Las raíces de la emergencia climática

La crisis de una civilización sin salida

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Por Patrocinio Navarro Valero

Tras varias cumbres internacionales para poner freno a la deriva climática que amenaza la vida en este Planeta- pero no al Planeta mismo, como a veces se nos quiere dar a entender- hemos descubierto que ni uno solo de los países participantes está dispuesto hasta hoy a cambiar su sistema de producción contaminante basado en la acumulación de beneficios y poder, y la super-explotación sin límites de recursos naturales, de las personas y del mundo animal y vegetal. Todo ello para gloria y provecho de tan solo unas cuatrocientas familias en toda la Tierra. Otra cosa es que se muestren compungidos ante los males que nos afectan, como es tradicional, aunque ni siquiera todos ellos. Y si no que pregunten a los gobiernos de EEUU, China, Rusia y Brasil, por decir algunos negacionistas o despreocupados.( óleo de Hans Bähle)

 Mediante diversos tipos de violencia, mentiras y juego sucio, minorías de ricos  han ido construyendo a lo largo de generaciones poderosos imperios económicos y complejas organizaciones culturales, mediáticas, militares y paramilitares gestionadas finalmente por gobiernos y otros grupos de poder en los campos de la cultura y las comunicaciones que actúan como verdaderas amas de llave de esos imperios. La cobertura moral se las proporcionan las diversas instituciones religiosas, que actúan como escudos protectores de aquellos con su doble moral farisaica y sus dogmas y ritos pensados para embaucar y atontar.

Y lo mismo que los países más industrializados y más contaminadores- en manos de esos clanes mencionados- no están dispuestos a cambiar perdiendo dinero o poder, tampoco la mayoría de las personas está dispuesta a revisar su modo de vida y hábitos de consumo. La cuestión aún se agrava cuando los países más contaminadores no solo no aceptan poner límites a sus emisiones, sino que al necesitar dar salida a sus producciones potencian el consumismo de masas con el efecto perverso añadido sobre el ya asfixiado y superexplotado Planeta.

Así las cosas, ¿ podemos imaginar que exista alguna clase de poder popular que pudiera imponer cambios drásticos en todo cuanto daña a diario el medio ambiente? El panorama es serio si consideramos la enorme división que existe entre los grupos alternativos, donde cada uno vive al margen de los otros con sus propias reivindicaciones, sin que se consiga formar un frente  común alternativo. Y sin embargo esta es nuestra verdadera solución siempre que existan suficientes apoyos populares.

Entre tanto, ¿ quién pondrá límites a la agricultura industrial, ganadería extensiva, transportes, industrias contaminantes, productores de energías sucias y otras fuentes de veneno mundial?… ¡No esperemos nada de los gobiernos más allá de bonitas palabras de condolencia.!…Y si un gobierno cualquiera desea señalar con el dedo acusador a los responsables del desastre global, más intensamente lo hará sobre los que menos tienen que ver -aunque tampoco sean inocentes del todo- , y menos  sobre los verdaderos culpables a gran escala: grandes industriales, grandes latifundistas ,grandes ganaderos, grandes multinacionales, grandes compañías de transporte aéreo y marítimo, etc, etc. 

Ante esta emergencia climática y de valores de civilización,los pueblos del mundo estamos obligados a preguntarnos: ¿hasta dónde estamos dispuestos a exigir a nuestros gobernantes que metan en cintura a tanto depredador medioambiental?…Tienen interés y son libres, acaso, para tomar decisiones contra los contaminadores que les fiscalizan y pagan sus campañas electorales ?

Y por nuestra parte: ¿ cuántos hábitos negativos de vida y consumo perjudiciales para el clima y la vida toda estamos dispuestos a cambiar a favor de nuestra madre Tierra? Todas estas preguntas deben ser respondidas. Y cuanto antes, mejor para todos.

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