Las garras de la bestia parda

Por Iñaki Urdanibia

Las salvajes tropelías cometidas de manera organizada hasta el último milímetro por el nacionalsocialismo triunfante han dado mucho que hablar y que escribir; han servido de inspiración tanto en lo que hace a la denominada literatura concentracionaria como a diferentes testimonios, sin olvidar el género de ficción. En la presente ocasión son dos las novelas que concitan mi interés y mi lectura: una , en la que el joven autor rescata algunos retazos de su árbol genealógico ( La matanza de Rechnitz.Historia de mi familia. Seix Barral, 2017) y la otra , es una novela escrita por una víctima de la invasión germana de su país ( Vida con estrella . Impedimenta, 2017); los nacionalsocialistas invadían , extendiendo el horror, aduciendo que su aria raza , de señores, necesitaba más espacio vital para sus rubitos y rubitas, con lo cual además brindaban un enorme favor a los humanos: higienizarla, deshaciéndose de los elementos parasitarios y contaminantes de suciedades y enfermedades múltiples . Vaya por delante que ambas obras son francamente de interés, y…vamos por partes.

La anfitriona del infierno

La novela nombrada en primer lugar , «La matanza de Rechnitz. Historia de mi familia » es una novela valiente y proba en la que su autor investiga en el pasado de su familia; y digo valiente y proba ya que él no se echa para atrás a pesar de que algo huele a podrido en la localidad que consta en el título de la obra. En manos de Sacha Battyany cayeron unos diarios de su abuela , además de recibir un recorte de una compañera de trabajo en la que se hablaba de su tía Margit von Thyssen y su marido el conde húngaro Ivan Batthayány y su participación como anfitriones , al invitar a diferentes jefes del partido nazi y de las Juventudes hitlerianas, en una fiesta, en la noche del 25 y 25 de marzo de 1945, que finalizó con la euforia que se tradujo en unos siniestros asesinatos en su castillo: doscientos judíos liquidados a sangre fría, en medio de la orgía de alcohol y desmanes varios, que no cesaron tras el alevoso crimen.

Aunque amarga la verdad…el periodista y profesor, se tomó en serio el asunto, conservado en el más absoluto de los silencios en el entorno familiar, que no veía con buenos ojos las indagaciones de su joven familiar, eso no frenó el espíritu detectivesco de Sacha Batthyany que en busca de los diferentes hilos de la oculta madeja viajó a distintos lugares de Europa ( Suiza, Hungría, la capital de Rusia…) y Latinoamérica con el fin de ir atando los cabos.

Los diarios de su abuela Maritta le van – y obviamente nos van – poniendo al corriente de los diferentes parientes ( el abuelo Feri, la tía Margit y su marido, por supuesto, y en paralelo la dura existencia de Agnes, una conciudadana y amiga de la infancia) y sus avatares. La invasión de Hungría por los nacionalsocialistas supuso que su abuelo fuera movilizado para luchar contra los soviéticos…cuando éstos últimos entraron en el país, el confiado Feri se quedó allí – sin hacer caso a quienes le aconsejaban abandonar el país-siendo detenido y trasladado a un campo de concentración soviético en donde pasó nada menos que diez años. La dispersión familiar hizo que finalizada la segunda guerra, Margit y su marido – que se había nacionalizado uruguayo- se afincaran en Suiza en donde tras varios intentos fallidos , lograron la nacionalidad suiza, sin tenerse en cuenta lo que era un secreto a voces: su participación en el siniestro hecho ya nombrado.

En paralelo vamos conociendo la experiencia de Agnes y su familia que por su condición de judíos fueron detenidos y transportados en los infames vagones de ganado a los lager en donde las duchas cumplían funciones dobles ( la limpieza y el gas), siendo precisamente la señora nombrada una de las pocas personas que salió con vida de aquella sucursal del infierno.

La dosificación de las historias y los diferentes pasos de las pesquisas, y sus resultados, hacen que avancemos en la lectura, que nos va abriendo nuevas ventanas y puertas en el conocimiento de los hechos y de las diferentes historias entreveradas. De paso, se nos brinda una visión certera de el clima que dominaba en el Viejo Continente.

Las cuestiones de la culpa, de la responsabilidad, de los silencios cómplices, del deber de memoria, y el peso de la herencia familiar son algunos de los temas que empapan todas las hojas de la lograda novela, en la que el escritor deja claro que aunque las huellas de la familia son importantes en la conformación de nuestra identidad y manera de ser, al final cada cual es dueño de sus actos y de su destino…y como demostración en acto de lo dicho Sacha Batthyany – contra viento y marea- se aventura en la búsqueda de la verdad, y nos la entrega negro sobre blanco.

Escondido en la Praga ocupada

Si el libro anteriormente presentado es el de un “heredero”, el de Jirí Weil , « Vida con estrella » es el de un testigo y una víctima de la persecución nazi. Ciertamente el escritor nacido en Praslolesy, pueblo cercano de Praga, en 1900 y falleció cincuenta y nueve años después tras conocer una agitadísima existencia (https://kaosenlared.net/jiri-weil-entre-praga-y-moscu/ ). La vida que llevo fue la de un maldito y tras su muerte siguió siéndolo en la medida en que sus obras no conocieron amplia difusión que digamos. La culpa la tuvo su primera obra, publicada en 1935, que supuso su marginación inmediata en su país, obra en la que, con claros tonos autobiográficos, relataba su experiencia padecida en la capital de los soviets, desempeñando labores de traducción, etc. Si la que digo, Moscú Frontera, tenía tonos autobiográficos, me atrevo a afirmar que todas sus novelas, al menos las accesibles en traducción al castellano, lo tienen, ya que Weil escribe sobre lo que vivió en primera persona, nadie le contó el dolor de la bota de la opresión, en sus diferentes variantes…pues de todas probó y sobre todas ellas escribió con atinada prosa.

