Las miserias del antitrotskismo retroestalinista

Una primera redacción de este trabajo apareció publicado en Kaoenlared así como en otras páginas alternativas on line, y no obtuvo la menor respuesta. Todas aquellas acusaciones vertidas por Ludo Martens y José Antonio Egido fueron debidamente rebatidas.

Nota. Una primera redacción de este trabajo apareció publicado en Kaoenlared así como en otras páginas alternativas on line, y no obtuvo la menor respuesta. Todas aquellas acusaciones vertidas por Ludo Martens y José Antonio Egido fueron debidamente rebatidas por los propios hechos, por la misma descomposición de lo que a veces se ha llamado la “cultura estaliniana” que –no hay que olvidarlo- tuvo una enorme vigencia en el movimiento comunista desde los años treinta al menos hasta la segunda mitad de los sesenta…Todavía colea entre una suerte de lumpen-comunismo, comunistas que se agarran a los viejos tiempos y que se niegan a considerar todo lo que ha llovido desde mitad de los años cincuenta con el Informe Kruschev y la revolución de los consejos en Hungría. También se mantienen restos del viejo antitrotskismo entre jóvenes comunistas desnortados por  las teorías negacionistas de “la traición”. Intentan así explicar la descomposición del socialismo real a favor del cual no se dio ni tan siquiera una manifestación obrera. Después de la caída, del desastre, resulta de la mayor importancia ser muy riguroso en los análisis históricos.

 

1.Trotskismo

No hace mucho, justamente mientras preparaba un epilogo a la edición en castellano de Daniel Bensaïd,  Les trotskismes, me dio por darme una vuelta por Internet para comprobar que era lo que quedaba de las campañas de odio estalinianas contra el “trotskismo”. Fue cuando tropecé con el texto de Egido, miembro del ignoto grupo sectario EHK- Euskal Herriko Komunistak, titulada Trotsky y la historia del trotskismo, que permaneció como posible referencia a una nota en la que trataría de ofrecer un ejemplo de todo lo que se había llegado a decir…

No obstante finalmente se quedó en puertas por dos razones, pensaba que su difusión estaba muy localizada, y maldita la gana de dale más vuelta a una demencia sectaria que, por lo que había podido comprobar, carecía ya de peso en los medios comunistas. Es más, en los últimos años había tenido numerosas oportunidades de ”rememorar” con veteranos militantes del PSUC algunas de las “estalinianas” de los años sesenta-setenta, todo ello en un tono de fraternidad y de humildes disculpas, argumentando muy dolorosamente una línea general de fe y de ignorancia. En el libro, Elogio de la militancia. «La historia de Joan Rodríguez, comunista del PSUC», el que escribe trata de ofrecer una aproximación a estas bases que creyeron que la URSS de Stalin era lo contrario de lo que había aquí.

Así pues, hacía ya muchos años que ninguno de ellos levantaba la bandera de Stalin, al menos no más allá de alguna puntualización. Una evidencia de este cambio la tuvimos cuando la crisis interna del PSUC, durante la cual “eurocomunistas” y “prosoviéticos” se tildaban entre sí de “estalinistas”; el desprestigio del estalinismo no fue precisamente un factor menor en la desaparición de los diversos grupos maoístas, que habían gozado de una fuerte implantación en los años setenta. El asunto parecía pues, saldado, y desde hacía también bastante tiempo que algunos de los “trotskismos”  por entonces trabajaban lealmente en Izquierda Unida y en EUiA. Gestos como el de Julio Anguita tomando parte en un acto de homenaje a Andreu Nin, el pase de la película de Ken Loach «Tierra y Libertad» en su fiesta anual del PCC, eran de por sí bastante simbólicos. Si han habido problemas, no eran desde tanto por la “cuestión Stalin” por más que existan esquemas interpretativos diferentes. Matices dentro de lo que parecía un consenso de repudio general del estalinismo y de sus métodos incluso por quienes eran deudores de ellos (resulta significativo que en la crisis del PSUC al principio de los ochenta euros y “afganos” se tildaban mutuamente de  “estalinistas”, lo triste es que a ninguno les faltaba razón).

No sé si el hecho tiene que ver con el papel jugado por EHK como fórmula electoral recurrente de Batasuna, o con la salida de Corriente Roja de IU y su puesta en escena. En este contexto hay que situar la siguiente nota:” Varias organizaciones amplias de izquierda como el Partido de los Trabajadores (PT) del Brasil, Euskal Herritarrok, el Partido de la Refundación Comunista de Italia (PRCI), el PRD de México, el Partido del Socialismo Democrático (PDS) de Alemania e Izquierda Unida (IU) de España sufren la acción corrosiva y de zapa de diversas tendencias, sectas y corrientes trotskistas que procuran apartarlo de la fidelidad a los ideales de la Revolución Socialista y de la clase obrera y convertirlas en organizaciones socialdemócratas oportunistas con un lenguaje mas o menos izquierdista, según las circunstancias”. Dado que en todas estas siglas, el antiestalinismo es algo ampliamente aceptado (sin ir más lejos, Bertinotti lo considera “incompatible” con el comunismo), habrá que pensar que las depuraciones sugeridas por Egido no dejen ni al apuntador.

