Las huellas de un «arqueólogo»

 

Las huellas de un “arqueólogo”

 

+ <<Walter Benjamín Archives>>

Musée d´art et histoire du judaisme

rue du Temple, 79 / Paris IIIe

12 octobre 2011– 5 février 2012

        

Walter Benjamín (1892-1940) siempre ha sido considerado un filósofo y crítico de arte singular, un outsider que a pesar de la profundidad, hermética, y la importante influencia de sus obras nunca ocupó ninguna plaza en los medios académicos. Sus pares, muy en concreto los miembros de la Escuela de Francfort, le tenían en gran estima por la profundidad de sus iluminaciones teóricas que brotaban como verdaderas chispas inspiradoras. La vida de este hombre que parecía marcada  desde su niñez por el “jorobadito”(personaje de los cuentos infantiles alemanes que era emparentado con la mala suerte) fue un continuo ir y venir, que concluyó en una fuga hacia tierras hispanas, en donde puso fin a sus días, en Port Bou, ante la amenaza de ser entregado a la Gestapo(parece que la pretensión de los policías hispanos  era amedrentarlo para sacarle dinero), ingiriendo la mortal dosis de morfina.

         Desde niño Benjamin era un coleccionista empedernido: de juguetes, de postales, de libros, etc. Este afán de conservar objetos, como huellas del pasado o el anuncio del futuro, iba unido a su manera de enfocar el análisis de la sociedad y el arte; él mismo se consideraba como un <<arqueólogo de la modernidad>> y funcionaba por medio de tanteos y de muestras, para otros insignificantes,  de objetos, arquitecturas u obras artísticas como índices sigificativos para interpretar el presente, y el origen de éste, su conformación; senda que tomando como materia los archivos fue continuada por Michel Foucault tratando de realizar una <<arqueología del saber>>. Ese funcionamiento micro, parece verse reflejado en sus notas en distintos soportes que van desde servilletas de cafetería a cuadernos atiborrados de una letra microscópica y fragmentaria que recuerda a los <microgramas>> de Robert Walser.

         Las figuras reivindicadas por Baudelaire del “trapero” y del “flâneur(paseante) fueron adoptadas por el pensador alemán que se hartó de pasear por París, por sus pasajes con el fin de, por medio de ellos, estudiar cómo tal ciudad era la <<capital del siglo XIX >> y de buscar en bibliotecas y archivos, signos del pasado que habían encauzado el presente que él padecía.

         La muestra que se expone en el barrio del Marais, que es donde está la judería y el museo, exhibe cuadernos, notas, cartas , fotos, postales, recortes de prensa, ficheros, documentos de identidad, citas,  carnets de direcciones parisinas, ejemplares de su obras fundamentales sobre el drama barroco, Kafka, Goethe, Baudelaire, Proust, Valery, el surrealismo, Bachofen, Klee, las tesis de la historia, etc. Materiales que dan cuenta de la obra dispersa, laberíntica, y que son signo del <<judío errante>> que mientras avanzaba iba dejando lastre, en forma de manuscritos, si no que se lo preguntasen a Bataille, a la sazón biliotecario de La Bibliothèque Nationale de Paris, o a otras personas a las que confiaba copias de los escritos que él consideraba importantes.

         Junto a todas estos materiales se entregan certeros retratos de las relaciones que él mantuvo ( Theodor W. Adorno y su esposa, Max Horkheimer, Asja Lascis, Bertold Brecht, Hannah Arendt, etc.) y  oiremos los testimonios de quienes le conocieron(Gershom Scholem, Ernst Bloch, o, Arendt, o…Lisa Fittko). Esta última que sirvió de mugalari a Benjamin cuenta precisamente, lo que ya se podía leer en su <<travesía de los Pirineos>>, lo celoso que se mostraba el intelectual con sus escritos  mientras subía fatigado los Pirineos,  que por más que  sus acompañantes se ofrecían para llevarle un maletín, del que no se separaba ni a sol ni a sombra, éste no lo soltaba mientras afirmaba que era un manuscrito muy importante.

         Trozos fragmentarios de su quehacer, representación de la dispersión que fue acelerada por los avatares de la historia; destrución de las convenciones e innovación por los caminos del pensamiento se dan cita en esta exposición, espejo de fragmentos de una vida, de sus viajes(Moscú, Ibiza, Paris…), que en su materialidad conservan un <<aura>>, un <<valor mágico>>, conceptos que tanto juego dieron al autor en sus ensayos.

         Y allá, en medio de todos sus anotaciones, de sus archivos diseminados en papelitos, de sus planes detallados e inconclusos, puede leerse su última carta escrita en francés, fechada en Por-Bou el 25 de setiembre de 1940, un día antes de su muerte: << en una situación sin salida, no tengo otra elección que acabar. Es un pequeño pueblito de los Pirineos en donde nadie me conoce que mi vida se va a acabar>>…y ver sus <<pensamientos errantes>> en estado embrionario, como si nos fuese dado entrar en el laboratorio íntimo   en donde se fraguaban las iluminaciones de este incombustible coleccionista de ideas, de juguetes, de símbolos…materiales precarios como la vida misma de este mesiánico marxista, <<centinela mesiánico>>  decía Daniel Bensaïd, que se posicionaba con los de abajo: << todos los que hasta ahora han conseguido la victoria participan en este cortejo triunfal en el que los dueños de hoy marchan sobre los cuerpos de los vencidos de hoy>>.

 

 

 

                                                     Iñaki  URDANIBIA

        

 

 

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