Las enseñanzas de Martí para nuestra América actual

Las ideas de identidad, civilización y universalidad dejan su impronta sobre los sucesos sobresalientes de nuestros días. La defensa de nuestra identidad, de nuestro derecho a una civilización más elevada y a que la universalización de la riqueza sirva a los propósitos de la solidaridad pasa en nuestros días por el rechazo a la llamada globalización neoliberal y a los intentos de violentar el derecho soberano de los pueblos. Para esto es necesario exaltar el humanismo latinoamericano y caribeño.

El tema de lo real hay que planteárselo con rigor filosófico y no en la forma fragmentada y superficial en que suele abordarse. La insuficiencia de las ciencias sociales en el sistema dominante a escala internacional está en que no tienen en cuenta un aspecto clave de la realidad objetiva. ¿Y cuál es ese aspecto que no tienen en cuenta? La miseria actual y creciente que alcanza a la mayor parte de la población en África, Asia y América Latina e, incluso, a sectores importantes de los países más desarrollados. Superar esta situación junto a la destrucción sistemática de la naturaleza es el mayor desafío que tiene el hombre hacia el siglo XXI.

Este tema planteado desde el plano científico en tanto ignorancia de lo real, es lo esencial de una ética verdaderamente humanista que aspire a desarrollarse sobre sólidas bases hacia el futuro. Ignorar el dolor humano es el gran crimen de sistema social predominante. El Apóstol señaló lo insostenible de los enfoques parciales en el siguiente párrafo: “El que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella” {1}.

Hegel afirmaba que tanta realidad había en la monarquía francesa del siglo XVIII como en la revolución que aquella sociedad llevaba dentro. Defendemos la expresión universalidad como complejo de identidades y subrayamos que la civilización a que se aspira debe satisfacer las necesidades materiales y espirituales de los hombres.

Aquí también se requiere del más elevado pensamiento dialéctico. Es necesario hallar los vínculos más entrañables entre ellos y articularlos como si fuéramos artistas de la historia. Estamos en el deber, en filosofía, de hacer en el siglo XXI lo que se hizo a principios del XX en literatura, es decir, asumir el legado intelectual europeo, renovarlo y actualizarlo y procurar con originalidad, que resulte eficaz para encontrar nuevos caminos para nuestra América. El análisis que estamos haciendo es necesario llevarlo a cabo con independencia de los procesos intelectuales e históricos que hayan tenido lugar en otras zonas del mundo, luego podríamos hacer las comparaciones debidas. De esta manera estaríamos actuando en la forma en que nos recomendaba Carlos Marx.

Cuba lo puede realizar porque es una consecuencia histórica de los mejores ideales de la edad moderna. Cuando tales valores han sido lanzados por la borda por el materialismo vulgar y grosero impuesto en el mundo que llaman unipolar, debemos defender con más fuerza las ideas del humanismo, la justicia y la dignidad humana.

En Nuestra América existe una larga y arraigada tradición de espiritualidad y de eticidad que se manifiesta en la búsqueda de un mañana mejor de alcance universal. Esto explica los importantes movimientos de ideas que han tenido lugar en el último medio siglo:

• La renovación del pensamiento socialista que generó la Revolución cubana y que representamos en Fidel Castro y Ernesto Guevara.

• La explosión artística y literaria, y el pensamiento estético que se relaciona y tiene su fuerte en Alejo Carpentier y lo real maravilloso.

• El pensamiento social y filosófico, y la dimensión ética que observamos en la teología de la liberación cuando la analizamos en función del reino de este mundo.

• El movimiento de educación popular.

• Hoy es más necesaria que nunca antes la promoción del pensamiento latinoamericano.

Latinoamérica debe presentar como respuesta a la fragmentación y decadencia bien evidentes del pensamiento occidental, la solidez de nuestra tradición cultural y su valor utópico encaminado al propósito de la integración y del equilibrio entre los hombres y las naciones. Mucho es lo que pueden realizar en este sentido en nuestra área. No llegaremos nunca a una identidad de propósitos con debates simplemente teóricos, nos podríamos perder en discusiones bizantinas que a nada conducen, sin embargo, si estudiamos la historia concreta de nuestros mejores pensadores y próceres y sus ideas concretas, podríamos encontrar mejor el camino de nuestra identidad común.

