Las elecciones se entienden mejor unos dias después de votar

1. Las elecciones suelen entenderse mejor unos días después de que se conozcan los resultados, de las interpretaciones en caliente y de los mensajes oficiales de las candidaturas. Por ejemplo, el pacto que preparan PSOE y PP para el “rescate” de las cajas de ahorro, que costará al menos 70.000 millones al erario público, ayuda a entender el significado real del bipartidismo español, que sube el diapasón de conflicto en la política espectáculo y mete el silenciador de consenso en los “asuntos de Estado”, muy especialmente la estrategia económica. O también, la confirmación del apoyo del gobierno español a la reelección al frente de la Comisión Europea de Durao Barroso, un gestor de estricta ortodoxia capitalista neoliberal para el Tratado de Lisboa, a su vez “constitución” de consenso entre el “Partido Popular Europeo” y el “Partido Socialista Europeo”. La abstención masiva, el desastre generalizado de los “partidos socialistas” y el llamado “giro a la derecha” de la UE no puede entenderse fuera del contexto de estas políticas que se aplican más allá de las soflamas electorales.

2. También hay que poner las luces delanteras para entender la “refundación” de IU. Hoy se ha dado a conocer el pacto entre Esperanza Aguirre, IU y la Federación de Banca de CC OO para el control de Caja Madrid. Probablemente habrá aún algunos movimientos de los que han quedado de momento fuera del acuerdo, es decir, el PSOE, el PP-Gallardón y CC OO de Madrid. Pero los hechos son ya esclarecedores y retratan a unos y otros y, por cierto, permiten entender mejor por qué la derecha mantiene una cómoda hegemonía electoral en Madrid y le resbalan las acusaciones de corrupción.

3. Caja Madrid es uno de los más potentes grupos financieros españoles y nada en los principios de su política de negocios le diferencia de cualquiera de sus competidores: hacen capitalismo financiero puro y duro. Según la especificidad institucional de las cajas de ahorro, los poderes políticos del territorio correspondiente tienen un papel determinante en su Consejo de Administración, en el que participan también representantes de organizaciones políticas con presencia institucional, sindicatos, usuarios, etc. Teóricamente, esta participación debería permitir un “control social” (objetivo que, por cierto figuraba en el programa electoral de IU: ahora podemos entender su significado real), pero en la práctica lo que permite es un reparto del poder, y del “pastel”, entre las diferentes organizaciones que integran el Consejo. Así, por los salones y los sótanos de Caja Madrid se han paseado las sombras de los escándalos político-financieros de los últimos años, desde el “tamayazo” hasta la operación Ciudad Deportiva del Real Madrid, escándalos que, con claridad o con oscuridad, han ensuciado a la izquierda institucional madrileña.

En el formato legal, Caja Madrid es una fuente de financiación privilegiada para las organizaciones que integran el Consejo en forma de créditos y dietas (por cierto, los ingresos de sus representantes de las organizaciones son un misterio, incluso para sus propios afiliados, el menos en el caso de IU). Y, sobre todo, es fundamental para la gestión financiera de las políticas de los gobiernos autonómico y municipal madrileños. Esto explica la guerra declarada entre Esperanza Aguirre y Gallardón por la presidencia de la entidad, guerra que por supuesto no implica desacuerdos políticos de fondo: en particular, ambos privatizan y destrozan los servicios públicos en sus respectivos territorios y ponen su influencia en Caja Madrid al servicio de estos fines.

4. Para IU de Madrid, y su jefe Ángel Pérez, la vicepresidencia de Caja Madrid es la joya de la corona. Ha otorgado ese puesto a una persona de su estricta confianza, Moral Santín (en sus horas libres, economista académico que no desdeña citar El Capital de vez en cuando). Y las negociaciones sobre el futuro de la entidad las lleva Miguel Reneses, otra de sus manos derechas. Para IU Madrid, Caja Madrid representa poder. No “contrapoder”, sino poder establecido, sometimiento a sus reglas, a cambio de la cuota correspondiente. El papel de Moral Santín en el Consejo de Caja Madrid ilustra bien cual sería el papel de un representante de IU en un posible futuro gobierno dirigido por el PSOE en la Comunidad o en Ayuntamiento: “disciplina institucional” y mantener el puesto a cualquier precio. O sea, “partido de lucha y de gobierno”, pero la “lucha” se limita a mantener el sillón en el “gobierno”.

Con toda probabilidad, así se justificará el pacto con Esperanza Aguirre: es “la que más nos da”. Esta real-politik contamina el discurso refundacional de IU. Así, se habla de “abrir las puertas de IU”, pero esto es lo que entra. Se reivindica “la parte más noble de la política”, pero se hace política innoble.