Si decía que su primera obra no fue bien recibida, más de lo mismo sucedió con la que ahora se publica; cuando vio la luz en 1949, ya que fue considerado “enemigo del pueblo “, y es que no eran tiempos para presentar a un don nadie como protagonista de una novela y encima en ensalzarle como paradigma de dignidad y resistencia ( individual)…eran tiempo más propicios – realismo socialista imperando para gente forjada por el acero, de la combatividad, la entrega y la lucha organizada bajo la sabia batuta del partido de vanguardia; « a mí no me iba nada en aquella guerra: no quería ganarla, lo único que quería es vivir », dice al más puro estilo Arquíloco.

La resistencia en el caso del que se ocupa la novela es la de la lucha por la supervivencia; al igual que el deber de un preso es escapar, el deber de un ser cercado – cuando en especial éste no se ha metido con nadie, ni ha matado una mosca en su vida- es huir de la sumisión y la muerte. Es lo que hace, recluyéndose, el solitario Joseph Roubicek, protagonista del libro. Ha llegado el tiempo de las estrictas obligaciones – por ejemplo, llevar en el pecho de la chaqueta, bien visible, la estrella de David en llamativo color amarillo; la prohibiciones, las normas y los reglamentos aumentan en la medida en que pasan los días quedando dos salidas o someterse y andar alegremente (?) por la vida o tratar de escapar del destino al que parecían ineluctablemente destinados Roubicek opta por la segunda: se esconde y trata de esquivar ciertos lugares a conciudadanos que huelan a delatores en potencia y nada digamos de los uniformados; esquivas que vienen forzadas igualmente por las estrictas limitaciones que indican en qué calles, jardines, parques, cines, tranvías , trenes no puede andar, ni entrar, los animales domésticos declarados malditos; las numerosas disposiciones reglamentarias provocan cambios en el lenguaje haciendo que unas palabras cambien de significado. .« hace ya tiempo que no leo ningún aviso. O los leo y los olvido…¡ Son tantos que no me aclaro con ellos !» Sueños dormidos y ensoñaciones despierto le conducen, una y otra vez, a recuerdos, a discusiones con sus parientes ( unos tío que en realidad le han criado y que no hacen sino echarle en cara la culpa de todos los males que les asaltan) , y a algunas salidas gloriosas que se desvanecen en la medida en que la cosa queda en que…los sueños, sueños son.

Su buhardilla se convierte en su mundo, en su refugio, en el que le acompaña su fiel, pero desconfiado minino Tomás ( como el santo de ver para creer), rincón en el que reina el frío y el hambre y desde luego el aire y la limpieza no son los elementos esenciales ( ha de tenerse en cuenta que el solitario hombre alimenta el fuego con todo lo que pilla- muebles y demás- con el de fin de aminorar el frío y de paso no dejar nada aprovechable a cualquiera que fuese a por él: desde luego visitas de empleados en busca de posibles bienes: joyas, tejidos, etc. no faltaban, en aquellos tiempos en que el robo se había convertido en una actividad oficial instaurada por los nuevos dueños del protectorado que envían por las casas a sus empleados – con su reglamentario brazalete amarillo- en busca de algún botín); en su soledad – de la que da cuenta a la ausente Ruzena y , por momentos, a la Muerte- y se comienza a buscar la vida, o la vida-con rostro de funcionario- le busca a él al llamarle a un trabajo, de emergencias de noche, sin sueldo; más tarde acabará ocupado en el singular trabajo en un cementerio, trabajo que ocupa unas páginas en las que el delirio toma la plana y en la que las muertes con buena y con mala estrella son lugar privilegiado para detectarlas; siempre especializado en esquivar los peligros que puedan acecharle y ponerle en riesgo .Las conversaciones en diferentes lugares –desde los trámites burocráticos con las nuevas autoridades y sus dóciles colaboradores: la comunidad religiosa judía, a las conversaciones con diferentes paisanos ( carniceros, peluqueros, algún obrero, un médico una tal Pavel antiguo condiscípulos suyo…)- dan la medida del temor y las desconfianza que se respiran en la ciudad ocupada ( « nunca hablaba con personas desconocidas y jamás contestaba si un extraño, por casualidad me dirigía la palabra »); además de que nos son presentadas las disquisiciones que se provocan en los animados debates hasta rozar los bordes del desquicie, por los pagos del oscuro abismo . En medio de esta existencia limitada las pequeñas cosas ( lo pequeño es hermoso ) van adquiriendo una importancia que en otros momentos y situaciones hubiesen pasado prácticamente desapercibidas por su normalidad de lo cotidiano.

Un libro realmente potente que no es de extrañar que haya recibido lo encendidos elogios, como uno de los más acertados en lo que hace a la temática abordada, de Philip Roth, Harold Pinter o Arthur Miller.

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