Que un informe como éste haya sido ampliamente reproducida en medios –digamos- comunistas tradicionales, y que sea utilizado como “réplica” en unas páginas pluralistas como KAOS, dice mucho de sus responsables. Que hasta se haya podido emplear como un “libro de cabecera” entre los jóvenes, no es para tomarlo a broma. Sobre todo por la miseria cultural y moral que proyecta, como puede verse en la mayor parte de las notas airadas insertadas en el foro abierto de KAOS, obra de exaltados que adolecen de una formación política elemental. Que reproducen el inquisitorial de los “buenos tiempos”. Tanto es así que les resulta poco menos que imposible decir dos cosas sin incluir algún exabrupto del tipo “intelectualillo pequeño burgués”, o agente de la CIA”, eso cuando no te mencionan a la madre. El caso es que, aunque sean expresión de unas minorías exiguas –sobre todo si las comparamos con los “tiempos de gloria”-, este rebrote estaliniano no puede dejarse pasar sin provocar cuanto menos un debate que no deje lugar a dudas sobre la naturaleza del estalinismo, y que deje a personajes como Egido en plena evidencia.

Un debate que advierta a todas las corrientes socialistas que comparten este consenso antiestalinista. Que ponga de manifiesto que parte del cáncer que había arruinado los países mal llamados socialistas y al movimiento comunista internacional, seguía infectando, e informar de las tentativas de puestas al día de aquellos criterios con los se exterminó a la vieja guardia bolchevique y se llevó a cabo el asesinato de Nin y la persecución del POUM, sin duda el episodio más trágico y más sucio de toda la historia republicana. Dejando claro que desde el momento en que no se trata de un debate más entre los mil y uno que nos dividen (para mal, pero también para bien ya que la pluralidad puede ser expresión de riqueza), sino que se estamos hablando de algo mucho más fuerte desde el momento en que consagra una verdad absoluta (el marasmo leninismo pensamiento Stalin y/o Mao), y por la misma, todos su adversarios queden automáticamente clasificados como agentes de la CIA, del imperialismo, “quinta columna” del militar-fascismo, etcétera. O sea desde el momento en que asume el método del desprecio y de la calumnia como sistema.

Considerando el cambio de la práctica totalidad de antiguos militantes que en tiempo atrás habían defendido en mayor o menor medida cierto estalinismo, este debate también resulta importante y necesario para muchos jóvenes inducidos a creer que han encontrado la piedra filosofal, y que puedan creer en la mayor escuela de falsificación que haya conocido la historia. No hay más que tomar como ejemplo lo que el estalinismo llegó a hacer con las fotografías…

 

2. Comisarios estalinistas

El “Informe” de José Antonio Egido comienza con una profesión de fe. “Trotsky –dice-fue de 1904 a 1914 un declarado enemigo de Lenin”.De entrada deja por sentado, primero que Lenin es incuestionable, segundo, que Trotsky fue –siempre- algo así como el antiLenin, una variante del antiCristo.

Semejante canonización tiene mucho más que ver con la tradición religiosa más oscurantista que con la racionalidad, pero además es falsaria ya que se trata de una canonización acondicionada a su “continuidad” estaliniana. Lenin quedaba fuera de discusión pero también secuestrado. Hubo un ”debate Lenin” situado fuera de este ámbito de consagración eclesiástica (que ya planteo en otros trabajos, por ejemplo en un artículo titulado «¿Hay que linchar a Lenin?», aparecido en la antigua Web de L´Espai Marx), pero para dejar claro este punto valgan las siguientes notas: Las biografías de Lenin nos hablan de una rica y variada evolución, de numerosas rectificaciones, de avances muy grandes desde 1914, y sobre todo desde 1917. Es una trayectoria marcada por el debate y la controversia, en no pocos casos con sus propios partidarios, y llevada con un lenguaje muy duro. Polemizó por ejemplo con Rosa Luxemburgo por las mismas cuestiones que con Trotsky, y admiró sin reservas a Kautsky hasta 1914 (en un principio no se creyó que éste apoyara la política del SPD ante la guerra).

En otro lugar ya he hablado sobre las convergencias y divergencias entre uno y otro, pero no está de más recordar que fue Lenin quien captó a Trotsky para la revista «Iskra», ya que ambos militaron en el mismo partido socialdemócrata, que coincidieron básicamente en cuestiones tan fundamentales como la revolución de 1905 (la cita de Egido corresponde en realidad a Parvus) o el internacionalismo durante la “Gran Guerra” (a pesar del debate con Lenin, éste asume el contenido del célebre “Manifiesto de Zimmervald” del que Trotsky sería el autor)…

Que hasta la segunda mitad de los años veinte se hablaba “del partido” o del “régimen de Lenin y Trotsky”, etc. En el compendio elaborado por los llamados “profesores rojos” al servicio de Stalin, se suprimieron todos los comentarios favorables, especialmente entusiastas durante la guerra civil, y por supuesto, la existencia de una amplia coincidencia entre ambos en el tercer y cuarto congreso de Internacional Comunista, así como en la tentativa de contrarrestar la orientación que estaba acentuando un regresión de la URSS, caracterizado por Lenin en 1922 como “Estado obrero burocráticamente deformado”. En 1966 se editaron las Obras Completas con dos volúmenes más, con textos que antes no se habían podido publicar, entre ellos el célebre “Testamento”, más los comentarios recogidos por las secretarias).

Un método al que Egido resulta totalmente fiel ya que se ha limitado a unas fuentes bibliográficas casi exclusivamente estalinianas, en su mayor parte soviéticas, sin olvidar claro está a Ludo Martens, pero olvidando a todos y cada uno de los antiguos antiestalinista que rompieron con la escuela. Así por ejemplo no menciona ni una sola fuente española olvidando a Jesús Hernández, Enrique Castro Delgado, Fernando Claudín, Jorge Semprún, y un largo etcétera. En otra nota afirma que bajo la dictadura se “publica ampliamente propaganda trotskista mientras aplica una férrea censura y prohíbe toda idea progresista, democrática y antifascista”, citando a Gorkin que había abandonado el POUM a mitad de los años cuarenta, y citando solo el caso de la biografía de Stalin escrita por Trotsky cuyos derechos tenía Harper. Si Egido se hubiera quitado las orejeras estalinianas podría haber comprobado que bajo la dictadura se pudieron publicar muchas cosas. Sin ir más lejos, en 1967, la prensa y las editoriales ofrecieron numerosas aproximaciones “prosoviéticas” con ocasión del 50 aniversario de la revolución de Octubre…

Entre otras cosas más del mismo tipo, Egido dice que en “ julio de 1917 el Partido Comunista de Rusia (es decir, tres meses antes de la revolución) acepta el ingreso del grupo heterogéneo que lidera Trotsky llamado Meyrayontsi formado por 4 mil militantes”, detalle al que cabría añadir al menos dos consideraciones: una, que en julio los bolcheviques pasaban un bache muy duro (Lenin se tuvo que refugiar en Viborg), y dos, que Lenin llevaba una batalla muy dura contra los bolcheviques (Zinóviev, Kamenev Stalin), opuesto a la ruptura con el gobierno provisional.

Por otro lado, si se considera que la revolución de Octubre fue una revolución democrática que “transcreció” a proletaria por la incapacidad de la burguesía de hacer “su” revolución (como defendían Plejanov y los mencheviques de derechas), y por el protagonismo obrero en una alianza obrero-campesina, la historia pasó más cerca de la teoría de la revolución permanente…Pero en realidad, Egido perpetra un anacronismo ya que el debate que menciona a continuación se desarrolló después de la muerte de Lenin, y la teoría del “socialismo en un solo país” (y “a paso de tortuga”), que teorizado por un Bujarin desconcertado. Stalin la hizo suya, lo mismo que antes había hecho con la sistematización del “leninismo” por parte de Zinóviev, Kaménev y el mismo Bujarin.

Entre “oposición” y “oposición”, Egido no tiene más remedio que reconocer que tuvo “el principal momento de gloria de su vida al dirigir y organizar el Ejército Rojo aunque una llamada “oposición militar” comunista le critica por dar empleo y mando en el mismo a 50 mil ex oficiales zaristas”, pero aquí se olvida de detallar lo que significó la creación del Ejército Rojo, así como el apoyo incondicional de Lenin que teorizó la medida como una manera de “construir el socialismo con los ladrillos viejos” de la antigua sociedad. De haber efectuado este reconocimiento en la URSS de Stalin, el gran Egido habría tenido garantizado el paso por Vorkuta u otros centros de muerte a los que fueron destinado hasta los vecinos y familiares de los “trotskistas” por motivos mucho menores ya que –como explica agudamente Moshe Lewin en El siglo soviético, Stalin tuvo la imperiosa necesidad de hacer suya la gloria de sus adversarios..

Por otro lado, si se considera que la revolución de Octubre fue una revolución democrática que “transcreció” a proletaria por la incapacidad de la burguesía de hacer “su” revolución (como defendían Plejanov y los mencheviques de derechas), y por el protagonismo obrero en una alianza obrero-campesina, la historia pasó más cerca de la teoría de la revolución permanente…Pero en realidad, Egido perpetra un anacronismo ya que el debate que menciona a continuación se desarrolló después de la muerte de Lenin, y la teoría del “socialismo en un solo país” (y “a paso de tortuga”), que teorizado por un Bujarin desconcertado. Stalin la hizo suya, lo mismo que antes había hecho con la sistematización del “leninismo” por parte de Zinóviev, Kaménev y el mismo Bujarin.

Entre “oposición” y “oposición”, Egido no tiene más remedio que reconocer que tuvo “el principal momento de gloria de su vida al dirigir y organizar el Ejército Rojo aunque una llamada “oposición militar” comunista le critica por dar empleo y mando en el mismo a 50 mil ex oficiales zaristas”, pero aquí se olvida de detallar lo que significó la creación del Ejército Rojo, así como el apoyo incondicional de Lenin que teorizó la medida como una manera de “construir el socialismo con los ladrillos viejos” de la antigua sociedad. De haber efectuado este reconocimiento en la URSS de Stalin, Egido habría tenido garantizado el paso por Vorkuta u otros centros de muerte a los que fueron destinado hasta los vecinos y familiares de los “trotskistas” por motivos mucho menores ya que –como explica agudamente Moshe Lewin en El siglo soviético, Stalin tuvo la imperiosa necesidad de hacer suya la gloria de sus adversarios..

La nota dice:  “El 5 de marzo de 1920 Trotsky ordena el exterminio de los marinos revolucionarios de Kronstadt levantados contra el gobierno bolchevique”, se puede considerar como delirante, no solamente porque no es cierta, sino también porque este hecho ha sido utilizado habitualmente por la escuela anarquista para subrayar unos presuntos nexos de Trotsky con Stalin. Tal como lo explica parece que se tratara de una orden en exclusiva, esto ni Stalin se atrevió a decir algo así.

Entre medias verdades mentiras del mismo calibre, Egido salta hasta «La revolución traicionada», que es evidente que Egido no ha querido leer como se percibe del comentario (“no existe el menor socialismo en la URSS”) con el que “sintetiza” una obra traducida a toda clase de idiomas, y tan influyente en todos los debates sobre la URSS. Pero para Egido no se trata de analizar ni aclarar nada, y eso queda claro por si no lo estaba en el comentario siguiente que comienza citando “a un francés”. Uno podría pensar que se trata de un recurso satírico (¡!), pero no hay la menor broma porque lo que el francés dijo es que “la última cosa que le pasó por la cabeza fue un piolet enviado por correo certificado por Stalin”, para añadir por si caso que “no hay unanimidad”. Por lo visto la unanimidad la rompe otro francés, en este caso con nombre (el “antiguo resistente comunista francés Raymond Casas»), que voilá, repite el viejo argumento dictado por «Pravda» en agosto de 1940. Considerando el pequeño detalle de que se podido decir que la de Trotsky fue “una tragedia bíblica” ya que no quedó nadie de su familia ni de sus amigos en la URSS, que su hijo León murió de la manera más sospechosa, el toque humorístico de Egido no puede por menos que producir náusea amén de miedo…En cuanto a la información, es evidente que ni tan siquiera se ha molestado en ver Asaltar los cielos que fue un éxito en los cines, que se pasó por TV”, y que se encuentra en DVD.

Un poco más adelante se limita a citar al señor Casas en los siguientes términos: “…famoso proceso de Moscú del 2 al 13 de marzo de 1938, seguido por observadores y periodistas de los países capitalistas, ha revelado la actividad de los agentes de Trotsky con las redes nazis y reaccionarias preparando la invasión de la URSS y el derrocamiento del poder estalinista…”Semejante recurso privado solo puede tener una explicación: Egido no encontrará la menor fuente ajena al estalinismo más duro que refrende semejante acto de fe, que pase tan alegremente sobre un evento que costó la vida a decena de miles de personas, en buena parte comunistas, incluyendo partidos extranjeros. Y para rematar la faena el Monsieur Casas también le dijo a Egido que –supongo que el cambio de régimen, que el párrafo no está nada claro- “nunca hacerse por la fuerza sino sólo por el llamado entrismo y la descomposición interna del estalinismo, después del Marxismo-Leninismo, lo que ha tenido como resultado entregar la URSS a la mafia actual salida del “Gulag”…Igual Monsieur Casas ya no coordinaba muy bien porque no se entiende lo que dice Egido que dijo. A ver, fue el “entrismo” (cual, ¿el trotskista?, ¿en el PCUS?), más las citadas “descomposiciones” las que…Ahora resulta que Putin y compañía salieron del ¡Gulag¡.

 

Argumentos barridos por la historia

Con esta claridad expositiva y con semejantes fuentes de información, Egido pasa al capítulo del “trotskismo” con el mismo rigor que caracteriza todo lo antes escrito.

De entrada, resulta cuanto menos singular que para una escuela que considera que el “revisionismo” cumplió los designios restauracionistas que representaban Trotsky y los demás inculpados en los “procesos de Moscú”, no deja de resultar paradójico que cite un “diccionario soviético” (eso ya de por sí vale, como si se tratase de una Encíclica), y que allá se puede leer que “el trotskismo es una corriente política-ideológica oportunista pequeño-burguesa hostil al Marxismo Leninismo”,un lenguaje cuyo carácter escolástico nos retrotrae hasta los tiempos de Santo Tomás de Aquino…lo achaca “a una reacción a la etapa leninista de desarrollo del marxismo”. En realidad el concepto fue acuñado por la derecha monárquica para distinguir las posiciones del Soviet de Petrogrado de 1905. Cabría añadir que confiere al “leninismo” un cuerpo sacro desde el primer momento, como se tratara de una “revelación” y no de un proceso. El propio Lenin llamaba a tirar “la camisa vieja” en sus Tesis de Abril en referencia al viejo bolchevismo…

Todavía mareado por lo leído, uno descubre que Egido se puede superar más todavía. Dice sin sonrojo que “Trotsky fue el primero en lanzar el slogan comunismo = fascismo”, pero como es ya propio, no hace ninguna cita de fuentes. Quizás haya oído campanas y se confunda con aquella célebre amalgama de estirpe estaliniana según la cual la socialdemocracia y el nazismo no eran contradictorios sino hermanos gemelos. Pero en este salteado de datos cogidos en los libros negros sobre el trotskismo, todo es posible, y he aquí a Egido retomando la fuentes soviéticas para dictaminar en plan refinado: “…en el sentido metodológico y gnoseológico es característico del trotskismo un extremado subjetivismo y voluntarismo, un tosco esquematismo y el empleo de la sofística”, y se queda tan ancho, pero debe encontrar un ejemplo en “informaciones” como ésta: “En mayo de 1940, en vísperas de la invasión nazi de la URSS, la IV afirma en un manifiesto ser partidaria a la vez de la defensa de la URSS y el combate contra la “oligarquía de Moscú” (es decir el Partido bolchevique)”, como si existiera alguna autonomía política fuera del sistema policiaco, e ignorando que los supervivientes de tal partido fueron auténticas excepciones. Por supuesto, Egido no quiere saber nada de todas los datos confirmados por la apertura de los archivos soviéticos, quizás le quepa el recurso de pensar que dichos archivos están en manos del enemigo y por lo tanto no son de fiar.

En otra ocasión cita la revista germano occidental «Die Neue Gessellschaft» publicada en mayo de 1962 y echa mano de una cita Hitler en la que éste dice “Trotsky le enseñó muchas cosas”. En su biografía de Adolf Hitler, «Der Fürher», Konrad Heiden afirma que en 1930 el jefe nazi blandió el libro de Trotsky Mi vida ante sus correligionarios gritando:”He aprendido mucho (con la lectura del libro) y vosotros también podéis aprender”. Egido desconoce por supuesto que hay un estudio muy serio, el de Allan Bullock en el que se hace un estudio comparado entre Hitler y Stalin, y por supuesto, también desconoce la conversación entre Hitler y el diplomático vichysta Coloudre. Éste le advierte del riesgo que podría conllevar la invasión de la URSS, provocando un cataclismo en el régimen, y con ello el posible regreso de Trotsky al que Hitler veía sobre todo como el jefe del Ejército Rojo. La respuesta fue que había sopesado ese riesgo y que lo había tenido en cuenta.

volviendo a la nota sobre la socialdemocracia. Después de citar algunos casos cogidos de aquí y de allá, concluye que los “trotskistas” son: “Aliados entusiastas de la socialdemocracia europea”. Por esta regla de tres, ¿qué no se podría decir del movimiento comunista internacional donde la evolución hacia la socialdemocracia ha sido de partidos enteros?.En cualquier caso, el estilo es el hombre, y con semejante elasticidad se puede llegar no importa donde.

