Las que soñamos con vivir en el campo

Estos meses de emergencia sanitaria y confinamiento han dado la vuelta a nuestras vidas. De pronto las personas que habitamos pueblos pequeños hemos pasado a ser privilegiadas en algunos aspectos, pudiendo pasear por el monte, tener contacto con la naturaleza, relacionarnos con nuestro entorno sin peligro de aglomeraciones e incluso disfrutar del aislamiento. Las grandes ciudades han dejado al descubierto su cara menos amable, y no es extraño que muchas personas hayan confirmado su deseo de mudarse por fin a una zona rural.

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Ahora más que nunca nos tocaría preguntarnos qué mundo rural queremos construir, cómo conseguimos generar alternativas reales desde la economía social y solidaria, y para ello aún nos quedan grandes retos por afrontar.

El proyecto Empenta Artieda: tres años luchando contra la despoblación 

En un pequeño pueblo de 70 habitantes del prepirineo aragonés nació hace tres años el proyecto Empenta Artieda, como un intento ambicioso de sus vecinas de luchar contra la despoblación desde el municipalismo y la autogestión, apoyándose en herramientas como la Investigación Acción Participativa. Resultó ser un proceso de no retorno, y a la primera fase de investigación le siguió la implementación de un Plan de Acción Integral que ha tenido un gran impacto en este pequeño municipio y en su entorno.

Las vecinas, con apoyo del Ayuntamiento y del emprendedor Santiago Lamora y la empresa Ribaguifi, se organizaron para instalar una red de banda ancha de internet, que ahora funciona de manera autogestionada a través de una asociación y supone un bajo coste para las familias y pequeñas empresas del pueblo. Las necesidades de las personas mayores para mejorar su calidad de vida han sido estudiadas y atendidas desde el proyecto “Envejece en tu pueblo”, liderado por la empresa social Senderos de Teja y apoyado por los Ayuntamientos de los cuatro pueblos cercanos. La red de espacios vecinales que funcionan de manera autogestionada en el pueblo se ha ampliado de manera significativa. Al local social, la sala multiusos, la biblioteca y el polideportivo con gimnasio se han sumado un centro juvenil y un espacio de coworking municipal.

Uno de los resultados más visibles de este proceso es que en los últimos dos años ha aumentado la población joven en el pueblo, llegando a instalarse doce nuevos pobladores, la mayoría sin vínculo previo con el territorio. La acogida de estas personas ha sido uno de los objetivos del proyecto, poniendo énfasis en cubrir las necesidades de socialización a lo largo de todo el año, especialmente de la población joven, a través de la dinamización social y cultural. El pueblo de Artieda es conocido en su entorno por ser un hervidero de actividades culturales, artísticas y encuentros temáticos tales como ferias de agroecología, jornadas de inmersión lingüística en aragonés o jornadas de feminismo rural.

A pesar de la clara apuesta que ha tenido Artieda por las políticas locales y la búsqueda de soluciones específicas desde el propio pueblo, uno de los ejes de trabajo que ha sido constante es la colaboración con otros pueblos que viven situaciones similares. Desde el proyecto de Empenta se ha colaborado con los pueblos más cercanos en ámbitos como el acompañamiento a personas mayores o la realización de actividades de sensibilización en materia de igualdad de género. También se ha ofrecido acompañamiento a otros pueblos que se han mostrado interesados en replicar el modelo.

Foto: @empentartieda

Retos para construir el mundo rural que queremos 

Uno de los principales problemas que debemos enfrentar de manera urgente es la dificultad de acceso a la vivienda en el mundo rural para la población joven. Tanto aquellas personas que llegan por primera vez a un pueblo en el que no tienen arraigo, como aquellos jóvenes que tienen vínculo familiar con el pueblo pero buscan emanciparse, se encuentran con una falta de oferta de vivienda accesible. En la mayoría de los pueblos, la oferta de vivienda en alquiler es realmente escasa o inexistente, lo cual se vuelve un verdadero inconveniente a la hora de poder asentar población en estas zonas. Vivimos a diario situaciones tan grotescas como que en pueblos de menos de 100 habitantes que se muestran preocupados por la despoblación deben rechazar la propuesta de personas jóvenes que quieren instalarse en el municipio por no contar con opciones asequibles de vivienda. Esto contrasta con la cantidad de viviendas vacías que encontramos paseando por cualquiera de estos pueblos, algunas utilizadas como segunda residencia en ocasiones de manera muy puntual, otras sin ningún tipo de uso. Son casas llenas de recuerdos y de valor sentimental para familias, pero abandonadas en la práctica sin permitir que la vida siga llenando las calles de estos pueblos.

