Las pensiones privadas fracasan estrepitosamente en el Estado español

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Los planes de pensiones no consiguen remontar en popularidad. Al contrario, cada encuesta ratifica el poco interés de los españoles por ahorrar para la jubilación a través de este producto, que muestra en general rentabilidades más pobres, comisiones más altas y menor liquidez que alternativas como los fondos de inversión.  Una de las pruebas de la falta de interés por los planes de pensiones es una encuesta de Funcas en el marco del ‘Programa Funcas de estímulo de la educación financiera’ realizada por Imop entre el 23 de febrero y el 12 de marzo del año 2018 entre 1.518 personas, con una edad de 18 a 65 años. El sondeo muestra que el 77% raramente gasta más de lo que ingresa, a pesar de que los datos del Banco de España revelan que los hogares volvieron a tener en 2017 necesidades de financiación por primera vez desde 2008.

Por otra parte, en un artículo «El gran fracaso de las pensiones privadas en España: su baja rentabilidad no cubre ni la inflación» de Piedad Oregui aparecido hoy en el diario El País, la autora afirma que:

La sostenibilidad del Estado de bienestar lleva años poniéndose en duda. Uno de sus pilares, el sistema público de jubilación, está en el ojo del huracán. El envejecimiento de la población y la mayor esperanza de vida animan a los economistas más liberales a recomendar a los ciudadanos ahorrar y destinar parte de ese remanente a los planes de pensiones privados. Más allá del debate ideológico, ¿es una buena idea? Lo que no son cuentas son cuentos, y los datos son cristalinos: la inmensa mayoría de los 9,6 millones de españoles que tienen este producto pierden dinero en los últimos 12 meses.

Pero no es el Estado español el único lugar en el que se pierde con las pensiones privadas. En Chile, el modelo neoliberal para América Latina, que prestamente optó por el sistema privado de pensiones (en realidad la privatización absoluta de la vida de cada chileno/a) también el fracaso es ostensible. Muchos trabajadores y trabajadoras de clase media chilena que contribuyeron regularmente a su fondo de pensión privada descubrieron que sus cuentas no generan los mismos beneficios que el antiguo sistema de jubilación pública.

D.S.,  técnico laboratorista de 66 años, tiene planeado, debido a un reciente ataque al corazón, jubilarse en marzo. Gana menos de 950 dólares al mes y su fondo de pensión le informó que tras 24 años de contribuciones recibirá durante 20 años 315 dólares al mes. La cuenta de su fondo de pensión privado está llena de comisiones ocultas que pudieron haber absorbido hasta una tercera parte de su inversión original.

“Colegas y amigos con el mismo nivel de salario que se quedaron en el viejo sistema se retirarán con pensiones de casi 700 dólares mensuales hasta que mueran. Yo tengo un salario que me permite vivir con dignidad y repentinamente me voy a hundir en la pobreza porque cometí el error de creer las promesas que nos hicieron en 1981”, se quejó.

Las razones por las que fracasa el sistema de pensiones modelo de los liberales. Cientos de miles de chilenos piden en la calle las pensiones dignas. Las entidades privadas que gestionan el sistema pagan en pensiones menos de la mitad de lo que ingresan en cotizaciones.

Con muchos chilenos en la misma situación, la gente sigue viendo hacia el Gobierno, no a los fondos de pensión privados, para tener una jubilación segura. Más que financiar pensiones a través de un sistema al que han contribuido trabajadores, patrones y el gobierno, millones de personas empezaron a pagar el 10 por ciento de sus salarios a cuentas de inversión privadas que ellos controlaban.  Bajo el programa chileno -que el Presidente George W. Bush ha citado como modelo en sus planes para revisar la seguridad social- la promesa fue que dichas inversiones, al ayudar a impulsar el crecimiento económico y generar ganancias más elevadas, darían pensiones mensuales más grandes que las que podría ofrecer el sistema tradicional.

En Holanda, por citar experiencias más cercanas, el modelo de sistema de pensiones solvente para la OCDE tiene un coste equivalente al 8% del PIB. Una pensión pública básica equivalente al Salario Mínimo Interprofesional a la que no se tiene acceso antes de los 65 años (67 a partir de 2012). Un segundo pilar privado y apoyado en la tupida red de 5.000 planes de pensiones que existe en el país y a los que trabajadores y empresas se pueden sumar de forma voluntaria (obligatoria, en algunos casos), y con importantes ayudas fiscales. Y un tercer pilar privado que solo se puede contratar con aseguradoras y con productos determinados, menos utilizado y con menos apoyo fiscal.

En Suecia, tras tres lustros de trabajo desembocaron en un nuevo modelo que empezó a aplicarse en 2001 con el principio «una corona de aportación, una corona de pensión»…Y así nació el sistema de las cuentas nocionales o cuenta individuales, en virtud del cual el Estado lleva la cuenta de las aportaciones a la futura jubilación realizadas tanto por empleados como por empleadores e informa a los futuros beneficiarios de los fondos acumulados a través de la famosa carta naranja, que el Ministerio de Empleo quiso copiar y anunció pero cuyo envío nunca se produjo.

La aportación a las cuentas nocionales asciende al 18,5% del salario, del cual el 16% va a dotar de forma directa la pensión futura y el 2,5% se puede invertir en un plan de pensiones privado. La rentabilidad del primero crece al ritmo que lo hacen los salarios, el del segundo al ritmo de la rentabilidad del plan en el que se tienen invertidos los ahorros. El sistema tiene sus herramientas de ajuste y si su funcionamiento no alcanzara para proporcionar una pensión adecuada se activaría un sistema de pensiones complementarias de financiación pública – una suerte de pensión mínima- para garantizar llegar a ese umbral mínimo. Suecia gasta en pensiones el 6,5% de su PIB, España, el 9,2%.

Información de las siguientes fuentes: Agencias, Voltaire.net, El País, El economista, Prensa Latina, Reddit

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