Las dos visiones sobre solución política y acuerdo humanitario en el conflicto colombiano

Con unos actores bien definidos en confrontación, cada uno con sus intereses y necesidades que defienden o reclaman. Por un lado una oligarquía compuesta por familias elites tradicionales poderosamente económicas, producto de amasar fortuna producto del monopolio de tierras, bienes urbanos, comercio, explotación de recursos naturales y presupuestos de la nación o por el manejo del lucroso negocio del narcotráfico de las mafias; con ello, se estructuran en rígidas clases sociales dominantes&nbsp que controlan el poder político, ideológico y militar sometiendo a la mayoría del pueblo colombianos a sus caprichos y conduciendo el destino del país por el camino de la injustica y la desigualdad social, entregando &nbsp totalmente la soberanía nacional a los intereses del imperio capitalista a cambio de perpetuarse en el poder, para ello utiliza los peores métodos de represión incluyendo el exterminio mediante bandas criminales paramilitares. Por otra parte, una inmensa mayoría del pueblo colombiano excluido compuesta por campesinos, indígenas y obreros explotados, empleados, intelectuales y clase media baja asalariada, y una gran población flotante informal que vive del rebusque. Una mayoría que reclama por un mejor nivel de vida, económico, político, la soberanía y el derecho a la patria. Las condiciones de pobreza y miseria los lleva a organizarse socialmente para exigir sus derechos, también una gran parte de esa población opta por defenderse y luchar por otro país posible mediante el uso de las armas, dando origen a la insurgencia guerrillera, hoy calificada por la oligarquía como terrorista, perseguida por el régimen a tal punto de violar la soberanía de nuestros hermanos para lograr sus propósitos de exterminio.

En ese contexto, para la oligarquía representada en todas las esferas del poder, incluyendo el gobierno; primero no reconocen la existencia del conflicto, sus causas y&nbsp consecuencias, por lo tanto reducen la solución política a la simple desmovilización y entrega de armas de la guerrilla a cambio de indultos y reinserción a la “sociedad” o sea una paz para la oligarquía que les permita gozar plenamente su prosperidad. Es la única opción que deja su insensatez&nbsp para el logro de la conciliación nacional, de lo contrario se califica de terroristas a los insurgentes armados y de rebeldes al pueblo civil organizado por mandato impuesto por el imperio de aniquilar toda oposición a sus políticas excluyentes. Segundo, el acuerdo humanitario también lo minimiza solamente al intercambio de prisioneros, que el gobierno y las estructuras de poder de la oligarquía en su propósito de deslegitimar a la guerrilla, incluye militares y civiles como secuestrados. No hay espacio para la discusión de los efectos de la degradación de la guerra, la violación de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, lo inhumano del régimen carcelario, la necesidad de verdad, justicia y reparación para los crímenes de estado y paramilitar, y la posibilidad de saber de los miles de desaparecidos. Es entendible, la posición de la oligarquía y su gobierno, pues son ellos los principales generadores de las causas del conflicto colombiano, son ellos los que a sangre, fuego y barbarie se han apoderado de los bienes de la nación y los que han entregado al país a los intereses de las transnacionales del imperio capitalista y son los que han creado el horror del paramilitarismo con su genocidio y desplazamiento al pueblo colombiano. En otras palabras para ellos no hay solución política, ni acuerdo humanitario, pues han hecho del instrumento de la guerra el mejor medio para imponer su poderío económico, político y militar, inclusive servir de marioneta de los EEUU para intervenir en otros países como Venezuela y Ecuador que lideran procesos libertarios.

Para la mayoría del pueblo colombiano, ese pueblo que no renuncia a su dignidad y que lucha de diversas maneras por una patria soberana, por sus derechos sociales, económicos, culturales y políticos, por la permanencia y defensa del territorio, por la vida y la libertad. La solución política al conflicto significa la solución a la miseria que padecen la mayoría de colombianos, la recuperación de la soberanía del pueblo y la nación sobre los recursos naturales y del territorio, la des privatización de los bienes públicos del país, el respeto de los derechos sociales, económicos, culturales y políticos, la inclusión de esa gran masa excluida durante siglos, la equidad y la libertad para expresarnos y sobre todo la recuperación del preciado derecho a vivir con dignidad. De igual forma, un acuerdo humanitario no lo podemos concebir como el simple canje de prisioneros, sino como la posibilidad de humanizar el conflicto, acordar el respeto por el derecho internacional que regula las acciones de la guerra para prevenir los crímenes de lesa humanidad, mantener el respeto por los derechos humanos y la libertad de expresión. Un acuerdo humanitario, nos debe posibilitar abrir caminos de entendimiento hacia la paz, despejar verdaderos horizontes de solución política que toquen las causas de este perpetuado conflicto social, político y armado, cuyas raíces se cimentan en voraces intereses económicos de monopolios nacionales y del imperialismo capitalista foráneo. Creemos que la solidaridad internacional es fundamental para que este anhelo del pueblo colombiano sea una realidad. La verdad debe superar la mentira y los instrumentos mediáticos deben contribuir con ética en este propósito. Rechazamos la violación de la soberanía de la nación Ecuatoriana por el gobierno colombiano y nos solidarizamos con el gobierno humanitario de Venezuela que ha entregado todo por aliviar el dolor de un puñado de compatriotas que sufren las consecuencias del conflicto.

ROMPIENDO LA MORADAZA POR LOS DEECHOS DEL PUEBLO, OPINEMOS NO CALLEMOS

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS