Las élites adelantan una guerra contra las instituciones más eficaz que la guerra de guerrillas.

¿Por qué si en el país ha habido tantos procesos de reinserción, tantos procesos de paz, desde los años 50 hasta hoy, y tanto guerrero ha vuelto a la vida civil, el conflicto colombiano y la guerra continúan?

Alrededor de esa pregunta el analista político León Valencia Agudelo presentó sus particulares puntos de vista en la charla sobre reinserción, democracia y civilidad a la cual fue invitado por la cátedra pública Héctor Abad Gómez, el 13 de febrero en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia.

Una respuesta probable a la cuestión se deriva de la observación de un hecho incontrastable: en Colombia, ciertamente, ha habido muchos procesos de paz, pero han sido parciales, en tanto que mientras se hace un acuerdo con un sector en conflicto, al mismo tiempo se lanza la guerra contra otro.

En ese sentido, el director de la Corporación Nuevo Arco Iris recordó cómo a finales de los 50 y principios de los 60 se hizo el acuerdo del Frente Nacional entre liberales y conservadores, pero se dejó por fuera a un sector de los liberales, encabezado por el campesino Manuel Marulanda Vélez, como también se dejó por fuera a las nacientes fuerzas de izquierda, que apenas empezaban a figurar en el país como el partido comunista y sectores proclives a la revolución cubana.

En 1964 –continuó Valencia Agudelo– el gobierno lanzó un ataque a los campesinos excluidos del pacto político en El Pato, Riochiquito, Guayabero, lo que dio inicio al conflicto que persiste hoy. Es la primera muestra –dijo– de un acuerdo de paz, tan emblemático como el del Frente Nacional, y al mismo tiempo el inicio de una guerra que fue marginal hasta los años 80, década sangrienta en la que se pactó una tregua con las Farc y posteriormente se inició un proceso de paz en firme con siete u ocho grupos tales como el M-19, el EPL, la Corriente de Renovación Socialista.

“Acuerdo parcial –insistió– que culminó con la Constituyente de 1991 como hecho simbólico, pero el día emblemático de la citación a la Asamblea se lanzó un ataque a Casaverde y se recrudeció la guerra contra las Farc”.

Luego –agregó el columnista de EL COLOMBIANO Y EL TIEMPO–, con el ascenso de Uribe a la presidencia se le tendió la mano a los paramilitares y mientras que adelantaba un acuerdo de paz con ellos, simultáneamente se armó el Plan Patriota y el proyecto de guerra en el sur del país. O sea, concluyó, “pacificación en el norte mediante una negociación con los paramilitares y guerra en el sur para la destrucción de las Farc”.

En síntesis, Valencia Agudelo reiteró que todos los acuerdos de paz parciales están acompañados de una apuesta de guerra, de un desafío de confrontación a las fuerzas por fuera de los acuerdos.

Además, señaló, el acuerdo de paz con los paramilitares también ha sido parcial y empieza a revertirse en todo el país y en Medellín y Antioquia de forma dramática, y otra vez empieza a teñirse de bandas paramilitares toda la geografía nacional.

*Analista Político

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