Las horas y los días (I)

Impresiones sobre las secuelas del confinamiento

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Hemos pasado la semana más angustiada de lo que va de vida. Estuvo poblada de miedos a contagiarnos. La pandemia metida en nuestros pensamientos c-o-n-s-t-a-n-t-e-m-e-n-t-e. No queremos ni podemos engañarnos: hemos tenido miedo, mucho miedo, y lo seguimos teniendo. No existe la oportunidad de salirnos del mundo en este momento. Solo existe la voluntad de quedarnos en casa, y luchar por nuestra supervivencia y la de los nuestros, porque a la vez servirá como salvaguardia del resto de nuestra comunidad y del país entero, y aun de todos los habitantes del planeta.

Nuestro domicilio no es una cárcel, pero la calle comparada con él, se alza como el paraíso de la confortabilidad suprema. Si antes el hogar, y cuanto en él había, era un lugar de estancia pasajera, desde hace una semana el hogar es un espacio de acogida vitalísima. Todos los objetos inanimados de la casa están vivos. Es como si nos estuvieran esperando con imaginarios abrazos. Vemos desde balcones y ventanas la calle libre de automóviles, con palomas y gorrioncillos paseando por las aceras y carreteras a la manera de meros transeúntes. El aire del espacio callejero entra en nosotros con envidiable salubridad. Seguimos en casa. Es capital saber que el día pasó sin novedad. El día nuevo reclama hacer exactamente lo que se hizo ayer. El despuntar de cada día espera que demos lo mejor de nosotros mismos. Un día más de resistencia. Otra ocasión de conocernos por dentro, como jamás lo hicimos con tanta necesidad y premura. Frente a los pensamientos negativos, opongamos los pensamientos positivos. El aviso viene desde el nacimiento del Universo: alto-bajo, vacío-lleno, derecha-izquierda, positivo-negativo…

Lo palpable y cierto está en cada instante.

Vuelta a la vivienda. Podíamos grabar en la memoria un humilde soplo procedente del Antiguo Oriente: ¡Qué delicia sobrenatural! ¡Qué maravilla es ésta! Saco el agua del pozo y echo la leña al fuego. Nuestra actividad diaria en el espacio libérrimo de la vivienda son puras maravillas y delicias sobrenaturales. Dice nuestra actividad y dice cada movimiento, cada respiración, cada sucesión de pensamientos que revolotean imparables por nuestras cabezas. La esperanza del mañana viaja a lomos de la certeza del Hoy.

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