5. No hay que olvidar al tercer actor del pacto: la Federación de CC OO de Banca (COMFIA). En la segunda quincena del mes de noviembre de 2007, el periódico Público reveló uno de los episodios más vergonzosos del sindicalismo español: María Jesús Paredes, secretaria general “histórica” de la Federación, que ha gobernado con mano de hierro prácticamente desde la legalización, y su pareja, Francisco Baquero, disponían de una fortuna en propiedades inmobiliarias y empresariales. Además del capital acumulado, el periódico informó de hechos tremendos: entre ellos, el pago por parte de Citibank a Baquero de 143.290 euros en concepto de “asesoramiento” sobre el convenio que él mismo había negociado en nombre de CC OO (Baquero declaró que era “habitual” que se cobrase a los bancos por firmar convenios); también las andanzas de un personaje llamado Santiago Gil, beneficiario de la subcontrata de servicios de formación por parte de CC OO y, a la vez, administrador único de los negocios de Paredes y Baquero; no es necesario seguir: quien esté interesado puede consultar la hemeroteca de Público entre el 14 de noviembre y el 29 de noviembre de 2007.

Las críticas que surgieron del “sector crítico” de CC OO fueron rápidamente acalladas. El entonces secretario general, José María Fidalgo, defendió sin reservas a Paredes y Baquero, y consideró que las criticas a sus colegas eran “un ataque contra la independencia de sindicato. Y viene de la Moncloa”. Nadie en la ejecutiva del sindicato tuvo la decencia de poner en solfa esta memez.
Gaspar Llamazares dirigió una carta, el 18 de diciembre, a Paredes y a la dirección de COMFIA en la que se leía: “Una mujer, María Jesús Paredes, que representa el coraje, la constancia y la generosidad de haber dado lo mejor de su tiempo, de sus conocimientos de su vida para la noble causa de los trabajadores y las trabajadoras. Mi gratitud y admiración para ti, en lo sindical, en lo político y en lo cultural (sic)”. La carta terminaba recordando que “IU y COMFIA compartieron candidaturas en las recientes elecciones al Consejo de Caja Madrid”; o sea que en este aspecto, no son necesarias las “refundaciones”.

Con estos antecedentes, es fácil entender que la COMFIA integre ahora el pacto tripartito con IU y el PP para el control de Caja Madrid o, más precisamente, para que Esperanza Aguirre controle Caja Madrid.

6. Después de las elecciones se han publicado muchos balances muy críticos de gente de izquierda sobre los resultados de “la izquierda de la izquierda”. He comentado alguno en una nota anterior. En Público del pasado día 9, que es el único medio en el que se encuentran ideas autónomas del “canon progresista” dominante, Ignacio Escolar escribe que “la sopa de letras a la izquierda de la izquierda compite en intrascendencia con la Falange y el CDS”. Isaac Rosa tiene una opinión parecida: “… y la izquierda ya se sabe: la de siempre está en declive, y más allá sólo hay desierto (la flamante Anticapitalista tiene menos votos que los antitaurinos)”. Pero termina su tribuna con una pregunta quizás retórica, pero que hay que tomarse en serio: “¿Y la izquierda a la izquierda del PSOE? ¿Hay alguien ahí? ¡Hola, holaaaaa!”.

Pues hola Isaac. Sí, hay alguien ahí. Por ejemplo, IA. Con menos votos que los antitaurinos, pero sobre todo con otro tipo de votos, dicho sea respetando a quienes se oponen al maltrato a los animales. Con pocos votos, pero no intranscendentes. ¿Por qué se desprecia que 25.000 personas hayan querido expresar su apoyo a una pequeña y joven organización que se propone construir junto gente de la izquierda social: sindicalistas, feministas, ecologistas, comunicadores,… una alternativa política anticapitalista radical, pluralista, democrática… en la que, de una vez, se pueda confiar? ¿Acaso no hace falta “otra izquierda” que sea tan leal con los interesentes de su gente como lo es la derecha con los de la suya?

¿Responde, más o menos, esa izquierda al proyecto que defendemos? Si responde, ¿no hay que valorar razonablemente los pasos que se dan, por modestos que sean, porque no hay otra forma de preparar el paso siguiente?
Y si hay ideas mejores, por favor, que nos las digan. Seguro que hay que hablar, escuchar, encontrarse, aprenderlo casi todo…
Pero, hostias, ya vale de penitencia. Ya sabemos que somos pocos. Pero nadie nos convencerá de que la batalla por construir una alternativa política anticapitalista creíble es una batalla perdida

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