y otras tantas luchas, mientras el cubanoamericanito se queda en la luna del ASUNTO.

Yo nunca me hubiera imaginado otra infancia que no fuera la del mataperreo. Eso sí, leía mucho desde ya, pero qué va, la calle era la calle, la interacción real y la vida estaban allí, con los demás. Mi inolvidable vieja, viendo cómo me iba para Varadero con unos 12 ó 13 años, acompañado de otros muchachos un poco mayores, solo atinaba a decir, bueno, llámanos, queremos saber que estás bien, nada más. Nunca me imaginaría para mí otra infancia, ni en este siglo ni en el que viene, ni con las actuales maravillas tecnológicas ni con las que vienen.

Me alegro por los pequeños cubaniches de Mia(nd)mi, que aprendan desde ahora que las cosas no son en blanco y negro, como dice la doctrina miamense, y con sus sonrisas que contribuyan a reunir, a aupar (diferencias incluidas), a dejar atrás agravios e incomprensiones que únicamente perjudican al agraviado y al que no comprende. Que apoyen esta lucha práctica para el bien de todos, a pesar del permanente ASUNTO de los costos.

 

Ernesto González, escritor cubano residente en Estados Unidos, publica artículos en revistas locales y electrónicas, ha enseñado español en la East-West University y en la academia Cultural Exchange, y fue asesor de la prueba de español creada por Riverside Publishing. Trabajó durante trece años en el periódico en español Hoy del Chicago Tribune. Sus novelas están disponibles en amazon.com (EEUU), lulu.com (Europa y Latinoamérica), y en kindle.

http://www.lulu.com/spotlight/egonza_3399

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