Las múltiples salidas en falso del embajador colombiano en gringolandia

Históricamente se ha declarado enemigo de la paz y de la protesta social.

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Quien metió la pata no era un parroquiano más sino el embajador en Estados Unidos y, de paso, ex presidente de Colombia. Estamos hablando de Francisco Santos Calderón, popularmente conocido como Pachito. De esa dimensión de trascendencia  es quien formuló críticas al ex Canciller, Carlos Holmes Trujillo, y al ex ministro de Defensa, Guillermo Botero. Ahora, lo más patético fue verlo en todos los medios del país pidiendo excusas, después de dos horas de regaño presidencial.

Su arrogancia de pequeño burgués quedó por el suelo. Él que ha posado de marcar la pauta con sus apreciaciones, se veía ridículo al señalar: «Tanto Guillermo como Carlos son amigos míos de años, colegas de gobierno y quiero acá, de manera clara y sin ambigüedades, pedirles excusas por los comentarios que hice. De aquí en adelante lo que se necesita es un gobierno unido y que trabaja con la sociedad colombiana para lograr un mejor país«.

¡Con amigos así, para qué enemigos! Judas le quedó en pañales. Pero Pachito, en su irrealidad ajena a la realidad de la tierra que lo vio nacer, lo calificó sus propias palabras como un acto de humildad, de autocrítica constructiva. Sin embargo, infinidad de colombianos como yo, lo miramos como un revés en sus múltiples embarradas.

Él, que días antes junto con la canciller designada, Claudia Blum, no dejaron títere con cabeza al referirse a ellos dos, al señalar que Trujillo no tenía una agenda diplomática clara—principalmente con los norteamericanos a quienes Colombia le rinde sumisión– y que Botero, el empresario inmerso en política sin saber del tema, sencillamente “no hacía nada”, luego salió a ponderar su desempeño.

Inverosímil. En el imaginario de los colombianos quedó que Trujillo no es más que discurso, “mucho tilín tilín y nada de paletas”, mientras que Botero se ganaba tremendo sueldo sin mayor esfuerzo, salvo salir a los medios de comunicación a brindar explicaciones desatinadas sobre los operativos militares.

Sí, Pachito Santos, el que no piensa para hablar

Estoy seguro que tomándome un café tinto en el parquecito de Vijes, al amparo de los viejos árboles que traen sombra cuando el sol se torna inclemente en la tarde, escucharía comentarios como: “Ese Pachito sí es muy pendejo. Es que no piensa para hablar.

Esas palabras las escucharía de labios de don Rogerio, o de Angelino—el notario de toda una vida—o de José David Romero y, aún, de Rómulo Muriel, no muy versados en política, pero aterrizados a la hora de mirar la realidad del país.

Y no distan de la realidad. Francisco Santos es el mismo que en noviembre del 2011, cuando se habían dado manifestaciones obreras y estudiantiles en Colombia, propuso acudir a las armas de represión no letales como las que producen descargas eléctricas. Se refería al tazer, que en países donde se utiliza, ha dejado personas con graves secuelas.

El 1 de octubre, al salir en defensa de su sensei, el presidente eterno –perdón, el senador Uribe–, Santos trinó deslegitimando la Corte Suprema de Justicia con “cartel de la toga a bordo”. ¡Por Dios santo! Flaco favor le hizo a su líder. Como dicen por ahí: “Ves en la que estamos Pedro, y tú cortando orejas.”, aludiendo a la reacción del discípulo cuando iban a capturar a Jesús.

Sus salidas en falso generalmente despiertan la hilaridad, y decenas de colombianos salen a ridiculizarlo. Es que el pobre Pachito no mide el alcance de lo que dice y hace.

Enemigo de la protesta social y de la paz

Francisco Santos Calderón quien posa de ser periodista (permítame aclarar aquí que hay muchos comunicadores con título que no lo son, y muchos que no tienen cartón universitario, pero son excelentes comunicadores), se ha declarado históricamente como enemigo de la protesta social y de la paz. Basta ver su cuenta de Twitter para comprobarlo, aunque le recomiendo no perder el tiempo.

En alguna oportunidad y pretendiendo desprestigiar el proceso con las Farc, entrevistó a un empresario residente en Estados Unidos. Hizo preguntas desacertadas pretendiendo direccionar la respuesta. Pero el propietario del restaurante lo hizo quedar, como decimos en Colombia, como un zapato viejo.

Ese día, cuando lo vi, casi quemo mi vieja tarjeta profesional de periodista—soy de los pocos que la conservan—, al reflexionar que Pachito Santos desprestigia el oficio.

Es cierto, aquí todo el mundo tiene derecho a pensar y, más, a decir lo que piensa. Pero creo que al pensar hay que conectar el cerebro con lo que se dice y todo lleva a intuir que el hoy embajador en Estados Unidos, no ha aprendido. Y por ese camino, no me extrañaría verlo en el aeropuerto El Dorado, un día cualquiera, deportado por Trump.

Blog del autor www.cronicasparalapaz.wordpress.com

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