De Simón Bolívar dijo el Héroe Nacional cubano que tenía todavía mucho que hacer en América. De Martí podríamos decir que todavía tiene mucho que decirle a Cuba, a América y al mundo. Los cubanos solos no podemos sostener el peso inmenso de esta herencia espiritual. Solicitamos de los pensadores de nuestra América que extraigan de la copiosa literatura martiana enseñanzas válidas para el debate intelectual contemporáneo y nos ayuden en el empeño de mostrar esas ideas.

Defendemos y representamos una tradición que ha ido dejando atrás los conceptos arrogantes y sectarios y que, a su vez, ha creado posibilidades para una alianza de enorme significado entre los pueblos explotados. Somos descendientes de la población aborigen, de los latinos y sajones que llegaron como conquistadores, y de los que en oleadas sucesivas llegaron a nuestras costas del África, del Asia en dilatado y contradictorio proceso formamos lo que El Libertador Simón Bolívar definió como un pequeño género humano. Todos nos sentimos y nos podemos sentir con más fuerza cada día, hijos de una América que se forjó en el ideal utópico de la redención universal del hombre.

Martí nos exhorta a rescatar y exaltar sin dogmas ni prejuicios, y defendiendo los más sagrados intereses de los pobres que son quienes más sufren, todos estos valores espirituales sin excepción alguna. Nos orienta situar a cada cual a lo largo de la historia del hombre en el lugar que resulte más útil para emprender el camino de la redención definitiva.

No habrá nadie excluido, nadie rechazado. No habrá ningún valor perdido ni habrá ninguna heroicidad dejada de reconocer. No habrá ninguna tragedia o maldad que se oculte, ni habrá ninguna injusticia a denunciar que se olvide. No habrá impiedad ni siquiera para el impío. No habrá nada justo que se deje de exaltar. Todo está en que con la brújula de su pensamiento, con la guía de su heroicidad y de su ejemplo, sepamos comprender la síntesis de ciencia y amor, que hay en la cultura de esta figura excepcional, a quien la conciencia de Nuestra América, presente en la sensibilidad poética de Gabriela Mistral, caracterizó como el hombre más puro de la raza.

Propongo, por último, que se estudien los caminos del socialismo del siglo XXI a partir del análisis científico de la confrontación con la realidad de hoy en relación con varias corrientes de dos siglos de historia, es decir, desde finales del XVIII hasta principios del XXI:

• El liberalismo de origen europeo nacido en el siglo XVIII y que entre sus fundamentos se encuentra lo que se llamó la Enciclopedia y la filosofía francesa.
Precisamente en el día de hoy, 14 de julio, se conmemoran 219 años de la toma de la Bastilla (1789), que es uno de sus símbolos más altos.

• EL liberalismo latinoamericano y caribeño nacido a partir de la Revolución de Haití a favor de la liberación radical de los esclavos y que se impone en los próceres y pensadores de nuestra América, cuyos símbolos más altos están en Bolívar y Juárez.

• El pensamiento de José Martí emergió de las enseñanzas del Libertador, del Benemérito de las Américas y de los próceres y pensadores independentistas del siglo XIX. José Martí vivió en Estados Unidos los últimos quince años de su vida y allí estudió profundamente el imperialismo cuando estaba en el claustro materno.

• El pensamiento latinoamericano del siglo XX, que podemos representarlo inicialmente en la Revolución mexicanas (1910) y en la reforma universitaria de Córdoba, Argentina, (1918).

Proponemos que hagamos un análisis de estas corrientes a la luz de los problemas de hoy; el socialismo del siglo XX, tras la muerte de Lenin, lo asumamos a beneficio de inventario, es decir, sin cargar con las deudas.

Estos principios, confrontados con la realidad y bajo el postulado bolivariano de que “somos un pequeño género humano” y, por tanto, estamos obligados a asumir las corrientes de pensamiento de todos los países, bien sean las aborígenes o las que llegaron después, entre ellas, y de manera fundamental las de origen africano, alcanzaremos los métodos y las vías necesarias al socialismo del siglo XXI.

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