Las soluciones a esta problemática pasan necesariamente por una concienciación acerca de la importancia de dinamizar la oferta de vivienda rural y garantizar condiciones accesibles para jóvenes que quieran vivir en los pueblos. Desde Empenta Artieda se apostó por dar al ayuntamiento un rol importante, favoreciendo la mediación entre propietarios de vivienda vacía y nuevas pobladoras, ofreciendo un servicio de asesoramiento para promover el alquiler y construyendo nueva vivienda en espacios municipales disponibles. Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que debemos ir un paso más allá, y buscar soluciones que partan de la construcción colectiva de nuevos modelos de vivienda, superando la dicotomía tradicional entre alquiler y compra, explorando opciones como las cooperativas en cesión de uso y la covivienda. Apostamos por un modelo de construcción sostenible, que se integre en el pueblo y aporte a la vida comunitaria local, garantizando una gestión colectiva dinámica que permita vivir en el pueblo a cualquier persona que así lo desee.

Otro de los ejes de trabajo que nos planteamos como reto a largo plazo es el empleo. En el caso de Artieda, igual que muchos otros pueblos, se trata de un municipio alejado de núcleos urbanos, de cabeceras de Comarca y de grandes ciudades. Existe además una carencia casi total de servicios de transporte público. El empleo al que suele acceder la gente joven en zonas rurales de montaña se caracteriza por altos niveles de precariedad y su carácter estacional vinculado a temporadas altas de turismo.

Muchas de las personas jóvenes que deciden migrar de la ciudad al campo lo hacen soñando con construir formas de vida más respetuosas con los ritmos de la naturaleza. Esto abre una ventana infinita de posibilidades para buscar soluciones en el marco del emprendimiento social. Las propuestas en este ámbito deberían basarse en los principios de la economía social y solidaria, en fórmulas creativas de negocios que cuiden la vida y su entorno. Queremos aportar colectivamente un valor añadido respecto al modelo de empleo precario y explotación predominante en las ciudades.

Uno de los ámbitos en los que el mundo rural ofrece oportunidades de emprendimiento es el de la producción y transformación alimentaria. Resulta vital para la construcción de la ruralidad que queremos que estos proyectos se basen en el modelo de la soberanía alimentaria, ya que los impactos que la agricultura y la ganadería industrial han tenido para las personas y los territorios han sido devastadores.

En la primera fase de diagnóstico del proyecto Empenta Artieda se detectó que uno de los grupos de población con mayores dificultades para asentarse en zonas rurales son las mujeres jóvenes. Sumado a la falta de acceso a la vivienda, el aislamiento y la precariedad de los empleos disponibles, nos encontramos una carencia importante de servicios de cuidados de niños, niñas y personas dependientes, que o bien no existen o bien se encuentran alejados. Esto supone una dificultad extra a la hora de pensar en posibilidades de conciliación de la vida laboral y personal para las mujeres que viven en zonas rurales despobladas. Es imprescindible que a la hora de construir alternativas de emprendimiento rural pongamos la vida en el centro, garantizando el acceso a espacios colectivos de cuidados y promoviendo la consolidación de redes comunitarias de apoyo mutuo.

La despoblación no es la única amenaza a la sostenibilidad del medio rural. Nuestros pueblos y valles son a menudo escenario de especulación y corren el riesgo de sufrir los impactos de macroproyectos, como es el caso del recrecimiento del embalse de Yesa, contra el que las vecinas de Artieda y pueblos cercanos llevan décadas organizándose y luchando. Los modelos de turismo imperantes también se vuelven una amenaza para la sostenibilidad de la vida en las zonas rurales: construcción de grandes urbanizaciones de segunda residencia, grandes autopistas cuyo diseño no tiene en cuenta las necesidades de la población local, espacios naturales masificados y pistas de esquí son algunos ejemplos que demuestran la necesidad de pensar en un nuevo modelo de turismo, a pequeña escala, que ponga en valor el territorio y reduzca su impacto sobre el medio ambiente.

La construcción de la ruralidad que queremos, basada en los principios de la economía social y solidaria, supone un gran número de desafíos que hay que enfrentar. Sin embargo, estamos convencidas de que el mundo rural ofrece la posibilidad de construir soluciones colectivas a los retos que impone el inminente colapso ecosocial del sistema capitalista. Las que soñamos con vivir en el campo también soñamos con poner la vida en el centro.


La autora de este texto, María Pulido, activista rural y feminista, del Grupo motor de Empenta Artieda, participará el jueves 11 de junio en la mesa redonda de las 25 Jornadas de Economía Solidaria de REAS Aragón.

Fuente: Arainfo

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