No hay más que leer las notas insertas en el “foro” por los creyentes que lo ven todo como una gigantesca conspiración amasada por millones de dólares. Esta es la gran “llave” que explica la caída del “socialismo real”, y a lo mejor hasta lo de China. Es curioso que con tanto poder y tantos millones no hayan logrado algo tan simple como hacer callar por ejemplo a personalidades tan molestas como Noam Chomsky o James Petras en los propios Estados Unidos.

Metido a historiador del virus trotskiano, el comisario Egido “coge” dicha historia por el punto que mejor le va. Así entra liza y llanamente por los que abandonaron el ideario, y cita el caso de Max Shachtman como sustituto de cualquier otro punto de análisis. En líneas generales, aquí no miente, lo que no se entiende donde quiere ir. Porque si se trata de renegados lo del trotskismo fue una mera anécdota en comparación con los poderosos partidos comunistas. Los abandonos y los cambios de lealtades fueron tantas y tantas que Malraux llegó a decir que al final de todo la lucha sería entre comunistas y excomunistas. Pero en las cuentas de Egido los excamaradas no cuentan y sigue “resumiendo” la historia que promete contar uno por uno todos los casos de renegados sin olvidar por supuesto a James Burham y a otros, siempre como si se tratara de una exclusiva…

Pero también en este punto cita alguien no debe (es natural caminando a ciegas), como en los casos de C.L.R.James y de la ex secretaria de Trotsky, Raya Dunayevskaya de la que dice que fundó una “secta” matriarcal en Detroit. Con un poco más de cultura, Egido sabría que C.L.R. James es el autor de una obra capital del marxismo como «Los jacobinos negros» (y si quiere consultar fuentes fiables, que lea a Edward  W. Saïd en «Colonialismo y cultura», en tanto que Raya, aunque sus ideas pueden ser controvertidas, lo cierto es que fue una respetada filósofa feminista, autora de un ensayo marxista muy reputado, Dialéctica y revolución, que aquí editó Siglo XXI.

La parte española es tan sucinta como repulsiva. Comienza diciendo que el
POUM “de influencia trotskista tiene una triste historia”, sin considerar tan siquiera que la “triste historia” radica en la persecución que fue objeto por parte del aparato estalinista con la connivencia del PCE-PSUC, capítulo sobre el que –no hay que olvidarlo- ya se dieron disculpas y autocríticas bastante severas.

No sabemos porque argumentos Egido llega al Nirvana afirmar que “en Aragón expropia en 1936-37 a modestísimos semi-proletarios y pequeños campesinos, implantando sobre ellos una auténtica dictadura fascista en nombre de “la revolución socialista”, una verdad histórica que posiblemente se haya contado el camarada Lister. A continuación se inventa con el mismo rigor que “cuando van a Madrid en noviembre de 1936 a luchar contra el fascismo manifiestan mucha cobardía y debilidad huyendo del frente de la Ciudad Universitaria”, juicios falsos y criminales por el que merecería ir a los tribunales. Pero la guinda la pone diciendo que “Impulsó patrullas incontrolados que asesinaron a los comunistas, socialistas y republicanos que se les opusieron”, y cita a Arthur London, ¿a cual?, ¿no será al de L´Aveu (La confesión)?. Desde luego no será a su compañera Lise London que vivió lo suficiente para ajustar las cuentas con su fe estaliniana, y que sigue en la breña a pesar de los errores y los horrores como muchos otros comunistas que actuaron por ignorancia, como el mismísimo André Marty quien al final de su vida se encontró siendo acusado de “trotskismo” por discrepar con la política y el plan de vida del clan Thorez.

o acusa de dar “un golpe de estado en Barcelona en mayo de 1937”, lo que “favorece objetivamente al fascismo” y añade algo que ningún historiador mínimamente riguroso aceptaría, que: “Diversas pruebas documentales implican a dirigentes del POUM con los franquistas”. La atrocidad alcanza cimas todavía más alta cuando afirma que “Andreu Nin es detenido, interrogado y ejecutado por los servicios de seguridad de la República”, cuando todo el mundo sabe que eran los servicios paralelos “soviéticos”. Siguiendo con una suma delirante de cargos añade la historia de Joaquín Maurín con la de Gorkin, y así, sin un respiro, se pasa del “hitlerotrotskismo” a los de agentes de la CIA, capítulo que incluye al “trotskista inglés George Orwell”, presentado como un “activo colaborador del imperialismo”, al que denunció vehementemente en su obra sobre Birmania.

Al final del recuento de horrores, Egido añade la siguiente coletilla: “Los veteranos del POUM han pasado también al PSOE”. Lo correcto habría sido “algunos”, algo tan cierto como que eso ocurrió en 1977 y el PSOE tenía otro discurso, y que no fue otra cosa lo que harían también innumerables comunistas de todos los pelajes, trotskos incluidos.

