Las pensiones y el futuro

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LAS PENSIONES Y EL FUTURO.

Un recorte brutal y general de derechos. Ese es, exactamente, el resultado esperable del acuerdo sobre las pensiones alcanzado por sindicatos mayoritarios y gobierno. Y algo más. Mucho más inquietante: una condena. La condena, como pasó en América Latina tras los ajustes de los 90, a la pobreza y a la miseria en la tercera edad a gran parte de los integrantes de las generaciones que en este momento tienen menos de 50 años. Las generaciones que han probado con creces las mieles del neoliberalismo en la forma de precariedad laboral (que impide cotizar) y falta de vivienda, de inanidad cultural y vacío existencial.

La pobreza en la vejez no es algo a tratar con desdén y ruindad. Ayer mismo, en la televisión, los tertulianos más recalcitrantes daban su opinión: cada palo que aguante su vela, que cada cual tenga la pensión que pueda ahorrar, nada de paternalismo trasnochado. No debe de ser paternalista la gigantesca transferencia de rentasrealizada a los sectores que sostienen el régimen juancarlista actual en la forma de subvenciones, chanchullos y demás. Cosas que, obviamente, todos esos presuntos vagos del contrato temporal y los 426 euros no pueden ni oler. La corrupción se ha transformado en una forma de vida, volviendo sorda a la elite a todo lo que no sean sus más estrechos intereses pecuniarios. Cuadros de los sindicatos mayoritarios, tertulianos, ejecutivos de las multinacionales, políticos profesionales, oligarcas…tienenalgo en común: su brutal autismo al sufrimiento de lo más.

Pero todos estos ajustes descabellados no van a resolver nada. Las mismas recetas que generaron la crisis no la solucionarán. La titánica transformación que se avecina no se detendrá por acelerar el expolio de las clases subalternas. La crisis energética, la ecológica, la económica, la cultural…la confluencia de todos estos terremotos va cambiar de arriba abajo la faz de nuestra estructura social. Aunque no sabemos, a priori, en qué dirección. Eso será el resultado de las acciones reales de todos los implicados.

Los que mandan y sus lacayos saben que el vendaval va a ser tremendo. Que lo visto hasta ahora sólo es el comienzo. Y tienen una estrategia básica: permanecer unidos. Si lo firmamos todos no pasará nada: esa es la tesis que sustenta el descaro de los sindicatos y el gobierno en este tema de las pensiones. Y, por supuesto, la unidad se está construyendo entorno a las posiciones más reaccionarias, con desmedro claro de los llantos impotentes de la socialdemocracia. La idea es que si los ajustes se hacen mediante un gran pacto social que una a todas las fuerzas del régimen, no habrá resistencias.

Es una estrategia inteligente, pero también peligrosa: si todos piensan lo mismo, ya no hay espacio para el disenso. Si no se puede confrontar el consenso desde dentro, sólo queda colocarse fuera. Ya nada podrá encauzar la energía y la rabia social al interior del espacio político de lo integrado. Y quizás la izquierda social pueda convertirse en referente de lo no integrado. Que la clase dirigente lo sabe, queda meridianamente claro al leer la oportuna sentencia que declara ilegal la huelga del Metro de Madrid: al que se quede fuera sólo leespera el palo y las calumnias.

Pero seamos serios: esto no son los Pactos de la Moncloa, aunque se repita mucho. Porque lo que viene después no es un aluvión de subvenciones europeas y una fase de crecimiento de la economía mundial, sino más paro y más pobreza. Esto es el inicio de la ofensiva más brutal que hayamos padecido en décadas.

Alguien ha debido de olvidar, últimamente, que los trabajadores de los pueblos del Mediterráneo disponen de una cultura milenaria, atravesada por innumerables episodios de resistencia a la opresión yafirmaciones de la libertad y la dignidad humana.

No va a ser tan fácil.

José Luis Carretero.

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