 

4. Segunda postguerra mundial

De esta manera, saltando de un caso a otro, se llega a la 2ª guerra mundial donde “algunos trotskistas aplican mecánica y dogmáticamente los mismos análisis que hacían los marxistas en la 1ª guerra mundial”, esto que podía ser un error de apreciación que Egido podía comparar con el acierto de Stalin que desoyó los informes de Leopold Trepper y de la “Orquesta Roja” sobre los preparativos de invasión, y no aceptó que era verdad hasta que los ejércitos alemanes ya estaban en Rusia (incluso se fusiló a los primeros que se atrevieron a desmentir a Stalin. Egido repite las viejas calumnias de que los trotskistas “fraternizaban con las tropas invasoras los trotskistas luchaban en Francia“, esto precisamente cuando buena parte de los militantes de la Cuarta fueron a parar a campos de concentración, y buena parte de ellos no sobrevivieron.

No le tiembla la pluma a escribir mentiras tan descabellados como que los trotskistas“ se opusieron a la “insurrección nacional” antinazi y al Frente Popular”. Desde su fanática noche oscura asegura que en “Francia y Grecia la resistencia fusila a varios trotskistas acusados de colaborar con el ejército hitleriano”; un detalle, en Grecia no fueron unos cuantos, y las matanzas fueron más bien después de la derrota del ocupante nazis. Los delirios prosiguen con la misma tónica, acusaciones nauseabundas sin la menor base documental, sin siquiera citar fuentes de la época que actualmente son rechazadas desde el propio partido comunista francés.

Egido no puede evitar la tentación de escribir cosas como: ”En esa época a los trotskistas se les conocía como los ”hitlero-trotskistas”, un término acuñado por los servicios estalinistas que fue debidamente archivado durante el periodo del pacto “de sangre” entre la URSS y la Alemania nazi. Pacto en el que, entre otras cosas, la URSS de Stalin se anexionaba “imperialmente”, diversos territorios. Stalin fue tan leal con Hitler que no dudó en entregarlo a los comunistas germanos refugiados en la URSS.

Entre las “pruebas” utilizadas para ilustrar el anunciado “Los trotskistas y los fascistas, aliados en la lucha anticomunista”, Egido cita el caso de “Jean Rous, que había liderado la tendencia “La Voix de Lénine” en el seno del “Partido Socialista Obrero Campesino” (PSOP), disuelto al comenzar la guerra en 1940, crea un “movimiento nacional revolucionario” (MNR) de ideología pronazi. El MNR se muestra favorable a la colaboración con Alemania”, una fantasía deudora como tantas otras de creer lo que en un momento dado dice el “camarada Casas”. Lo que sí es cierto es que el PCF acató el pacto nazi-soviético, que “La Humanité” se siguió publicando al inicio de la ocupación, y que los primeros comunistas que optaron por la resistencia, se tuvieron que enfrentar con la dirección del partido.

Como su reino es el de la fe y no tiene que demostrar ni analizar nada, afirma por ejemplo que “El secretariado trotskista de París” cuando fue el conjunto de la IV Internacional que “apoyó el fracasado golpe fascista de Hungría en contra del gobierno comunista y de la República Popular de 1956 llamándolo “revolución”, concepto que el coincide todos los historiadores dignos de este nombre que se han acercado a aquel acontecimiento. No deja de resultar significativo que algunos de mis artículos sobre el 50 aniversario de dicho acontecimiento haya sido reproducido por numerosas Web de izquierdas, y que gente como Egido no sea capaz más que dictar sentencias como la aquí citada. Siguiendo las teorías del “verdadero marxismo-leninismo” del olvidado «teórico» belga Ludo Martens, Egido dice con la alegría de un titular de prensa amarilla que los trotskistas son “Activos agentes de la contrarrevolución burguesa que destruyó el campo socialista”.

Un dato que al parecer demuestra un poder demoníaco que ya habrían querido para sí las brujas de Salem. Un poder infernal que también se puede deducir de las siguientes líneas” “Michel Pablo fue asesor del presidente Ben Bella, lo que fue una de las razones que dio el grupo de izquierda del FLN y del Ejército Nacional Argelino dirigido por Houari Boumedián, Buteflika y otros para el derrocamiento de Ben Bella en 1963. Pablo presumía de haber ayudado a redactar la ley de reforma argelina y de haber inspirado la “autogestión” de Ben Bella”. También podría haber presumido de haber estado en primera línea de los “activistes” que dieron un apoyo incondicional a la revolución argelina, hasta el extremo de crear para ellos una fábrica de armas, y de haber defendido la insumisión de los soldados franceses en contra de la dirección del PC francés…

 

5. Ejemplos importantes

A veces la cosa resulta involuntariamente cómica(no hay el menor indicio de humor voluntario ni de sentimiento del ridículo), es lo que ocurre en relación a la revolución boliviana de abril de 1952, acusa al POR trotskista, entonces con cierta influencia en los sindicatos, de dar “apoyo crítico” al gobierno burgués de Paz Estenssoro, que fue exactamente lo que hizo incondicionalmente el PC boliviano que aplicaba la teoría menchevique-estalinista de la “revolución por etapas”. La misma que les llevó a oponerse al Che Guevara. Lo que hicieron los del POR, es, en ausencia de una alternativa obrera, dar un apoyo acondicionado a toda una serie de medidas. En 1967, el POR hizo lo posible por dar cobertura social a las guerrillas, aún sin estar enteramente de acuerdo con el planteamiento “foquista”.

En este caso, Egido trata de desmentir la declaración de Oliver Besancenot según la cual el «Che» era anti-estalinista, luego ampliamente detallada en una obra conjunta con michel Lowy. Sin embargo el «Che» sentía gran respeto por la figura del líder comunista Stalin. En 1953 escribió:”He jurado sobre un retrato del viejo y lamentado Stalin que no descansaré hasta que sean destruidos estos pulpos capitalistas”. En 1964 escribió: ”El padrecito Stalin es quien me ha llevado al comunismo y no vendrá nadie a decirme que no puedo leer a Stalin”. Se trata de frase aisladas que apuntan a su aproximación juvenil al comunismo, pero que no tiene en cuenta los criterios desarrollados por el Che en relación a la construcción del socialismo en Cuba, su coincidencia con Ernest Mandel (por cierto, ampliamente publicado en Cuba), ni sus planteamientos internacionalistas, amén de unas concepciones humanistas que resultan una rotunda negación del estalinismo.

En realidad todo resulta tan delirante que en el saco de Egido cabe cualquier ejemplo, como la siguiente perla: “La Universidad anticomunista y proimperialista de Harvard dispone hace años de un archivo Trotsky que ha sido muy útil durante la guerra fría contra el comunismo. Es curioso observar cómo los dirigentes e ideólogos trotskistas no tienen ningún problema en desarrollar carreras en las universidades burguesas anticomunistas alcanzando incluso puestos de responsabilidad. Es el caso de Daniel Bensaïd, Pierre Broué, Fougeyrollas, Catherine Samary y Pierre Naville en Francia, de Ernst Mandel y Roland Lew en Bélgica, de Ramón Zallo en la UPV-EHU, de Jaime Pastor en la UNED española…” Egido no sabe, no quiere saber que el archivo Trotsky permaneció sellado durante cuatro décadas, y que solamente Isaac Deutscher logró permiso gracias a Natalia Sedova. En cuanto a este referencia a los “profe” universitarios cabe pensar en algo extrapolítico, una perdida de cualquier realidad, porque, ¿vamos a ver?, ¿qué harían los de EHK si algún “profe” universitario les pide el carné?.  La respuesta no puede ser otra que, lo vigilaron no sea que argumentando-argumentando les vaya introducir la funesta manía de pensar, y con el ella el virus del trotskismo.

Resulta prolijo y farragoso entrar en cada uno de “casos” del sumario con que Egido dicta sentencia inapelable. Pero en todos ellos persiste la misma opacidad. Se da por buenas todas las campañas desarrolladas por el estalinismo, se cita un dato aislado, se confirma el pecado, y se ofrece un dictamen en el mejor estilo de la “caza de brujas”. El “trotskismo” es un mal en sí mismo. Su historia es la historia de sus actos endemoniados. Adquiere formas muy diferentes. Sabe infiltrarse, engañar, inducir a los buenos al mal. Tanto es así que pueden desnaturalizar partidos, contribuir en la destrucción del “campo socialista” a través de la dinamita cerebral. Tiende a manifestarse como intelectuales y proceden sobre todo del medio universitario…

Toda una “summa” que tiene la virtud de resultar tan clara como la historia de Ramón Mercader, al final un sacrificado despreciado por todos.  Uno se restriega los ojos, y se pregunta, ¿cómo es posible?. Pues debe serlo puesto que todavía queda gente que cree en Belcebú, y que recurre a los exorcistas. Y José Antonio Egido es el más aplicado de los exorcistas de estos andurriales, claro que, ¿mira si un día se descubre que él ha sido poseído y no es más que un trotskista camuflado que quiere desprestigiar el marxismo-leninismo?

Nos encontramos en el punto final de la mayor derrota del socialismo desde 1789, y en ello, el estalinismo ocupa una responsabilidad determinante. En la nueva recomposición. Los errores y los horrores perpetrados por esta escuela deberán ser cribados y repelidos al detalle para no tener que repetirlos.

 

 

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